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El General que nunca fue

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Por: Carlos Fernández Del Cid

Los últimos días que siguieron la Navidad, fueron más movidos de lo normal para la alta curia guatemalteca. Con el anuncio de elevar al máximo rango militar a la imagen del Jesús Nazareno de la Merced, las redes sociales despertaron de la modorra de las fiestas y protestaron por el anunciado ascenso a General. El evento fue publicitado con un afiche electrónico con el diseño acostumbrado que las hermandades utilizan para promocionar la venta de turnos de Semana Santa y horas mas tarde, negado por el Monseñor Vian quien desde su cuenta de Twitter (la cual canceló), dijo desconocer la iniciativa y expresó no haber sido consultado. Algo que es poco creíble y que podemos resumir de la siguiente forma:

La iglesia, al igual que el ejercito tiene jerarquías y estás se respetan. Punto. No hay espacio para confusiones o intentos de libertad de actuación y pensamiento. Acá la línea de mando se desglosa algo así: Los miembros de la Hermandad son contactados por alguien de la presidencia y les notifican la intención de elevar de rango a la consagrada imagen; ellos elevan la solicitud al párroco ya que no tienen autoridad para tal trámite; el padrecito, quien a su vez se encuentra en imposibilidad para decidir, traslada la solicitud a la alta curia representada por el Arzobispado de Ciudad de Guatemala, quien autoriza tan “sagrada” decisión, la cual baja nuevamente por donde vino y es motivo de júbilo, anuncio e invitación al pueblo para que se regocije por el “detalle” que el Presidente de la República en su calidad de Comandante General del Ejercito de Guatemala, ha decidido conferir a dicha imagen, la cual tiene ya el título de Coronel dado en su momento por Rafael Carrera, quien seguramente es otro de los dictadores que Maldonado Aguirre admira al punto de la emulación.

El famoso anuncio, causa un revuelo no previsto y provoca que el Obispo y el mismo presidente empiecen a padecer amnesia anterógrada y se digan no consultados, dejando en la llanura a la Hermandad, Párroco y bajos mandos militares, quienes tendrán que cargar con el descrédito, ¡faltaba más!, si para eso están los gatos.

Todo este chirmol, digno de la finca bananera en que vivimos, carecería de relevancia alguna si el Ejército de Guatemala no estuviera sindicado de crímenes atroces durante la época del conflicto armado interno, por el que uno de su Generales mas representativos fue juzgado y hallado culpable de genocidio.

El desatino de nombrar a una emblemática y consagrada imagen al rango de General de un Ejército señalado de genocida, no hace más que colocar al Hijo de Dios a la misma altura de asesinos, violadores y torturadores.   Es cierto que para la fe cristiana, el hijo del Dios vino para rescatar a la escoria, pero una cosa totalmente distinta es colocarlo a la altura de la misma.

El desatino político, seguramente se lo van a endilgar a un concurso de ilustres desconocidos, pero la responsabilidad por cadena de mando es de Monseñor Vian Morales y del mismísimo Alejandro Maldonado Aguirre. Ambos, más que fingir demencia, deben una disculpa pública a la ciudadanía y feligresía en general por el despropósito en el que ambos tienen responsabilidad, así como Ríos Montt la tiene de los numerosos crímenes de guerra mientras era Presidente de facto.

A todo esto, Jesús Nazareno de la Merced será el General que nunca fue…gracias a Dios y a las redes sociales. Amén.

 

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