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Concierto aire a política

Musica

Por Jonatan Rodas, estudiante de música.

Allegro

Estimado profesor. Tal como se nos fue requerido estoy escribiendo un resumen del concierto que recientemente ofrecieron las y los profesores del Conservatorio Nacional de Música. Como se trataba de una actividad obligatoria, la mayoría de la concurrencia éramos los alumnos del plan sabatino. Los del día domingo también debieron asistir en sus horarios de clase. Yo preferí quedarme en la parte de arriba porque supuse que habría menos niños allí. Mala decisión. Tres niñas del curso de violín se sentaron a mis espaldas y no paraban de gritar. Se preguntará usted que hacían estas niñas gritando en un recital. Pues yo tampoco lo sé, porque el anfitrión nos recordó al inicio que no debíamos gritar ni mucho menos aplaudir cuando no correspondía. “Esto –dijo el profesor- no es un estadio de futbol”. En fin. Las niñas gritaron todo el tiempo al final de cada interpretación.

El concierto, como dije antes, inició con las palabras de bienvenida del anfitrión quien además hizo alusión al volante que nos repartieron la semana pasada. Este volante tenía dos mensajes precisos: el primero de ellos anunciaba la obligatoriedad del concierto con un valor de Q 10.00. Allí mismo supimos que los fondos recaudados servirían para pagar la deuda del servicio de agua que se viene arrastrando desde hace un buen tiempo. Según se sabía el Ministerio de Cultura y Deportes había hecho un convenio de pago con la empresa que presta este servicio, pero dada la suspensión del agua desde hace un mes y medio suponemos que tal convenio no se cumplió.

No espero obtener más de los cinco puntos que usted nos ofreció pero debo decirle que compré dos boletos a fin de que la deuda, amortizada con las contribuciones de estudiantes y profesores, sea cubierta y así los baños estén disponibles lo más pronto posible. Uno nunca sabe cuando los nervios lo van a traicionar mientras se presenta una lección.

El segundo mensaje que contenía el volante era la actualización de nuestros datos en la página web. Es la primera vez que nos piden un procedimiento de este tipo. ¡Nunca está de más! Pero lo que si me sorprendió es que el anfitrión dijera que esto respondía a una solicitud de la Vice- Presidencia de la República quien necesitaba saber, cito, “quienes son los beneficiarios del programa”. Uno podría pensar que la Vicepresidencia va a comprar instrumentos, o tal vez esté pensando en remodelar las instalaciones, o mejorar el salario de las y los profesores (ojalá estén pensando en pagarles los viáticos cuando vayan a algún curso de actualización, porque a menudo estos gastos también dependen de recaudaciones en conciertos como el de este sábado). Pero no hay que ser tan ingenuo pienso yo, eso no va a pasar… ¡quizás solo quieran pagar el agua! ¿Usted que piensa?. Lo cierto es que queramos o no vamos a tener que actualizar nuestros datos. Por lo menos, usted concordará conmigo, seremos una estadística más en los suntuosos informes de gobierno.

Prestissimo

Rápidamente hago una relación de los contenidos del concierto. El primero en aparecer fue un trio de piano, violín y acordeón. Tocaron dos melodías. Una de ellas titulada Dominó y la otra no la recuerdo. Luego de ello hizo su aparición una fusión de instrumentos de viento quienes también tocaron dos melodías. Posteriormente se unió al grupo el maestro Fildin Roldán quien antes de interpretar la melodía de Toy Story nos recordó que ésta se refería al valor de la amistad. Con el carisma que le caracteriza el maestro nos pidió que levantáramos la mano para hacer un juramento. Prometimos ser amigos fieles. Y no dudo que este juramento fuera extensivo al Conservatorio Nacional de Música (me pregunto si de haber estado allí, los funcionarios de la Vicepresidencia y el Ministerio de Cultura y Deportes habrían jurado también ser amigos fieles del Conservatorio).

La parte final del concierto estuvo a cargo de una orquesta que se completó con la llegada de una marimba, instrumentos de cuerda (violines y cellos) quienes interpretaron No llores por mi Argentina. Recuerda usted esa parte de la canción que dice “yo solo quiero sentiros muy cerca/ poder intentar abrir mi ventana/y saber que nunca me vais a olvidar”. Sin duda ha de ser emocionante poderle dedicar versos de este tipo a la patria de uno. Desafortunadamente es difícil imaginar tamaño amor con la manera en que aquí ha sido construida la idea de nación. Pero ya me estoy desviando. Tocaron La Cumparsita y luego le siguieron Zamba de una nota y Chica de Ipanema. El concierto finalizó con una melodía llamada Mister Duke.

Al finalizar, el público se levantó para seguir aplaudiendo a la orquesta. Como usted bien sabe, el levantarse de la silla para continuar la ovación es no solo una muestra de respeto sino un reconocimiento a la calidad artística de quienes están sobre la duela. Aunque ahora que lo pienso, levantarse también podría ser considerada una necesidad frente a aquellos que no merecen nuestro respeto. Así finalizó el concierto. Por favor, no olvide ponerme los cinco puntos.

Coda

Prensa Comunitaria me ha invitado a escribir en este espacio. Pido mis disculpas por el tono de la anterior nota, he debido hacer una reflexión más sería respecto a la situación del Conservatorio Nacional quien no solamente enfrenta problemas con el servicio de agua, sino además ha tenido que lidiar con un Ministerio de Cultura que, además de no prestar atención a estas necesidades, se ha empeñado en suprimir los Comités de Finanzas de centros como el Conservatorio y la Escuela de Danza (Acuerdo Ministerial 290-2013 del Ministerio de Cultura y Deportes), instancias sin las cuales los planes de fin de semana técnicamente dejarían de existir.

Pero tengo una excusa para no haber hecho tal reflexión: nada nuevo se puede extraer de esto más que la confirmación de que para el actual gobierno no son una prioridad las políticas de promoción artística y cultural (mucho menos aquellas que históricamente lo han requerido), sino solamente impulsar sus estrategias militaristas calcadas bajo la inocua estampa de la seguridad ciudadana. Y aún más, el oportunismo con que acostumbran presentar como logros de su administración aquellas esfuerzos que, como en el caso de profesores y estudiantes del Conservatorio, solamente hacen quienes están allí por amor al arte, por amor a su territorio y por amor lo que les pertenece.