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Mujeres defensoras de derechos humanos: “Las redes salvan vidas”

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Por Quimy De León -Prensa Comunitaria.

En la ciudad de Guatemala se está llevando a cabo el Encuentro Nacional de Defensoras de Guatemala llamado “Las redes salvan vidas.“Desde el día 21 al 24 de Octubre están reunidas más de setenta mujeres de distintas regiones del país.

Todas las mujeres se dieron cita para discutir acerca de la importancia de crear y fortalecer las redes de solidaridad, de denuncia y de fuerza que facilite el trabajo que en la región de Mesoamérica se ha vuelto un riesgo. También llegaron mujeres de Honduras, El Salvador y México. Todas somos parte de la Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos IM – Defensoras.

“Es momento de contemplar, es hacerte contigo misma, observar tus movimientos, tus ritmos, tus pausas.

Contempla sin juzgar, sin imponer, ni imponerte, solo contigo en consonancia con lo existente: Una brisa, una flor, una sonrisa, un silencio, una mirada, una palabra. Todo es posible que se manifieste o se oculte a través de nuestros sentidos.“

La IM – Defensoras busca generar alternativas de protección, autocuidado y seguridad para atender la violencia que enfrentan las defensoras tanto por la labor que realizan como por su condición de género, contribuyendo así a la continuidad de sus luchas por los derechos humanos.

Esta Iniciativa está “coordinada por un grupo impulsor integrado por las organizaciones: Asociadas por lo Justo (JASS), Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad Oaxaca (México), Asociación para los derechos de la mujer y el Desarrollo (AWID), Unidad de Protección a Defensores y Defensoras de Derechus Humanos (UDEFEGUA, Guatemala), La Colectiva Feminista para el Desarrollo Local (El Salvador) y el Fondo Centroamericano para las Mujeres (FCAM).”

Las agresiones a las defensoras no son normales

Defensoras de Honduras, El Salvador y México compartieron experiencias con defensoras de Guatemala con el objetivo de intercambiar. Para ello el punto de partida fue reconocer y analizar el contexto de la región mesoaméricana y los aspectos comunes. Este contexto es adverso y pone en riesgo el trabajo de las defensoras.

Este contexto se ve afectado por el incremento de la militarización en la zona, la presencia de las empresas extractivas y del crimen organizado y el narcotráfico. Esto ha implicado que las mujeres se están enfrentado al sistema patriarcal en sus formas más oscuras.

El hecho de la desaparición de 43 estudiantes en Ayotzinapan, Guerrero en México es un aspecto que marca no solamente a este país sino al resto de la región. Ya que el militarismo, las formas represivas de los distintos Estados y la criminalización han aumentado. Esta forma de desaparición vivida en Centro América no puede ignorarse.

Las defensoras de Guatemala compartieron su preocupación por la criminalización y persecución penal relacionadas con la defensa del territorio tierra y cuerpo. Ya que desde distintas experiencias como las vividas en Barillas, en Sololá, en Petén, Santa María Xalapán las mujeres han visto en riesgo su vida.

El uso del rumor es una estrategia denunciada por la todas, que afecta su vida social e íntima. También al interior de los movimientos sociales las mujeres ven un lugar adverso para desarrollar sus acciones como defensoras.

Feminicidios y violencia contra las mujeres

La persecución, criminalización y asesinatos contra las mujeres son cada vez más alarmantes y se han vuelto un común en la región. En El Salvador la persecución a las mujeres por defender sus derechos sexuales como el derecho al aborto ha disminuido su capacida de autonomía.

Del mismo modo los feminicidios son un problema para toda la región. En Guatemala la violación sexual es un tema de discusión relacionado con memoria histórica, ya que se impulsan casos judiciales donde las mujeres buscan justicia, tal es el caso de Sepur Zarco.

Estrategias y redes

Por último uno de los puntos fundamentales de discusión es no normalizar la violencia, denunciar y protegernos y cuidarnos entre todas, en red, de manera colectiva. La reflexión colectiva en este encuentro se realiza no solamente mediante el análisis sino mediante el trabajo corporal y la espiritualidad.

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Guatemala se suma a la Acción Global por #Ayotzinapa

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Por Redacción -Prensa Comunitaria.

Muchas personas se autoconvocaron en las afueras de la Embajada de México exigiendo: “Vivos se los llevaron, Vivos los queremos”.

Porque hacemos nuestra la consigna “Todos y Todas Somos Ayotzinapa” con la que se movilizaron miles de personas en México y muchos lugares del mundo. Hoy 22 de octubre mujeres, estudiantes, feministas, trabajadoras, jóvenes, gente de todo el mundo se sumó a la exigencia al gobierno mexicano de que aparezcan con vida los 43 estudiantes de la Normal Isidro Burgos, de Ayotzinapa, ubicada en Iguala Guerrero.

Desde Guatemala nos sumamos porque entendemos y hemos sentido en nuestros cuerpos la ausencia, el dolor y el terror perpetrado por el Estado cuando pretende terminar con la voz, la organización y las ideas libres.

Hace un mes que ya no están, hace un mes que fueron desaparecidos. Nadie sabe en donde están, hace un mes que se vive terror, incertidumbre, tristeza e indignación y que han empezado las manifestaciones de repudio y de exigencia a un Estado que calla.

Los 43 Normalistas le faltan al Mundo.

A la acción Global se sumaron más de 40 personas en las afueras de la Embajada Mexicana. A las 5 de la tarde más de 75 mujeres la Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos IM – Defensoras.

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Desde México: “En este país ser joven es estar en peligro de muerte, es algo terrible” Jorge Alonso

Tomado de La Jornada Jalisco

http://www.lajornadajalisco.com.mx/2014/10/11/en-este-pais-ser-joven-es-estar-en-peligro-de-muerte-es-algo-terrible-jorge-alonso/

 La desaparición de los normalistas llama a poner un alto al narcoestado, señaló el profesor investigador

Foto Udg.mx

Por: Mariana Recamier y César Octavio Huerta

11 de octubre del 2014.- “Estoy sin palabras, pero voy a tratar de decir las adecuadas. Me sobrepasa esta situación que muchos estamos viviendo”, con esta declaración, Jorge Alonso, profesor investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS Occidente), inició a su reflexión sobre los estudiantes normalistas desaparecidos en Iguala, Guerrero.

El investigador, conmovido por las marchas que se realizaron esta semana para exigir el regreso de los jóvenes normalistas, ofreció una entrevista sobre los aspectos políticos que existen en torno a este “crimen de lesa humanidad cometido por un narcoestado y que permite revelar la tragedia que se vive en México”.

El profesor Jorge Alonso, a quien le dedicaron una cátedra en la Universidad de Guadalajara, dijo que ningún partido político se salva, ya que todos politizan el tema según sus cálculos electorales, olvidando la justicia y la reparación del daño, revelando que “la clase política mexicana está podrida”.

Sin embargo, rescató el hecho de las manifestaciones que se dieron en el país. Sobre todo, resaltó la marcha de los 20 mil indígenas zapatistas en San Cristobal de las Casas, Chiapas, quienes no necesitaron hacer ruido para demostrar su indignación. 

Ellos marcharon en silencio, porque el silencio es mucho más fuerte y contundente para acusar a los de arriba e interpelar a los de abajo, para empezar a buscar por otro lado, en otra política, en otras formas. Porque en las que estamos, vamos al fracaso”.

A veces pareciera que a la gente le queda un sentimiento de qué sigue después de marchar, ¿qué se puede hacer?

-El salir a marchar es decir estamos en total desacuerdo. Tenemos que buscar, desde abajo, en nuestros colectivos, en nuestra vida cotidiana, cómo irnos zafando de estas imposiciones, de este imperio tan desastroso del capital y del Estado que nos está acabando y que al mostrar que no tiene ningún respeto por la vida, como lo hace, está indicando que ésta es su manera de enfrentarse a aquellos que le molestan o con los cuales no está de acuerdo.

¿Qué quiere decir el hecho de que sean los jóvenes las víctimas? ¿Cuál es el mensaje?

-El mensaje es que no tienen cabida en este país y se les lleva a lo último, se les masacra. A los jóvenes se les había dicho en algún momento “lo que tienes que hacer es estudiar para que puedas tener una familia y un buen trabajo” pero, qué tenemos, sino un sistema económico que lo único que produce es pobres a raudales y una desigualdad grandísima. En este país, ser joven es estar en peligro de muerte, algo terrible.

¿Y por qué a los normalistas?

-Porque en todas las reformas neoliberales que se han hecho en este gobierno, entre ellas las de educación, ignoraban las Normales Rurales. Estos planteles son de los más pobres, de los campesinos, de los que apenas pueden sobrevivir. Sin embargo, ellos están haciendo maestros para estos pueblos a los que nadie quiere ir. Muchos quieren tener un empleo, pero en las grandes ciudades.

Elba Esther Gordillo, que está en la cárcel y fue líder de los maestros, había sentenciado que se iban a acabar las Normales Rurales. Ahora con el espanto que causó esta tragedia, dicen que no se van a acabar, pero les han quitado todos los presupuestos para que puedan sobrevivir.

Y en medio de esta zozobra generalizada, ¿qué pasa?

-Estamos llegando a esos niveles porque eso tiene un efecto vacuna, que es lo más terrible y debemos tener cuidado. Cuando llega algo más, nos alertamos y decimos “¡Cómo es posible!” Sin embargo, lo que quieren es saturarnos de cosas tan inauditas para que pensemos que esto es la vida normal, que la violencia y estas agresiones, injusticias y actos tan terribles, son parte de la vida común, para que no tengamos que protestar. Por eso el que haya habido tanta protesta quiere decir que aún no nos hemos dejado inocular de ese veneno y no hemos llegado a pensar que ésta es la única alternativa.

¿Los jóvenes pueden ser los impulsores de los cambios que necesita el país para que no haya más tragedias?

-Hay muchos jóvenes, colectivos de jóvenes, que están en busca de otro mundo. Si tú ves a los 20 mil zapatistas que marcharon, la mayoría son jóvenes. Hay muchos colectivos en las ciudades y en el campo que están buscando otras formas de convivencia, de cómo decidir hacer su vida, cómo ponerse al margen del capital y del Estado y cómo resolver sus propias necesidades con creatividad e imaginación.

¿Cuáles deben de ser las acciones por parte del gobierno mexicano?

-Lo primero que debería hacer el gobierno es garantizar el regreso con vida a los muchachos. Se le dijo con tiempo, “se los llevaron”, incluso organismos internacionales le dijeron “estás a tiempo de buscarlos, de que no les pase nada”. Ésta es su primera obligación.

Ahora, en realidad, no lo puede hacer, por su negligencia, por su complicidad. El gobierno tiene parte de la culpa del homicidio. Espero que todavía pudieran regresar con vida los muchachos, pero si no, reparar este daño tan terrible y decir: ¡Nunca más! Nunca más una situación de esta naturaleza, de agresión, que se acabe con esta guerra que en realidad no es la guerra contra el narcotráfico, es la guerra contra los pueblos, es la guerra contra la gente que no resiste que la estén oprimiendo y asediando. Hay que acabar con este nudo gordiano, hay que acabar con el narcoestado.

Un modesto homenaje, tres citas y una anécdota

Foto Nelton Rivera 2014.

Foto Nelton Rivera 2014.

Texto leído por Ricardo Ramírez Arriola durante la presentación del libro

El Círculo. Apuntes de una migración, en Guatemala, Guatemala, el 18 de septiembre de 2014.

De un puñado de fotografías iniciales, cargadas de anécdotas, sensaciones y emociones, este proyecto editorial se configuró como un hilado de voces, datos, cuestionamientos e interrogantes que han ido surgiendo durante mi labor como fotoperiodista en México. No pretende ser más que el reflejo de esfuerzos colectivos; un entretejido de voces y aportes comunitarios, diversos y valiosos.

Yo soy un migrante. En mi sangre corren huellas de antiguas migraciones: indígenas, vascas, alemanas, españolas, salvadoreñas e incluso se rumora gitanas, enriquecidas con mis propios pasos… soy un migrante orgulloso de sus raíces guatemaltecas; de las raíces que cotidianamente nacen y se arraigan en nuevas y generosas tierras. Sin temor a equivocarme, usando hoy la misma brújula, puedo afirmar que todos los que aquí estamos compartimos ese mismo patrimonio: todos cargamos en nuestras venas la ancestral búsqueda de la migración: el adiós, la esperanza, el hallazgo, el destierro, el encuentro y el ¿quién sabe?… la cacería de mejores mañanas. Aquí todos somos herederos y protagonistas de ese verbo conformado por seis letras que para miles de mujeres y hombres hoy en México significa una sentencia a desaparecer, a sufrir lo inimaginable o a convertirse en sinónimo de piedras y barro en confusos ataúdes perdidos. Duele, profundamente. ¡Yo soy un migrante!

Si dejamos a un lado, por un instante, nuestra certeza de origen de cuna, las calles andadas, las aulas vividas, la pigmentación de la epidermis que nos viste, los títulos logrados, las fronteras, los orígenes, la indumentaria que sólo permiten distinguirnos ante ciertas lupas como personas de primera, de segunda o de tercera categoría, nos quedaremos con una sola verdad: ellas y ellos, los que en este preciso momento están tratando de subirse a La bestia, que se esconden entre matorrales o se curan las heridas en algún albergue solidario, y nosotros, los que aquí estamos, somos los mismos.

¡Todos somos migrantes! una simple verdad, tan obvia y al mismo tiempo tan lejana.

Se nos ha hecho creer que el problema es la migración. Se condena la decisión de migrar de pueblos con ricas y complejas culturas, resultantes de un violento y traumático mestizaje migratorio; a pueblos con tradiciones ancestrales de intercambio a lo largo de su territorio y horizonte; a pueblos que han compartido la exportación de sus hijos, de sus esperanzas, de su mano de obra subpagada a cambio de inyecciones económicas para la colectividad; a pueblos que en medio de la aridez de opciones y alternativas se juegan el todo por el todo para alcanzar el canto de la sirena.

El doble discurso, xenofóbico, racista y clasista, que hoy condena a la migración, -sólo la de algunos, la de las mayorías, la de los más pobres-, nos invita a un acto de fe, a la autonegación, a abjurar de la convicción de que las cosas pueden ser mejores, si no aquí, en otro lado. Se nos enseña a fracturarnos en lo más preciado que tenemos: la identidad, el sentido de responsabilidad con la comunidad, la libertad, la movilidad y algo fundamental: el instinto de sobrevivencia. Se nos convence que, salvo si se alcanza el éxito económico y la fama mediática, se llega a ser alguien realmente importante para la sociedad; el que se va ya no cuenta, ya no pertenece ni aquí ni allá, ya no existe, ya no tiene derechos. Pero… sus remesas sí. Las ganancias de ese migrar prohibido, perseguido y torturado, que hoy significa la primera fuente de divisas en Centro América y la segunda en México, es en gran medida lo que nos permite mantenernos a flote y sostener a nuestras flamantes y muchas veces faraónicas burocracias.

En un mundo de incoherencia, La bestia, el tren del diablo, los contenedores saturados de niños, mujeres y hombres abandonados a su destino, las rutas zigzagueantes entre redadas, emboscadas, violaciones, extorciones y secuestros, además de ser heridas lacerantes son el escaparate perfecto, el reflejo exacto de las sociedades que estamos construyendo. Todo lo que somos, lo peor y lo mejor, está reflejado ahí de manera condensada y sin maquillaje alguno. Es un termómetro de la hipocresía, la complicidad, la indiferencia, el oportunismo, la preocupación, el compromiso y la solidaridad. Un termómetro de nuestra mirada hacia ellas y ellos: los extranjeros y nuestros propios connacionales, aquellos que creemos diferentes a nosotros, diferentes a lo que nos han enseñado a admirar.

Somos testigos y protagonistas del mejor ejemplo de la criminalización global de la pobreza. La pobreza que hay que criminalizar para legitimarla. La pobreza que los pobres no generaron. Legitimamos la pobreza y deslegitimamos la memoria, nuestra historia.

Antes, para obtener mano de obra había que cazarla, comprarla y transportarla en barcos negreros. No importaba cuánta mercancía se perdía en el camino. No importaba si se borraban para siempre huellas ancestrales. Las raíces, la cultura, los quereres de la mercancía no tenían importancia. Lo único que había que cuidar era la generación de ganancias. Afortunadamente existió la lucha abolicionista, de la cual lamentablemente recordamos sólo algunos nombres ingleses y estadounidenses. Si hay en la memoria colectiva, aquí, algún nombre africano, muy probablemente sea gracias a alguna producción de Hollywood.

Dos siglos después se reproducen los mismos mecanismos de explotación, aunque ya no hacen falta barcos negreros para ir a comprar o capturar esclavos al África, con el fin de trabajar en plantaciones, mover engranajes y brindar servicios. Nos hemos modernizado, se han racionalizado las distancias, redistribuido los traspatios y remplazado los tristemente célebres puntos de embarque de mano de obra, como la isla de Goreé en Senegal, por los también tristemente célebres puntos de tránsito como Melilla en España, Lampedusa en Italia o La Arrocera en México…

Actualmente contamos con una combinación perfecta para cumplir con el mismo cometido de antaño, un poderoso instrumento cultural hegemónico conformado por la yunta del hambre y la televisión.

Hablando de yuntas y de hegemonía cultural, me permito compartir una anécdota y dos citas, que si bien parecieran escaparse del tema, han marcado percepciones al plasmar estas páginas.

En 2011, tuve la oportunidad de cubrir como fotoperiodista el proceso electoral argentino así como las últimas jornadas de la primera etapa de la Mega Causa ESMA, en la que se juzgaron y posteriormente sentenciaron a cadena perpetua a 16 ex altos oficiales del ejército de Argentina, encontrados culpables de los crímenes cometidos en el centro clandestino de detención, tortura y exterminio de la Escuela de Mecánica de la Armada en Buenos Aires, durante la última dictadura cívico-militar.

Fue especialmente interesante la intervención de uno de los acusados de crímenes de lesa humanidad, Jorge “El Tigre” Acosta, jefe de inteligencia y del Grupo de Tareas 3.3.2, quien dirigía el funcionamiento de la ESMA, lugar donde pasaron por aquellos años, cinco mil secuestrados desaparecidos. En su alegato de defensa, “El Tigre” Acosta, con serenidad y contundencia, expresó: “Nosotros los eliminamos militarmente, pero ellos consiguieron la hegemonía cultural que buscaban, por eso hoy estamos aquí.”

Esas frías palabras del acusado, tras el cristal, calaron por ser una precisa y aguda radiografía, una enseñanza de síntesis, despojada de toda pasión, en un momento dramático.

Efectivamente, nuestra modesta disputa por la defensa de las ideas, está inmersa en medio de una cruenta lucha por la hegemonía cultural, imprescindible e inevitable, que determina cómo interpretamos y reinterpretamos una y otra vez nuestro pasado y presente; cómo dibujamos el futuro; cómo nos explicamos y compartimos lo que ocurre a nuestro alrededor; cómo interrelacionamos nuestro quehacer individual con el acontecer colectivo. Cabría preguntarse qué tanto ha calado en nosotros la ideología que abraza al individualismo, la descarnada competencia arribista; el consumismo, un falso y vacío nacionalismo y la superficialidad que nos impide vincularnos, reconocernos, encontrarnos y unirnos; identificarnos con los que se van, porque en su tierra no encuentran perspectivas, con los que se quedan, con nosotros mismos.

En su afirmación el sombrío acusado tenía razón. Quien hila y teje valores y principios, define derechos o no, construye los basamentos culturales, intelectuales y morales que permiten los cambios o bien la parálisis, en una u otra dirección, en un camino histórico, elástico, cíclico, cambiante y dinámico. Aquí, me permito otra cita, advierto, de un autor, también polémico, antagónico del primero:

“Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen arbitrariamente, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo condiciones directamente dadas y heredadas del pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos.”

Karl Marx

El 18 Brumario de Luis Bonaparte

Una muestra de los alcances de estos valores culturales, hegemónicos, hasta hoy, se refleja en nuestra actitud, como Estados y como sociedades, hacia nuestros propios migrantes.

Guatemala tiene cerca de 16 millones de habitantes, de los cuales, según datos del Banco Centroamericano de Integración Económica, 54.8%, vivía en la pobreza hace tres años. De este espectro es de donde emerge la mayor parte de la migración hacia el norte, en su mayoría jóvenes en edad productiva, valientes y decididos. Características indispensables para emprender el viaje.

En 2012, cerca de 1.3 millones de guatemaltecos asentados en Estados Unidos, aportó 4 782.7 millones de dólares en remesas familiares, la primera fuente de divisas del país. A pesar de ser compatriotas, familiares, hermanos, de ser expulsados, exportados, explotados y sostener en buena medida a nuestra economía; se nos ha enseñado que el que se va ya no existe, ya no es de aquí, ya no tiene derechos; legitimamos así la ausencia, minimizamos así las causas de esa ausencia; las raíces de ese destierro económico, violento y doloroso. Ya no es de aquí, ya no tiene derechos, menos aún derechos “superfluos” e “innecesarios” como el de ejercer su derecho a votar desde el extranjero. Un derecho que no debería ser visto como una dádiva o favor, ni tampoco calculándolo de acuerdo con las proyecciones de afluencia electoral. Simplemente es un derecho inalienable e intrínseco.

Nueva Zelanda incluyó el voto en el extranjero en 1890, Canadá en 1915; España en 1978 después de la dictadura de Franco… En Honduras, con limitaciones, iniciaron este proceso en 2001, en México en 2006, en El Salvador en 2014; en Guatemala aún está por verse.

Uno de los principales dolores que sufren los migrantes centroamericanos cuando son presa del crimen organizado y la complicidad de las autoridades en su paso por México, es saberse solos, huérfanos de patria; saber que no son ciudadanos, solo insignificantes números y estadísticas; que no habrá gobierno que los reclame, que exija por ellos, que los defienda; ni siquiera que vele, siempre, de manera adecuada por el regreso de sus restos. ¿Qué pasaría si 72, 800, 1700, 3500 o 12 000 ciudadanos estadounidenses fueran declarados desaparecidos en su sueño por llegar a Honduras? Aquí, en Centro América y en México, el problema es que ni siquiera sabemos cuántos nos faltan, cuántos ciudadanos, cuántos niños, cuántas mujeres y hombres se perdieron en el camino.

Aquí, en El Salvador, en Honduras, en México debemos hacernos una pregunta, fundamental, vinculada precisamente a aquella afirmación del sombrío acusado. En nuestra respuesta, posiblemente, encontraremos también las claves de otras interrogantes. Nosotros, la sociedad de la que forman parte de manera indisoluble y para siempre esos migrantes que arriesgan todo en su viaje hacia el norte ¿qué hacemos al respecto? ¿Quién se beneficia con lo que hacemos o con lo que dejamos de hacer?

Hoy, los migrantes centro y suramericanos, africanos y asiáticos, armados de desesperación, valor, heroísmo y amor, emprenden el viaje sabiéndose invisibles, sujetos a sufrir en su camino por territorio mexicano.

Según indican los defensores de derechos humanos, los familiares de las víctimas y los compañeros de la prensa los migrantes sufren: abandono, abandono en el desierto, acoso, acusaciones falsas, agotamiento, agresiones, agresiones sexuales, ahogamiento, altas temperaturas, amenazas, amputaciones, angustia, apaleos, asaltos, “aseguramiento”, asesinato, asesinato a pedradas, asfixia, atestiguar delitos; ausencias, ayuno, baleos, caer bajo La bestia, caer en un operativo de Migración, calcinamiento, cansancio, chantaje, choques eléctricos, cobro de cuotas, crímenes de odio, criminalización, deportaciones, desaparición forzada, descarrilamiento, descuartizamiento, deshidratación, desinformación, despedazamiento, detección por rayos X, disolución en ácido, enganchamiento, ejecución, emboscadas, encarcelamiento, encerramiento en casas de seguridad; endeudamiento, engaño, enterramiento vivo, entrenamiento obligado, esclavitud, esclavitud sexual, explotación, extorsión, “extravío”, feminicidio, frío, frustración, golpes, hambre, hacinamiento, hostigamiento, hostilidades, humillaciones, impotencia, incertidumbre, incomunicación, infiltración, insolación, luchar hasta la muerte, mendicidad forzada, miedo, mutilaciones, obligación a construir túneles, obligación a ser “halcón” o sicario, obligación a enterrar a víctimas, obligación a limpiar casas de seguridad, obligación a pedir limosnas, obligación a cobrar cuotas, obligación a practicar canibalismo, obligación a prostituirse, obligación a sembrar y cultivar estupefacientes, obligación a trabajar en laboratorios, obligación a violar, obligación a transportar drogas, obligación a matar, ofensas, pagar “con cuerpo”, pagar a polleros, pagar a maquinistas, pagar la deuda al coyote, pagar para subirse al tren, para pasar el río, para pagar rescates, pedradas, privación de libertad, prostitución infantil, racismo, reclusión, reclusión en la estación migratoria, reclutamiento forzado, reclutamiento inducido, robo, secuestro, ser marcada como ganado, ser tirado del tren, ser vendida, ser víctima de la obstaculización de la justicia; soledad, suicidio, tiro de gracia, tortura, tráfico de órganos, trata de personas, tratos crueles, inhumanos y degradantes; vejaciones, vigilancia, violaciones, violaciones al debido proceso, violaciones tumultuarias, violencia de género, violencia psicológica, xenofobia. Silencio.

Palabras. Simples verbos de la geografía de impunidad a la que se enfrentan los migrantes hoy.

Cuando juntamos las piezas de la historia, las ecuaciones en nuestros traspatios no son tan complejas. Un simple ejemplo:

Según la Organización Mundial de la Salud, una vez que en un país se alcanza la tasa de 10 homicidios por cada 100 000 habitantes se considera que existe una situación de epidemia. Repito: 10 por cada 100 mil.

En 2011 la tasa de homicidios en Canadá era de 1.5 por cada cien mil habitantes; en Estados Unidos era de 4.7; en México de 24. En Honduras era de 91.6 homicidios por cada cien mil habitantes.

Un año después, según cifras del Banco Mundial, en esos mismos países el ingreso promedio mensual con relación al producto interno bruto per cápita era: en Canadá de 4351.58 dólares; en Estados Unidos de 4163.75; en México de 811.83 y en

Honduras de 188.66 dólares mensuales.

Aún sin mencionar la incidencia extranjera en los modelos económicos nacionales, es obvia la relación de pobreza, violencia, violencia extrema, ausencia de alternativas y perspectivas con la migración indocumentada; uno de los eslabones más dolorosos de la explotación en este panorama neoliberal.

El camino no se ve promisorio como quisiéramos para nuestros países exportadores de mano de obra: no es tan sincera la preocupación internacional por nuestra niñez migrante; ni las condiciones económicas y sociales están mejorando vertiginosamente para cambiar los paradigmas; más bien estamos siendo testigos de una rápida implementación de invisibles y más altos muros; bajo el eufemismo de “para la seguridad de los migrantes” se está construyendo la frontera estadounidense más meridional, el programa “Frontera Sur” que bajo los auspicios del Plan Mérida, se está implementado con el signo de la fuerza en México.

Más allá de las barreras, y a pesar del dramatismo, la migración no va a parar. El instinto de sobrevivencia, la lucha y la búsqueda de futuro, afortunadamente, aún son condiciones intrínsecas de ser humano. En medio de la desesperación, la migración indocumentada es un ejemplo diario de valor, amor y coraje, así como lo es también

el ejemplo que nos brindan las madres centroamericanas y mexicanas año tras año, integrando caravanas que cruzan el territorio mexicano en busca de sus familiares desaparecidos en un desolador horizonte de 70 mil migrantes desaparecidos o no localizados. No es fácil levantarse una mañana, despedirse, salir de casa y emprender un camino de miles de kilómetros en busca de hijos desaparecidos; cargando la profunda herida que significan los años de ausencia e incertidumbre. Se requiere de ese coraje que sólo puede templarse con el dolor y la indignación.

Con su ejemplo y su terquedad amorosa, en los albergues, en las caravanas, en los comedores, también se gesta la recuperación de otra parte de la historia, de nuestra propia historia solidaria y sin fronteras, que a pesar de los embates de la desmemoria, permanece ahí en el ADN de los pueblos; como ayer lo demostraron una infinidad de ejemplos solidarios y luminosos de refugio y exilio guatemalteco, centro y suramericano, y europeo en México.

Como hoy está latente en las palabras de Doña Leónida Vázquez, de Las Patronas, mujeres valientes en el paso de La bestia, en Veracruz:

“Mandé a mis hijas a que fueran por una bolsa de pan a la tienda […] Cuando regresaban vieron que el tren venía cargado de gente. En ese momento se detuvieron frente a ellos y los migrantes les pidieron que les dieran la bolsa de pan porque traían mucha hambre. De regreso a casa recuerdo que se me quedaron viendo muy serias. Les pregunté que si es que no había pan en la tienda o qué sucedía, y ellas me dijeron que el tren venía con mucha gente y que les suplicaron un poco de comida. En ese momento yo las abracé muy fuerte […]. Les dije que estaba bien, que no se preocuparan porque habían actuado correctamente. Y fue así […] cómo empezó la ayuda a los migrantes en La Patrona.” (Entrevista de Manu Ureste)

Convencidos de que juntos debemos romper este círculo de silencio, no hay de otra, desde este abrazo colectivo, hoy, les decimos a las y los migrantes, a sus familias y a nuestros defensores de derechos humanos: gracias por la estafeta de dignidad.

Ricardo Ramírez Arriola

EL DOLOR Y LA RABIA

mujeres zapatistas presente

 

EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.

MÉXICO.

8 de mayo del 2014.

A las compañeras y compañeros de la Sexta:

Compas:

  De hecho ya estaba listo el comunicado.  Sucinto, preciso, claro, como deben ser los comunicados.  Pero… mmh… tal vez después.

  Porque ahora empieza la reunión con las compañeras y compañeros bases de apoyo de La Realidad.

  Los escuchamos.

  El tono y sentimiento de su voz nos es conocido desde hace tiempo: el dolor y la rabia.

  Entonces se me ocurre que un comunicado no va a reflejar eso.

  O no en toda su extensión.

  Cierto, tal vez una carta tampoco, pero al menos en estas letras puedo intentar aunque sea un pálido reflejo.

Porque…

  Fueron el dolor y la rabia los que nos hicieron desafiarlo todo y a todos hace 20 años

  Y son el dolor y la rabia los que ahora nos hacen calzarnos de nuevo las botas, ponernos el uniforme, fajarnos la pistola y cubrirnos el rostro.

  Y ahora colocarme la vieja y ajada gorra con las 3 estrellas rojas de cinco puntas.

  Son el dolor y la rabia quienes han traído nuestros pasos hasta La Realidad.

  Hace unos momentos, después de que explicamos que habíamos llegado para responder a la petición de apoyo de la Junta de Buen Gobierno, un compañero base de apoyo, maestro del curso “La Libertad según l@s Zapatistas” nos ha dicho, palabras más, palabras menos:

  “Claro te decimos compañero subcomandante, que viera que no somos zapatistas hace rato que hubiéramos tomado venganza y se hubiera hecho una matazón, Porque tenemos mucho coraje con lo que le hicieron al compañero Galeano.  Pero pues somos zapatistas y no se trata de venganza sino de que haya la justicia.  Así que esperamos lo que nos van a decir y así vamos a hacer”

  Al escucharlo sentí envidia y pena.

  Envidia por quienes tuvieron el privilegio de tener a mujeres y hombres, como Galeano y como éste que ahora habla, de maestras y maestros.  Miles de hombres y mujeres de todo el mundo tuvieron esa fortuna.

  Y pena por quienes ya no tendrán a Galeano como maestro.

  El compañero Subcomandante Insurgente Moisés ha tenido que tomar una decisión difícil.  Su decisión es inapelable y, si me preguntan mi opinión (que nadie lo ha hecho), inobjetable.  Ha decidido suspender por tiempo indefinido la reunión y compartición con los pueblos originarios y sus organizaciones en el Congreso Nacional Indígena.   Y ha decidido suspender también el homenaje que preparamos para nuestro compañero ausente Don Luis Villoro Toranzo, así como suspender nuestra participación en el Seminario “Ética frente al Despojo” que organizan compas artistas e intelectuales de México y el Mundo.

  ¿Qué lo llevó a esa decisión?  Bueno, los primeros resultados de la investigación, así como las informaciones que nos llegan, no dejan lugar a dudas:

            1.- Se trató de una agresión planeada con anticipación, organizada militarmente y llevada a cabo con alevosía, premeditación y ventaja.  Y es una agresión inscrita en un clima creado y alentado desde arriba.

            2.- Están implicadas las direcciones de la llamada CIOAC-Histórica, el Partido Verde Ecologista (nombre con el que el PRI gobierna en Chiapas), el Partido Acción Nacional y el Partido Revolucionario Institucional.

            3.- Está implicado al menos el gobierno del Estado de Chiapas.  Falta determinar el grado de involucramiento del gobierno federal.

  Una mujer de los contras ha llegado a contar que de por sí fue planeado y que de por sí era el plan “chingar” al Galeano.

  En suma: no se trató de un problema de comunidad, donde los bandos se enfrentan enardecidos por el momento.  Fue algo planificado: primero la provocación con la destrucción de la escuela y la clínica, sabiendo que nuestros compañeros no tenían armas de fuego y que irían a defender lo que humildemente han levantado con su esfuerzo; después las posiciones que tomaron los agresores, previendo el camino que seguirían desde el caracol hasta la escuela; y al final el fuego cruzado sobre nuestros compañeros.

  En esa emboscada fueron heridos nuestros compañeros por armas de fuego.

  Lo que sucedió con el compañero Galeano es estremecedor: él no cayó en la emboscada, lo rodearon 15 o 20 paramilitares (sí, lo son, sus tácticas son de paramilitares); el compa Galeano los retó a luchar mano a mano, sin armas de fuego; lo garrotearon y él brincaba de un lado a otro esquivando los golpes y desarmando a sus oponentes.

  Al ver que no podían con él, le dispararon y una bala en la pierna lo derribó.  Después de eso fue la barbarie: se fueron sobre de él, lo golpearon y lo machetearon.  Otra bala en el pecho lo puso moribundo.  Siguieron golpeándolo.  Y al ver que aún respiraba, un cobarde le dio un tiro en la cabeza.

  Tres tiros a mansalva recibió.  Y los 3 cuando estaba rodeado, desarmado y sin rendirse.  Su cuerpo fue arrastrado por sus asesinos como unos 80 metros y lo dejaron botado.

  Quedó solo el compañero Galeano.  Su cuerpo tirado en mitad de lo que antes fue territorio de los campamentistas, hombres y mujeres de todo el mundo que llegaban al llamado “campamento de paz” en La Realidad.  Y fueron las compañeras, las mujeres zapatistas de La Realidad quienes desafiaron el miedo y fueron a levantar el cuerpo.

  Sí, hay una foto del compa Galeano.  La imagen muestra todas las heridas y alimenta el dolor y la rabia, aunque escuchar los relatos no necesita ningún refuerzo.  Claro que entiendo que esa foto podía herir la susceptibilidad de la realeza españolista, y por eso mejor poner una foto de una escena montada con descaro, con unos cuantos descalabrados, y que los reporteros, movilizados por el gobierno chiapaneco, empezaran a vender la mentira de una confrontación.  “El que paga, manda”.  Porque hay clases, mi buen.  Una cosa es la monarquía española, y otra los “pinches” indios alzados que te mandan al rancho de amlo sólo porque ahí, a unos pasos, están velando el cuerpo todavía ensangrentado del compa Galeano.

  La CIOAC-Histórica, su rival la CIOAC-Independiente y otras organizaciones “campesinas” como la ORCAO, ORUGA, URPA y demás, viven de provocar confrontaciones.  Saben que el provocar problemas en las comunidades donde tenemos presencia agrada a los gobiernos.  Y que suelen premiar con proyectos, y gruesos fajos de billetes para los dirigentes, los agravios que nos hacen.

  En palabras de un funcionario del gobierno de Manuel Velasco: “nos conviene más que los zapatistas estén ocupados en problemas creados artificialmente, en lugar de que hacen actividades a las que llegan “güeros” de todas partes”.  Así dijo: “güeros”.  Sí, es cómico que así se exprese el sirviente de un “güero”.

  Cada que los líderes de esas organizaciones “campesinas” ven menguar su presupuesto para las francachelas que se otorgan, organizan un problema y van con el gobierno de Chiapas para que les pague por “calmarse”.

  Este “modus vivendi” de dirigentes que ni siquiera saben distinguir entre “arena “ y “grava”, se inició con el priísta y mal recordado “croquetas” Albores, se retomó con el lopezobradorista Juan Sabines, y se mantiene con el autodenominado verde ecologista Manuel “el güero” Velasco.

  Esperen un momento…

  Ahora está hablando un compa.  Llora, sí.  Pero todos sabemos que esas lágrimas son de rabia.  Con palabras entrecortadas dice lo que todos sienten, sentimos: no queremos venganza, queremos justicia.

  Otro más interrumpe: “compañero subcomandante insurgente, no lo entiendas mal nuestras lágrimas, no son de tristeza, son de rebeldía”.

  Ahora llega un informe de una reunión de los dirigentes de la CIOAC-Histórica.  Los dirigentes dicen, textualmente: “con el EZLN no se puede negociar con dinero.  Pero ya una vez detenidos todos los que aparecen en el periódico, que los encierren unos sus 4 ó 5 años, y ya después que se calme el problema se puede negociar con el gobierno para su liberación”.  Uno más agrega: “o podemos decir que hubo un muerto entre los nuestros y ya queda empatado un muerto de cada lado y que se calmen los zapatistas.  Lo inventamos que murió o lo matamos nosotros mismos y ahí queda solucionado el problema”.

  En fin, la carta se alarga y no sé si alcanzan a sentir lo que sentimos.  De todas formas el Subcomandante Insurgente Moisés me ha encargado que les avise que…

  Esperen…

  Ahora están hablando en la asamblea zapatista de La Realidad.

  Nos hemos salido para que acuerden entre ellos la respuesta a una pregunta que se les hizo: “A la comandancia del EZLN la persiguen los gobiernos, ustedes lo saben bien porque ya estuvieron cuando la traición de 1995.  Entonces ¿quieren que estemos por aquí para ver de este problema y que haya justicia o quieren que mejor nos vamos a otro lado?  Porque todos ustedes pueden sufrir ahora la persecución directa de los gobiernos y sus policías y militares”

  Ahora escucho a un joven.  Unos 15 años.  Me dicen que es el hijo de Galeano.  Me asomo y sí, aunque es un jovencito, es un Galeano en formación.  Dice que quedemos, que confían en nosotros para la justicia y que se encuentre a quienes asesinaron a su papá.  Y que están dispuestos a lo que sea. Las voces en ese sentido se multiplican,  Hablan los compañeros.  Hablan las compañeras y hasta los niños dejan los llantos: ellas fueron las que reconectaron el agua, a pesar de que las amenazaron los paramilitares.  “Son valientes”, dice un hombre, veterano de la guerra.

  Que quedemos, ése es el acuerdo.

  El Subcomandante Insurgente Moisés le entrega un apoyo económico a la viuda.

  Se dispersa la asamblea.  Aunque se alcanza a ver que el paso de todos es firme otra vez, y que hay otra luz en su mirada.

  ¿En qué me quedé?  Ah, sí.  El Subcomandante Insurgente Moisés me ha encargado que les avise que las actividades públicas de mayo y junio se han suspendido por tiempo indefinido, así como los cursos de “la libertad según l@s zapatistas”.  Así que ahí lo vean eso de las cancelaciones y demás.

  Esperen…

  Ahora nos dicen que empieza arriba a alentarse el llamado “modelo Acteal”: “fue un conflicto intracomunitario por un banco de arena”.  Mmh… así que sigue la militarización, el vocerío histérico de la prensa domesticada, las simulaciones, las mentiras, la persecución.  No es gratuito que esté ahí el viejo Chuayffet, ahora con aplicados alumnos en el gobierno de Chiapas y en organizaciones “campesinas”.

  Lo que sigue ya lo conocemos.

  Pero yo lo que quiero es aprovechar estas líneas para preguntarles:

  A nosotros han sido el dolor y la rabia quienes nos han traído hasta acá.  Si los alcanzan a sentir también, ¿a ustedes a dónde los llevan?

  Porque nosotros aquí estamos, en la realidad.  Donde siempre hemos estado.

  ¿Y ustedes?

Vale.  Salud e indignación.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos.

México, Mayo del 2014.  En el año 20 del inicio de la guerra contra el olvido.

P.D.- Las investigaciones las está conduciendo el Subcomandante Insurgente Moisés.  Él estará informando de los resultados, o él a través mío.

Otra P.D.- Si me piden que resuma nuestro trabajoso andar en pocas palabras serían: nuestros esfuerzos son por la paz, los esfuerzos de ellos son por la guerra.