Archivo del sitio

PROCESO ELECTORAL Y MOVILIZACION SOCIAL

RenunciaYa 1Sep A 2

Por: Miguel Ángel Sandoval.

El resultado del proceso electoral, es una sacudida más en este año que no ha dejado de dar sorpresas, y desde donde se vea, nos dice que es el tiempo de las reformas y los cambios que el país demanda. Sin duda se trata de un resultado contradictorio pues se esperaba un resultado distinto.

Pero fuera de la propuesta política de las expresiones de izquierda, no había posibilidad de resultados diferentes. Todo iba a ser un poco de la misma escuela. Ahora bien, pensar o afirmar que la población se equivocó es parcialmente cierto pero fundamentalmente errado. Pues si algo expresa el resultado de las urnas es el hartazgo a la política tradicional llena de trampas y todas las formas de corrupción, y por ello el resultado es una especie de victoria de la anti política, como expresión de rechazo profundo a la política tradicional.

La gente no se equivocó, en todo caso son los analistas que se equivocan. En esta perspectiva se hace concreto el pensamiento que se recogía desde los primeros días de las movilizaciones sociales cuando se decía, “nuestros sueños no caben sus urnas”. Y ello tiene que ver con un tema bien claro: las elecciones y el movimiento social no son parte de un mismo proceso.

Son procesos diferenciados que solo coyunturalmente coincidieron. Cada uno con su lógica y su dinámica. Las reformas están a la orden del día y ello es parte de la agenda del país que se debe impulsar por todos los medios. No son reformas sencillas. Es la reforma política del Estado, en el plano económico, social y político.

El movimiento social no puede detenerse a reflexionar sobre resultados electorales, pues eso forma parte de las obligaciones de los partidos políticos que fueron rebasados por los resultados en toda la dimensión del término. Lo que le corresponde al movimiento social es exigir las reformas identificadas en las movilizaciones de los últimos meses. Las demandas contenidas en dos temas, #justicia ya! y #reformas ya! son absolutamente actuales, indispensables, y marcan la hoja de ruta del movimiento social, de la sociedad en general y del gobierno electo que debe enseñar u verdadera naturaleza.

El discurso de Correa.

Fuente Telesurtv

Fuente Telesurtv

Por Patricia Cortez.

Creo que es lo más similar a un orgasmo político el que tuve escuchando al presidente Correa de Ecuador.

Yo soy escéptica, aunque no me lo crean, necesito mucha evidencia para creer en algo y por eso ando por acá, buscando la realidad y no que me vengan a contar de oídas que vieron algo que en realidad no me consta.

En 1996 me obligaron inicialmente a leer y luego analizar y aprenderme los acuerdos de paz. Recuerdo que si pelee un poco con la “evidencia”, y con los métodos por los cuales se llegó a consensos y no me lo creí, al menos no todo.

Si bien siempre entendí que la propuesta no era la solución final (no existe tal cosa) si parecía un modelo práctico y aterrizado para iniciar con los cambios que el país necesitaba luego de 30 años de guerra y de 20 años de atraso en inversión social.

Poco me duró el romance, al igual que cualquier romance se cayó en 3 meses cuando se evidenció que no habría nadie capaz de contar con el apoyo político para echarlo a andar y mucho menos, existiría un consenso de país para dotar de justicia social a los más desprotegidos.

Yo no puedo considerarme pobre, inevitablemente tengo más que 20 quetzales diarios para alimento, vestido, recreación y lo demás, así que, como me dijo alguien “no conocés la alegría de un pan a tiempo”, así que, como muchos, tendía a la incredulidad en proyectos que beneficiaran a la gente en general y no a “mi” en particular.

Después de años de trabajar en el área rural pasan dos cosas: una, se hace cayo y se termina de creer en que nada cambiará y que igual, “a la gente le gusta vivir así”.

O se logra ver que la gente no quiere vivir así pero no le queda otra opción.

Estoy desilusionada, al igual que otros técnicos que tienen años de estar dando la receta del agua azucarada “Guatemala está sobre diagnosticada” dicen los escépticos, pero ninguno se atreve a enfrentar al monstruo de mil cabezas y asumir el riesgo que ofrece un país empobrecido en donde casi la mitad está bajo la línea de pobreza. Nos gusta su receta, nos responden quienes nos contratan para darlas pero “vamos a hacer algo distinto” y siguen poniendo el limón antes del azúcar a la limonada con lo que no queda igual a lo que dijimos, pero así es, algunos estamos hartos de ganarnos la vida como corsarios, piratas mal vendidos a quienes se nos aceptan algunas cosas pero no se nos compra el tratamiento. Seguimos diagnosticando a un enfermo que prefiere “hacer algo distinto”.

Cuando vemos las experiencias de otros países, también entendemos que no son gratuitas y que hay riesgos, pero que hay opciones también.

Rupturas como las que propone Ecuador y Uruguay se nos meten en la mente, porque parecen lo que quisiéramos y no sabemos cómo. Inevitablemente caemos en las comparaciones, aunque insanas y sabemos que tanta belleza no puede ser real, nos ponemos a soñar con que al menos, en algún lugar del mundo, la desigualdad no es tan atroz.

Entiendo que por más que desempolve mis acuerdos de paz y que vuelva a leer las recetas que dimos hace más de 5 años, no lograré conmover a la clase política que sigue haciendo “lo mismo, pero diferente” en su creencia y sigue haciendo exactamente lo mismo que desde hace 100 años nos mantiene en el mismo lugar.

La conferencia de Correa sirvió para sentir que alguien, en algún lugar del mundo, muestra un mínimo de empatía, un mínimo de comprensión, y me sirve para volver sobre lo andado y repetir por enésima vez la receta cansada que sigue siendo la respuesta que nadie quiere oir.

Y por lo mismo, el césped siempre es más verde en la vecindad, pero a veces, simplemente es cierto.

HABLEMOS DE UNIDAD, ALIANZAS Y FUTURO

Por Miguel Ángel Sandoval

El planteamiento cobra cada día que pasa mayor valor. En particular luego de la victoria del FMLN en el Salvador y del PAC en Costa Rica. Son dos procesos semejantes y al mismo tiempo diferentes. Pero que tienen en común ser portadores de esperanzas para sus respectivos países. En El Salvador, el FMLN es reelecto. Si con Funes fue con un candidato externo, ahora con Sánchez Cerén es un candidato propio, histórico. Por ello su importancia política. En Costa Rica, es un proceso de acumulación de fuerza social desde la oposición que muchos que ahora integran el PAC hicieron a la imposición del TLC por parte de EEUU y sus aliados internos.

Estos antecedentes inmediatos han dado lugar en Guatemala, a un debate inicial que no puede dejar se reflexionarse. En dos platos el tema sería el siguiente: ¿Es posible la unidad de las izquierdas social y política en Guatemala? Creo que es posible. Y ello sin a acudir a analogías como la que plantea Mario Antonio Sandoval en Prensa Libre (9.4.2014), en una especie de comentario a un artículo de Manuel Villacorta, pues su planteamiento presenta dos dificultades. El primero es que ubica el tema en el ámbito ideológico sin percibir que la propuesta se trata sobre todo de un proceso de naturaleza política, electoral.

El segundo es que el vigor de las izquierdas es algo que pasa tanto por las formaciones sociales como por los partidos en sentido estricto. Es un amplio abanico que tiene en común mucho más de lo que parece a primera vista y mucho más que lo reducido que es el ámbito ideológico. Tiene razón, al señalar que Rigoberta o miguel Ángel Sandoval, formamos parte de la estirpe de Manuel Colom y Fuentes Mohr, y agregaría, Ricardo Ramírez, Rodrigo Asturias, Oliverio Castañeda, Alfonso Bauer, Rogelia Cruz o Nora Paiz,

Por ello mi apuesta para construir una amplia alianza político-electoral, vinculada a los procesos sociales, que tenga como plataforma temas país vinculados a la corriente de la izquierda, tanto a nivel nacional como internacional, y que tenga como uno de los referentes principales los Acuerdos de Paz de los cuales forme parte como negociador y que considero siguen manteniendo vigencia a pesar de la sistemática negativa a implementarlos.

Es obvio que las propuestas básicas tienen hoy en nuestro país dos o tres componentes indispensables. Hace falta un planteamiento serio sobre el tema de la seguridad ciudadana que vaya mucho más allá de los slogans de los últimos años. El mismo debe articularse con una política de empleo sin la caricatura del proyecto que actualmente debate el ministerio de economía, y que incorpore una posición clara y definida en contra de la corrupción que hoy nos asola como país y que tiene expresiones tanto en lo público como en lo privado, en lo político como en lo social; esto supone recuperar la ética en la política.

Los temas programáticos, que más adelante hare públicos, estoy absolutamente seguro que serán la columna vertebral de una alianza de las izquierdas que deberá ser una fuerza de alto impacto en el proceso político que ya dio inicio, de forma anticipada es cierto, pero que con la sabiduría y la experiencia de las izquierdas sociales y políticas, podremos llevar a buen puerto.

 En las izquierdas hay  más en común que diferencias de envergadura             

Al inicio de la semana santa hice pública una nota sobre la unidad de las izquierdas en sus más diversas expresiones como un proceso posible.  He visto no pocas reacciones a la nota de marras en la que decía entre otras afirmaciones, que las vertientes sociales y políticas de esta gran corriente, tenían mucho más en común que diferencias de envergadura. Por el contrario, los puentes naturales entre todas las expresiones posibilitaban el encuentro en un proyecto único que abriera esperanzas en Guatemala, como de manera reciente lo vemos en El Salvador o Costa Rica.

 La idea es proponer algunos puntos de naturaleza programática que seguro, serían el referente para que este proceso pudiera iniciarse sobre bases políticas reales, antes que personales o de las nefastas cuotas que solo han impedido el encuentro de todas las vertientes de la izquierda por una limitada visión de la amplitud que la misma debe tener y por la dificultad de entender que lo que entrampa los diálogos abiertos, transparentes y fraternos, es la existencia de cuotas de manera expresa o bajo la mesa de discusiones. Es la experiencia acumulada lo que me lleva a señalar este tipo de problemas.

Con ese propósito me parece que lo primero es establecer que los Acuerdos de Paz tienen vigencia, o si se prefiere, son la base mínima para abordar un proceso de unidad de la izquierda social y política. De manera resumida hay en los acuerdos  temas como la reforma tributaria globalmente progresiva, los derechos de los pueblos indígenas, una amplia reforma política que aún no llega, aspectos sobre la educación, el empleo y sobre todo, la participación democrática. La desmilitarización es un punto fuerte de esa agenda y la reforma de la justicia es igualmente otro  de los pilares de ese proyecto que vio la luz con al fin del conflicto armado.

Temas que no están considerados en los Acuerdos como pueden ser la minería de cielo abierto y otros megaproyectos o el impacto de la migración como un factor de primer orden en el análisis de la economía nacional. Y vinculado al tema de los megaproyectos mineros o de otra naturaleza, el desarrollo de las consultas comunitarias, más de 70, que ponen a la orden del día la visión que tenemos sobre la democracia en nuestro país. No se puede aceptar democracia de dos pisos.

Estos son los  temas que deben estar en el centro de cualquier proceso de unificación de las fuerzas sociales y políticas de la izquierda y corrientes afines en  nuestro país hoy día. Y junto con ello, una lucha sin cuartel en contra de la corrupción.  Es lo que nos corresponde hacer.

 El factor electoral

Una de las formas de medir el desempeño político de las distintas expresiones políticas pasa por el voto en las urnas. Si tienes votos tus posiciones se escuchan, se comentan y a veces se respetan. Si por el contrario no tienes votos, pues no te escuchan, nadie comenta lo que dices y nadie te respeta. Es la experiencia que puedo afirmar tengo, desde la firma de la paz a la fecha.

Es absolutamente falto de razón afirmar que las posiciones de “principios” te hagan tener la razón sobre el resto. Es igualmente cierto, que sin resultados electorales importantes, lo que vives es la marginalidad política. Además, no puedes incidir en las políticas públicas. Quien diga algo contrario a esta  afirmación esta fuera de contexto.

A menos que tengas una amplia presencia política o social, o procesos de democracia directa como las consultas municipales alrededor de la minería,  que haga que tus posiciones tengan influencia, presencia, y se ganen respeto sin tener resultados electorales. Quizás el ejemplo más claro es el del gremio magisterial. No participan en elecciones pero tienen un peso político social importante, que por cierto muchas veces no se entiende.

En otro nivel de análisis, lo que digan muchos líderes de la izquierda tiene el peso de su escasa presencia electoral, poca o nula participación en luchas sociales, limitada presencia en el debate nacional o en la falta de  incidencia política real.  Haber participado en la guerra del pasado, no convoca mayor auditorio. Todo queda en el ámbito de las fuerzas amigas,  dicho en otras palabras, entre amigos. Nada más.

Estas razones o evidencias, es lo que me llevan a plantear la unificación de todos los sectores de la izquierda, social y política en un amplio frente que al participar electoralmente, pueda tener un mejor desempeño  y  hacer salir a la superficie la fortaleza de una visión de izquierda que buena falta nos hace.

Aquí hay dos riesgos que hacer falta superar. Uno es la idea de que participar en elecciones es electorero y por lo tanto no merece nuestros esfuerzos. Otro, pensar que el aislamiento social y político es la garantía de que más tarde se podrá entender que teníamos la razón. Y finalmente, la política es concreta y hoy por hoy, solo la unificación de todas las izquierdas nos puede llevar a un estadio que no sea el de la marginalidad política en que las izquierdas vivimos.

El PAC de Costa Rica es fuerte porque gana votos. El FMLN  en el Salvador, es fuerte porque gana votos. Nosotros débiles porque no ganamos votos o muy pocos. Las realidades en Costa Rica o El Salvador son las mismas que las nuestras, o muy parecidas. ¿Hace falta más argumentos para decidirnos a buscar la unidad?

HAGO UN LLAMADO URGENTE

Como ciudadano integrante del movimiento revolucionario desde la juventud, es que hago un llamado apremiante. Sin duda es difícil hablar de la unidad o las alianzas de las izquierdas, sociales y políticas en periodo preelectoral. Ello porque antes de discutir sobre los temas de fondo se reduce la discusión a las cuotas. Así, hoy en varias organizaciones el tema es quien encabeza los listados nacionales o regionales y por supuesto, quien es candidato presidencial, vicepresidencial, y el resto de puestos de elección.

Pero como señalo líneas arriba, lo electoral es parte de las formas de lucha que se deben dar en una democracia representativa como la que existe en nuestro país. Con todas las limitaciones y dificultades, esa es la manera en que se participa en elecciones. Lo importante es abordar el proyecto político, las expectativas, las razones por las cuales se lucha unido o cada quien por su lado.

En esta perspectiva y con este planteamiento, me dirijo a los dirigentes de la URNG, WINAK, ANN, MNR, EG,  y las dirigencias sociales de movimientos con la importancia que pueden tener, FNL CNOC, Codeca, Cuc, CpO, entre otros muchos actores,  para abordar el proceso de unificación de fuerzas a efecto de tener un desempeño honorable en las próximas elecciones y que de paso, se pueda sacar a las izquierdas de su situación actual de marginalidad política.

Es un llamado serio y meditado, publico, el ahora estoy haciendo, pues me parece que no se puede por más tiempo, hablar de estos temas en secreto, con descalificaciones, con medias verdades, con mentirillas piadosas. Un buen desempeño electoral podrá mejorar la incidencia en las luchas sociales del más diverso cuño.

Creo que se puede intentar una mesa abierta, publica, democrática, para poder abordar tres puntos: las coincidencias programáticas mínimas, la amplitud de las alianzas o proyecto unitario, y como colofón, algunas de las principales candidaturas, sin cuotas y sin imposiciones.

Como se puede ver, es un planteamiento abierto, flexible, y sobre todo, realista.

Guatemala, mayo de 2014.

Nota. Mi correo personal es mszurdo@hotmail.com

 

LA IZQUIERDA EXISTE: ACOSTUMBRENSE.

1508103_631421866943050_4126123079251575526_n

(OJO. Esta pendiente exponer con detenimiento los elementos programaticos basicos o minimos)

Por Miguel Ángel Sandoval

Me gusto un mensajito en Facebook, puesto por un amigo de las redes sociales. Creo que con buen juicio señala un tema al que muchos le sacan el cuerpo, por razones que no alcanzo a entender, en donde ciertos temores de los viejos juegan su rol. La vieja idea y el falso debate del fin de las ideologías no tienen ya más sentido. Las ideologías existen, y la principal separación es aquella que dice que las derechas y las izquierdas no tienen mayor cosa en común. Hace apenas unos meses, en un video callejero hecho en Brasil, dos muchachos decían de manera pedagógica, “hasta el precio del frijol es político” y hay propuestas de derecha y de izquierda. Nada más claro que eso.


Además, viene o mejor, ya estamos en un tiempo de las izquierdas. Ya dio inicio en El Salvador y en Costa Rica, para hablar solo de la región centroamericana.


Por supuesto que se trata de izquierdas diversas que tienen en común la idea de mejorar las condiciones de vida de las mayorías excluidas, de los pobres con respeto a las reglas del juego existentes. Pero ojo, no todas las reglas y comportamientos. Pues todo el paquete neoliberal y los ajustes del Estado que inician con el recorte de los gastos sociales debe terminar. Se debe fortalecer el Estado y dar paso a solidas políticas públicas de contenido social. Es la manera más firme, acaso la única, para disminuir las desigualdades.


La otra vía es la de una revolución hecha y derecha pero, por ahora, no hay las condiciones que se requieren. Que probablemente haya que trabajar para crearlas, pues no me quedan muchas dudas al respecto, pero por ahora, es la política de lo posible, es el tiempo de lo posible, sin renunciar a lo que por ahora parece imposible.


Por eso me pareció exacta la idea de que la izquierda existe y que hay que acostumbrarse ella, a su existencia, a su desarrollo y sobre todo, a su apuesta de futuro, que por supuesto contempla un gobierno dirigido por ésta.


Claro que se trata de una izquierda moderna, democrática, sin esquemas, con idea clara de qué es lo posible hoy en nuestro país y que sea, lo que se denomina posible, un referente contrario a la predica neoliberal de la derecha. En pocas palabras, si los neoliberales exigen disminuir el estado y las políticas públicas de contenido social, la izquierda debe apostar y luchar por el fortalecimiento del estado y de las políticas públicas de alcance social. Esa sola diferencia es ya bastante en países como los nuestros. En esa dirección van los esfuerzos que propongo a quienes quieran impulsar de esa manera y con esos objetivos la unidad de las izquierdas sociales y políticas…