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32 primaveras se suman a 32 ayeres: el caso Emil Bustamante

Emil Bustamante

Emil Bustamante

Por Marylena Bustamante.

32 años tenía Emil, mi hermano cuando fue detenido en un retén militar en la ciudad de Guatemala un sábado 13 de febrero de 1982.

Han pasado 32 años con sus primaveras, 32 inviernos que nos han marchitado la piel pero no la conciencia y el derecho a saber que fue de él y de los otros 45,000 seres humanos, entre ellos niños y niñas de todas las edades que permanecen desaparecidos. .

El día en que fue detenido, festejábamos la vida, mi hija Ximena cumplía su primer año, el tío Emil nunca llegó, tampoco el pastel, únicamente llegaron las noticias de su desaparición.

Gobernaba en ese ayer un General genocida, Romeo Lucas García que fue derrocado por el General Efraín Ríos Montt, quien llegaría a ser el máximo represor en los tiempos que duró el genocidio.

Ríos Montt declaró en ese entonces, “no vamos asesinar sino a matar a todo aquel que se oponga al gobierno”, y lo cumplió, Emil estaba vivo en un cuartel militar el día del golpe, junto con él cientos de luchadores sociales.

Una se pregunta, qué delito cometieron para merecer semejante castigo, Emil ni siquiera tuvo el privilegio de estar en los aberrantes tribunales de fuero especial, así por lo menos hubiéramos tenido su cuerpo.

32 primaveras, 32 inviernos que hemos visto pasar la impunidad vestida de novia junto a los poderes fácticos que hoy deciden quien es inocente y quien culpable; eso sí, los militares acusados de genocidio perpetradores de la barbarie no pueden ser condenados aunque las pruebas los condenen.

No hay duda que Guatemala, como lo declaro recientemente el también genocida presidente de turno el General Otto Pérez Molina alías Tito Arias, (seudónimo utilizado cuando se cometió genocidio contra el pueblo Ixil), seguimos siendo un pueblo bananero.

Emil Bustamante

Emil Bustamante

Carnet universitario de Emil Bustamante

Carnet universitario de Emil Bustamante

Acto de graduación de Emil Bustamante

Acto de graduación de Emil Bustamante

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Marylena Bustamante junto a Emil en la marcha del 20 de octubre del 2013

Marylena Bustamante junto a Emil en la marcha del 20 de octubre del 2013

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Hace treinta y dos años

Por Kakoj Máximo Ba’ Tiul.

Era una de esas noches de di-ciembre, cuando el frío se confundió con el miedo, la oscuridad con el llanto y el lamento, las aves se dormían temprano para proteger a sus polluelos. Solo el canto del tecolote y de la lechuza se escuchaba por doquier. Los papás y las mamás corrían de un lado para otro, llamando a sus hijos para que entraran a la casa. A partir de la seis de la tarde ya nadie caminaba por las calles desoladas. Ya llevábamos unos cuantos años de que comenzaban a aparecer muertos por todos lados. “Recuerdo -me contaba un amigo-,en esas fechas, encontraron un muerto a la orilla de la carretera, la mitad puro hueso, porque las aves de rapiña y los perros ya se lo habían comido”.

En el pueblo, apenas nos reponíamos del miedo y comenzaba otro. No sabíamos qué iba a pasar. Toda una incertidumbre. “Por allí vienen —decía un niño—, vámonos corriendo”. Ya no se podía salir a dar serenatas, ni a visitar a la novia y ni tampoco jugar a las escondidas entre los árboles de buganvilia que estaban en el parque, porque todo lo miraban como malo. Los comisionados militares, la G2, los llamados orejas y las PAC acechaban.

Atrás quedaban las posadas con música de marimba, tamales, atoles, ponche y el olor a incienso y pom. Las guitarras dejaron de sonar. Los jóvenes que compartían sus sueños y sus ideales de cambio dejaron de compartirlas, porque sabían que corrían el riesgo de ser desaparecidos, perseguidos, asesinados o estigmatizados de ser guerrilleros, resentidos, revoltosos.

Para estos años, ser indígena y defender sus derechos era igual a ser guerrillero. No se podía hablar viéndole a los ojos a quien pensó que tenía el poder. No se podía llevar alegría a las comunidades, con canciones, golosinas, juguetes y piñatas, todo esto era firmar su sentencia de ser acusado por algo en la zona militar o en la casa del comisionado militar.

Todo eso se convirtió en delito. Solo por eso fueron desaparecidos muchos amigos y amigas, de quienes aún guardamos recuerdos e ilusiones. Ellos y ellas no tenían otra cosa en la mente y en el corazón que ver a un pueblo próspero y humano. La única arma que tenía era la guitarra, programas de salud, educación y recreación.

Ese fue el delito de: Teresa Jul, Lázaro Morán, Eduardo Coy, Otto Ical, Otto Macz, y otros más que fueron desaparecidos el 28 de diciembre de 1981. Hasta hace poco supimos a dónde se los llevaron, pero aún no sabemos de muchos más que siguen desaparecidos, de quienes todavía guardamos la esperanza de saber en dónde están.

Como dice la canción: “Todavía cantamos, todavía pedimos, todavía soñamos, todavía esperamos, que nos digan a dónde han escondido las flores que aromaron las calles persiguiendo un destino” y guardamos la esperanza “por un día distinto sin apremios ni ayunos sin temor y sin llanto y porque vuelvan al nido nuestros seres queridos”. Esperamos justicia por la sangre de tantos inocentes.

Columna de opinión en Prensa Libre, 28 de diciembre 2013.