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Los ecos de la ausencia

Fotografía de Nelton Rivera.

Por: Pablo Fuentes.

Existe una habitación sin tiempo, llena de objetos que narran historias que no tienen un final, llena de recuerdos que solo pueden ser encendidos por el silencio de nuestras imaginaciones, llena de secretos que gritan y lloran desde sus escondites, una habitación que se levanta entre las sombras que se alimentan de lo que puedan arrebatarle a la vida.

Existe en la memoria de los corazones una ausencia, un tiempo que no está vivo pero que no murió jamás, una descarada mutilación al justo cuerpo de la libertad que aun hoy no deja de sangrar, que aún hoy grita esas palabras que nombraban las vidas de todos los que la tomaron de la mano y caminaron como niños siguiendo sus pasos en tiempos de obscura represión, para que su lucha nunca se tambalee en el olvido; en fin, los nombra para que su ausencia no sea solamente el dolor de un mediodía oscurecido, sino todo el amor que se recrea en la idea de que podemos estar mejor.

Y así es esta habitación llena de ausencia, un espejo en el cual podemos ver la cotidianidad de nuestras vidas, un lugar que necesita de nosotros para volver a darle vida a esos espacios que quedaron inconclusos, un punto de reflexión que nos  alecciona mostrándonos que no se necesita nada más que amor para luchar por un mundo mejor.

Y me es inevitable el detenerme y pensar cuanta esperanza cabe en la mañana mientras atamos las correas de nuestros zapatos, cuanta vida puede esconder un cuaderno, cuanto hacemos nuestro este mundo día a día sin darnos cuenta y cuanto este mundo nos consume así también, sin darnos cuenta mientras solo va quedando la huella que unió el nuestro con los demás corazones.

Es pues necesario entonces, que mientras retumben los latidos en nuestro pecho también retumben los ecos de aquellos corazones que buscaron y lucharon por una reivindicación de la vida, y que como aquel cuarto aún sus búsquedas perduran fuera del tiempo, no solo para honrar su recuerdo o para honrar nuestra propia vida y nuestro propio tiempo, sino para que desde su nuevo hogar estas personas continúen siendo fuentes de esperanza mientras la ausencia en su cotidianidad es reivindicada y transformada en nuevas constelaciones.