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Nicaragua: Daniel, el poder y el cuestionamiento popular

Por Alfonso Malespin.

Para quienes estudian el Poder en sitios como Nicaragua debe resultar interesante observar dos casos recientes. El primero es la resistencia de mineros y sus familias en Mina El Limón, departamento de León, ante los embates de la canadiense B2Gold, su socia local Tritón Minera y su garante Daniel Ortega, comandante – secretario político – presidente – comandante supremo del Ejército y la Policía.

El segundo caso es el decomiso de 800 quintales de alimentos diversos que productores de la zona de Nueva Guinea llevaron en 4 camiones a centenares de familias hambrientas de Nueva Segovia, y que fueron decomisadas por la Policía Nacional porque Daniel Ortega decidió que sólo el SINAPRED puede gestionar las donaciones de este tipo. ¿Qué nos dicen estos dos casos sobre el Poder en Nicaragua? El caso de la donación fallida muestra que el comandante piensa que puede resultar peligroso el desarrollo de la solidaridad entre campesinos, uno de los sectores más desprotegidos durante los gobiernos neoliberales de los últimos 25 años. Que los productores de la zona por donde pasaría el canal interoceánico — que el comandante pactó con Wang Jing, de HKND — se atrevan a llevar alimentos a familias de la zona seca de la frontera segoviana con Honduras desnuda varias cosas: hay hambre aunque el gobierno se haya negado a reconocerlo, hay iniciativa ciudadana que no necesita de partidos políticos para movilizarse, y, lo peor, no le temen al poder de Daniel Ortega. Con este gesto se cuestiona la hegemonía construida por Ortega durante los últimos 8 años desde el gobierno y su control de la institucionalidad pública.

La respuesta inmediata ha sido el decomiso y una derrota del gobierno a ojos de la opinión pública. Se ha dejado con hambre a los hambrientos. La crisis en Mina El Limón muestra las fisuras a lo interno del partido gobernante y la falta de interés por atender las demandas de la clase trabajadora. De los mineros, en este caso. Es sabido que el FSLN es un partido marcadamente piramidal y autoritario. La cabeza manda y todos obedecen. Nadie está permitido hacer nada que contraríe la voluntad del comandante, so pena de exponerse a su poder. Mina El Limón es un bastión sandinista. Lo muestran los resultados electorales del 2006, 2008, 2011 y 2012. El sindicato “Pedro Roque” atacado por la B2GOLD-Tritón Minera y el gobierno, está afiliado al brazo sindical del FLSN: el FNT. Los dirigentes despedidos y apresados de ese sindicato son militantes del FSLN.

Acá lo que ha ocurrido es que estos hombres y estas familias se han atrevido a contrariar los compromisos que Daniel Ortega tiene con la B2Gold. ¡Cómo se les ocurre! De ahí la severidad de la actuación policial, que ha revelado, además, que el pueblo no es Presidente, que no se tolerarán episodios de autonomía en ese partido, y que la organización de la comunidad (más allá de lo cuestionable que puedan ser sus métodos de lucha) preocupa a un poder escasamente cuestionado desde abajo en estos 8 años. Fíjese bien. La solidaridad entre campesinos y la organización comunitaria fuera del control del de las élites, es peligrosísima para un poder que busca instaurar una dinastía en Nicaragua.