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Conmemoración del día del estudiante universitario

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Por : Carlos Ernesto Cano.

El pasado domingo 22 de mayo, asociaciones de estudiantes de distintas unidades académicas de la Universidad de San Carlos (USAC), colectivos estudiantiles, ex dirigentes universitarios de las décadas del 70 y 80, y representantes estudiantiles ante el Consejo Superior de la USAC, se reunieron en la mítica Plaza de los Mártires de dicha casa de estudios para conmemorar y recordar a las y los estudiantes desaparecidos, y celebrar el 96 aniversario de la fundación de la Asociación de Estudiantes Universitarios Oliverio Castañeda de León (AEU).

En distintas intervenciones emotivas, varios ex dirigentes de la AEU recordaron el terror causado por miembros de los escuadrones de la muerte y del Ejército, sólo por el hecho de ser estudiantes de la única casa pública de estudios superiores que existe en Guatemala. Sufrían de amenazas, desaparición y muerte. De igual forma, recordaron cómo el estudiante sancarlista, en las décadas del 70 y 80, tenía  vinculación y compromiso con la población guatemalteca, tal como el acompañamiento jurídico por la legalización de tierras a campesinos indígenas y mestizos de áreas rurales del país.

La necesidad de recuperar la AEU también se manifestó, derivado de que este cuerpo estudiantil no representa a los intereses de las y los alumnos de la universidad en la actualidad. Y se recalcó la necesidad de promover y continuar con el  movimiento que emergió y tuvo su auge el año pasado con las históricas movilizaciones de las y los estudiantes de la Universidad de San Carlos.

Para terminar con la conmemoración, se colocaron claveles rojos frente al monumento erigido en el centro de la Plaza de los Mártires en la Ciudad Universitaria.

Militares fueron acusados formalmente por desaparición forzada y delitos de lesa humanidad en el caso CREOMPAZ

Prensa Comunitaria Km 169

Prensa Comunitaria Km 169

Por: Nelton Rivera.

En una audiencia histórica el Ministerio Publico MP responsabilizó esta tarde formalmente a diez altos mandos del ejército de Guatemala, como los responsables de haber cometido los delitos de desaparición forzada y delitos de lesa humanidad contra 565 personas de distintos pueblos indígenas durante la década de los años 80 en el departamento de Alta Verapaz. Hechos ocurridos  mientras los oficiales tuvieron a su cargo la base militar No. 21 “Coronel Antonio José de Irisarri” ahora Comando Regional de Entrenamiento de Operaciones de Paz CREOMPAZ.

Desde Alta Verapaz llegaron familiares de detenidos desaparecidos durante la guerra, especialmente el pueblo maya Q’eqch’i, Achí y Pocomochí, quienes están presentes en la sala de audiencias, esta sala se ubica en el nivel 14 de la Torre de Tribunales y está completamente llena, con poca ventilación y espacio, las altas temperaturas que afecta al país también afecta a quienes asistieron a la sala.

Los oficiales procesados son Manuel Benedicto Lucas García, quien fue jefe del Estado Mayor General del Ejército e Ismael Segura Alburalach, Byron Humberto Barrientos Díaz, Gustavo Alonso Rosales García,  José Antonio Vásquez García, coronel Carlos Humberto Rodríguez López, coronel Pablo Roberto Saucedo Mérida, coronel César Augusto Ruiz Morales, comandante de batallón Juan Ovalle Salazar, Édgar Rolando Hernández Méndez comandante de la zona militar No. 21, Carlos Augusto Garavito Morán, Luis Alberto Paredes Nájera, César Augusto Cabrera Mejía y Raúl Dehesa Oliva.

La fiscalía de derechos humanos del MP, individualizó todos los delitos imputados a cada uno de los militares acusados durante esta audiencia de Fase Intermedia, realizada en el Tribunal de Mayor Riesgo A este 3 de mayo 2016, el periodo investigado es a partir de los años 1978 a 1982, aunque algunos oficiales permanecieron en la zona militar hasta 1987.

El MP solicitó que la Juez Claudette Domínguez resolviera la falta de mérito para dos oficiales que no fueron ligados a proceso en enero del 2016, el MP consideró que por el momento no había pruebas suficientes para ligarlos a proceso, los dos oficiales son Édgar Rolando Hernández Méndez y Carlos Humberto Rodríguez Lópe.

En el caso del coronel Luis Alberto Paredes Nájera, éste permanecerá en el hospital Militar en la zona 16 por el estado crítico de su salud, la doctora Anabella Brox de Arévalo del Instituto Nacional de Ciencias Forenses de Guatemala -INACIF- determinó a través de un informe médico forense del día 22 de abril 2016 que el militar no se encuentra en condiciones físicas y psicológicas para enfrentar este proceso penal.

Razón por la cual la juez ordenó que se conforme una comisión con dos especialistas del Hospital Mental Nacional “Carlos Federico Mora” y otro especialista aportado por los querellantes para determinar el estado actual del oficial y si finalmente podrá enfrentar o no el proceso penal en su contra.

A las 10 de la mañana todos los militares fueron retirados de la sala de audiencias en el nivel 14 y trasladados por el Sistema Penitenciario a la Brigada Militar “Mariscal Zabala”; lugar en el que se encuentran recluidos bajo prisión preventiva.

Fue a partir de las 3 de la tarde que la fiscal Gilda Pineda de la fiscalía de Derechos Humanos del MP comenzó a individualizar los delitos a cada uno acusados en el Caso Creompaz, fueron presentados 20,818 folios que forman parte de los medios de investigación, por los hechos cometidos en la década de los años 80 contra 565 personas halladas en 85 fosas clandestinas dentro de las instalaciones de la base militar No. 21 ahora llamada CREOMPAZ.

Estas osamentas corresponden a las personas que fueron detenidas, desaparecidas y ejecutadas por el ejército, los análisis forenses permitieron conocer que las osamentas pertenecen a indígenas maya Achí, Q’eqchi, Pocomochí, Ixil y Kiché.

La audiencia estuvo prevista para comenzar a las 8 de la mañana en el Tribunal de Mayor Riesgo A, iniciando con una hora de retraso, la seguridad en la Torre de Tribunales aumentó sus controles de ingreso al edificio de justicia, afuera de los tribunales un grupo de familiares de los militares procesados, acompañados por militares de baja y varias personas que llegaron también de Alta Verapaz manifestaron su rechazo al proceso penal que enfrentan los altos mandos del ejército.

Esta audiencia podría finalizar a las 10 de la noche de este martes 3 de mayo.

 

 

 

Santiago Atitlán: 2 de diciembre de 1990

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02 de Diciembre 1990 – Santiago Atitlán | Memoria Histórica

Texto por Nelton Rivera, video por Rosanda Pacay.

Uno de los lagos más bellos del mundo se encuentra ubicado en el centro de un cinturón de tierra que une al norte con el sur de América. La Sierra Madre atraviesa por completo a Centroamérica con una serie de cordilleras montañosas, en su extremo norte está Guatemala; Atitlán se encuentra en la región sur occidental del país, llegar a Sololá puede tomar 3 o 4  horas de camino desde la capital hasta la orilla del lago.

El lago está vigilado por tres volcanes, San Pedro, Toliman y Atitlán, con ellos está presente la riqueza ancestral de cada uno de los tres pueblos indígenas que la habitan; Kaqchikel, Tz’utujil y Kiche, en uno de sus poblados ocurrió la masacre de 13 personas el 2 de diciembre de 1990.

Circulando al lago descanasan trece poblados, cada uno de estos recibió el nombre de apóstoles y santos de la Iglesia Católica; San Pedro, Santiago, San Pablo, San Jorge, San Andrés, Santa Catarina y otros más, todo esto producto de la evangelización a esta región durante la colonia.

El pueblo maya Tz’utujil de Santiago Atitlan conmemora cada segundo día de cada mes con una misa en memoria de todas aquellas personas que fueron víctimas de la represión del ejército guatemalteco, este mes se cumplen 25 años.

Para ellos y ellas la memoria histórica es tan vital como el agua, como el lago. Cada 2 de diciembre conmemoran la memoria, aquí nadie olvida, aquí la vida se sobrepone al odio de los autores materiales e intelectuales de la represión.

En el parque central de Santiago Atitlán siempre hay flores, siempre hay velas por las trece personas que el día 2 de diciembre de 1990 perdieron la vida, los fusiles accionados por orden de un oficial se las arrebataron.

La decisión de toda la población se tradujo en la expulsión del ejército en Santiago Atitlán,  miles de indígenas demandaron al Estado la expulsión del destacamento militar, la autoridad comunitaria y municipal elaboraron una carta, mucha gente la firmó, firmas y huellas digitales sobre papel dan cuenta de esto, tan solo dos días después en Europa una nota de prensa en El País denunciaba la continuidad de la violencia “Los soldados dispararon contra una multitud desarmada”

“A lo largo de la mañana del domingo, cerca de 15.000 vecinos, de una población de 40.000, firmaron un documento dirigido al presidente de la República, Vinicio Cerezo, y al ministro de Defensa exigiendo la retirada inmediata de la guarnición militar en Santiago Atitlán y del destacamento de la policía, acusado de múltiples abusos y violaciones a los derechos humanos” El País.

Rosanda Pacay es la autora de un hermoso documental nos trasladara 25 años atrás en el tiempo, nos sumergirá en lo difícil de vivir durante toda una época, los tiempos de la represión militar en Guatemala; ella logró a través del testimonio de dos personas quienes son testigos presenciales de la masacre, ambos eran niños, los dos sobrevivientes se rencontraron tiempo despúes, uno le salvo la vida al otro.

Este es tan sólo un capítulo de muchos más, de cientos de historias, de muchas voces, de muchos testimonios que dan cuenta de lo vivido por miles en las ciudades y en los departamentos de Guatemala, este material forma parte del largo camino de la memoria colectiva de este país, Rosanda Pacay una mujer maya Tsutujil nos permite caminar unos pasos en este trayecto.

Utz Tpetik, en San Juan Comalapa la memoria está viva

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Por: Nelton Rivera -Prensa Comunitaria.

San Juan Comalapa se encuentra a 82 kilómetros de la ciudad capital, salí unas horas de mi cotidianidad para visitar este poblado y a un grupo de personas que han sobrevivido durante todos éstos años la desaparición forzosa de sus familiares.

Salir de la capital es un verdadero calvario, casi a cualquier hora el tráfico es pesado. Largas filas de vehículos apresurados son el panorama, cuando los conductores no pueden avanzar a más de 10 Km por hora empiezan a bocinar y bocinar como si algo lograran con ello, más que alterar más el estado de ansiedad y estrés generalizado.

Mientras yo iba en medio de éste tráfico pesado, Feliciana ya me esperaba. Ella es una de las muchísimas mujeres que han sido parte de la Coordinadora de Viudas de Guatemala –CONAVIGUA- a través de ella y de Everarda, otra de sus miembras, logré una reunión con varias mujeres Maya Kaqchikel que sufrieron la desaparición forzosa de sus esposos o familiares durante la década de los años ochenta en San Juan Comalapa.

Esta región fue duramente reprimida por el ejército, en el pueblo instalaron un destacamento militar. Un día en 1981 llego el ejército, invadió un terreno, y se instaló en Palabor. Seguramente su dueño nada pudo hacer más que ceder el espacio, así se perdió la tranquilidad en “Chi Xot” o “la fuente de los comales” como se le conoce a Comalapa. Treinta años después, debajo del antiguo destacamento militar, debajo de la tierra, adentro de ella se encontraría a mucha gente desaparecida. Esto lo confirman los testimonios de muchas personas sobre lo que ha ocurrido en éste lugar, muchos de estos testimonios recogidos están en el informe del Proyecto lnterdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica Guatemala: Nunca Más y en el informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico – CEH.

Seguía en la carretera atascado, ya iba retrasado, a eso de las dos de la tarde me llamó Feliciana, quería saber si estaba ya cerca, pues la reunión que debía empezar a las 3:00 como lo habíamos acordado; ella estaba en Comalapa desde muy temprano realizando otras actividades, ella ya había viajado desde la capital donde CONAVIGUA tiene sus oficinas.

Le confirmé a Feliciana que me encontraba por San Lucas Sacatepéquez y que haría el intento de llegar a la hora acordada, cortamos la llamada. Con seguridad fue uno de esos días que tuve que correr en carretera, debía llegar pronto y así no retrasar la reunión.

Para llegar a Comalapa una de las rutas es tomar la carretera Interamericana o CA-1 ruta que es en la que yo viajaba, luego pasar Chimaltenango que es el segundo dolor de cabeza por el tiempo que se pierde atravesarlo, el tráfico ahí siempre es terrible, después se llega al entronque en el kilómetro 58 para entrar a Zaragoza, después de veinte minutos de camino se llega hasta Comalapa. En esta carretera no se puede correr, las curvas ya son más peligrosas y cerradas, una parte en descenso, luego una larga cuesta que me hizo recordar la carretera a Quiché, así que en esta parte lo tomé con más calma.

Finalmente llegué a la cabecera municipal de Comalapa, justo a las 3:00 de la tarde. Pude hechar un vistazo a la entrada al poblado, es muy parecido a otros que conozco del occidente del país, tranquilo, con poco movimiento de gente en la calle, un supermercado y un banco de los que no hacen falta. Dos túmulos se encargaron de hacerme el alto y en la escuela pública aún se encuentran los murales hechos por los jóvenes de este lugar.

En sus paredes recuperaron parte de su historia a través de murales, en uno de ellos se narra la historia de lucha del pueblo kaqchikel desde la invasión española, las guerras en distintos siglos y el genocidio de los años ochenta.

Feliciana me indicó que al entrar a Comalapa debía de desviarme hacia una de sus primeras calles, después encontraría un tanque municipal, desde lejos pude ver a un grupo de mujeres lavando ropa. El tanque apenas tiene techo de lámina así que poco se pueden cubrir las mujeres de la lluvia, yo observaba de lejos la espuma del jabón que sacaba el trabajo fuerte de manos de ellas, se veía reventar con la misma fuerza que revienta la espuma del mar contra la playa. El cielo estaba totalmente gris como protegiendo las montañas de los alrededores, el viento helado se colaba entre mi ropa.

Ahí me estaba esperando Feliciana, cuando la lluvia había comenzado a caer suave y tupidito, A orilla del camino esta Feliciana, me detuve a un lado, baje mi equipo de fotografía y grabación, nos saludamos con un abrazo y una sonrisa y tomamos el camino a un costado del lavadero público que nos condujo a la casa de doña Carmen en donde sería la reunión. El camino es de tierra angosto, nos caía la lluvia y en el ambiente se sentía el fresco olor de la tierra mojada.

Feliciana Macario es una mujer kakchiquel, su cabello es profundamente oscuro y largo, ya tiene algunas canas que reflejan luz en su frente. Ella es la responsable del programa de Justicia y Dignificación de CONAVIGUA. A pesar de ser una mujer joven ha sido testiga de muchas cosas difíciles, pues ha estado durante varios de los procesos de exhumación que han realizado especialmente en el departamento de Chimaltenango, buscando los restos de sus familiares desaparecidos por el Estado durante la guerra.

En una casa se contaron muchas historias

A la distancia algunas puertas se dejaban ver entre muros y cercos de plantas, Feliciana finalmente dice “hasta aquí llegamos”, abrió una puerta de madera y luego ingresamos a un amplio patio, al fondo se podían ver tres casas que forman parte de un solo terreno.

Entramos y nos dirigimos hacia un salón pequeño, era el primer ambiente de una de las tres casas, los marcos de las ventanas estaban hechos de madera, lo mismo que la puerta con techo de lámina. El salón estaba un poco oscuro, tenían algunas bancas de madera pegaditas a las paredes y dos focos encendidos, adentro esperaba un hombre.

Entonces me presentaron con don Abelino Chalí quien estaba esperándonos, lo saludé hasta que entró doña Carmen la dueña de la casa, miembra de CONAVIGUA y entonces empezamos la reunión.

Me llamo la atención que en uno de los costados de la pared del salón hay un altar de madera, que en su centro tiene un escaparate con la imagen de la virgen de Guadalupe, en otra de las paredes hay un cuadro del Ché Guevara.

Al poco tiempo llegaron doña Florentina Xicay, su hijo mayor y uno de sus nietos. Feliciana tomó la palabra, habló de la importancia de dar a conocer la verdad, del trabajo que llevó la exhumación y la identificación de las primeras diez osamentas y de la posibilidad próxima de realizar la inhumación, aproximadamente un mes después cuando regresen a Comalapa los primeros en ser reconocidos. Después me presentó y llegó el momento de hablar, me sentía tranquilo y con mucha expectativa de conocer sus historias, para entender la historia. Expliqué que esas eran mis motivaciones y que además quería escribir parte de sus testimonios y poder colaborar humildemente a que se sepa la verdad, su verdad.

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Nos da mucha alegría por todas las familias

Las palabras iban fluyendo de la boca de Feliciana, nos iba narrando la historia de dolor que ella vivió cuando se empezaron a hacer las exhumaciones en Palabor en donde estuvo el antiguo destacamento militar, en ese lugar fueron apareciendo las primeras osamentas.

Ante sus ojos ella vio salir de la tierra osamenta tras osamenta, y ahí se percataron que había osamentas que probablemente no eran de Comalapa. Después se supo que también habían sindicalistas y estudiantes universitarios que fueron llevados hasta el destacamento militar y que ahí les quitaron la vida en 1984. Esto se confirmó en el año 2011, con la identificación de Amancio Villatoro y Saúl Linares, poco tiempo después se identificó a otros cuatro.

A CONAVIGUA y decenas de familias les llevó casi 10 años lograr el proceso de exhumación que inició en el año 2004 y terminó en el 2006.

“Lo importante en todo esto es que nuestro trabajo como CONAVIGUA dio resultados, el de poder encontrar a sus familiares desaparecidos durante la guerra.”

Feliciana toma un respiro para continuar su relato, fueron 220 osamentas las que se encontraron, hasta el día de hoy solamente diez han sido identificadas. La gente cree que muchas de las personas halladas ahí quizá son de otros lugares. Aun así las esperanzas permanecen y también la angustia y la tristeza.

“El hallazgo nos sorprendió, nos da tanta alegría que otras familias hayan encontrado a sus seres queridos, porque esas familias nunca se imaginaron que ellos aparecerían del esfuerzo de este trabajo. El trabajo entonces no es solo para CONAVIGUA si no para todas las víctimas de la guerra.”

Una de las reflexiones colectivas que siguen haciéndose estas heroínas silenciosas que hasta la fecha han logrado apoyar a que las familias se encuentren con su historia y encuentren a sus familiares es: “¿qué se va a hacer con el proceso de exhumación?, hablamos de la importancia de seguir dando a conocer a la población lo que ocurrió aquí, especialmente porque este gobierno trata de eliminar la historia, trata de quitarnos la memoria.”

“Negar la memoria tienen que ver mucho con la vida de nuestros familiares desaparecidos y desaparecidas. Este Estado entonces no quiere reconocerles, al contrario quiere terminar con los procesos de búsqueda y justicia, quiere eliminarles de la memoria, quiere eliminarles de la historia.”

En una de las fosas encontraron a una familia completa, las mujeres tenían puesto su traje de San Matín Jolotepéque “no sabemos si les pusieron el traje pero ella si lo tenía puesto, aparecieron en una fosa las cinco personas, eso nos da una idea que si trajeron a personas de diferentes lugares. Y ya se identificaron las primeras diez osamentas de personas de Comalapa, quedan aún 220 osamentas por identificar.”

Feliciana sonríe, me deja en el uso de la palabra, tengo a Don Abelino Chali a mi derecha, él está sentado prestando mucha atención. Está serio, miraba el piso fijamente, parecía muy concentrado, estaba recordando, luego levantó la cabeza y dijo: “lo que voy a contar es mi verdad, mi testimonio” su voz era suave pero firme, entonces comenzó su relato. “Soy Kaqchikel tenía 14 años cuando mi padre fue desaparecido por los militares… Desde el secuestro de mi papá, me dedique a la agricultura, pero me dedico a vender pino por red. También hago trabajo ajeno con otra gente a eso me estoy dedicando, mi papá fue ayudante de construcción, él iba atrás de un camión cuando a lo agarraron, iba a su trabajo.”

De la misma manera como fluyeron sus palabras y recuerdos, doña Carmen, doña Florentina y su hijo, contaron su historia, la historia de la desaparición forzada de sus esposos y padres.

El frío fue calándonos por el cuerpo, el frío de la tarde. Doña Carmen trajo varias tazas de café, que nos llevó un poco de alivio al cuerpo, trago tras trago el frio se fue yendo.

Esa tarde escuché cuatro historias. Esa la tarde la sentí eterna. Minuto tras minuto en la voz de cada persona sentía que se convertían en cuatro vidas. Treinta y tres años llenos de dolor y fuerza pasaron frente a mis ojos y oídos en apenas tres horas de conversación.

Poco a poco fue oscureciendo, al mismo tiempo la lluvia regresó, pero ahora con más fuerza buscando lavar el suelo igual que las lágrimas de doña Florentina que caían mientras hablaba. Paso a paso iba recordando la mañana que su marido don Basilio salió de la casa y no regresó más. No regresó hasta hoy.

Hasta a las siete de la noche terminaron de contarme sus historias, yo no fui conciente de mi respiración, del parpadeo de mis ojos. Casi no moví ningún musculo para no perderme ninguna de sus palabras y de sus gestos que también hablaban.

Esa tarde les conocí, no sería la última vez que les volvería a ver. Un mes después nos encontramos de nuevo en Comalapa, para el entierro de las diez personas identificadas hasta hoy.

Yo he vuelto a mi vida cotidiana, que nunca más será igual desde que les conocí. Ahora me encuentro con la tarea de escribir lo que me contó doña Carmen, don Abelino, doña Florentina y su hijo.

 

La Tumba

 


Hace 34 años un 31 de enero de 1980, un grupo de hombres ymujeres indígenas maya Kiché de Uspantán y Chimel, en su mayoría campesinos y campesinas, junto a estudiantes universitarios y obreros guatemaltecos tomaron la Embajada de España.

La dictadura de la época, respondió incendiando la sede diplomática, esta es la historia del único sobreviviente de esta masacre, treinta y siete personas más fueron masacrados en el interior de la embajada, hasta el día de hoy no se ha hecho justicia y varios de los responsables materiales e intelectuales permanecen en libertad, otros fallecieron de vejez protegidos por la impunidad.

Documental dirigido por Juan Calles… 

La masacre  de la Embajada de España

… no nos ha quedado otra alternativa que permanecer en la Embajada de España como la única manera de hacer llegar nuestras denuncias a todo el pueblo de Guatemala y a los pueblos del mundo”[1]

A las once de la mañana del jueves 31 de enero de 1980, 27 personas la mayoría de ellos  indígenas y representantes de organizaciones populares de Quiché, y algunos estudiantes ingresaron de forma pacifica  en la Embajada de España.”[2]

 “…Toda esta injusticia, toda esta maldad y toda esta cobardía del Ejercito Nacional es lo que venimos a denunciar a la capital, pero también aquí fuimos perseguidos y amenazados por las fuerzas represivas. Los periódicos y las radios no querían publicar nada porque también sus trabajadores han sido amenazados de muerte por el Gobierno …por todos estos hechos no nos ha quedado otra alternativa que permanecer en la Embajada de España como la única manera de hacer llegar nuestras denuncias a todo el pueblo de Guatemala y a los pueblos del mundo. Estamos firmemente decididos a permanecer dentro de la embajada hasta que las peticiones que les hacemos a ustedes sean resueltas favorablemente.”[3]

La petición del diplomático español no fue atendida. Decenas de agentes uniformados y algunos de civil de la Policía Nacional, judiciales y miembros de Inteligencia del Ejercito, fuertemente armados, dieron inicio al asalto de la sede, infringiendo la inviolabilidad que ampara a los agentes diplomáticos y al local de su respectiva misión,[4] al hacerlo ante la clara oposición de su titular.”[5]

¿Quién es Juan Calles?

Juan Calles

 Juan Calles es un aprendiz de todo, esta siempre en proceso de aprendizaje y asombro.

¿Cuál ha sido tu experiencia como artista audiovisual?

Mi experiencia ha sido de espera y paciencia. Busco hacer trabajos 100% independientes lo que ha significado esperar para obtener los recursos para echar a andar los proyectos audiovisuales. La paciencia me ha ayudado a saber en cual es el mejor momento para rodar.

¿Cómo surge “La Tumba“ y qué aporte quisiste hacer con ella, respecto de la memoria y la historia?

Cuando estudié en la USAC existía una especie de leyenda urbana que contaba sobre la existencia de una tumba en el campus. Fue hasta el 2008 mientras documentaba el foro social de las Américas en la USAC que pregunté por que hacían una ceremonia maya en la plaza entre Económicas y Derecho.

Un vendedor me respondió que allí estaba la tumba de Gregorio Yujá y se extendió con lagrimas en los ojos contándome que el estuvo presente en el entierro que hicieron los estudiantes. Pero que en realidad ese no era el lugar correcto; que la tumba estaba en otro lugar. Allí inició la investigación y el desarrollo del documental.

Quise aniquilar la leyenda urbana y contar la verdad y dar a conocer que uno de los héroes de la Embajada de España estaba enterrado en el Campus Central de la Universidad de San Carlos  y cual era el lugar exacto de la tumba de Gregorio Yujá. Que los estudiantes conozcan esta historia y respeten el lugar en donde descansan los restos de Yujá.

Ese documental fue hecho bajo per-versa pero eso ya no existe, ahora somos iconoclasta producciones que es mas bien un colectivo de chavos y chavas que hacen cosas diferentes desde música pasando por la poesía el teatro y el audiovisual


[1] Declaración pública de las comunidades indígenas que tomaron la embajada, con fecha 31 de enero 1980.

[2] Guatemala Memoria del Silencia. Tomo VI Casos Ilustrativos Anexo I. Informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico CEH. 1999.

[3] Declaración pública de fecha 31 de enero de 1980 suscrita por las comunidades campesinas  de Chajul, Nebaj, Cotzal y San Miguel Uspantán.

[4] Artículos 22, 27 y 29 del Convenio de Viena, ratificado por Guatemala el primero de octubre de 1963, sobre relaciones diplomáticas, que establece la prohibición de penetrar en sedes diplomáticas sin el consentimiento del jefe de la misión, y la obligación del Estado de proteger tanto el recinto diplomático como a sus agentes.

[5] Guatemala Memoria del Silencia. Tomo VI Casos Ilustrativos Anexo I. Informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico CEH. 1999.