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“Todo está cargado en la memoria”: un museo para no olvidar

Amancio Samuel Villatoro  / Museo de la Memoria del Movimiento Sindical, Estudiantil y Popular

Amancio Samuel Villatoro / Museo de los Mártires del Movimiento Sindical, Estudiantil y Popular

 Por Quimy De León y Nelton Rivera -Prensa Comunitaria-

…arma de la vida y de la historia[1]

“El engaño y la complicidad

de los genocidas que están sueltos,

el indulto y el punto final

a las bestias de aquel infierno.”

 

Pocos son los parques aún existentes en el Centro Histórico de la ciudad de Guatemala, El Sauce es uno de ellos. Para llegar hasta él basta con dirigirse hasta la primera y segunda avenida con primera calle de la zona 2, cerca del Instituto Normal para Señoritas Centroamérica – INCA.

En una de las esquinas hay una casa amarilla de adobe con techo de lámina que le da vida al parque.  Está habitada por una familia indígena, las mujeres colocan todos los días un puesto de comida. Los jueves, y sábados sin falta hay un farol rojo hecho con una pelota plástica que anuncia la venta de tamales y paches. Otro de los referentes de los alrededores son los baños sauna que dan movimiento a las cercanías al parque.

En esa misma cuadra está la casa 1-53 de la primera calle. Como otra cualquiera, la abre un portón corinto ancho y tiene el techo de dos aguas. Pero de común esta casa no tiene nada: en ella se da la cotidianidad del trabajo de la Fundación de Antropología Forense de Guatemala –FAFG-, quienes le dieron espacio al Museo de los Mártires del Movimiento Sindical, Estudiantil y Popular, que se abrió  el 30 de enero del 2012, el mismo día en que en el año de 1984 desaparecieron a Amancio Samuel Villatoro.

Amancio ha aparecido: una decisión díficil e importante

Amancio Villatoro formó parte de las Fuerzas Armadas Rebeldes –FAR-, una de las principales organizaciones revolucionarias. También era dirigente de la Central Nacional de Trabajadores –CNT-  y del Comité Nacional de Unidad Sindical –CNUS- al momento de su desaparición.[2]

La mañana del 30 de enero de 1984, Amancio salió de su casa en la colonia Primero de Julio en Mixco, llegó al centro de la ciudad y cuando transitaba por la calle de la “Laguna” sobre la Segunda Avenida y 15 calle de la zona 1, fue interceptado y detenido-desaparecido.

Después de muchos años de búsqueda, los restos de Amancio fueron encontrados el día 3 de septiembre de 2003 a dos metros con veinte centímetros de profundidad.  Apareció junto a los restos de cinco personas más: Moises Saravia López, Sergio Saúl Linares Morales, Juan De Dios Samayoa, Hugo Adail Mérida, Zoilo Canales Salazar –la identidad de este último fue dada a conocer el 30 de enero del 2014.

La FAFG les localizó en la fosa IX mientras realizaban trabajos de exhumación en un cementerio clandestino ubicado el antiguo destacamento militar de San Juan Comalapa en Chimaltenango. Estas exhumaciones fueron realizadas junto con la Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala –CONAVIGUA-, y  resultado de este trabajo, en 52 fosas clandestinas diferentesaparecieron las osamentas de 220  personas.

Para la identificación de Amancio la FAFG inició un proceso científico forense arqueológico,  luego antropológico y finalmente un análisis genético para confirmar su identidad. “Se tomaron las muestras, un fragmento de fémur derecho y dos piezas dentarias, de estas tres se analizaron dos”.  Para la prueba genética se tomaron tres muestras a sus familiares, que permitieron finalmente hacer la identificación:  a su hija Norma Carolina, su hijo Sergio Raúl y su esposa María del Rosario Bran de Villatoro. Con los tres resultados positivos, fue posible confirmar la identidad de Amancio 19 años después de su desaparición.

Norma Carolina y María del Rosario se encontraban en el cementerio de la Verbena el día ocho de noviembre de 2011. Recibieron una llamada telefónica desde la FAFG en la que les dieron la noticia que día con día durante años habían esperado: Amancio había aparecido, había sido identificado.

Cuando los restos de una persona aparecen años después después de haber sido detenido–desaparecido, para la familia se cierran las esperanzas más fuertes que guardaban: que apareciera con vida. Cuando no es así, llega entonces el momento de aceptar que está muerto, y lo que comúnmente ocurre es que necesitan darle sepultura para tener un lugar a donde visitarlo.

La familia Villatoro tomó una decisión trascendental: exponer la osamenta de Amancio. De ésta manera le permitirían al mundo entender la historia desde un memorial, desde un museo:

“La decisión era si cremarlo o enterrarlo en un cementerio. En ese momento lo hablamos con Fredy Peccerelli director de la FAFG y él nos permite utilizar un espacio dentro de la fundación.

El museo inicia en una fase vivencial muy difícil, que es la aceptación de los hechos. Lo más doloroso que se puede tener es la aceptación de que los hechos ocurrieron, es sumamente doloroso como familiares de desaparecidos, Nunca nos preparamos para el momento de encontrarlo, esto es lo que más preocupa, es difícil prepararse para el momento de encontrar a un familiar, pero estamos tratando desde el museo de preparar desde la experiencia propia de cómo vivir ese momento al encontrarlos.”

Visitando el museo

Por la decisión que tomó la familia y las gestiones que hicieron, los directivos de la FAFG les dieron un primer ambiente en donde están sus oficinas para que la familia materializara una de las decisiones más importantes de sus vidas, la de colocar y exhibir los restos de Amancio. Querían que este lugar fuera un espacio de recuerdo y de memoria colectiva, un espacio para no olvidar. Es una prueba contundente del terrorismo del Estado cometido contra 145 mil desaparecidos y desaparecidas durante el conflicto armado. Amancio ha aparecido y está ahí para contarnos su historia y a través de la de él, tenemos la posiblidad de conocer una parte de la historia del país.

Los muros de la casa están pintados de blanco, bajo un techo de dos aguas está el primer ambiente del museo. Cuando uno recién entra, lo primero que observa es la gigantografía con los rostros de 140 de las 183 personas que sufrieron desaparición forzada y que posteriormente fueron asesinadas como lo documenta el Diario Militar.[3]

En el segundo ambiente se encuentran cinco espacios que corresponden a las otras cinco personas que aparecieron en la misma fosa con Amancio: Moises Saravia López, Sergio Saúl Linares Morales, Juan De Dios Samayoa, Hugo Adail Mérida. La que falta es la de Zoilo Canales Salazar que acaba de ser identificado. En éste mismo espacio está una muestra fotográfica de Daniel Herandez-Salazar titulada “Revelación… El poder de la memoria en el país del olvido”, montada para el segundo aniversario del museo en el 2014.

En una de las paredes están las fotografías de Mario López Larrave, Manuel Colom Argueta, Oliverio Castañeda De León, Antonio Ciani García y Alberto Fuentes Mohr quienes fueron asesinados también por las fuerzas del Estado durante los años setenta y ochenta. Debajo de ellos aparecen las fotografías de Florentino Gómez López, Ismael Velásquez Ortíz y Edgar René Aldana Ruano, sindicalistas desaparecidos de la Central Nacional de Trabajadores –CNT-.

En el centro de otro de los ambientes se encuentra ubicada en la osamenta de Amancio colocada dentro de una urna de vidrio, hablándonos, dando su propio testimonio con su presencia . Detrás en la pared está expuesta la ropa que él llevaba  el día de su captura. El  pantalón con el que fue encontrado y un texto que escribió su compañera de vida

“El último recuerdo que tengo fue verlo vestido con un pantalón jeans marca Levis color azul y camisa blanca de manga corta. Esa mañana preparé y le entregué su ropa…”

María Del Rosario Bran de Villatoro.

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Una chispa para entender la historia

En el museo trabaja Salomón Estrada Mejía, que con su sonrisa amplia y franca recibe a quienes lleguen de visita. A través de sus palabras y sus relatos nos traslada hacia nuestra memoria reciente. Mediante una conversación amena contextualiza y narra la historia del país, principalmente los hechos ocurridos durante la década de los años ochenta.

Salomón paciente y detalladamente explica sobre el Diario Militar y la importancia de continuar empujando los procesos de esclarecimiento y búsqueda de los desaparecidos en Guatemala. Igual que la familia de Amancio, él ha dedicado más de 28 años a la búsqueda de uno de sus hermanos desaparecidos: Félix Estrada Mejía, quientambién aparece en este documento.

Desde que abrió sus puertas, el museo ha recibido muchas visitas de estudiantes de universidades del país, de educación media, también personas de los distintos movimientos sociales, sindicalistas del país como de los Estados Unidos, entre otros.  El libro de visitas está lleno de firmas y recuerdos de personas de Japón, Alemania, Suecia, Bélgica,  México, El Salvador etc…

De otros pueblos apoyaron para que Samuel Villatoro -uno de los hijos de Amancio- llevara fuera del país la experiencia del museo. Así, el caso de su padre y la lucha por la memoria ha podido darse a conocer en República Dominicana, Filipinas, Estados Unidos, México. Nestor -otro de los hijos- ha hecho lo suyo posicionándolo en Holanda, Bélgica, Brasil y muchas partes de los Estados Unidos.

El Museo cuenta con el apoyo de la FAFG para seguir contando con los espacios físicos de la casa y con aportes de amigos, familiares y la solidaridad que llega de otros lugares, peor desde su inicio se enfrentan a la dificultad económica para el funcionamiento. Samuel lo ve como un reto pero no como un obstáculo para continuar con el trabajo.

Lucía Cuevas ha aportado mucho con el documental llamado El Eco del dolor de mucha gente. Lleva con ella la mención del esfuerzo del museo en distintas partes del mundo junto con su documental”.

Este pequeño gran museo abre un camino y una esperanza para otras personas y se suma a los esfuerzos por la memoria y la justicia, en estos días tan convulsos en los que se hace imperativo no olvidar.

Décadas de preguntas sin respuestas

Este museo nace de la necesidad de hablar, de contar, de expresarse que tiene la familia Villatoro: Nestor, Samuel, Norma Carolina, Sergio y María del Rosario Bran. Esta familia, como otras cientos más en Guatemala, ha guardado por décadas silencio, ha esperado en silencio el momento en el que puedan saber qué pasó con sus seres queridos.

Cuando un familiar ha sido desaparecido, el tiempo transcurre lleno de preguntas sin respuestas  ¿Por qué? ¿En dónde están? ¿Quién les hizo esto? ¿Por qué se los llevaron? Vivir la experiencia de desaparición forzada es parte de experimentar el horror de la represión que mantuvo por décadas todo en silencio, ese mismo silencio que buscan imponer sobre el genocidio que niegan, a pesar que ya existe una sentencia histórica.

En la capital, como en otros lugares del país, muchas familias guardaron silencio, la historia no se contó, el miedo ha logrado contener la verdad y la memoria. Poco se ha contado sobre lo ocurrido a cientos de personas sindicalistas, estudiantes, obreras, por mencionar algunos sectores.

“Nos obligaron a ocultarlo, a mantenerlo oculto por muchos años, desde nuestra niñez y adolescencia casi por treinta años. Muchas veces por el temor a tocar un tema que hablarlo en Guatemala era casi sentencia de muerte.”

 “Es cuando aparece mi padre que decidimos romper con ese silencio y comenzamos a hacerlo mucho más público, decidimos dar a conocer su historia y la historia de más de 45 mil desaparecidos y aportar en la lucha de 45 mil familias para que continúen buscando a su ser querido.”

La importancia del museo tiene justo ese valor: mantener viva la memoria. Samuel, Salomón y los demás familiares de desaparecidos retan cada día al olvido. El museo muestra a la sociedad y al mundo la lucha por la memoria, por la justicia y que ojalá ésta alcance a los responsables de la desaparición forzada.

El Diario Militar

El Diario Militar es un documento desclasificado del ejército de Guatemala que apareció en febrero de 1999. Una persona se puso en contacto a Kate Doyle, una analista norteamericana que ha trabajado por años en archivos de seguridad de los EEUU. Durante una visita que realizo a Guatemala, ella recibió un documento de 74 páginas, escrito principalmente a máquina y con algunos apuntes hechos a lapicero, que también contiene las fotografías de algunas de las personas que fueron secuestradas y desaparecidas.

El Diario Militar contiene descrita la desaparición de 183 personas identificadas como miembros de tres de las cuatro organizaciones guerrilleras (Fuerzas Armadas Rebeldes – FAR, Partido Guatemalteco del Trabajo – PGT y Organización del Pueblo en Armas – ORPA)  ocurrida durante el gobierno militar del General Óscar Humberto Mejía Víctores. En la mayoría de los casos en este documento, el ejército describe cómo, cuándo y dónde fueron capturados, y en él aparecen las fichas de seguimiento de cada persona y el uso de códigos como “300” que significa que fueron asesinados extrajudicialmente “… en esencia era un registro militar de los desaparecidos”.[4]

Amancio Samuel Villatoro forma parte de los 183 casos de desaparecidos y desaparecidas entre los años 1983 y 1985 contenidos en el Diario Militar. Aparece en la página 18 del documento con el código Y-55. La Y significa que formaba parte de las FAR y el número de militante detenido de esta organización.

“Mi padre es una evidencia de lo que sucedió, una evidencia física de la responsabilidad del Estado y la confirmación de la participación del ejército y la policía nacional en la desaparición forzada de quienes aparecen en el Diario Militar”.

Las familias de 28  de las 183 personas que aparecen en el “Diario  Militar” demandaron al Estado de Guatemala ante la Corte Interamericana de los Derechos Humanos –CIDH- por ser responsable de desaparición forzada y, por tanto, por la violación de los derechos a la libertad personal, a la integridad personal, a la vida y al reconocimiento de la personalidad jurídica.

Visite el  Museo de los Mártires del Movimiento Sindical, Estudiantil y Popular

Atención: De lunes a viernes de 8 AM a 4:30 PM.

Dirección: 1 calle 1-53 zona 2 Guatemala. Parque “El Sauce”.

 

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[1]León Gieco, canción “La memoria”

[2] Samuel Villatoro. Entrevista sobre su padre Amancio Villatoro. Guatemala año 2013. Los testimonios que siguen son de la misma entrevista.

[3]Cuarenta y dos de los casos restantes fueron puestos en libertad. Uno de ellos Álvaro Sosa quien logró escapar para poder salvar su vida.

[4]Kate Doyle en el Video documental Granito de arena “como atrapar a un dictador” de Pamela Yates marzo 2012.

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Guatemala: La memoria escrita con luz

exposición memoria 1

Una entrevista con Daniel Hernández-Salazar

Por Nelton Rivera -Prensa Comunitaria.

Daniel Hernández Salazar es un fotógrafo artístico y documental como se auto define.[1] Conocía parte de su trabajo especialmente por “Memoria de un ángel” uno de sus creaciones fuertemente vinculadas a la memoria histórica de los pueblos en Guatemala y una fotografía que sigue recorriendo el mundo.

Memoria de un Ángel es la fotografía de Daniel Hernández-Salazar que se imprimió en la porta del Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI) en el Informe Guatemala: Nunca Más publicado en 1998 por la ODHAG.

Recientemente el 30 de enero 2014 durante las actividades de la conmemoración del segundo aniversario del Museo de los Mártires del Movimiento Sindical, coincidimos en lugar y tiempo, tuve la oportunidad de conversar con él luego de la presentación de su muestra fotográfica: “Revelación… El poder de la memoria en el país del olvido.”

Esta exposición fotográfica muestra la realidad que viven familiares de detenidos desaparecidos en Guatemala, especialmente las familias de 138 personas que aparecen en el “Diario Militar”.

Actualmente las familias, organizaciones de familiares de desaparecidos y la Fundación de Antropología Forense de Guatemala FAFG realizan un trabajo extraordinario para identificar y encontrar a cada una de las más de 45 mil personas desaparecidas durante la guerra.

El caso de quienes aparecen dentro del Diario Militar muestra como fueron detenidos y posteriormente desaparecidos por fuerzas de seguridad del Estado durante el régimen oligárquico militar de Oscar Humberto Mejía Victores, por su organización dentro de los movimientos sociales y populares y por militar en las organizaciones guerrilleras en la década de los años 80s.

Daniel Hernández-Salazar aborda desde su perspectiva algunas ideas sobre el papel de la fotografía escribiendo la historia y la memoria con luz, y su técnica como artista recuperando el trabajo de la fotografía en su originalidad previa a la era digital.

Daniel Hernández-Salazar:

“Decidí dedicar mi esfuerzo a la recolección de la memoria histórica a partir de documentos visuales y a la transmisión  de la misma, me he dado cuenta que en Guatemala la negación como mecanismo de protección y defensa pero también como herramienta de dominación y en el extranjero la ignorancia de Guatemala y el holocausto guatemalteco como quiero llamarle.

Uno puede poner su grano de arena, porque si todos hacemos lo mismo talvez no podemos avanzar igual, considero que el trabajo de los artistas no debe de quedarse solamente en donde a veces se queda con el arte como algo decorativo, como un objeto que sirve para decorar, pero no como una disciplina y como una lucha que sirve donde un fotógrafo a través del cual los artista podemos incidir en la sociedad y verlo  como una herramienta y no como un adorno.

El museo del Holocausto y  Derechos Humanos de Bélgica en el 2013 termina todo su recorrido de cinco pisos finaliza con la pieza de los Ángeles que tuve la posibilidad de crear para la portada del REMHI quedando de forma permanente.”[2]

Documentando el proceso de identificación de desaparecidos y desaparecidas del Diario Militar

“La ultima fase del proceso de identificación para mi era muy  importante registrar a las primeras personas que se identificaron por ADN porque obviamente son pruebas irrefutables. Si dicen que los reconocieron por el cincho, por la ropa o por el lugar; siempre habrá alguien que diga que no es cierto, pero si es por ADN hay un 99.9999999995% de posibilidad de que esa persona es la persona, cualquier tribunal del mundo lo va a reconocer, por eso quise registrar eso.

Los familiares de Amancio Villatoro[3] no se si fueron los primeros en identificar a uno de los desaparecidos en el Diario Militar o fueron los primeros en darse a conocer públicamente. En ese momento no les podían devolver los restos legalmente porque la figura del desaparecido era un problema.

Porque un desaparecido aún no ha muerto, porque no pueden reconocer su muerte, no pueden reconocer nada porque legalmente no desapareció, no murió, es todo un proceso complicado.  Por eso ustedes pueden comprender la explicación y la visión, pueden ver un poco la actitud y la reserva de los familiares que están esperando un poco frustrados porque creían que después de esos años ya todo estaba hecho.

Fue un momento muy duro después de 30 años los familiares de Sergio Linares[4] lo vuelven a ver, es el momento de la devolución cuando uno quiere hacer estas imágenes no es por amarillismo si no porque hay que documentarlo.

Algo que me llamo la atención en todas las fotos es que se retrato algo, se retrato lo que no esta, digamos la generación faltante, esta generación del 50 para arriba, luego de 10 años para abajo, luego no está la generación de los 30, y no están porque estamos aquí, y resultó que estaban representados por la ausencia, luego esta la última generación quiénes son los que portan los restos que son la generación que da la memoria.

Escribiendo la historia con luz

A partir del esfuerzo alrededor de recuperar la memoria histórica este trabajo también tiene una reivindicación justo de la memoria en el trabajo fotográfico.  Como el trabajo artesanal del fotógrafo que se ha olvidado un poco, con el advenimiento de las técnicas contemporáneas, que obviamente son buenísimas pero que todo cambio involucra también el cambio de una forma de hacer las cosas.

La palabra fotografía si nos vamos al significado profundo de la palabra, el significado original de la palabra “foto” es luz y “grafía” es escritura, entonces fotografía quiere decir “escribir con luz”, esto en la etapa digital ya no es una cosa tan obvia por que simple y sencillamente la luz se captura en un censor digital, se convierte en datos en ceros y unos, se mete en una computadora y después se dibuja con un tinte.

Digamos que en ello se ha perdido un poco, pero en la época anterior unos 15 o 20 años atrás, en los inicios de la fotografía esto era totalmente distinto. La imagen era registrada en un soporte sensible a la luz, originalmente era  un vidrio, luego esto se mejoro ya en acetato, que tenia una capa que es sensible a la luz, entonces vemos que la imagen se capturaba en este soporte negativo, estaba escrita literalmente o gravada con luz sobre este soporte.

Luego eso se procesaba y nuevamente a través de la luz, con un ampliador se coloca el negativo, se proyecta sobre el papel que nuevamente es sensible a la luz y luego se revela por medios químicos, se lava, se fija y luego es lo que tenesmo acá, finalmente la fotografía.

Quise combinar esos dos momentos históricos en la fotografía en esta exposición, todas estas fotos las hice con una cámara digital, las trabaje en una computadora, para dejarlas calibradas porque estas cámaras las toman en un formato básico que no tienen ningún ajuste, luego las envíe afuera de Guatemala a un laboratorio en EEUU para que las filmaran y grabaran en película como antes.

Las enviaron ya en negativos en formato mediano en 120, las metí en mi laboratorio que todavía tengo, las imprimí otra vez en papel fotográfico y  las revele  químicamente y son las fotografías que ahora ustedes ven.

Es una técnica que espero que no se pierda, porque tiene otra calidad, si ven las fotos, ven el papel, transmiten una textura, transmite la imagen en una forma o en otro estilo.  Aparte de eso esta también la mano del autor que lo esta haciendo, ya no es solamente de apachar un botón, le doy 50 o 500 y todas son iguales.

Esta fotografía si la vuelvo a imprimir  nunca vuelve a ser igual, siempre hay diferencias en el cambio de temperatura del revelado, sí le di un minuto más o un minuto menos y vuelven a salir diferentes, y precisamente estas que pasaron por la computadoras están mucho mas controladas.

Como cuando uno las tomaba en película y luego uno las pasaba por el cuarto oscuro y tenia que hacer todo el proceso. Aparte de eso yo todas las imágenes que hago, no puedo obviamente cubrir todos los eventos que ocurren en Guatemala, ya no estoy trabajando en prensa ahora pero me sigo considerando un periodista.

Lo que hago es siempre registrar imágenes que de la mejor manera no solo registren el momento que ustedes están viendo, pero que además represente proporcionalmente la importancia histórica y emotiva del hecho, eso es lo que realmente busco.

En los Ángeles de la –CEH- por ejemplo, yo trate de utilizar lo mejor que pude de dos cualidades que la fotografía tiene, que no cualquier forma de comunicación o arte tiene. Por un lado su valor metafórico porque allí estoy representando a un ángel, no es un ángel exactamente pero está representando eso, es una metáfora de la historia en Guatemala en la lucha por la divulgación  de lo que sucedió.

Pero al mismo tiempo siempre he buscado que tenga un valor probatorio, ¿Porqué? Porque mucha gente niega lo que paso, no quiere ver lo que paso.

Porque es probatorio el ángel, porque las alas son de hueso (omoplatos), pero no son cualquier hueso, esos huesos son de unan victima de la guerra que fue secuestrado, torturado fue desaparecido, fue borrado, casualmente vienen del Chal Peten, después por investigaciones por la Fundación de Antropología, resulto que el lugar de donde lo sacaron era la antigua base militar del Chal Petén, la historia se repite a lo largo de toda la geografía de Guatemala.

Entonces yo no quise usar cualquier hueso, porque pudo haber si do un hueso de una escuela de anatomía, pudo haber sido un hueso hecho de papel mashe o de plástico, pero no hubiera cumplido con lo que yo quería, que simbólicamente fuera lo que tiene que ser y lo que es, para que no se peda negar.

Recuerdo un articulo que escribió Ricardo Anzueto Vielman de mala recordación, en el que decía que esos muertos que estaban desenterrando que estaban apareciendo que eran mentira que eran de masacres de la guerra, si no que eran del terremoto del 76, se atrevió a decir una mentira de ese tamaño, es decir con cosas así de ridículas yo siempre busco eso que las fotografías no sean solo objetos decorativos o solo un documento si no con vida.”[5]

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[2] Palabras durante acto II aniversario del Museo Mártires del Movimiento Sindical y Popular.

[3] Amancio Villatoro, “Guillermo o René”, fue fundador del sindicato de Chicles Adams. En el momento de la captura coordinaba la Central Nacional de Trabajadores (CNT) y era miembro de las FAR. Según la información del Diario Militar, fue capturado el 30 de enero de 1984 en la zona 1, y el 29 de marzo de 1984 fue “300”. Sergio Linares también aparece “300” el mismo día. Linares, alias Otto, era el encargado de la región central del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT).” elPeriodico Identifican a dos personas consignadas en Diario Militar. 23 de noviembre 2011.

[4] Sergio Saúl Linares Morales “Otto”, “miembro del PGT –CC, encargado del regional central. Miembro del Órgano Seccional Manuel Andrade Roca -OSMAR-. Capturado el 23 de febrero de 1984 en la zona 9 de la ciudad de Guatemala. Asesinado el  29 de marzo del 1984. Diario Militar.

[5] Intervención durante presentación de muestra fotográfica “Revelación… El poder de la memoria en el país del olvido.” 30 de febrero 2014.