Archivos diarios: 10 febrero, 2016

#Totonicapán se registran temperaturas bajo cero

se registran temperaturas bajo cero y mucha neblina en varias comunidades del municipio.

 

 

CayhJ0nUkAArG1j.jpg_large

 

Fotografía: Leopoldo Batz

Anuncios

ESPAÑA: IGNORANDO EL TERRORISMO MACHISTA

Marcha en Madrid con motivo del Día Internacional Contra la Violencia de Género.

Marcha en Madrid con motivo del Día Internacional Contra la Violencia de Género 2015. Diario Público

Jesus González Pazos – Mugarik Gabe

Se debe empezar reconociendo que este texto se escribe desde una mezcla de visceralidad, enfado y el intento por mantener la razón despejada tal y como siempre es necesario para el análisis y la reflexión. Aunque muchas veces en la vida, y ésta es una de esas, todo empuja a que sea lo visceral, lo irreflexivo lo que domine el análisis.

Partimos de la constatación de que el estado no considera las violencias machistas como un asunto de máxima prioridad en sus políticas, manteniéndolas en la dimensión de un problema, condenable sí, pero limitado en el fondo a una cuestión del ámbito privado, algo menor. Posible, por tanto, de solventar con declaraciones, concentraciones institucionales y alguna campaña en la televisión a cargo de institutos diversos de la mujer. Acciones que se convierten en casi pura demagogia ante la dura evidencia del continuo aumento de las agresiones y asesinatos. En este sentido, el estado considera que las violencias machistas son una cuestión coyuntural, que tienen más que ver con la individualidad retorcida y machista de determinados hombres, que con un problema que hunde sus raíces en la sociedad y en el sistema dominante, en lo estructural por lo tanto. Lo que automáticamente, adjudicará a dicha sociedad un papel de simple, aunque indignada, espectadora pasiva ante un hecho lamentable, ante un incidente más y al estado le libra de su responsabilidad.

Sin embargo, como se suele decir popularmente la realidad es testaruda y hoy ésta nos demuestra que vivir en la ficción del reduccionismo del problema a hechos aislados no es lo mejor, especialmente para las mujeres que siguen siendo agredidas o asesinadas de múltiples formas. Así, es un hecho innegable que las violencias machistas causan de media más de una cincuentena de asesinatos de mujeres en el estado español anualmente. Además, habría que sumar al cómputo de estas violencias, lo cual no suele hacerse nunca, a todas aquellas miles de mujeres que no son asesinadas, pero si golpeadas sistemáticamente día sí y día también. Sin entrar en la más abultada estadística que saldría de un sencillo estudio de las veces que las mujeres son agredidas psicológicamente, tanto en la casa como en el trabajo, en los centros de estudios o en la calle. Un hecho más son los múltiples casos de marginación o insulto verbal que sufren muchas mujeres por el hecho de serlo. En este mismo sentido, se puede constatar la distinta vara de medir a mujeres y hombres que ocupan cargos públicos. Valga, como ejemplo paradigmático, el caso recientemente denunciado por las mujeres de la CUP (Candidatura d’Unitat Popular) en Catalunya, sistemáticamente insultadas (“putas”, “amargadas”, “mal folladas”, “feas”, “viejas”…) desde una parte importante de la clase política tradicional y muchos comentaristas en periódicos y radios, por el solo hecho de ser mujeres con ideas políticas propias, diferentes a las del sistema dominante. Insultos asociados directamente a su condición de mujeres y no al hecho de su ser o hacer político.

Todo esto evidencia la magnitud de la sistemática agresividad a la que se somete a las mujeres. No es un mero problema de cuatro locos machistas y, por mucho que esto sea el civilizado occidente, no somos una sociedad donde las mujeres vivan en igualdad y equidad; es mentira esa percepción y los hechos antes citados así lo demuestran. Y por ello, la sociedad, pero especialmente el estado debería aceptar que las violencias machistas no son un problema familiar, no es un “problemilla” casero que se soluciona con las reiteradas concentraciones de repulsa de las instituciones cada vez que ocurre un nuevo asesinato. Nos juntamos unos minutos, alguno de éstos estamos en silencio, otros hacemos declaraciones grandilocuentes a los medios, salimos en las fotos y volvemos a lo nuestro, a esa labor política cotidiana que solo se volverá a sobresaltar con este asunto ante la próxima concentración por un nuevo asesinato de otra mujer.

Pero, tratemos de ahondar un poco más. El problema no se convierte en prioritario, no es política de estado, posiblemente porque las violencias machistas no ponen en cuestión el sistema, al contrario, son resultado del mismo porque éste es patriarcal, aunque estas dos últimas características (ser sistema y ser patriarcal) se trate permanentemente de ocultar. Así, cuando el estado habla de terrorismo, rápidamente argumenta el hecho de que esa violencia pone en cuestión la democracia, el orden establecido, afecta a toda la sociedad, en suma, cuestiona el sistema, ya hablemos del político, social o económico. Ahí no hay dudas y con agilidad y resolución firme el estado analiza, propone, aprueba e implementa medidas políticas, define campañas mediáticas con los medios de comunicación, retuerce el código penal o genera nuevos planes de estudio para luchar contra dicha violencia. Todo ello, en un reconocimiento explícito de que ese terrorismo supone una amenaza para él mismo. Se siente atacado, luego se revuelve y ataca.

Sin embargo, las violencias machistas, comparten hoy en día muchas de las características con las que el estado define el terrorismo. Entre éstas, el hecho de ser violencia directa y continua, de tener intencionalidad política para mantener el sistema de dominación patriarcal, o que agrede a unas para aterrorizar y mantener el control sobre todas, induciendo mediante el miedo a modificaciones en los comportamientos. Y así, ese terror se extiende entre prácticamente la mitad de la población que no sabe cuándo podrá ser violada en un descampado, manoseada en unas fiestas, vejada en el trabajo o asesinada por su pareja. Pero este terror no cuestiona el sistema, no lo amenaza. Además, esa misma omisión de la responsabilidad política del estado y la propia cultura patriarcal, inciden también en mantener la idea en la otra mitad de la población, la de los hombres, en la consideración de que eso de las violencias machistas está mal, sí, pero no le implican directamente. Lo cual refuerza la actitud de “mirar para otro lado”, en vez de ser parte activa y contundente en la lucha contra las violencias machistas.

Pero, no sólo el estado es responsable en esta situación, aunque es importante decir con claridad que tiene la máxima responsabilidad. Los medios de comunicación igualmente, tienen un importante papel respecto a estas violencias. Mientras, por ejemplo, en muchos programas televisivos se siga presentando a los hombres como machos protectores (luego con autoridad) y a las mujeres como indefensas princesas en espera de esa protección, se mantendrá la imagen de la mujer como objeto al servicio del hombre o, en el “mejor” de los casos, en situación de inferioridad, en espera de ser protegidas por éste. De ahí, es fácil inferir que el hombre tendrá autoridad para castigar a la mujer si ésta se sale de esa norma.  Al fin y al cabo, la idea no difiere tanto de la consideración y actuación que los esclavistas tenían hacia sus esclavos. Unos los “protegían”, siempre que les sirvieran, otros, les castigaban si faltaban, o les asesinaban cuando ya no les eran útiles, les molestaban demasiado o pretendían salirse de la norma establecida. Pero ninguno podía considerarles en igualdad de condiciones o con derecho a la libertad. Eso era inimaginable.

Por todo ello, y para finalizar este texto, es necesario decir, susurrar y gritar con la máxima claridad que las violencias que se ejercen contra las mujeres hoy es terrorismo machista y supone por ello mantener a la mitad de la población en un déficit evidente de derechos, por ello y por la inacción y/o tolerancia del estado. Y aunque se van dando pasos firmes, sobre todo a nivel social, para la deslegitimación más absoluta de las distintas violencias machistas, todavía queda mucho por andar, tanto respecto a la más evidente agresividad, como hacia aquellas otras violencias más sutiles que permanecen casi ocultas y no se perciben como tales (micromachismos). Y ante esta situación, el estado debería así entender las violencias contra las mujeres, como terrorismo machista, y actuar en consecuencia. Es su responsabilidad, no se puede ni se debe ignorar.

“Un mural es un libro abierto que todas y todos podemos leer”

murooo123

Por: Julia Cal/Rony Morales.

Pintar murales es un arte que seduce y jamás concluye. Después de haber dibujado y pintado uno, es imposible no querer hacer otro.  Así, después de haber pintado el primer grupo de murales en San Cristóbal Alta Verapaz, quedó en el aire el deseo, tanto de los jóvenes organizadores como de los participantes y otras instituciones de continuar expresando la historia a través de la pintura en las paredes.  Los ánimos se vieron plasmados en el segundo mural, realizado en 2014 con el apoyo de organizaciones como Impunity Watch, Asociación Cristiana de Jóvenes, Pastoral Social Caritas de la Verapaz y Asociación Verdad y Vida.

A diferencia del primero, el último tiene algunas diferencias en términos de expresividad, incluso,  las imágenes están correlacionadas contando una historia a diferencia del anterior que presentaba imágenes aisladas. No es que el primero no haya estado bien, de hecho son murales muy bellos, no obstante en el último la historia que se cuenta evidencia que hubo una mejora artística cualitativa.

Esto no fue fortuito, algo importante sucedió en el camino.  Si bien fue dibujado y pintado por los mismos jóvenes artistas, estos tuvieron un proceso de formación en muralismo, el cual fue facilitado por Edwin Simón joven artista Maya Kaqchiquel de San Juan Comalapa. Su presencia y apoyo dio un brillo especial a la nueva obra. Además, las y los jóvenes aprendieron a ordenar la historia a través de bosquejos elaborados por ellos mismos.  Se debe remarcar que para la elaboración de este mural, además del apoyo de Edwin para planificar la nueva obra, también existió la enseñanza de técnicas de dibujo y pintura.

Recordando las palabras de Edwin, elaborar un mural va más a allá de decorar o pintar un espacio, para él es más bien un momento de reflexión, de análisis, pero sobre todo, es un espacio para conocer y compartir la historia del pueblo en su ir y venir, en su pasado, su presente y su futuro. En este proceso Edwin comenta que “los y las participantes desconocían la historia prehispánica, historia del conflicto armado interno, no porque ellos no quisieran, sino que más bien se les ha prohibido o existe tabú acerca del tema, como un robo a la memoria histórica”.

El mural es también un espacio educativo, pues contribuye formando a la población, haciéndola más sensible a su historia. Incluso, se puede ver que es un producto colectivo que ha pasado por un proceso de consulta, de diálogo entre los participantes.  Viendo al mural Edwin remarcaba “un mural es un libro abierto que todas y todos podemos leer e interpretar”.  Con un mural no existen obstáculos para quienes no saben leer o escribir, el dibujo y pintura rompen con estas barreras.

De esta forma, el mural se convirtió en un lugar de expresión de algo que quizá había pasado invisible para muchos: su sentir acerca de las masacres y violencia militar contra algunas aldeas del municipio en la década de 1980.  Ha sido dramático ver cómo los sentimientos residuales continúan viviendo en la población por generaciones.

ronym

Evelyn Morán artista local considera que los murales son un espacio para la difusión de la cultura, donde los habitantes recuperan parte de la memoria histórica, y también recuperación de espacios públicos para tan importante acción.

Este segundo mural también ha dado como resultado la participación de los propios vecinos, al donar las paredes de su vivienda pero también un aspecto muy importante es el compromiso de protegerlo pues consideran que la historia contada a través del arte es fundamental. Una muestra de los resultados del trabajo en comunidad, cuando la historia contada a través del arte es un medio que logra la armonía interior de las personas y la concordia social para el bienestar del pueblo.

Pero no todo fue belleza y admiración del arte.  Maynor Morán joven líder comenta que también la obra recibió críticas por parte de los pobladores pues algunas personas susceptibles al tema del Conflicto Armado Interno no estaban de acuerdo con estas imágenes. ¿Es el miedo que resiste?

Finalmente quedó ubicado en el muro exterior de la casa de uno de los vecinos del municipio, quien a manera de colaboración y simpatizando con la expresión artística decidió otorgar un espacio de su propiedad al arte local.  La obra de arte queda ubicada en un lugar de encuentros, de confluencia de caminos, visible para todo el mundo.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.