Archivo del sitio

Caso Creompaz: la cara de la represión y los vínculos con el gobierno

Prensa Comunitaria Km. 169

Prensa Comunitaria Km. 169

 

Por: Nelton Rivera.

Dos días le ha tomado a la fiscalía del Ministerio Publico MP individualizar las responsabilidades penales a cada uno de los 10 de 14 oficiales del alto mando del ejército guatemalteco involucrados en varios delitos de desaparición forzada, delitos de deberes contra la humanidad considerados de lesa humanidad y crímenes de guerra, la fiscalía aún no concluye. Estos delitos fueron cometidos durante los años de 1978 a 1982 en Alta Verapaz y Baja Verapaz, como epicentro la zona militar No. 21. Los militares querían “quitarle el agua al pez”; una estrategia conocida como tierra arrasada contra la población civil con el pretexto de combatir a las guerrillas, lo ocurrido en la Zona Militar No. 21 “Coronel Antonio José de Irisarri” es un claro ejemplo de las dimensiones desproporcionadas de la represión contra el pueblo maya Q’eqchi, Achí, Pocomochí, Ixil y Kiché en esta área.

Durante largas jornadas de 10 o 12 horas el Tribunal de Mayor Riesgo “A”,  ha escuchado a las dos fiscales del MP describir la acusación delito por delito, caso por caso, a varios de los oficiales, aún no concluye el MP y las familias de sobrevivientes de la guerra aun aguardan por la justicia o por lo menos que el proceso avance.  El Caso Creompaz como se le llama al proceso penal contra 14 oficiales detenidos en enero del 2016 se encuentra en la etapa intermedia o fase conclusiva, en esta etapa la fiscalía ira detallando los medios de prueba, el paso siguiente será que la Juez Claudette Domínguez quien preside el Tribunal de Mayor Riesgo A decida enviar a los 10 militares acusados de ir a un juicio oral y público ante un tribunal de sentencia.

Varios de estos militares acusados tienen vínculos con el partido político FCN, fueron sus financistas, tienen vinculación con el ahora presidente James Ernesto Morales “Jimmy Morales”, con alcaldes, gobernadores y diputados en el Congreso de la República electos por ese partido.

***

Van dos días de fase intermedia  

Los abogados de la defensa, abogados de los querellantes, fiscales del MP, oficiales del Organismo Judicial, familiares de los desaparecidos y víctimas de la guerra, observadores de derechos humanos y la prensa fueron testigos del segundo día dedicado a la fase intermedia este jueves 5 de mayo en la sala de audiencias del nivel 14 de la Torre de Tribunales en la ciudad capital.

La audiencia fue programada para las 8 de la mañana, pero nuevamente comenzó con una hora de retraso, la primera etapa de esta audiencia se realizó el martes 3 de mayo, las dos audiencias han sido completamente maratónicas, jornadas de 12 horas ha realizado la juez Claudette Domínguez para garantizar la justicia pronta y cumplida insiste la juez.

El cansancio en las audiencias es notorio en los abogados, en los de la defensa y en los que querellantes, a cada jornada hay que sumarle el calor que azota al país, las altas temperaturas registradas se hacen sentir en una sala cuya ventilación es limitada, luego del medio día, en el público se van cerrando los ojos de algunas personas, otras caen ante el cansancio y el sueño provocado por el calor de la sala, más de alguno de los asistentes se queda dormido por algunos instantes, durante el segundo día de la fase intermedia quedaron muchas sillas vacías, quienes apoyan a los militares procesados esta vez no asistieron a la sala.

La audiencia finalizo a las 5 de la tarde, la juez la suspendió para continuarla  el viernes 6 de mayo a las 8 de la mañana.

***

¿Quiénes son los militares acusados?

Los oficiales procesados son Manuel Benedicto Lucas García, quien fue jefe del Estado Mayor General del Ejército e Ismael Segura Alburalach, Byron Humberto Barrientos Díaz, Gustavo Alonso Rosales García,  José Antonio Vásquez García, coronel Carlos Humberto Rodríguez López, coronel Pablo Roberto Saucedo Mérida, coronel César Augusto Ruiz Morales, comandante de batallón Juan Ovalle Salazar, Édgar Rolando Hernández Méndez comandante de la zona militar No. 21, Carlos Augusto Garavito Morán, Luis Alberto Paredes Nájera, César Augusto Cabrera Mejía y Raúl Dehesa Oliva.

El MP solicitó que la Juez Claudette Domínguez resolviera la falta de mérito para dos oficiales que no fueron ligados a proceso en enero del 2016, el MP consideró que por el momento no había pruebas suficientes para ligarlos a proceso, los dos oficiales son Édgar Rolando Hernández Méndez y Carlos Humberto Rodríguez López.

***

La comunidad “Los Encuentros” de Río Negro Baja Verapaz

La presentación de todos los casos por los que el MP está  acusando al oficial Cesar Augusto Cabrera Mejía, le tomo dos días, sobre él pesan la detención y desaparición de 128 casos de indígenas Pocomchí, Achí y Q’eqchí identificadas entre 588 osamentas que fueron exhumadas en el año 2012 en 85 fosas clandestinas dentro de la zona militar No. 21 actualmente Comando Regional de Entrenamiento de Operaciones de Paz –CREOMPAZ-, más del 50% de las osamentas develaron señales de tortura, la mayoría tenia vendados los ojos, mordazas en la boca y las manos amarradas con lazos sintéticos.

De los hechos más impactantes descritos en estas audiencias está la masacre de la comunidad Los Encuentros en Río Negro en Rabinal Alta Verapaz en mayo de 1982, de cómo fueron trasladas en helicópteros artillados muchas personas para la base  militar en Cobán Alta Verapaz y de como nunca regresaron hasta el año 2012 cuando se realizó la exhumación de 85 fosas clandestinas en esa zona militar, 64 osamentas fueron halladas en la fosa número 17, las mujeres que se opusieron fueron violadas por los soldados.

Desde el día 3 de mayo inicio la acusación contra Cesar Augusto Cabrera Mejía, pero fue hasta  las cuatro de la tarde del jueves 5 de mayo que la fiscalía del MP concluyo con la acusación de Cabrera Mejía, luego llegó el turno del coronel Juan Ovalle Salazar, quien era el comandante del batallón, el MP lo responsabilizo de los hechos ocurridos en Agosto de 1982 en la Aldea de Pambach en Santa Cruz Alta Verapaz.

***

La Aldea de Pambach en Santa Cruz Alta Verapaz

La fiscalía del MP realizó la imputación de los delitos contra Juan Ovalle Salazar; fue detallando los casos de los hombres detenidos desaparecidos de la Aldea Pambach en Santa Cruz Alta Verapaz cuando el ejército en agosto de 1982 secuestro a 80 hombres de la aldea, los masacro y luego los traslado a la zona militar en Cobán para ocultarlos ahí. Finalmente la fiscalía detallo los casos de violación sexual masivas de niñas, adolescentes y mujeres indígenas cometidas por el ejército en esas comunidades.

La detención arbitraria de 80 hombres maya Q’eqchi de la Aldea Pambach en agosto de 1980, el ejército llego de manera imprevista a la aldea, los soldados sacaron violentamente a los hombres de sus casas, fueron llevados a la escuela pública de la aldea, ahí los amarrón, algunos fueron golpeados y luego fueron trasladados por la tropa a una finca cercana.  A las mujeres les dijeron que los llevarían a la zona militar para que prestaran el servicio militar, nunca más los volvieron a ver.

Ese día el ejercito los llevó a una finca cercana, ahí los asesinaron brutalmente, cuando entro la noche del 2 de agosto, en camiones comando el ejército lanzo los cuerpos ya sin vida, los llevaron a la zona  militar número 21 en Cobán Alta Verapaz y ahí los enterraron en varias fosas clandestinas.

Todos los hombres que fueron secuestrados y desaparecidos en la Aldea de Pambach fueron exhumados en la fosa No. 17 en donde hallaron 64 osamentas en la zona militar No. 21 Creompaz, Ovalle Salazar también es responsable por las violaciones sexuales que el ejército cometió el día de la detención de los hombres de la aldea, violaron sexualmente a muchas mujeres, el MP narro como se dio el caso de varias niñas de 12 años quienes fueron violadas frente a sus madres, cuando al mismos tiempo eran violadas por otros soldados.

Ovalle Salazar dispuso el traslado de los cuerpos de los hombres asesinados, enterrados dentro de la zona militar en Cobán Alta Verapaz, con el aval y respaldo de los jefes superiores de Ovalle Salazar.

***

Algunos nombres de quienes no pudieron ocultar

Emilio Velásquez, Alberto Chub Quin, Mateo Chub Ich, Juan Chub Ich, Leoncio Chub Ich, Miguel Jalal Jalach, Oscar de la Cruz Chomo, Isabel Ti Gualin madre de Marcela Ti (hija), Hugo Rolando Coy Cu, Martina Rojas, Magdalena Chen Iboy, Filiberto Pocasangre Hernández, Juan Caal Calal, Abelino Cojoc, Pedro Chiquin Bin, Baldomero Chiquin, Domingo Cho Cuc, Santiago Gualib, Rigoberto Moz Caál, Santiago Gualib, Rigoberto Moz Caál, Calistro Chiquin, Eleuterio Caál Quib, Juan Calel Cal, Atanasio Xuc Mos, Alberto Batz Cal, Andrés Max Benito Jalal, Julián Caál Chiquín, Fernando Choc Cuc, Arnoldo Max Tot, Alfonso Cho Já, Esteban Tul, Héctor Mos Caál, Paulino Xoná Coy, Martín Caál Tul, Francisco Já Gualib, Ricardo Caál Mox, Domingo Mos Caál, Tomás Mos Coc, Fernando Cal Jalal, Clemente Choc Cuc, Juan Jalal Caál, Santiago Max Tul, Oscar Max Tot, Vicente Caál Mo, Julian Calach Calal, Alberto Cal Xuc, Federico Tul Coy, Emilio Velásquez Tilom, Alberto Chub Quim, Juan Chub Quim, Lorenzo Chub Quim, Mateo Chub Quim, Cristobal Moran Mo, Leonzo Chub Quim, Mateo Chub Ix, Miguel Jalal Calach, Francisco Jalal Velasquez, Felipe Suram Gualib, Heriberto Can.

***

Cesar Augusto Cabrera Mejía, FCN y el gobierno de Jimmy Morales

En las elecciones recientes en 2015, la creación de un partido nuevo, Frente de Convergencia Nacional FCN salto inmediatamente a la opinión pública al revelarse la presencia de oficiales del ejército vinculados a la zona militar No. 21 de Cobán Alta Verapaz y del pasado de terror que muchos de estos oficiales tienen pendiente aún con la justicia.

 “elPeriódico trató de entrevistar al general Luis Felipe Miranda Trejo y al coronel César Augusto Cabrera Mejía, quienes de acuerdo a documentos desclasificados y recopilados por el National Security Archive (NSA), dirigieron la Sección de Inteligencia (S2) del destacamento de Cobán entre 1982 y 1983.

Cabrera Mejía estuvo en la Zona Militar 21 entre 1982 y 1983, donde ocupó los cargos de oficial de inteligencia (S2), de personal (S1) y logística (S4). Él fungió, además, como jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional (1989-1990) y director de Inteligencia (D2), entre 1990 y 1991, y pasó por gran parte de los destacamentos del país.”

Con Cabrera Mejía también se encuentra en el partido FCN Edgar Justino Ovalle Maldonado, quien fungió como Oficial de Operaciones (S3) en la zona militar No. 21 en Cobán Alta Verapaz, ahora es diputado electo en el Congreso de la Republica, es secretario general del partido FCN y es quien conduce las riendas de ese partido, incluso de la agenda del presidente,  el MP no logró retirarle el derecho de antejuicio.

En una investigación hecha por El Observador se describe un listado de oficiales del ejército vinculados con el presidente Jimmy Morales, mismo que negó en repetidas ocasiones que FCN tuviera vínculos con militares:

“Muy cercano a Morales estaría César Augusto Cabrera Mejía, militar de la Promoción 72, la misma de Quilo Ayuso. Morales lo había mencionado, de ser electo Presidente de la República, como su Ministro de Gobernación. En el gobierno de Otto Pérez Molina y el PP, Cabrera Mejía ha sido asesor del Ministerio de Salud.

Con sobrenombre Nito, Cabrera Mejía fue Subjefe del Departamento de Seguridad Presidencial y Director de la G-2 durante el gobierno de Vinicio Cerezo Arévalo (1986-1990) y de la Desaparecida Democracia Cristiana Guatemalteca (DCG). De esa cuenta, fue parte de esa estructura político-militar que estaba a cargo de la seguridad del Estado en momentos en que ocurrieron varios asesinatos prominentes como los de la antropóloga Myrna Mack y del periodista Julio González Gamarra, así como también el atentado contra el periodista Byron Barrera en el que perdió la vida su esposa, hechos que ocurrieron en 1989.”[1]

Fotografías de Nelton Rivera.

[1] Telesurtv. Los nexos de Jimmy Morales que no causan risa. http://www.telesurtv.net/telesuragenda/Nexos-de-Jimmy-Morales-que-no-dan-risa-20151023-0096.html

Nebaj: se reanudó el juicio por genocidio contra Efraín Ríos Montt  

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Por:  Manu Cencetti.

Muchas luciérnagas siguen alumbrando las noches de Nebaj. Noches y madrugadas que acaban de pasar, cargadas de espera, inquietud, emociones y mucho valor.

 Va terminando una semana histórica para el pueblo ixil que vio, a partir del 18 de abril 2016, la llegada a Nebaj del Tribunal B de Mayor Riesgo para dar seguimiento al juicio por genocidio: juicio que realmente ya se cumplió el 10 de mayo 2013 y que ya demostró que sí hubo genocidio, con una sentencia de condena contra el ex general golpista Efraín Ríos Montt, a 80 años de cárcel. Diez días después de aquella sentencia tres magistrados de la Corte de Constitucionalidad anularon una parte del mismo juicio a través de una resolución de muy dudosa legalidad.

A partir de ese entonces fueron varios los intentos de estancar definitivamente el juicio y garantizar así una vez más la impunidad para todos los altos mandos militares que en la década de los 80 planificaron y ejecutaron las políticas genocidas de estado contra la población civil en diferentes departamentos del país.

El 16 de mazo 2016, en Ciudad de Guatemala, se logró reiniciar el juicio por genocidio maya ixil contra el ex general Efraín Ríos Montt – declarado incapacitado por un peritaje del INACIF por sufrir demencia vascular irreversible – y contra el ex jefe de la inteligencia militar, José Mauricio Rodríguez Sánchez, que en el primer juicio del 2013 quedó absuelto. El ex general ya no puede presenciar las audiencias y el juicio se está dando a puertas cerradas por lo que ni prensa ni público pueden asistir a las audiencias.

Hace pocos días el Tribunal B de Mayor Riesgo – presidido por la jueza María Eugenia Castellanos – dio a conocer la decisión de trasladarse en Nebaj para escuchar las declaraciones de los primeros 15 testigos y testigas, ixiles y quichés, originarias de diferentes comunidades, aldeas y caseríos, sobrevivientes de los planes genocidas ejecutados entre 1982 y 1983 en la región ixil. En particular hombres y mujeres ya muy mayores o en algunos casos enfermos, que no hubieran podido viajar hasta la capital para testificar o para los cuales el traslado hubiera supuesto un esfuerzo demasiado desgastante.

El caso se concentra en particular sobre el asesinato de 1771 personas, entre ellos hombres, mujeres, niños y niñas, masacrados en la aldea de Chel y en otras comunidades y caseríos de los tres municipio de Nebaj, Chajul y Cotzal.

Por parte de la Fiscalía Especial de Derechos Humanos del Ministerio Público –MP-, estuvieron presentes las fiscales Paula Herrarte e Hilda Pineda. La Asociación por la Justicia y la Reconciliación (AJR) y el Centro por la Acción Legal de Derechos Humanos (CALDH) son los querellantes adhesivos y coordinan las declaraciones de lo demás 110 testigos y testigas que todavía tienen que declarar en las próximas semanas en la capital.

La preparación de los días del juicio en Nebaj ha sido muy intensa y ha visto el involucramiento de muchas organizaciones locales de la región y otros grupos y colectivos que decidieron apoyar la coordinación de todas las actividades paralelas a las sesiones del juicio.

Para acompañar y transmitir fuerza y valor a los testigos y testigas y a sus familiares, que una vez más volvieron a declarar y a recordar hechos muy trágicos y extremadamente dolorosos, se eligió un tramo de la calle principal del pueblo, a pocos metros del MP, como espacio público colectivo donde realizar el evento y reunir a todas las familias y personas individuales que iban a manifestar su apoyo en los tres días del juicio.

La noche del lunes, antes del primer día de sesión, se realizó una gran ceremonia en el parque central de Nebaj con tres mujeres guías espirituales (Aj’q’iq) en el día 9 I’x y fueron recordadas las mujeres, niñas y ancianas que murieron en el conflicto. También en este caso muchos jóvenes, muchas mujeres de diferentes generaciones, familias con hijos muy pequeños, se acercaron y quisieron participar a un momento tan fuerte para la historia de estos territorios y la vida del pueblo ixil. Ana Láynez, guía espiritual ixil, explicó las razones de una ceremonia tan importante y los diferentes momentos rituales. Se explicaron además las energías de los veinte días del calendario en relación a los hechos pasados, a la situación presente, a la necesidad de seguir luchando para exigir justicia.

La participación a todas las actividades – desde el lunes hasta el jueves – fue masiva. Todos los días el espacio público en la calle principal del pueblo, donde se cortó el paso a todo tipo de vehículos, se llenaba de familiares de los testigos, de sobrevivientes de las prácticas genocidas, de integrantes de organizaciones históricas del área, de personas individuales o familias que se acercaron compartiendo este momento extremadamente intenso a nivel personal, familiar y comunitario. Llegaron muchas personas de aldeas y caseríos muy retirados, que tardaron varias horas para llegar hasta la cabecera municipal de Nebaj.

Muy amplia y animada la presencia de mujeres ancianas con flores y cruces que se hicieron presentes con sus seres queridos que perdieron la vida en su mayoría entre 1982 y 1983. Llegaron personas de los tres municipios –Santa María Nebaj, San Gaspar Chajul y San Juan Cotzal – en donde se dieron la mayoría de las masacres de la región ixil, más de 90 según el Informe de la Recuperación por la Memoria Histórica –REMHI-, y donde quedan aún por encontrarse muchas fosas clandestinas.

Las tres mañanas se abrieron con una invocación espiritual gracias a las guías ixiles que estuvieron siempre presentes.

Una presencia muy importante fue la de jóvenes de institutos o escuelas de todos los niveles que se acercaron para escuchar las palabras de los y las sobrevivientes durante los tres días, así como las canciones de lucha y resistencia en las montañas, las palabras de muchas mujeres y lideresas, que son parte de las diferentes organizaciones del área y que aportaron desde sus vivencias y experiencias personales.

Hubo todas las mañanas sesiones de batucada ixil para empezar las actividades y también dos actuaciones teatrales de ‘Piccoletta’, muchas dinámicas con las personas presentes, debates, y una exposición callejera de fotos sobre los procesos de exhumaciones en diferentes comunidades: acciones e imágenes que también atrajeron por su fuerza muchas personas, jóvenes, niños. El trabajo de coordinación entre organizaciones locales y las iniciativas de personas individuales fue imprescindible para construir conjuntamente un espacio cálido y amable de vida común, de sentir común, entre emociones compartidas, lágrimas, risas, canciones, palabras, miradas y muchos abrazos.

Al otro lado del MP, al otro lado de esta amplia, tierna y muy firme presencia, se agruparon personas de la zona movilizadas por La Asociación de Veteranos Militares de Guatemala –AVEMILGUA- y por ex-PAC (Patrullas de Autodefensa Civil) que durante los tres días se quedaron gritando, por la mayoría del tiempo, insultos contra los y las querellantes del juicio, contra los jueces y MP, negando a cada rato el delito de genocidio.

La presencia de ex coroneles  y de ex comandantes de las PAC se hizo sentir ya a partir del domingo anterior a la reanudación del juicio. Hubo una actividad en el salón municipal organizada por ex militares y cientos de volantes fueron distribuidos en el pueblo (pagando a los niños que lustran zapatos en el parque central) donde se afirmaba nuevamente la negación del delito de genocidio y la inocencia de todos los militares.

No faltaron por supuesto las acusaciones e insultos hacia las y los  observadores extranjeros que estuvieron presentes toda la semana en el pueblo, responsables – según ellos – de fomentar nuevamente conflictos y polarizaciones en el País.

Muy evidente fue también la presencia de más de 200 los agentes de la PNC, antimotines y cuerpos especiales enviados de diferentes departamentos del país para la seguridad de los funcionarios públicos durante los días del juicio. Presencia que no pasó desapercibida por parte de la población local en un municipio y en un territorio ya fuertemente controlado y militarizado para proteger los intereses de muchas empresas nacionales y extranjeras que utilizan fuerzas de seguridad públicas y privadas para controlar a la población y seguir con prácticas sistemáticas de despojo y colonización interna finalizadas a la explotación de montañas, ríos, arboles.

A lo interno de la sala de Juzgado de Primera Instancia los y las testigas, en su mayoría mujeres, entraron a declarar. Se recordó nuevamente lo vivido. Se volvió a nombrar el terror, a describir las acciones del ejército en el mismo lugar donde miles de personas perdieron la vida, sufrieron desapariciones forzadas, torturas, violencia sexual, desplazamiento forzoso, concentración de población en aldeas modelos.

Al final de los tres días de audiencias testificaron 13 de los 15 testigos previstos – dos no declararon porque estaban demasiado enfermos – y algunos de ellos se sintieron muy mal al final de las declaraciones y vivieron momentos muy dolorosos. Volver a nombrar los mecanismos de la violencia en la misma tierra donde se ha nacido, donde quedan por encontrarse tantos seres queridos, tantas fosas clandestinas, dejó consecuencias importantes entre los presentes al juicio. Pero también contribuyó a que muchos de los sobrevivientes encontraran un espacio colectivo, transversal a las tantas organizaciones que desde hace años trabajan para la justicia y la memoria histórica en el país, para dignificar a sus muertos, celebrar la vida, y recordar que si aún falta camino por andar, el pueblo Ixil está dispuesto a caminar para lograrlo.

“Los tres días de juicio en estas tierras terminaron. Y el juicio va a seguir en la capital. Tres noches casi sin dormir. Tres días de sol, de calor, de ojos enormes, de rostros tensos, de encuentros, de reencuentros, de abrazos y de recuerdos. Tres días de lucha, tres días de duelo. Tres días, entre miles de días, nombrando la verdad, buscando nuestra justicia que quizás nunca va a caber en las aulas de tribunales. Tres días de dignidad, tres días de ritmos y música, tres días de valor, inquietud, lágrimas y alegrías. Tres días de memoria. Tres días de verdad para el mundo.

Sigue latiendo nuestro corazón Ixil. La verdad y las luchas siguen floreciendo en estas montañas desde hace mucho tiempo.”

Caso Genocidio: No vamos a acatar ningún decreto…

Si hubo genocidio

#SíHuboGenocidio

“Nos duele el corazón que nieguen que no hubo Genocidio, cuando nosotras lo vivimos y lo sufrimos en nuestras comunidades.”

Representantes de las víctimas del Conflicto Armado y del Genocidio, pobladores de varias comunidades de Rabinal, de San Martín Jilotepeque y de la región Ixil realizaron un plantón frente a la entrada principal del  Congreso de la República de Guatemala.

Junto con defensores y defensoras de derechos humanos, organizaciones campesinas e indígenas manifestaron su indignación por la aprobación del decreto 3-2014 aprobado por 87 diputados.

-¿Porque todas las autoridades están con Ríos Montt? Yo he caminado todas las comunidades en Rabinal y no es justo que no tengan justicia por los delitos que el Estado cometió, realizaron muchas masacres, muchas personas fueron secuestradas y no han aparecido, miles de mujeres viudas en las comunidades, miles de huérfanos. Mucha gente está sufriendo allá las secuelas del Genocidio. No nos vamos a quedar en paz hasta que nuestra lucha por la justicia se haya realizado – Fabiana Reyes –Consejo Nacional de Victimas.

-Rechazamos la política del Congreso que está a favor de los grupos que son responsables de los delitos de Genocidio en el país- Representante comunitario.

-No venimos a decir mentiras, nos acompaña la verdad, conocemos la situación que vivimos, las masacres que hicieron en 1982 en nuestras comunidades, los diputados deben de hacer lo que el pueblo les manda y no lo que se les da la gana. El gobierno no ha cumplido con las garantías de reparación de todas las víctimas del Conflicto y del Genocidio.- Representante Ixil

La necesidad de abrir la historia Ante las respuestas de David Stoll

Por Sergio Palencia

28 de enero 2014

Desde la publicación de mis Consideraciones[1] a su ensayo Guatemala ¿hubo genocidio?, el antropólogo David Stoll ha respondido dos veces a lo ahí expuesto. La primera vez inicialmente en Albedrío (10-12-2013) y la reciente en Plaza Pública. Ambas respuestas son concretas y cortas, lo cual ayuda en una fácil lectura pero deja cabos sueltos o confusos en muchas de sus afirmaciones. Digo esto porque, en lugar de ahondar en la discusión inicial de si hubo o no genocidio en Guatemala, las respuestas de Stoll se fueron convirtiendo en suposiciones y descalificaciones, lo cual demerita el esfuerzo inicial por el que se lanzó al debate público. En este escrito no me interesa continuar en la misma tónica desarrollada por el autor. Por el contrario, me interesa recalcar en el punto original del debate: la cuestión del genocidio y de la campaña contrainsurgente del Estado guatemalteco entre 1981 y 1983.

Teniendo como objetivo lo recién mencionado, responderé las descalificaciones que ha hecho Stoll en sus dos respuestas a mis Consideraciones. Sé lo tedioso que puede ser un debate que, desligándose del tema central, se convierte en mutuos improperios, aptos para quienes desde la tranquilidad del silencio se erigen como jueces y no afrontan, en propia persona, la lucha por la memoria. Lejos de una mera cuestión académica, considero central ir abriendo la historia del movimiento revolucionario y de los planes contrainsurgentes en Guatemala, no de manera aislada, sino como un todo en conjunto.

1. Los argumentos continuados de Stoll, 1993 y 2013

Existe continuidad entre la visión del libro de Stoll de 1993 y su negación del genocidio en 2013. Los Ixiles como población entre dos fuegos, uno el Ejército Nacional y otro el Ejército Guerrillero de los Pobres. La guerra fue llevada al área ixil por el EGP, idea que posteriormente compartieron los libros de Carlos Sabino (2008) y el Capitán Oscar Platero (2013), el primero investigador de la Universidad Francisco Marroquín, el segundo, miembro de la Fundación contra el Terrorismo. A mi parecer, esta idea simplifica el origen de la guerra, deja de lado su relación con la apropiación finquera de la tierra y el agravado conflicto entre comunidades indígenas y Estado. En su libro Entre dos ejércitos […] Stoll menciona la llegada de las fincas al área ixil y lo que él denomina luchas agrarias. Esto no lo he negado, como puede apreciarse en el primer trabajo que hice en 2011[2].

Lo que critico es que Stoll desvincula la apropiación-producción finquera como una de las importantes causas de la guerra, parte constitutiva del conflicto. Simplemente la guerra llega con el EGP al área ixil, una visión muy limitada a mi parecer. Como contra ejemplos, puede hablarse de la masacre del ejército ubiquista contra los principales ixiles en 1936 o de la represión de los terratenientes liberacionistas en San Martín Jilotepeque en 1954. En ambos casos, el interés finquero y estatal reprimió la rebeldía u organización local indígena en dos momentos históricos donde no había, aún, guerrilla. A mi parecer, Stoll deja sin conexión la cuestión de las fincas y la guerra. No remarcar esta relación es obviar una de las principales causas de opresión social: el robo de las tierras ixiles y la explotación del trabajo ixil, tanto en las fincas locales como en la Costa Sur.

2. Dividir el plan de contrainsurgencia para confundir

Stoll plantea que la mayor violencia y masacres se dieron durante el gobierno de Lucas García y no durante el de Ríos Montt. El error consiste, a mi parecer, en dividir las etapas y la geografía de la campaña contrainsurgente, iniciada bajo una lógica nacional en julio 1981, dependiendo del área. Stoll ignora o deja en el silencio los distintos momentos de la contrainsurgencia militar: trabajo de inteligencia, localización de objetivos, acumulación de fuerza, despliegue regional por Fuerzas de Tarea, grandes masacres seleccionadas en área consideradas rojas, construcción o imposición de las PAC, destrucción de medios de vida y producción (siembras, cooperativas, iglesias), persecución en las montañas, cercos y emboscadas.

Resulta que en la región Ixil, de acuerdo a la CEH (Comisión del Esclarecimiento Histórico, 1999), las grandes masacres y destrucción de aldeas se dieron sobre todo entre febrero y marzo 1982. Esto también lo afirma Stoll de acuerdo a sus entrevistas de Nebaj. Al ordenar las masacres reportadas por la CEH en el área ixil, constaté en efecto cómo los meses de masacres colectivas más violentas, cometidas por el ejército, son febrero y marzo de 1982. Fueron 340 y 255 personas masacradas en cada uno de estos meses[3]. A partir de esa fecha las grandes masacres disminuyen, pareciendo que coinciden el ingreso del gobierno golpista de Ríos Montt con el fin del exterminio seleccionado. En realidad, la campaña contrainsurgente, como un todo, se estaba moviendo de lugar y área de represión hacia el norte de Huehuetenango, especialmente Nentón, San Mateo Ixtatán y Barillas. En esa área, la campaña contrainsurgente masacró a 262 personas durante junio 1982 – mes de la amnistía ríosmonttista – y 534 personas durante julio del mismo año (Cf. CEH, Tomo VIII 486-522) [4]. Posteriormente, en agosto y septiembre 1982, el Ejército acordonaría el nororiente de Chimaltenango – San Martín Jilotepeque, Poaquil y Comalapa – para masacrar 232 personas en el primer mes y 122 en el segundo (Cf. CEH, Tomo VIII: 193-211). ¿Qué es pues lo que critico de Stoll en este sentido?

Al enfocarse solamente en el área ixil, tanto el juicio por genocidio como el argumento de Stoll dejan de lado la contrainsurgencia como un plan estatal, con continuidad estructural. Claro, en el caso del juicio su fin era focalizar una región para, a partir de allí, comprobar jurídicamente el genocidio. Pudo haberse hecho aún más sólido al convocar testigos de la represión entre chujes y q’anjobales del norte de Huehuetenango, esto con el fin de testificar su vivencia en meses paralelos con la contrainsurgencia en el área ixil. Por lo tanto, lo que planteo es que los testimonios ixiles en el juicio deben entenderse dentro del momento específico de la contrainsurgencia a nivel nacional, no aisladamente como hace Stoll. Es cierto, un periodo de grandes masacres finalizaba en el área ixil en marzo, pero esto no quiere decir que se acababa la represión ni otras nuevas masacres.

Mientras en el norte de Huehuetenango y Chimaltenango el ejército exterminaba aldeas, reduciéndolas a cenizas, en vastas áreas de Nebaj esto ya había sucedido. El objetivo del ejército, pues, era perseguir en las montañas a los refugiados, quemar los maizales y seleccionar las poblaciones que controlaría mediante las aldeas modelo. Considero errónea la metodología de Stoll, basándose solo en el área ixil y en el periodo de Ríos Montt para negar el genocidio. Si bien se puede criticar cómo la fiscalía, en un proceso jurídico, se basó solamente en la región ixil para imputar el cargo de genocidio, la sociología y la antropología deben promover un análisis más profundo. En este sentido, la historia, la sociología o la antropología tienen por deber no cernirse a marcos jurídicos sino, más bien, entender la materialidad de los movimientos sociales y estatales. El marco jurídico es uno de los aspectos a tomar en cuenta para leer la sociedad y las luchas, pero no engloba en sí la interpretación por una época o evento histórico.

3. Pretender la imparcialidad y la verdad

Stoll termina negando el genocidio y califica de «circo mediático» (2013: 13) un juicio tan importante para la historia, no sólo de Guatemala, sino del mundo. Sus argumentos son bastante simplistas: Ríos Montt tenía poca autoridad sobre su Ejército, los comandantes regionales tenían autonomía en su mando, si el Ejército es genocida también lo es la guerrilla. El problema en la manera de argumentación de Stoll reside en su ambigüedad, en utilizar a su conveniencia el lenguaje antropológico para construir una verdad que, posteriormente, retracta aduciendo que no pretende que su antropología «socio-cultural» llegue a conclusiones científicas. Póngale o no la categoría de científica a sus argumentos, negar el genocidio de acuerdo a una metodología de entrevistas, cronología de testimonios y análisis histórico construye, por mucho que aduzca no desearlo, una pretensión de verdad. Es esa pretensión de verdad la que critico y que, a mi parecer, entra en sintonía con el sector conservador de Guatemala.

Stoll asegura que yo cité palabras o frases que él no dijo. En efecto, si ese hubiera sido el caso pondría en duda la calidad de la construcción de mis argumentos. Sin embargo, no es así. Invito al lector o lectora a ver el interés especial que pongo en citar correctamente los argumentos de Stoll. Critica el autor que él no utiliza las siguientes palabras en su trabajo: dato objetivo u objetividad. Remarca que esa no es su metodología ni pretende ser científico – en el sentido positivista de la palabra –  en sus argumentos. En ningún momento expongo que él utiliza esas palabras, sino más bien las coloco entre comillas inglesas (“”) para criticar la supuesta imparcialidad y neutralidad con la que, al lector, pretende invocar. Como pueden leer en la publicación, para citar lo que Stoll dijo textualmente, utilizo comillas españolas («») y finalizo escribiendo el año y la página de donde lo cito. Revisé cómo se publicó mi escrito original en los distintos medios (Centro de Medios Independientes, Prensa Comunitaria, Albedrío, Plaza Pública) y en todos, con excepción de una ocasión en Plaza Pública, se utilizó la distinción entre comillas españolas e inglesas.

Considero que esta acusación de Stoll fue un intento, bastante simple, de querer denostar el trabajo que elaboré. No queriendo enfocarse en discutir los argumentos en cuestión, sobre el genocidio o los crímenes de guerra, se lanzó a acusaciones de este tipo. En todo caso, lo que he mostrado es que los argumentos de Stoll, basados supuestamente en la imparcialidad, reproducen parte de la interpretación de la guerra hecha por los propios militares y elite capitalista de Guatemala. Sin embargo, al presentarse como académico foráneo y neutral, Stoll quiere plantear su trabajo como imparcial a los extremos políticos reproduciendo, a pesar de lo que dice, la pretensión positivista de neutralidad valorativa, llámele o no sociocultural. Consideré importante, fuera de una mera discusión académica, criticar la metodología de Stoll para interpretar la guerra en la región ixil como «entre dos fuegos». Para los militares, empresarios o finqueros, tan falta de argumentos y construcciones de conjunto, libros como los de David Stoll o Carlos Sabino reafirman su derecho a regir a los pobres y marginadas de Guatemala. Saber que la guerra la iniciaron los guerrilleros frente a un Estado de Derecho constituido, coloca a los primeros como delincuentes y a los militares como protectores de la ley, estableciéndose como imparciales los propios empresarios y finqueros. Con esto los muertos son criminalizados doblemente, una bajo el fusil de 1982 y otra bajo la memoria conservadora.

4. ¿Crímenes de guerra en lugar de Genocidio?

Stoll nos dice al respecto:

«Por lo tanto, me parece que los procesos que se basen en crímenes de guerra—es decir, violaciones a los convenios de Ginebra los cuales protegen a los civiles, a los heridos y a los presos–podrían ser más robustos políticamente que las que se inician a base de genocidio. Procesos por crímenes de guerra también podrían ser más robustos judicialmente. Al juzgar durante las dos últimas décadas los procesos por genocidio en otros países, ha sido sumamente difícil comprobar el “intento de exterminar” de una forma que sobrevive las apelaciones.» (Stoll, 10 diciembre 2013)

El punto fuerte de la cuestión es el siguiente, ¿tendrá importancia para la interpretación de la guerra entenderla como una serie de crímenes de guerra en lugar de genocidio? En mi opinión, es central. El concepto de crímenes de guerra es jurídico y reconoce dos ejércitos y una población. No es casualidad que la utilice Stoll. Por ejemplo, una de las mayores atrocidades del ejército estadounidense en Viet Nam fue la masacre de la aldea My Lai (1968), considerada base de apoyo del Viet Cong. Las imágenes de mujeres y niños asesinados conmocionaron a la sociedad estadounidense, al punto de llevar al banquillo al teniente de la operación, William Calley. Gran parte del debate era si considerar o no la masacre de My Lai como un crimen de guerra. En realidad, el problema con la categoría jurídica de crimen de guerra es que puede hacer de una masacre un acto irracional dentro de una campaña tratada de llevar racionalmente. Es decir, un juzgado nacional puede dictar una condena por crimen de guerra mientras, al mismo tiempo, mantiene la guerra y sus motivaciones en pie.

La planificación estatal, los recursos, la administración, el adiestramiento de los militares, todos ellos, son pasados por alto, así como los principales capitales que estimulan la guerra. Es por eso que denuncio el intento de Stoll de hacer de la guerra en Guatemala una cuestión de crímenes de guerra. Considero que masacres como la de Cuarto Pueblo, Petanac, San Francisco o Estancia de la Virgen no son solamente crímenes de guerra, sino actos de exterminio planificados estatalmente con el aval de banqueros, finqueros y grandes comerciantes de Guatemala. No es una cuestión de dilucidación académica, esto téngalo claro el lector o lectora, sino qué acumulación de conflictos llevó a una barbarie que, incluso hoy, se niega por muchos. Dentro del marco de explicación sociológica la violencia debe entenderse, también deben rastrearse las responsabilidades de la guerrilla y de las fuerzas estatales.

5. Equiparar la actuación del ejército y la guerrilla

Otra falacia de Stoll es hacer equivalentes la actuación del Ejército Nacional y el EGP. Ambos comparten ser formaciones militares con lógicas de control poblacional, pero en su momento de confrontación entre los grupos diferenciados adquieren matices distintos. No es lo mismo una comunidad rebelde en el área ixil, que en su momento apoya a la guerrilla, al de un ejército estatal con infraestructura y preparación por décadas en contrainsurgencia. El fin de éste último era, precisamente, para contener la rebelión que venía gestándose desde 1954. No basta con una simple nivelación de que «hubo atrocidades por los dos lados» (Stoll, 2014), sino cómo dichas atrocidades fueron hechas durante la guerra. A continuación, de manera breve, expondré las diferencias entre ejército nacional y guerrilla – EGP, en este caso –, con el fin de entenderlas en el contexto entre 1980 y 1983.

El Ejército de Guatemala recibió financiamiento estatal y privado, centralizó la ayuda militar (EE.UU., Israel) y contó con capital constante a su disposición (transporte aéreo, terrestre, telecomunicaciones). La Regional de Telecomunicaciones proporcionó un control sobre la información, así como el Estado Mayor centralizó la inteligencia a nivel nacional, creando mapas de zonas rebeldes. Las compañías de las fuerzas de tarea se abastecieron, en sus misiones de campo, del transporte aéreo de municiones y alimentación. La logística permitió un constante vínculo entre destacamento y patrulla móvil, coordinando evacuación, defensa frente a ataques y exploración en avanzada. Tómese la masacre de Cuarto Pueblo, Ixcán, como operación articulada entre tropa, fuerza aérea, comunicaciones y orden centralizada. La cantidad de soldados por misión de contrainsurgencia varía según el objetivo. Para retomar control territorial y destruir las aldeas, consideradas rojas, el ejército llevó entre 600 y 400 militares por misión, entre oficiales y soldados rasos. En patrullajes posteriores llevó entre 100, 50 o 30 militares, más el apoyo de PAC y comisionados militares. Esto no lo analiza Stoll.

El EGP, en su momento más fuerte, pudo reunir entre 100 y 130 combatientes armados en una sola Compañía llamada «19 de enero». Esta existió entre finales de 1980 y mayo 1981 entre Chajul e Ixcán Grande. Según el mismo Plan Victoria, las escuadras de la guerrilla en Aguacatán no pasaban de 30 guerrilleros armados. Durante las ofensivas castrenses entre enero y abril de 1982, el EGP envió combatientes armados del Ixcán al área Ixil, dejando pocos en tierra caliente. Las comunicaciones técnicas no eran el fuerte de la guerrilla, menos en el momento de la contraofensiva de 1981 y 1982. Lo que permitió sobrevivir a algunas comunidades rebeldes, articuladas con el EGP, fueron los canales organizativos y de información, allí donde el EGP funcionó como centralización de la información comunitaria. En ocasiones la propia red de comunicación comunitaria sustituyó al EGP, como en  las montañas de Cobán. La red entre comunidades rebeldes y EGP se dio, por ejemplo, en el Ixcán Grande y en Tzalbal durante 1982, con la dificultad de la enorme cantidad de familias desplazadas, el hambre, la enfermedad y los cercos militares-PAC. En otras regiones y momentos, como las montañas de San Martín Jilotepeque y Patzún, en agosto 1982, la geografía y el cerco militar impidieron las condiciones de resistencia articulada entre el EGP, otras organizaciones insurgentes y las comunidades rebeldes. La amplitud del territorio atacado y la movilidad de las tropas del ejército hizo que muchas escuadras del EGP se concentraran en ciertas áreas y dejaran otras. Esto fue parte del acabose del proyecto de toma del poder.

La reconstrucción histórica de la guerra y la resistencia tiene que tener esto en consideración, con sus diferencias locales. En esto hay que rastrear el momento histórico y asignar las responsabilidades. Stoll dice que fue una irresponsabilidad del EGP tomar fotos de indígenas en armas. Visto desde hoy, es cierto dada la barbarie con la que actuaba el ejército. Difundir imágenes de apoyo revolucionario o reunir aldeas enteras en entrenamiento pudieron ser móviles para la reacción genocida del ejército, no hay duda. Ahora bien, dos situaciones a tener en cuenta. Uno, hay que entender cómo la opresión histórica sobre los indígenas, en este país colonizado, finquero y racista, produjo condiciones insoportables – de hambre y miseria –, ante las cuales la revolución guerrillera se vio como una opción para muchos indígenas y no-indígenas. La rebelión indígena contra el Estado y la finca se movió, entre otras formas, también a través del EGP[5]. Dos, las comunidades que decidieron integrarse a la revolución, permitir a sus hijos ser guerrilleros o guerrilleras, alimentar al colectivo rebelde y sus campamentos, ¿acaso no fueron parte de la efervescencia de un momento? No siempre, pero muchas fotos de indígenas en armas o los masivos entrenamientos con palos, ¿acaso no eran expresión también de un deseo y proyecto en ciernes de rebeldía social? Hoy en día, ante la evidencia de la magnitud de las masacres del ejército, las podemos juzgar como errores. Pero en su momento aún estaba abierta la posibilidad de un cambio, tal como pasaba en Nicaragua o en El Salvador. El EGP y las comunidades rebeldes entraron en un movimiento revolucionario ante un Estado presto a aniquilar a poblaciones enteras para sostenerse, tal como decía Sandoval Alarcón. Stoll denuncia que el EGP fue responsable de hacer:

«[…] alarde de sus bases sociales entre una población campesina hasta el punto de difundir fotos de niños y mujeres en traje autóctono portando armas. Cuando no se mantiene la distinción entre combatientes y civiles, se hace más difícil cumplir con los convenios de Ginebra y proteger la vida de los civiles. Por ignorar ésta diferencia, o por burlarla, un grupo insurgente convierte a la población civil en objetivo militar.» (Stoll, 2014)

Esta visión mantiene la idea de que la guerra fue exclusivamente entre dos ejércitos. Ahora bien, ¿acaso finqueros como Sandoval Alarcón o militares como Benedicto Lucas estaban pensando en cumplir los acuerdos de Ginebra en esos momentos? Recuérdese de la quema de la Embajada de España a plena luz del día, en la ciudad, en enero 1980. Con la visión de Stoll se enfatiza la culpa de la guerrilla y se normaliza, implícitamente, la reacción de un ejército contrainsurgente. Considero que es necesario encontrar las responsabilidades, pero desde una visión mucho más compleja de cómo se fue acumulando el conflicto de la guerra. Sostengo que en lugar de entender la guerra meramente como dos ejércitos enfrentados, uno insurgente y uno estatal, la guerra hay que entenderla también como parte del conflicto histórico entre el Estado finquero, en proceso de transformación capitalista, y las comunidades indígenas de transición. La cuestión de fondo es esta: el Estado no pudo soportar el movimiento indígena rebelde, el cual se expresaba en la guerrilla, pero también en las huelgas en las fincas (Escuintla, Suchitepequez) o en la organización pro-tierra (Senahú, Cahabón, Panzós), y las contiendas electorales del Altiplano central. Al Estado, hoy como ayer, le conviene decir que la guerra fue contra la guerrilla y no contra los sectores pobres y oprimidos, en revolución. Los argumentos de Stoll, una vez más, se alían al poder de los vencedores y empresarios.

6. El lugar del libro Fernando Hoyos y Chepito Ixil

No es este el espacio para reflexionar cómo ha sido recibido mi libro desde su publicación en julio 2012. Basta aclarar algunos puntos que Stoll aduce de manera errónea.

Primero, el libro se enmarca en un proceso más amplio de investigación, no es la totalidad de lo que he trabajado. Desde el año 2010, iniciando mi posgrado en Puebla, decidí estudiar el proceso de rebelión y contrainsurgencia en Guatemala, especialmente entre 1972 y 1982. Tres fueron las opciones que tomé: a) buscar y leer bibliografía etnográfica previa a la guerra y sus interpretaciones, b) realizar trabajo de campo y entrevistas en San Miguel Acatán y Nentón, Huehuetenango; así como en Ixcán, Nebaj, Cotzal y Santa Cruz, Quiché, c) realizar la tesis de maestría sobre cómo, históricamente, se ha conformado la relación entre Estado y comunidades indígenas en Guatemala, la cual fue finalizada en noviembre 2012.

Segundo, en las entrevistas no llegué preguntando cómo sufrieron la guerra sino cómo vivieron antes de la guerra. La memoria no es algo fijo, sino brota de acuerdo a las posibilidades de su momento.  Afloró el tema del trabajo en las fincas, el racismo, la humillación, los desprecios e injusticias de los finqueros y contratistas. También cómo sus padres y hermanos se organizaron, fuese para conseguir tierra en Ixcán o para formar cooperativas. Preguntar por cómo experimentaron la guerra y no cómo la sufrieron cambia el tono y el momento de la respuesta. La dignidad de luchar, de no darse por vencidos, de haber resistido a uno de los ejércitos mejor preparados en contrainsurgencia por EE.UU. Todo eso, incluso creó un ambiente de repensar el pasado desde el momento de la esperanza. Claro, trocado en la dificultad y la barbarie.

Tercero, a raíz de esto me fui dando cuenta que eso que leía en libros como el de Le Bot o Stoll no era la totalidad de la experiencia de la lucha, si bien una parte. La gente no sólo estuvo «entre deux feux» o «between two armies», muy propio de los noventas y el arrasamiento del capital “neoliberal”. Lo que escuché de las personas fue lo que me motivó a asumir la tarea de leer críticamente la historia hasta el momento escrita. Me di cuenta que no era el único, que éramos muchos, de muchas procedencias, quienes sentíamos el ímpetu de conocer el pasado en aras de un nuevo horizonte desde la Posguerra. Decir posguerra no quiere decir poslucha, sino repensar la lucha.

En el marco de esta investigación más amplia escribí en abril 2012 el libro al cual se refiere Stoll. El escrito lo hice, en Puebla, como una reflexión de los treinta años que se cumplían del peor periodo de masacres estatales en Guatemala, en 1982. Me parecía indignante que en Guatemala, a treinta años de las masacres, muy poco se recordara y poco se trajera a colación el horror sobre el cual está basado el país y sus fincas. Me pareció también importante recordar las masacres de 1982 desde la vida de dos personas que se encontraron, en su momento, en un camino para combatir la injusticia, la mentira y la muerte, Chepito Ixil y Fernando Hoyos. El Estado masacró y la lucha por el cambio en esos años fracasó. Eso no basta para acallar el impulso del pasado y retomarlo desde un momento histórico distinto, con nuevas expresiones de la lucha.

Ahora basta decir que Stoll supone que el libro de Fernando Hoyos y Chepito Ixil es la totalidad de mi experiencia investigativa y de campo, se equivoca grandemente. Puede, de nuevo, utilizar estas acusaciones para acallar el origen del debate – el genocidio –, su silencio en torno a esto demuestra su limitación argumentativa.

Reflexión final

Termina Stoll encasillándome en el viejo prejuicio conservador de recibir fondos de organizaciones internacionales. En esto, Stoll comparte el prejuicio de periodistas empresariales[6], dispuestos a ver en la crítica o en los movimientos de insubordinación la mano aliada de financiamiento europeo. Está bien, que crea lo que considere, no es esa la realidad. Conocer el pasado, pienso, implica ser críticos con la historia oficial u oficializada, sea Le Bot, la REMHI o la CEH. En Guatemala ya no estamos en tiempos de silencio para callarnos, lo cual implica responder a las posturas que consideremos erróneas, como la de Stoll. Si a Stoll le resulta bien ocultar el fondo de por qué se inició la discusión – el genocidio – y, más bien, oculta los puntos de la crítica dirigiendo sus ataques contra mí, adelante. De mi parte seguiré trabajando para conocer el pasado y sus actuales mistificaciones. El pasado es una pregunta que se responde en el ahora, la importancia del mismo radica en las posibilidades de horizonte que podemos heredar.


[1] El título original de la crítica al escrito de Stoll fue: Consideraciones en torno a “Guatemala: ¿hubo genocidio?” (5 de diciembre 2013). En Plaza Pública la publicación fue titulada La guerra, el ejército y la negación del genocidio, según Stoll (14 de enero 2014). Utilizaré, a partir de ahora, la abreviación de «Consideraciones» para referirme a ese trabajo.

[2] Refiero al Apartado 2 del trabajo: ¿Entre dos fuegos? Neutralización de la lucha ixil en David Stoll y la cuestión de la memoria revolucionaria en Guatemala. Véase en: http://www.albedrio.org/htm/otrosdocs/comunicados/issuus/Documentos-0012.htm

[3] En la actualidad estudio los tomos IX y X de la CEH, con sus aportes y limitaciones. Por el momento sólo quiero adelantar que la CEH alberga ciertos casos registrados, otros no los incluye en su catálogo de masacres.

[4] Al respecto, consúltese el libro de Paul Kobrak (2010). Huehuetenango, historia de una guerra. Guatemala: Cedfog, pp. 192

[5] En este momento estamos analizando el área donde operó el EGP, es necesario un análisis también de las otras organizaciones insurgentes y su relación con las comunidades en las regiones donde se movían.

[6] «Lamentablemente la guerrilla ganó la batalla mercadológica y convenció a ingenuos socialistas de Europa a que les siguieran apoyando. De ahí que tengamos un premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, que autores como el antropólogo estadounidense David Stoll ha cuestionado en su libro Rigoberta Menchú y la historia de todos los guatemaltecos pobres cuya publicación al español incluye prólogo de la propia Elizabeth Burgos, antropóloga venezolana que reside en París y que fue la autora del libro Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia.» Parellada, Ramón. «¿Genocidio?» en: Siglo 21, 4 de abril 2013. Disponible en: http://www.s21.com.gt/hacia-libertad/2013/04/04/genocidio

Queman casa de Autoridad Indígena en Xoncá Nebaj

Alerta

Por Nelton Rivera -Prensa Comunitaria-

Nebaj, 13 de enero 2014. Partidarios del Partido Patriota PP, desconocieron los resultados emitidos por el Tribunal Supremo Electoral TSE quién confirmó como vencedor del proceso electoral del domingo 12 de enero al actual alcalde municipal Pedro Raymundo Cobo del partido “Todos”.  Éste resultado fue utilizado para generar actos violentos en varias comunidades del municipio de Nebaj.

La violencia fue denunciada meses atras

Desde que el TSE anunciará la repetición de las elecciones municipales en Nebaj, las autoridades de la Alcaldía Indígena denunciaron insistentemente que los grupos interesados en repetir este proceso electoral solamente generarían irrespeto, sosobra, violencia y división.

Esta denuncia se fue confirmando en horas de la noche de éste lunes 13 de enero, decenas de partidarios del PP se lanzaron a las comunidades,  su descotento lo canalizan quemando casas y bienes inmuebles, pero esta vez fueron más lejos golpearon a varias personas y a autoridades comunitarias. Una de ellas se encuentra en estado de gravedad.

El pueblo Ixil reafirmó su decisión y voz, exactamente igual como lo hico denunciando el Genocidio. Están los simpatizantes del PP intentando quemar casas en la comunidad del Antiguo Xoncá”. denunciaba vía telefónica una de las autoridades ancestrales de la Alcaldía Indígena de Nebaj.

Violencia en Nebaj

Seguidores del presidente Otto Pérez Molina quemaron la casa de la Autoridad Indígena de la Antigua Xoncá en Nebaj, al mismo tiempo varias personas fueron agredidas. Se sabe que golpearon al alcalde indígena Pedro Ramírez Cobo y agredieron violentamente a otro representante comunitario, el señor Domingo Solis quien fue atacado violentamente y su vida esta en riesgo, algunos afirmaron que él como resultado de la agresión estaba agonizando. 

El grupo en descontento durante la noche de éste lunes está intentando quemar la casa del Comité de Tierra de Xoncá, la Policía Nacional Civil -PNC. se retiro de Nebaj sin atender las denuncias que las autoridades indígenas hicieran en repetidas ocasiones,  previendo que estos actos y escenario de violencia fácilmente serian promovidos durante o después del proceso electoral.

La impunidad de los grupos afines al gobierno les permite actuar libremente: vecinos denunciaron que las amenazas, agresiones verbales y físicas han sido la constante en Nebaj, mismas que son promovidas por dirigentes de éste partido político, quienes nuevamente vuelven a perder una elección municipal.

Durante la mañana del día domingo las autoridades indígenas fueron agredidas en otro incidente por un grupo de mujeres del mismo partido, en está agresión fue robado una vara de la autoridad indígena. A pesar de estos hechos de violencia el pueblo Ixil participo en la repetición de la elección y reafirmo su decisión.

La autoridad Indígena de la Alcaldía de Nebaj hace un llamado al gobierno de Guatemala para que detenga la violencia generada por los opositores del actual alcalde Pedro Raymundo Cobo, hacen el llamado también para que las instancias de derechos humanos se movilicen y puedan garantizar la integridad de los pobladores quiénes están siendo intimidados y agredidos por estos grupos de choque.

Estuvo aquí el diputado Estuardo Galdamez, él estuvo generando muchas provocaciones durante las elecciones, no aceptan la derrota y sus partidarios están tratando de provocar serios problemas en las comunidades.”

Nosotros consideramos que el pueblo Ixil nuevamente derrotó al racismo del Estado y es la decisión del pueblo, la violencia es una practica constante de este gobierno racista.”