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Conmemoración del día del estudiante universitario

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Por : Carlos Ernesto Cano.

El pasado domingo 22 de mayo, asociaciones de estudiantes de distintas unidades académicas de la Universidad de San Carlos (USAC), colectivos estudiantiles, ex dirigentes universitarios de las décadas del 70 y 80, y representantes estudiantiles ante el Consejo Superior de la USAC, se reunieron en la mítica Plaza de los Mártires de dicha casa de estudios para conmemorar y recordar a las y los estudiantes desaparecidos, y celebrar el 96 aniversario de la fundación de la Asociación de Estudiantes Universitarios Oliverio Castañeda de León (AEU).

En distintas intervenciones emotivas, varios ex dirigentes de la AEU recordaron el terror causado por miembros de los escuadrones de la muerte y del Ejército, sólo por el hecho de ser estudiantes de la única casa pública de estudios superiores que existe en Guatemala. Sufrían de amenazas, desaparición y muerte. De igual forma, recordaron cómo el estudiante sancarlista, en las décadas del 70 y 80, tenía  vinculación y compromiso con la población guatemalteca, tal como el acompañamiento jurídico por la legalización de tierras a campesinos indígenas y mestizos de áreas rurales del país.

La necesidad de recuperar la AEU también se manifestó, derivado de que este cuerpo estudiantil no representa a los intereses de las y los alumnos de la universidad en la actualidad. Y se recalcó la necesidad de promover y continuar con el  movimiento que emergió y tuvo su auge el año pasado con las históricas movilizaciones de las y los estudiantes de la Universidad de San Carlos.

Para terminar con la conmemoración, se colocaron claveles rojos frente al monumento erigido en el centro de la Plaza de los Mártires en la Ciudad Universitaria.

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Memoria histórica: “por un 1ro. de mayo combativo”, marcha de 1980

Por Nelton Rivera.

La fotografía de Mauro Calanchina y los años 80s.

Para el mes de mayo de 1980, la represión del Estado guatemalteco se incrementó potencialmente, la masacre y quema de la Embajada de España en enero de 1980 es un parte aguas de cómo la ciudad y el campo fueron arrasados por el ejército guatemalteco meses después. Es en ese mismo contexto que el Comité de Unidad Campesina -CUC- aparece públicamente en la marcha del 1ro. De mayo de 1980, tres meses después de la represión sufrida desde la base de las comunidades y en la embajada de España en la ciudad…

“1ro. de mayo día de los trabajadores y campesinos”

El CUC acompañó por primera vez en 1980 una de las movilizaciónes multitudinarias dirigidas por el Comité Nacional de Unidad Sindical (CNUS), los estudiantes universitarios seguían jugando un papel importande desde la Asociación de Estudiantes Universitarios AEU,  exigiendo el respeto de los derechos humanos, la defensa de la autonomía universitaria y por el cese de la represión, todo esto a 2 años del asesinato de Oliverio Castañeda De León, los asesinatos y la desaparición forzada sufrida por la comunidad universitaria también aumentó, especialmente contra el secretariado general de la AEU.

Para Leonel Luna asesor laboral de la CNT: “El Comité de Dirección del CNUS fue integrado por representantes de todas las organizaciones miembros, abiertamente, sin que se llegara a crear alguna estructura organizativa, lo cual, en cierto modo, le daba mucha agilidad al organismo, pues todo se discutía en el Comité de Dirección o bien en asambleas generales sindicales a las que llegaban libremente las organizaciones integradas al CNUS que quisieran.”

El Movimiento Nacional de Pobladores MONAP formó parte de la movilización de la clase trabajadora, una de las reivindicaciones en la marcha de 1980 fue la construcción de un “gobierno revolucionario, popular y democrático”. En la movilización estuvieron presentes los sindicatos del magisterio nacional, el sindicato de trabajadores de la USAC (STUSC), los trabajadores de las panificadores, entre estos el sindicato de la panificadora Europa STPE), el sindicato de trabajadores de la KERNS, entre otros.

En el contexto de la lucha popular en el país finalizó la década de los años 70 con fuertes movimientos: “mientras los trabajadores de Coca Cola estaban atrincherados en las entradas de la empresa desde el 25 de marzo, el resto de organizaciones sindicales, federaciones, centrales, sindicatos independientes y demás, desarrollaban acciones para solidarizarse con los obreros en paro en aquella empresa. De esa forma, fue convocada una reunión el 31 de marzo, a la cual se le dio el carácter de una asamblea nacional de organizaciones sindicales.

Las organizaciones que firmaban la convocatoria eran la Federación de Trabajadores Unidos de la Industria Azucarera (FETULIA), la Federación de Central de Trabajadores de Guatemala (FECETRAG), la Federación Autónoma Sindical de Guatemala (FASGUA), la Federación Sindical de Empleado s Bancarios (FESEB), la Central Nacional de trabajadores CNT), el Sindicato Central de Trabajadores Municipales (SCTM) y el Comité de Solidaridad con los Trabajadores de Coca Cola.”

“Esos días del primer semestre de 1976 estuvieron marcados por numerosos conflictos laborales, pero de ellos dos adquirieron cierta relevancia, como  fueron el de los trabajadores azucareros, especialmente del Ingenio Pantaleón y el de los obreros de IODESA.  En el primer caso, los trabajadores del ingenio declararon la huelga el 18 de mayo” [1] 

En medio de toda esa agitación, movilización y lucha en los barrios, fabricas, aulas, calles y avenidas de las ciudades en Guatemala, estuvo presente el lente de Mauro Calanchina documentando y captando esos segundos de luz, su fotografia.

[1] El Comité Nacional de Unidad Sindical. ¿Por qué ellos y ellas? En memoria de los mártires, desaparecidos y sobrevivientes del movimiento sindical de Guatemala. La ODHAG. Miguel Angel Albizures y Edgar Ruano Najarro.  http://www.odhag.org.gt/pdf/Movimiento%20sindical%20Guatemala.pdf

Mauro Calanchina: un suizo que por conciencia y compromiso social y político es prácticamente y de corazón “guatemalteco”.

Llegó al país a principios de los años 70 y ha pesar de su “exilio” en México a partir del año 86, ha permanecido presente en las luchas de Guatemala, desde entonces. En el año 98 vuelve a Guatemala, con más fuerza y empeño a documentar los diferentes procesos sociales y políticos que acontecen en el país.

Desde su llegada, empezó a construir una memoria de Guatemala que conformó con las imágenes fotográficas (blanco y negro) de los acontecimientos de los cuales ha sido testigo a lo largo de casi 40 años.

Su testimonio gráfico es la colección más rica de imágenes del movimiento social guatemalteco de los años 70 y principios de los 80, 90 y posteriores a la firma de la paz. Fue testigo visual y gráfico de las marchas masivas del movimiento estudiantil por el rescate con vida de los estudiantes Robin García y Leonel Caballeros. También de la marcha de los Mineros de Ixtahuacán quienes recorrieron a pie el país en noviembre de 1977, en demanda de mejores condiciones laborales y fueron recibidos en la ciudad capital por cerca de doscientas mil personas que caminaron junto a ellos.

Fotografió la multitudinaria marcha que acompañó el sepelio de Oliverio Castañeda de León, Secretario General de la AEU, asesinado el 20 de octubre de 1978. Acompaño por igual, con su lente infaltable, las marchas por la exigencia de la liberación de Antonio Ciani García, secretario de organización de AEU secuestrado el 6 de noviembre de 1978.

Fue testigo también de las marchas por el día de los trabajadores o el 20 de octubre de cada año que permaneció en Guatemala. También da testimonio gráfico de las marchas de protesta por el alza en el costo de la vida o por demanda de respeto al derecho a la vida de detenidos desaparecidos.

Murió en Suiza el 26 de septiembre del 2008.

La marcha del 1ro. de mayo de 1980…

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El constante hilado de la memoria

Por Jonatan Rodas*

“Bien.
Eso hacemos:

custodiamos para ellos el tiempo que nos toca”.

(Para que escribimos. Roque Dalton)

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La exposición Hilando la memoria tuvo sus primeros días en el pequeño estudio de Mauro. No recuerdo exactamente quién tuvo el primer impulso, la primera idea. Algunos nos fuimos sumando al paso y confluimos en su casa para revisar a su lado, el extenso archivo fotográfico de su autoría. Nos fueron planteadas algunas condiciones mínimas: nada de cervezas ni de desvelos forzados. La primera fue cumplida con riguroso celo; la segunda no pudo ser, dado el camino que nos esperaba por recorrer. Tampoco pudimos abstenernos de aprovechar momentos de distensión para sacar a colación alguna broma, un apodo, una anécdota que ponía en ridículo a alguno de nosotros mismos. A Mauro lo recuerdo todo el tiempo atento al monitor, como si al ver de nuevo sus propias fotografías reparara en detalles, presentes u omitidos. Nuestra participación en esos momentos se limitaba a indicar cuales de las imágenes que iba mostrando nos interesaban. ¿Interesarnos para qué? ¿Para la exposición?

Luego de que las imágenes comenzaron a desfilar frente a nuestros ojos (algunas ya conocidas, otras que nos cortaban el aliento a medida que se iban desplegando: mujeres indígenas caminando descalzas en una multitudinaria marcha, estudiantes encumbrando mantas en los edificios públicos, millares de personas acompañando sepelios, murales de la ciudad universitaria, sonrisa de gente, llanto de gente, personajes trasvestidos en época de huelga; los que fueron y serán para siempre: Oliverio, Colom Argueta, Aura Marina Vides, Ciani y muchos otros) podríamos decir que el interés inicial, o mejor dicho razonable, empezaba a desdibujarse. ¿Cómo poder elegir de aquella marejada de recuerdos apenas algunas fotos? Si a cada una de ellas que circulaba en el monitor decíamos sin pensarlo: “esa… y esa, y también esa”. Mauro no reparaba en incluirlas en la carpeta, salvo ciertos momentos en los que sugería desprendernos de alguna dada la duplicidad de escenas. Con el entusiasmo de estar frente a uno de los registros más minuciosos y abundantes de las luchas estudiantiles y sociales en más de tres décadas de historia, la  “pequeña selección” fue creciendo hasta alcanzar un poco más de doscientas imágenes (¡demasiado poco para lo mucho que quisiéramos mostrar!). Pero había que ser mesurado, había que contener el ansía y darle objetividad a la clasificación a fin de que, en términos de la ciencia positiva, mostrara aquello que se debe mostrar.

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Pero la fotografía, decía Roland Barthes, es inclasificable. Precisamente porque en su representación muestra algo que no podrá repetirse existencialmente. Pudimos haber recolectado mil fotos de Oliverio y aun así habríamos quedado con la sensación de que faltaba algo. Pero más que eso, que la ausencia; las fotografías de Mauro nos llenaban de presencia. Una presencia incontenible que exigía lugar en este tiempo presente. No podría ser para menos, si lo que estábamos viendo allí no era un catálogo de rostros y títulos, como la historia oficial suele representar a sus héroes. Estas imágenes venían cargadas de sensaciones, de recuerdos, de sentimientos. Algunos de ellos recreados en nuestras cabezas a través de la imaginación del cómo fueron vividos los acontecimientos que allí se retrataban (sonidos de bombas en medio de multitudes corriendo por la sexta avenida, voces encendidas pronunciando discursos a través del sonido chillante de los megáfonos, canciones, otra vez risas, llantos, consignas); otros sentimientos, los más vivos, los que más enchinaban la piel y atestiguaban que la aguja que conducía el hilo con que se tejía la memoria nos estaba atravesando, no fueron producto de nuestra imaginación utópica y soñadora. Llegaron de las anécdotas, de las inquietudes, del traslape de las narrativas “¿fue allí? ¿Estás seguro? ¿Y aquel? Si, ese que aparece al lado ¿Quién era?” y todo lo que pudimos hablar durante los varios encuentros en que muchos nos encontramos para hilar la memoria.

¡Ciertamente! Como íbamos a saber que hilar la memoria estaba siendo ya un hecho, cuando empezamos a enfrentarnos a aquel cúmulo de imágenes y, a partir de él, hablar y hablar repetidamente, sin cansancio, sin tregua, de lo que fue el movimiento estudiantil en aquellos años, de lo que fue para cada uno de nosotros en nuestra época (habíamos allí estudiantes de distintas generaciones y las más variadas trayectorias), de lo que era ahora y de lo que nos gustaría que fuera en un futuro. En el entusiasmo no nos dio tiempo de pensar que aquello era un acto de memoria, toda vez que al evocar, narrar y situarnos (de la manera que fuera) en aquella historia -la larga (existencialmente) historia del movimiento estudiantil universitario – nos hacíamos parte de una comunidad afectiva, como le llama Halbwachs a la memoria, que hace que la imagen de las y los estudiantes de otras épocas rompan la barrera del tiempo y, gracias a la admiración de quienes recordamos, vivan para siempre.

Todo fue gracias a Mauro Calanchina, sus fotografías, su ojo atento y comprometido que registró no solo momentos históricos nacionales sino la propia humanidad de aquellos estudiantes. Incluso muchas de las fotografías del acto en su honor, fueron gracias a él, puesto que al llegar no hizo otra cosa sino aquella que mejor sabía hacer: captar con su cámara la realidad.

Tiempo después de esto, por Ximena supimos que Mauro se había ido. Como un memorioso paquidermo regresó al lugar de donde alguna vez salió, está vez para cerrar el ciclo de la vida. A su legado fotográfico se sumó, su propia vida. Ambos motivo de inspiración para realizar uno de los actos más imperiosos de la memoria: custodiar el tiempo que nos toca, para los que no están y para los que están viniendo.

 Mauro caricaturaCaricatura de Mauro Calanchina. Imágen de Arnoldo Ramírez Amaya.

* Jonatan Rodas (Maestro en Antropología).