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El juicio de Ginebra

Por Miguel Ángel Sandoval

De un día para otro Suiza entro en nuestros peladeros habituales, esto es bares como El Portal o El Granada, los cafetines como el León, los almuerzos dominicales, y todos los corrillos. Resulta que un presunto asesino, es presunto héroe nacional. Y la mesa servida para hablar una vez más, del peligro de la “polarización”. Ya basta de tanta vulgaridad conceptual y miseria de argumentos. El policía es responsable, juzgado y encontrado culpable. La fiscalía Suiza pidió cadena perpetua y los jueces confirmaron la condena. ¿Cual es el susto? 


Salvo que tengan susto por la manera de impartir justicia en ese país que les guarda el pisto en cuentas secretas a no pocos emprendedores chapines. Aunque me parece que el tema es de otra naturaleza. Hay en el caso muchos más implicados. Berger y Stein, por supuesto. A estos se agregan los jueces que tuvieron los expedientes y engavetaron las pruebas. Ese es el culillo de muchos. No nos hagamos pendejos. La polarización, pues queda para un par de columnistas que ahora consideran que Suiza, el banco de la oligarquía es comunista y está practicando terrorismo, quien sabe por qué oscuras razones.


La idea de recolectar firmas a favor del presunto asesino, da un poco de pena ajena. Es parte del folklor nacional, de la visión de finca, del litigio malicioso, de todas las tracalerías que conocemos. Pero me parece que en Suiza eso no funciona. Salvo que los jueces de ese país me digan que estoy profundamente equivocado y que ellos también aceptan los regalos de los finqueros de la finca Guatemala.