Archivos Mensuales: junio 2016

Tu muerte, tan violenta y tan triste, una derrota. La justicia, una estrella inalcanzable

marco

Por: Lucrecia Molina Theissen

En los primeros meses de 1984, los últimos que viví en mi país, se repitió para nosotros la pesadilla del ochenta, cuando se sucedían los asesinatos con un ritmo perverso; una, dos, tres personas eran muertas a balazos en las calles capitalinas con un día de por medio. En el 84, ese otro año maldito, fueron las desapariciones forzadas el método al que recurrieron para exterminar a la mayoría de las víctimas. El Diario Militar – un documento que recopila las fichas de 183 hombres y mujeres detenidos ilegalmente y desaparecidos en su mayoría, algunas personas fueron liberadas- da cuenta del frenesí con el que acabaron con decenas de personas. La fecha de la detención, los supuestos pseudónimos con los que eran conocidos en la clandestinidad y los códigos que indicaban cuál había sido su destino, de los que 300 era el indicativo de la muerte, acompañaban la fotografía tamaño cédula de la víctima. En esas circunstancias, junto con mi familia, buscábamos a mi hermano Marco Antonio; habíamos resistido todo lo imaginable a partir del 6 de octubre de 1981, el día que fue detenido ilegalmente y desaparecido hasta el día de hoy por la G2 del ejército, la inteligencia militar.

A esa búsqueda y a esa resistencia se unió Héctor. Dueño de una voz ronca y una carcajada contagiosa, flaco, menudo, de pelo ondulado y ojos oscuros, pequeños y chispeantes, mi cuñado amaba a su familia, a su esposa y a sus niñas por encima de todo. Como todos los padres y madres del mundo, quería verlas crecer, que se educaran, se desarrollaran integralmente y que fueran felices. Por eso, se aferró más a su anhelo de contribuir a la construcción de un país diferente, capaz de brindarles eso no solamente a ellas.

Hombre de ideales, revolucionario, solidario, amable, servicial, comprometido, puso toda su inteligencia, energía y capacidades en la creación de ese hipotético mundo, que aún les debemos, en un esfuerzo que él llevó hasta sus últimas consecuencias. Ya es historia la forma en la que fue destruida la alternativa revolucionaria, no en un juego político en el que la población pudiera decidir libremente sus opciones, sino con la aplicación de una política de exterminio de los hombres y mujeres que la encarnaron en una aplicación extrema de la voluntad de una oligarquía empeñada en mantener a cualquier costo su predominio destructivo y retrógrado. El costo fueron vidas humanas, la suya fue una de ellas.

Inexplicablemente, Héctor –que fue 300- no aparece en el Diario Militar aunque fuera uno más de la cosecha mortal. Fue una noticia de prensa la que nos puso sobre aviso. El reportero captó la imagen de alguien que ya no era él. Despojado de la vida brutalmente, cortado de cuajo su espíritu, apartado prematuramente de su familia, de sus hijas, en blanco y negro, con un pie de foto que no decía nada sobre sus ganas de seguir siendo y estando en este mundo, de vivir para sus niñas, su esposa, sus padres, hermanos y hermana, para su país, ese ya no era él, era su cuerpo solamente. Fue visto con vida por última vez en el agrupamiento táctico de la fuerza aérea por una de las escasísimas personas que salieron del infierno. Meses después, el reaparecido contó cómo lo habían detenido, dónde y a qué hora.

Al comprobar que su aliento de hombre bueno -porque él era un buen padre, un buen esposo, un buen hijo, un buen hermano, mi hermano de la vida- había sido cortado por las hordas asesinas que se abatieron sobre quienes nos empeñábamos en mantener en alto las banderas, pese a la sangre derramada, pese al terror, pese al aislamiento en el que estábamos, saltaron las alarmas. ¿Qué pasó con las niñas y su madre?

Es inevitable sentir el malestar de ese primer momento, cuando aún no sabía de las consecuencias devastadoras que este hecho tendría en las vidas de sus pequeñas y de su esposa. Ese día, ojalá irrepetible para nosotros y para cualquiera, una vez recibido el golpe no había margen para pensar mucho ni para sentir miedo. Había que hacer a un lado cualquier cosa que nos detuviera o que tan solo nos hiciera titubear un segundo. Si algo iban a hacer con ellas, no pudieron porque, sin pensar en nada, nos lanzamos a buscarlas, las sacamos de su casa y las llevamos a un lugar que creímos seguro. Pero en esa telaraña en la que se había convertido nuestro entorno, donde nos acechaban toda clase de peligros, esa certeza duró poco. Pero esta, es otra historia.

Ese día de febrero del 84, un 27, sus padres, que ya habían perdido a otro de sus hijos asesinado por la policía cuando tenía 17 años, sus hermanos y hermana y su esposa -mi hermana- tuvieron el valor de ponerle nombre a su cuerpo sin vida, el que recogieron, velaron y sepultaron como corresponde. Un acto osado en un contexto de feroz y despiadada persecución que no nos daba tregua y en el que muchas familias optaron por no hacerlo con sus asesinados.

“Salimos adelante”, vaga expresión que me sirve para proclamar que pese al dolor y la destrucción de nuestras vidas, sin mirar para atrás, sin recordarlo pero recordándolo, llevándolo oculto en la mirada triste, recogimos nuestros pedazos, sobrevivimos y, de algún modo, heridos, mutilados, sin embargo vivimos y a nuestro modo hemos aprendido a extraer las gotas de felicidad que nos trae cada día. Sin embargo, no cabe duda de cuán distinta hubiera sido nuestra existencia si él no hubiera sido asesinado. Su muerte, un duro, injusto y desmedido castigo por querer un país distinto, no solo se llevó a Héctor. Se llevó el amor y la estabilidad de su familia. Se llevó nuestras fuerzas y determinación para seguir en Guatemala buscando a Marco Antonio, resistiendo. Se llevó nuestra esperanza de sobrevivir a esa avalancha despiadada homologable a un terremoto, a un huracán, a una fuerza de la naturaleza, incontrolable. Era la muerte desatada en las manos de ellos, de los depredadores. Una panel blanca estacionada en la esquina de la casa refugio, por fin nos hizo entender que podrían matarnos, que querían matarnos, y dispusimos ponernos a salvo cruzando las fronteras. Pero salimos incompletos, dejamos una parte del alma en esa latitud de azules y de verdes, dejamos atrás a Héctor, Marco Antonio y a todos nuestros muertos.

¡Qué poco se puede decir de alguien que muere tan joven, como Héctor! No se habla de él, sino del vacío que nos dejó su ausencia; no se recuerdan sus grandes cualidades, sino el dolor que sentimos; no podría describir la relación hermosa y tristemente breve que tuvo con sus hijas, sino su orfandad y las carencias que les dejó su muerte; no puedo contarles de la historia de amor que vivió con  esposa, sino de una viudez dura y amarga que se inició cuando ella no había cumplido aún 26 años. Tampoco será posible decir que se llevó bien con sus hermanos y hermana en sus vidas adultas, que fue un buen tío o que cuidó a sus padres ancianos, solo se podrá hablar de una familia mutilada, que fue expulsada de su tierra y dispersada en varios países por la violencia desatada por la horda de criminales que gobernaban Guatemala.

(Héctor, queridísimo Héctor. Durante 28 años he guardado el llanto que le debo a tu ausencia y me callé tu nombre; mi conciencia se negó a recordarte queriendo evitar un dolor muy profundo, que se juntó con todos los dolores y buscaron salir por otros medios, insomnios interminables, los típicos bajones, el desgano, el sinsentido. Ya no tenía lágrimas, tampoco corazón ni sensibilidad, ni emociones, solo náusea, dolores de cabeza y miedo. Sin lograrlo, quise resignarme a tu muerte como un hecho lejano que le habría ocurrido a un desconocido, quise apartar de mí los sentimientos, pero estos me royeron el alma. Sin pensar más en ella, fingí que la olvidaba. Y hoy descubro que me sigue doliendo intensamente y que te debo estas lágrimas que me queman los ojos.

Tu muerte, tan violenta y tan triste, una derrota. La justicia, una estrella inalcanzable. Huérfanas de tu risa y tu alegría se quedaron tus niñas, con hambre de la ternura de su padre. Ya se hicieron mujeres y en su sangre algo de lo que late es tu ausencia. Tu presencia amorosa y cálida en nuestras vidas fue cambiada por el vacío que anegó la amargura y el reclamo furioso que acompañó tu nombre. Toda tu vida –breves 28 años- fue trocada por un solo día, un único y maldito día, el de tu asesinato impune.

El dolor, la rabia, la impotencia y el miedo ganaron la partida. Y la culpa, que sutil se desliza en aquello que solía pensarse (“¿por qué no te cuidaste?”) ante un cadáver sin respuestas. Ahora que sé muchas cosas que no sabía entonces, sé que los amos de la vida y la muerte estaban a la par nuestra sorbiéndonos la sangre, arrebatándonos el aire, siniestra compañía, sombra de cada día, decidiendo el momento en que debían destruirnos. Tenías que haber tenido un dios muy grande para escapar con vida del dictado implacable de esos seres oscuros, despiadados, que buscan seguir alzándose más allá del bien y el mal prolongando el terror en nuestros cuerpos.

Fue tu muerte la que se quedó con nosotros, no tu vida. Y te pido perdón por no haberlo podido sentir de otra manera. Mi alma estaba exhausta. Mis labios no te nombraron más, mis ojos se cerraron para ya no ver nunca imágenes felices de tu paso fugaz por mi existencia.

¡Qué injusto! Y sin embargo, hasta hoy ha llegado tu paso. Aquí has estado siempre. Hoy quiero recuperar tu humanidad, esa que te arrebataron cuando te detuvieron como si fueras cualquier cosa, sin derecho a ser libre y a pensar diferente, a inventar mundos justos y hermosos con tus sueños, a ser un hombre con derecho a vivir, a hacerse viejo, a ver a sus hijas convertirse en mujeres, a morir en su cama después de haber vivido suficiente. Hoy quiero recordarte vivo y sonriente, con tu familia. Quiero escuchar tu voz ronca hablando con orgullo de “sus mujeres” o contándome el chiste del lagarto en el concurso de las bocas más chicas. Quiero verte de nuevo sentado a la mesa, comiendo despacio, levantándote a preparar una ensalada de apio con tomate porque se te antojó y reírnos contentos –vos golpeando la mesa con la mano abierta- porque has tardado tanto que ya no tenés hambre. Quiero sentir tu abrazo solidario y revertir el tiempo hasta tu último segundo para atajar la muerte y traerte de nuevo con nosotros. Vano e irrealizable anhelo.)

En el nombre de Héctor, Marco Antonio, Julio, y en el de todas las víctimas del terrorismo de Estado, seguiré escribiendo las ocho letras de la palabra justicia y reclamando que se conozca y se reconozca plenamente la verdad histórica de hechos deleznables. La verdad y la justicia nombrarán y castigarán –ojalá- a los culpables de la destrucción de la vida y los sueños de una generación que ejerció su derecho a adoptar un pensamiento, una ideología y un proyecto político distintos, que se atrevió a desafiar al poder omnímodo y omnipotente que continúa asfixiando los esfuerzos por la construcción de un país para todxs.

Fuente de archivo: blog Cartas a Marco Antonio

Venecia: historia de despojos en el valle del Polochic

Por: caserío Venecia / Rony Morales

Comunidad Venecia, a los pobladores, comunitarios, compañeros y compañeras de lucha del municipio de Panzós, Alta Verapaz y de otras regiones del país, les saludamos cordialmente de parte del caserío Venecia, territorio q´eqchi´ en el valle del Polochic, deseándoles un buen vivir y al mismo tiempo aprovechamos para compartir esta nota que contiene parte de la historia de la Comunidad ubicada en la región III del municipio.

Esta historia comienza en 1964, cuando el señor Pedro Saúl Sub se trasladó de Telemán a estos terrenos baldíos y luego fueron llegando otras familias y se conformó lo que le llamaron comunidad San Antonio.

Conforme fueron llegando las familias, se fueron ubicando, organizándose para cortar de parte del bosque y así cultivar sus alimentos. Cuando San Antonio estuvo conformado por varias manzanas llegó a los terrenos el Señor Sebastián Marcutz, quien decía ser el dueño de la finca Panacté, y comenzó a molestar a las familias de la comunidad con amenazas e intimidaciones, en varias ocasiones este señor finquero llamó al señor Pedro Sub, quien era dirigente de la comunidad, hasta que un día don Pedro accedió y fue a la reunión convocada para pedirle que desocupara el terreno y trasladaran la comunidad a un lugar en la planicie del Valle Polochic.

La idea fue presentada a los miembros de la comunidad, quienes analizaron detenidamente el problema pero decidieron seguir viviendo en el lugar. Finalmente solamente el señor Pedro Sub con su familia se trasladaron a un lugar al que después le pusieron por nombre Venecia. Al Señor Pedro Sub se le unieron los señores Alberto Pop, Sebastián Caal, Alberto Sub Col y sus familias. Algo que se destaca en este caso es que el motivo principal del traslado de las familias a este lugar fue porque era un terreno baldío y muy fértil para el cultivo de alimentos.

Muy pronto a este lugar fueron llegando familias de diferentes municipios del departamento de Alta Verapaz, quienes conformaron la Comunidad Venecia hasta contabilizar un número de 60 familias. Es importante mencionar que las 4 familias que fundaron la comunidad profesaban al fe católica y continuaron sus actividades religiosas en el lugar, logrando que todas las familias de la misma se unieran y en 1976, con el apoyo de los habitantes, se construyó la Ermita del lugar y se hicieron las gestiones para que el párroco de la iglesia de Panzós fuera el encargado de atender las actividades religiosas de mayor relevancia. Debido a la falta de carreteras y transporte, el padre llamado José solo viajaba en cayuco una vez al año para atender las necesidades espirituales de las familias, logrando también nombrar y organizar a los catequistas como autoridades de la iglesia local.

A estas alturas la comunidad ya estaba debidamente organizada y se oficializa la comunidad con el nombre de Caserío Venecia. Según los ancianos que aún viven, el nombre de esta comunidad está inscrito en el registro municipal y la gobernación departamental.

A partir de 1976 también se iniciaron las gestiones en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) para la adjudicación de la tierra en nombre de la comunidad. La veracidad del proceso de la gestión consta en documentos y un carnet extendido de parte del INTA al presidente de la comunidad, Pedro Sub. Hasta aquí es importante aclarar que el área de terreno en gestión es de 10 caballerías.

En 1977,cuatro familias de la comunidad recibieron capacitación sobre derechos humanos de parte de varias personas que visitaba las comunidades de la región. En este caso todos los integrantes de la familia de Manuel Tiul Chub y sus cinco hijos y dos hijas; Genaro Cac Cuz y un hijo; Ricardo Tiul y sus 4 hijos y Manuel Cac Cuz de 15 años se prepararon para apoyar a la comunidad y defender sus derechos ante la amenaza de algunos finqueros que estaban apropiándose de las tierras del lugar.

En 1978 falleció el señor Sebastián Marcutz, quien se había apropiado del terreno en donde habían vivido las familias. Con su muerte se inició otra etapa de conflicto para la comunidad. Hombres armados comenzaron a intimidar y amenazar a sus moradores. Ante estas amenazas, jóvenes posiblemente universitarios llegaron a la comunidad para organizar y capacitar a toda la comunidad para defenderse de las amenazas.

Después de la muerte del señor Sebastián Marcutz, aparecieron dos nuevos finqueros: Isaac Longo Pérez y Gilberto Puertas, de origen español, quienes solicitaron a la comunidad que desocupara el terreno porque supuestamente era una finca de su propiedad.

En todo caso prometieron venderles una pequeña extensión de la tierra solo para las viviendas para lo cual también les ofrecieron apoyar con algunos proyectos como el agua potable y la construcción de una carretera hacia la comunidad. También advirtieron a la comunidad que necesitaban la tierra para la crianza y engorde de ganado, por lo que ya no podían seguir cultivando en los terrenos.

La visita de estos señores significó un duro golpe a la tranquilidad de la comunidad, pues hasta entonces ya habían avanzado en su proceso de desarrollo pero se presentaba entonces una sombra y aún no se sabe lo que va a suceder, ya que consideraron que los ofrecimientos no se iban a cumplir y ni eran legales.

La respuesta de la comunidad fue no acceder a la petición de los señores Longo Pérez y Puerta, por lo que ellos pidieron el apoyo del Ejército,que comenzó a amenazar a la comunidad con el agregado de que la acusación no era por la tierra sino por no pertenecer al grupo revolucionario de la región.

La ola de violencia se inició en 1982, con la desaparición del compañero Alberto Pop Ché, quien fue capturado en la finca Tinajas y posteriormente trasladado a la finca Paraná donde desapareció y nunca más se supo de él. Luego un año más tarde también desapareció el compañero Alejandro Caal. Ya que él fue catequista de la comunidad y miembro dela autodefensa civil. Fue llamando por el Ejército a una reunión en la casa patronal de la finca Paraná, en donde desapareció y ya no se supo más de él.

En 1991 también fueron asesinados los compañeros Manuel Chub Tiul, Ricardo Tiul, Manuel Cac Cuz, Genaro Cac Cuz. El hecho sucedió un día miércoles, a eso de las 15:00 horas, ellos regresaban de sus labores agrícolas y pasaban frente la casa patronal de la finca Paraná y desde ahí fueron atacados a balazos por hombres armados que se encontraban en su interior. La apariencia de los atacantes correspondía a la de miembros de la Policía Judicial y militares que actuaron por orden de los finqueros.

Estos hechos vinieron a causar una gran conmoción e inseguridad en la comunidad. Por lo tanto, para poder defender la vida, decidieron abandonar el lugar. La comunidad se dividió en dos grupos: 30 familias decidieron aceptar la oferta de los finqueros sobre la venta de una franja de la finca Panacté y se trasladaron en 1991. Otras 30 familias se dispersaron a otras comunidades de Panzós, e incluso algunas se fueron a vivir a Playa Grande, Peten y Fray Bartolomé de las Casas. Cabe destacar que las familias que huyeron a las Sierra de las Minas fueron los huérfanos que tuvieron dificultades para movilizarse a lugares lejanos.

Hay que recordar que durante 16 años, la comunidad a través de sus dirigentes y autoridades locales continuó la gestión ante el INTA, pero la persecución y asesinato de sus dirigentes los obligó a abandonar el proceso y finalmente el terreno.

Sobre esta corta pero importante historia se reconoce y se valora el papel de lucha de los destacados líderes, quienes aún viven y que voz reluciente nos han contado los testimonios de lo ocurrido a quienes también agradecemos la valentía y la sabiduría con que dirigieron a las familias hasta el día de hoy. Y con honor y respeto mencionamos sus nombres:los señores Alberto, Sebastián y Pedro. Lamentamos el reciente fallecimiento del compañero Pedro Sub.

 Palma aceitera y despojo de tierras ancestrales

La rápida expansión de las plantaciones de palma ha implicado para las comunidades q´eqchi´ es transformaciones profundas en la realidad socio económica, demográfica, política y cultural. El caserío Venecia no es la excepción. Desde los años setenta, varias familias han establecido en esta parte de Panzós, y el INTA ayuda a esta población exigiendo ese espacio como el derecho histórico de estas comunidades q´eqchí´s.

La problemática de las plantaciones palmeras–en este caso NaturAceites– ha venido a causar otra historia de despojo en el caserío Venecia. Esta historia no es nueva, sino de hace varios años, pues por sus condiciones geográficas y climáticas “casi todo el territorio del norte de Guatemala es apto para el cultivo de palma africana”

Estas condiciones, aunadas a una situación comercial favorable a nivel internacional y la presencia de actores económicos nacionales con interés en estas plantaciones, han hecho que empresas palmeras se ubiquen en Río Dulce, El Estor y el Valle del Polochic, y son el centro de atención desde hace varios años. Mientras tanto, el impacto causado por las malas prácticas de tenencia y el uso de la tierra son visibles, las proyecciones expansivas de las empresas palmeras parecen no llegar a su fin.

Nuestros abuelos y abuelas fueron primero poseedores de su tierra y después mozos colonos de la finca.El sistema económico dio un cambio a nuestras vidas en el Valle del Polochic, pues se fue imponiendo la producción de monocultivos, que avanzo rápidamente dejándonos apenas en posesión de poca tierra. Nuestra comunidad, haciendo uso de la poca y casi nula institucionalidad, hemos acudido indistintamente a muchas vías, administrativas y laborales para defendernos, ya que se ha promovido en varias ocasiones el desalojo.Hemos sido una comunidad que ha resistido y al día de hoy, a pesar de vivir en una zozobra por el acoso en el área por parte de empresarios y su seguridad privada.

La preocupación de la población q´eqchi´ es que muchos de los niños sufren de desnutrición crónica, no cuentan con ningún servicio (agua, escuela, centro de salud). Las señoras y niños tienen granos por el cuerpo y siempre están con el temor de ser desalojados ya que los empresarios se encuentran sembrando palma en sus tierras.

Ellos comentan que el problema es la falta de un título de tierra que los avale como dueños aunque hayan estado ahí desde 1976. Esto ha motivado que la empresa aceitera no los deje vivir en su tierra,y ya varios despojos han sufrido.

Postura de organizaciones sociales

Las organizaciones sociales que se encuentran en el área comentan que para este mes existen amenazas de desalojo en esta comunidad y otras más. También comentaron el descontento que les provocó la muestra desproporcional de fuerza y de recursos del Estado desalojar.Es completamente contradictorio y desigual al interés actual por garantizar la seguridad y el bienestar de las familias desalojadas, en especial la garantía al derecho de la salud, alimentación, acceso a la tierra y medios de producción. Detener el desalojo anunciado es necesario ya que la población q´eqchi´ vive con mucho temor pues recuerdan que en el 2011, durante el gobierno de Álvaro Colom, se realizó una serie de desalojos violentos de comunidades q´eqchi´ es en el Valle del Polochic. El saldo fue de cientos de familias despojadas de su tierra, asesinato de líderes campesinos e indígenas, la pérdida de grandes extensiones de tierra cultivada y finalmente la pérdida de sus hogares.

Exigimos al Estado de Guatemala que garantice el cumplimiento de las medidas cautelares de las 14 comunidades y el respeto a los derechos de las familias que se encuentran en el territorio en cuestión y que cumpla el convenio 169 de la OIT, relacionado con la validez de las consultas populares comunitarias que se han realizado alrededor de la llegada de megaproyectos que violentan los derechos humanos de los pueblos indígenas y campesinos.

 

 

San Juan se viste de gala

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Por: Pascual Raymundo

Este 24 de junio, la aldea Río San Juan se vistió de colorido con su hermoso paisaje, su gente y sus tradiciones, ya que este es el mero día de San Juan, una de las 87 comunidades del municipio de Aguacatán, departamento de Huehuetenango

La feria patronal inició el 19 de junio con veladas cómicas, el 21 un hermoso desfile fue realizado por la Escuela Oficial Rural Mixta en sus dos jornadas matutina y vespertina, también participó el Instituto Básico por Cooperativa de Enseñanza Intercultural Chalchiteco. En los días siguientes hubo un baile del disfraz infantil, baile del disfraz Convite nueva Generación donde participaron jóvenes y señoritas.

La feria patronal se cerró con broche de oro, el CONVITE 96 un grupo con gran trayectoria fundado por agricultores de la comunidad en el año 1,988 como Convite Xolchum, según indicó don Fernando Ortiz, este grupo nació con el fin de darle más realce a la fiesta. Posteriormente el grupo desaparece un par de años, reaparece en el año 1,990. Participan entre 36 y 50 integrantes, hombres, mujeres y niños, todos ellos voluntarios, cada uno paga el alquiler de su traje que actualmente oscila de 500 a 2,000 quetzales, dependiendo de la calidad.

A los bailarines les lleva entre 3 y 4 meses de ensayo la preparación para el día de su presentación, que se realiza en las principales calles de los cuatro sectores de la comunidad del Río San Juan.

Así acostumbra la gente agradecer por el nacimiento de agua en el centro de la comunidad. En estos días se recibe la visita de gente de diversos lugares, apreciando los diferentes trajes típicos. Por el lado religioso se realiza ceremonias mayas, misas y cultos con el mismo fin de agradecer por el agua que abastece a diversas comunidades, permitiendo estar con vida.

Guatemala: ¿Por qué creer en la “verdad” de un reo confeso?

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Por: Ollantay Itzamná

Quienes vengan después de nosotros se asombrarán de cómo en pleno siglo XXI la creencia nos embarga más que la razón. Al igual de cómo muchos de nosotros/as hacemos mofa de las generalizadas supersticiones religiosas que paralizaron las historias de los pueblos en pasadas generaciones.

Quienes nos resistimos a engrosar las estadísticas de la “ciudadanía teledirigida”, observamos estupefactos  cómo la coyuntura nacional de “la lucha contra la corrupción” que endilga a propios y extraños, es definida y dinamizada nada más y nada menos que por los testimonios judiciales de Juan Carlos Monzón, ex secretario privado de la ex vicepresidenta de la República, Roxana Baldetti (también  reo encarcelada), ahora “colaborador eficaz” del Ministerio Público. Reo

Aunque usted no lo crea, las declaraciones de este reo confeso son asumidas (creídas) y reproducidas por los medios de información como “evidencias” para definir quién es y quién no es corrupto en Guatemala.

Resulta que en días pasados, por “descuido” de los operadores de justicia, se filtró in extenso las declaraciones testimoniales de Juan Carlos Monzón ante la Fiscalía Especial Contra la Impunidad sobre el caso de la “Cooptación del Estado” que involucra al partido político Patriota que gobernó al país en pasada gestión.

En dicha narrativa fluida de cerca de 180 páginas, el reo confeso, que ahora es legitimado como “testigo protegido” por los agentes principales de la lucha contra la corrupción en Guatemala, deja fluir toda su imaginación y su estrategia discursiva para convencer a la audiencia que lo que dice es “la verdad, y sólo la verdad”. Y el problema no es tanto la capacidad narrativa (bien ensayada en la prisión) del reo, sino que la audiencia nacional le crea.

En dicho testimonio desfilan nombres de funcionarios públicos, empresarios privados, bancos, Embajada norteamericana, hasta de dirigentes indígenas campesinas aportando o desviando millones de quetzales en la industria de la corrupción. Casi siempre oleadas de muletillas sacramentales como “gracias a Dios”, “yo comuniqué”,  “yo obedecía órdenes”.

Sería de ingenuos creer que dicho testimonio no obedece a la promesa de otros millones de quetzales por recibir, protegiendo a unos delincuentes y hundiendo a la competencia en la industria de la corrupción.

Sin embargo, los medios de información masiva, en especial cuyos dueños o cofinancistas salieron mencionados en dicha declaración, utilizaron y utilizan dicha fuente declarativa para auto encubrirse atacando a sus adversarios, o endilgando a su audiencia teledirigida haciendo cápsulas informativas mal intencionadas y descontextualizadas.

Los sectores empresariales que monopolizan el discurso en el país no sólo generan el teatro mediático de la lucha contra la corrupción, utilizando a sus peones como “chivos expiatorios”, y convirtiendo en héroes legendarios en vida a sus aliados externos, sino también, con su maquinaria mediática, tienen la capacidad de hipnotizar casi al país entero, e intentar limpiar en el imaginario colectivo, el rostro criminal de sus delincuentes y convertir en delincuentes a los y las defensoras de derechos.

Este discurso prefabricado en la prisión y muy bien financiada por la delincuencia empresarial, en el contexto racista, clasista y machista del país se convierte en un súper combustible para exacerbar estas taras coloniales presentes que configuran las estructuras psicológicas y sociales de la guatemalticidad, y así mantener al país en el embrollo instalado. Mientras, el saqueo, el despojo y la destrucción de las tramas de vida se sedimenta en Guatemala como la única opción terrenal.

Privatización de conocimiento y recursos genéticos amenazan a los pueblos

Por: Rony Morales

Fue el jueves 4 de septiembre de 2015 que el Congreso de la República de Guatemala,  mediante el decreto 21-2014 y en urgencia nacional, se derogó  el decreto 19-2014, referido a la Ley para la Protección de obtenciones vegetales (ley Monsanto).

Pero aquí no terminó esta amenaza, la ratificación del convenio  sobre  diversidad biológica, a través del  decreto número 5-95 del  Congreso de la  República, propició la  adopción de  protocolos que no son más que la  legalización de un sistema de saqueo, que   formaliza  las  condiciones  de orden  administrativo por medio de instituciones gubernamentales que actualmente están promoviendo políticas públicas respecto a la regulación de los compromisos derivados del Protocolo de Nagoya. Estos protocolos únicamente generan condiciones para que las empresas nacionales y transnacionales fortalezcan las estrategias para ampliar el control sobre la mercantilización de la biodiversidad, recursos genéticos y conocimientos tradicionales.

En el caso de Guatemala, se ha otorgado al Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap) la discrecionalidad para el otorgamiento de contratos que faciliten la ruta de otorgamiento de concesiones, patentes, registros, cambios de regalías,  tasas de acceso y licencias de comercialización, entre algunas de las condiciones preferenciales acordadas entre el Conap y las empresas, que no representan beneficios para las comunidades indígenas.

En varias reuniones y asambleas, autoridades indígenas de la zona norte, oriente y occidente del país,no están de acuerdo con los Organismos Vivos Modificados (OVM). El reglamento y convenios internacionales que buscan patentar las semillas criollas son promovidos por el Conap. Varias autoridades indígenas muestran su preocupación debido a que estas semillas se privaticen.

Las comunidades y autoridades ancestrales presentaron una anticonstitucionalidad ya que la privatización de las semillas atenta contra el conocimiento ancestral de los pueblos ligado a la agricultura y la alimentación, incrementado la conflictividad social en los pueblos con mayor índice de pobreza, despojo, acaparamiento de tierra, agua y pérdida de la biodiversidad.

La Corte de Constitucionalidad suspendió provisionalmente el decreto 6-2014, que desarrolla estrategias de despojo, saqueo y privatización de la biodiversidad, recursos genéticos y conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas de Guatemala.

Para las autoridades ancestrales del pueblo maya q’eqchi´, miembros de  Red Nacional por la Defensa de la Soberanía Alimentaria en Guatemala (Redsag) y la Alianza Nacional por la Protección de la Biodiversidad (Anaprob),al no respetarse las formas de organización comunitaria, los derechos colectivos y las autoridades ancestrales de los pueblos indígenas de Guatemala, este proceso hace ilegítima cualquier negociación que involucre la privatización de la madre tierra, la biodiversidad, recursos genéticos y conocimientos tradicionales. Por lo tanto el protocolo de Nagoya “es una inconstitucionalidad para la vida”.

Reiteraron  la expulsión en el ordenamiento jurídico de Guatemala del decreto 6-2014 que le dio vigencia al protocolo de Nagoya, de forma definitiva e inmediata, y exigieron  que se deduzcan responsabilidades penales para quienes cometieron la ilegalidad de su aprobación sin la mayoría calificada en el Congreso de la República.

Asimismo exigen respetar las formas de organización indígena y a sus autoridades ancestrales para la defensa de la biodiversidad, recursos genéticos (semillas nativas) y los conocimientos ancestrales que deriven de su utilización.

 A la Corte de Constitucionalidad, quieren expresarle claramente que no es una revisión por malos mecanismos de aprobación, sino una expulsión de manera definitiva del orden jurídico al decreto en referencia y por ende el protocolo como tal.