Archivos diarios: 28 junio, 2016

Pojom, la historia de una agresión: la llegada de la empresa, engañando y falseando

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Por Francisco Simón

En la aldea de Pojom en San Mateo Ixtatán están ocurriendo muchas hechos violentos desde que la empresa Proyectos de Desarrollo Hídricos S.A. (PDHSA) inició sus actividades. Como en otros lugares del norte de Huehuetenango, los medios corporativos representan a pueblos completos y sus problemáticas y demandas de una manera tergiversada.

Para comprender mejor lo que ha ocurrido en los últimos años en esta comunidad, Francisco Simón Francisco ha entrevistado a autoridades y a vecinos, ha consultado documentos y ha reconstruido el proceso para quienes leen Prensa Comunitaria y les interesa comprender la compleja realidad que vive el país.

En el primero de los cuatro reportajes sobre la realidad que se vive en comunidad de Pojom, desde sus protagonistas, vimos cómo fue la consulta comunitaria. En este segundo, vamos a ver cómo fue la llegda de la empresa PDHSA a la comunidad caso que presenta a la aldea Pojom y muestra cómo se realizó la Consulta Comunitaria y como todo el mundo actuaba de forma conjunta.

 

2. La empresa PDHSA llega a Pojom engañando y  falseando

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Después de que en San Mateo Ixtatán se realizara la Consulta Comunitaria[1], la empresa Promoción de Desarrollo Hídrico S.A (PDHSA) inscribió licencias para dos plantas hidroeléctricas en este territorio: una denominada “Yalwitz” a cargo de la generadora San Andrés Sociedad Anónima y la otra denominada “Pojom II” a cargo de la generadora San Mateo Sociedad Anónima”.

La primera falacia de la Empresa en Pojom

La primera aldea a la que llegaron representantes de PDHSA fue a Pojom,  encabezados por el ingeniero Otto Manfredo Armas Oliveros, en 2009, pocos meses después de la Consulta Comunitaria. Pero nunca se identificaron como parte de esa empresa, sino que se  hicieron pasar como delegados de la Electrificación Nacional. No dijeron absolutamente nada de que era una hidroeléctrica lo que se iba a construir en la región

Estos representantes llegaron directamente con don Nicolás Francisco Tomas Gaspar, antiguo comisionado militar que había organizado la Consulta Comunitaria, quizá porque ya tenían contacto con él. En ese tiempo don Nicolás era presidente Regional de Ixquisis y representante regional ante el COMUDE, aunque la gente de las comunidades de la región no lo reconocían, pues consideraban que era autonombrado en el cargo, donde compartía intereses políticos y económicos con el alcalde municipal Andrés Alonzo.

Los representantes de la empresa dijeron que tenían varios proyectos en sus manos, y ofrecieron a las comunidades proyectos que traerían muchos beneficios y desarrollo para la aldea:

“Todas estas aldeas atrasadas, se han atrasados porque no tienen luz ¿acaso no quieren la luz? ¿Será que todo el tiempo van a estar así?, ¿quieren o no quieren el proyecto?”

Decenas de personas se confundieron y se cuestionaron entre sí: “¿Será que éste es el proyecto que nuestros comités de energía habían solicitado o es otro proyecto?” dijeron las personas al escuchar las palabras del personal de la empresa. Pero en realidad no era la energía eléctrica que había solicitado la comunidad, sino que era el proyecto de las empresas transnacionales que estaba ofreciendo don Nicolás en ese tiempo.

Don Nicolás, junto con el personal de la empresa, dijo ante los cientos de personas que fueron convocadas en ese día.

“Esa solicitud de energía eléctrica que se había hecho ya no se le dará el seguimiento, porque los encargados de la distribución de energía en Guatemala dijeron que ya no son capaces de distribuir porque la energía ya no cuenta con la capacidad para otras comunidades. Ahora lo que van hacer es la construcción de una hidroeléctrica en nuestra región para que así las comunidades tengan su propia energía. Se va a construir porque ya está autorizada”

Y el representante de la empresa, insistió:

“Hay como 29 aldeas retiradas y abandonadas en esta zona norte de San Mateo Ixtatán y a esas aldeas queremos llevar su energía con la hidroeléctrica, motivo por el cual les insisto que nos apoyen, porque si se unen y llegan a un acuerdo este proyecto será un desarrollo total de ustedes”[2]

La comunidad de Pojom y otras comunidades querían energía eléctrica, razones por las cuales se presentó solicitud ante el INDE en la ciudad capital, el Señor Nicolás, dijo que esa solicitud ya se había autorizado, pero la entidad encargada de distribuir energía eléctrica a nivel nacional no tenía la capacidad de extender mas cobertura, por eso que se iban a construir hidroeléctricas en la región para llevarles energía a todas las comunidades.  Lo que se dijo, fue que ese proyecto hidroeléctrico iba a ser donado por la Unión Europea, y no se dijo de que era empresa privada la encargada de construir, se mencionó que iba a ser donada totalmente para las comunidades en beneficio de todos y que era el momento para el aprovechamiento de los recursos hídricos, ya después las comunidades se dieron cuenta que era mentira y engaño, básicamente una estrategia para sacar firmas en beneficio de la empresa.

Si se hubiera dicho la verdad, quizá las comunidades se detuvieron a la hora de tomar decisiones, pero lamentablemente nunca se explicó a la región sobre los planes de la empresa.

La ilusión de todos fue por el término “Luz”, pero nunca se aclaró o se dijo, quienes querían que se instalara hidroeléctricas en la región, si hubiera sido así las comunidades se hubieran cuestionado primero antes de aceptar, no se habló, no se dialogó y no se negoció con las comunidades sobre la construcción

Así fue como llegó PDHSA a Pojom, engañando a las comunidades: haciéndose pasar por personal de otras dependencias, diciendo que los proyectos que habían solicitado ya no les iban a dar seguimiento, y planteando que la energía generada en la planta sería para las comunidades. Pero aún si fuera así, nunca se les dijo a cuánto se les iba a cobrar.

La negociación bajo la mesa

Para estos momentos esta empresa hidroeléctrica ya había negociado con el alcalde municipal de San Mateo Ixtatán, Andrés Alonzo, haciéndole cambiar su postura sobre las hidroeléctricas que mantenía en la Consulta Comunitaria. Además, la empresa se contactó con el señor Nicolás Francisco Tomas Gaspar de Pojom -que ya hemos visto-, con Felipe Gómez García, presidente del Consejo Comunitario de Desarrollo de la comunidad de Xapper, con el señor Andrés Alonzo de Nuevo San Mateo, y el señor Pedro Jiménez de Ixquisis.

Éstas fueron las personas que negociaron el proyecto con la empresa. Lo hicieron sin el consentimiento de las comunidades, sólo estas cinco personas que son líderes autonombrados a fines de sus propios intereses personales. Las personas mencionadas se perfilaron por la empresa con la finalidad de alcanzar una remuneración de parte de ésta para que así puedan conquistar a los líderes y los comunitarios de cada comunidad, de las 29 aldeas de la región.

Actualmente dicen que hay 23 comunidades que están afines de la empresa, pero básicamente es una estrategia de confundir a la gente. La empresa divulgó los nombres de sus simpatizantes, indicando quiénes son sus líderes en cada aldea. Estas personas mencionadas son quienes están con ellos, pero no hay tales aldeas. No hay acuerdo en Pojom, ni hay acuerdos en todas las aldeas ni la existencia de las 23 aldeas. Esto lo hicieron con la finalidad de llamar la atención ante las autoridades, ante los medios de comunicación afines de sus intereses, y ante las comunidades en general.

Los representantes seleccionaron en cada comunidad para atrapar a la gente y cooptar más simpatizantes, comenzaron a sobornar privadamente. Muchas personas de cada comunidad, poseen una forma de pensar diferente sobre la empresa, muchos se consideran como neutros, otros que no quieren identificar su posición si en contra de la empresa o a favor de ésta, debido a la criminalización y persecución que se vive en la actualidad.

Por eso muchas personas de las comunidades, de Derechos Humanos, ONGS nacionales y ONGS Internacional y el mismo sacerdote de la iglesia católica, el padre Matxhun han dicho y concuerdan que por estas cinco personas hay un gran problema y una gran división no sólo en Pojom sino en toda la región.

El desarrollo que prometieron: deforestación y contaminación

Años después  de estas visitas, en 2011, las comunidades se enteraron de que lo que se estaba construyendo era una hidroeléctrica transnacional, autorizada por el alcalde municipal Andrés Alonzo y que estaba a cargo de la empresa Promoción de Desarrollo Hídrico, S.A. Ya estando dentro de la región, comenzaron a identificarse como “PDH”.

Cuando llegó a Pojom y a otras aldeas, la empresa se comprometió a que todas las necesidades comunitarias se iban a mejorar, tanto infraestructura de escuelas, sala de computación, la infraestructura de salud, compra de medicamentos y jornadas medicas constantes, el mantenimiento, y el mejoramiento para la carretera pavimentada y otras ayudas para las personas. Iban a dar apoyo económico para contratar maestros, para mejor la calidad educativa, se comprometieron con muchas cosas.

Ahora se ve que sólo fueron mentiras, lo único que están haciendo es dedicarse totalmente a la construcción de la hidroeléctrica y se han olvidado de sus promesas. Aunque en algunas aldeas han dado apoyo económico, como el pago de maestros de Institutos Básicos como lo hacen en Yalanwitz, pocas veces con jornadas medicas en algunas aldeas como lo hacen en la aldea Platanar, el cumplimento de las promesas de la empresa han sido mediáticos, el apoyo ya no está llegando constantemente y carecen de una política que realmente atienda las necesidades más humanitarias según acuerdos acordados con la municipalidad cuando se dieron la autorización de construcción.

El ejemplo claro de los engaños de esta empresa fue el compromiso con la aldea de Yul Ch´en Frontera. Los hermanos de esta aldea se han acercado a la empresa por las falsas promesas, las empresas han sido incapaces de responder las necesidades de las comunidades, tal es el caso del agua potable que comprometieron a la aldea, llegaron personal de la empresa en esta aldea para un plan de estudio sobre cuántas personas se verán beneficiadas, pero desde allí se quedaron, ya no siguieron dando el seguimiento a ese proyecto.

Pero lo peor es que dijeron que era un proyecto que traería beneficio en el futuro. Y lo que estamos viendo es cómo están talando los árboles, las comunidades son testigos del desvío del Río Negro, en el cual murieron los animales acuáticos, como tortugas, camarones, cangrejos y peces. Se está viendo que están contaminando el rio por todo lo que expulsan las grandes maquinarias.

Hasta la fecha no hay avance en desarrollo, sólo hay avance por el saqueo de los recursos naturales por esta empresa.

La llegada de las hidroeléctricas en Pojom, nuevo escenario de la división comunitaria

Las personas afines de la empresa dicen que todo está bien, que no están dañando. Ellos no dicen la verdad porque la empresa les paga para callarse, dicen que se sienten agradecidos y contentos porque antes se sentían humillados, olvidados y alaban la presencia de esta empresa porque según ellos les traería grandes desarrollos, pero realmente no están conociendo la verdad.

Fueron estas razones por las cuales surgió la división social y comunitaria no solo en Pojom sino en todas las aldeas de la región Norte de San Mateo Ixtatán, como se describirá en el siguiente reportaje. Hay personas que se vincularon con la empresa desde ese tiempo, ya tienen bien fundamentado la ideología de la empresa y por el dinero que se les dio. Los que no aceptaron el dinero ni recibieron dinero, se mantuvieron firmes hasta el día de hoy en defensa de la tierra, del agua, del rio y de recursos naturales.

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Fotografías: Visita a las instalaciones de PDHSA , 8 abril 2016

[1]Ver el reportaje anterior Pojom, la historia de una agresión: la consulta comunitaria

[2] Entrevista a Francisco Francisco Mateo, ex alcalde comunitario de la aldea Pojom, 2011

 

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Tu muerte, tan violenta y tan triste, una derrota. La justicia, una estrella inalcanzable

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Por: Lucrecia Molina Theissen

En los primeros meses de 1984, los últimos que viví en mi país, se repitió para nosotros la pesadilla del ochenta, cuando se sucedían los asesinatos con un ritmo perverso; una, dos, tres personas eran muertas a balazos en las calles capitalinas con un día de por medio. En el 84, ese otro año maldito, fueron las desapariciones forzadas el método al que recurrieron para exterminar a la mayoría de las víctimas. El Diario Militar – un documento que recopila las fichas de 183 hombres y mujeres detenidos ilegalmente y desaparecidos en su mayoría, algunas personas fueron liberadas- da cuenta del frenesí con el que acabaron con decenas de personas. La fecha de la detención, los supuestos pseudónimos con los que eran conocidos en la clandestinidad y los códigos que indicaban cuál había sido su destino, de los que 300 era el indicativo de la muerte, acompañaban la fotografía tamaño cédula de la víctima. En esas circunstancias, junto con mi familia, buscábamos a mi hermano Marco Antonio; habíamos resistido todo lo imaginable a partir del 6 de octubre de 1981, el día que fue detenido ilegalmente y desaparecido hasta el día de hoy por la G2 del ejército, la inteligencia militar.

A esa búsqueda y a esa resistencia se unió Héctor. Dueño de una voz ronca y una carcajada contagiosa, flaco, menudo, de pelo ondulado y ojos oscuros, pequeños y chispeantes, mi cuñado amaba a su familia, a su esposa y a sus niñas por encima de todo. Como todos los padres y madres del mundo, quería verlas crecer, que se educaran, se desarrollaran integralmente y que fueran felices. Por eso, se aferró más a su anhelo de contribuir a la construcción de un país diferente, capaz de brindarles eso no solamente a ellas.

Hombre de ideales, revolucionario, solidario, amable, servicial, comprometido, puso toda su inteligencia, energía y capacidades en la creación de ese hipotético mundo, que aún les debemos, en un esfuerzo que él llevó hasta sus últimas consecuencias. Ya es historia la forma en la que fue destruida la alternativa revolucionaria, no en un juego político en el que la población pudiera decidir libremente sus opciones, sino con la aplicación de una política de exterminio de los hombres y mujeres que la encarnaron en una aplicación extrema de la voluntad de una oligarquía empeñada en mantener a cualquier costo su predominio destructivo y retrógrado. El costo fueron vidas humanas, la suya fue una de ellas.

Inexplicablemente, Héctor –que fue 300- no aparece en el Diario Militar aunque fuera uno más de la cosecha mortal. Fue una noticia de prensa la que nos puso sobre aviso. El reportero captó la imagen de alguien que ya no era él. Despojado de la vida brutalmente, cortado de cuajo su espíritu, apartado prematuramente de su familia, de sus hijas, en blanco y negro, con un pie de foto que no decía nada sobre sus ganas de seguir siendo y estando en este mundo, de vivir para sus niñas, su esposa, sus padres, hermanos y hermana, para su país, ese ya no era él, era su cuerpo solamente. Fue visto con vida por última vez en el agrupamiento táctico de la fuerza aérea por una de las escasísimas personas que salieron del infierno. Meses después, el reaparecido contó cómo lo habían detenido, dónde y a qué hora.

Al comprobar que su aliento de hombre bueno -porque él era un buen padre, un buen esposo, un buen hijo, un buen hermano, mi hermano de la vida- había sido cortado por las hordas asesinas que se abatieron sobre quienes nos empeñábamos en mantener en alto las banderas, pese a la sangre derramada, pese al terror, pese al aislamiento en el que estábamos, saltaron las alarmas. ¿Qué pasó con las niñas y su madre?

Es inevitable sentir el malestar de ese primer momento, cuando aún no sabía de las consecuencias devastadoras que este hecho tendría en las vidas de sus pequeñas y de su esposa. Ese día, ojalá irrepetible para nosotros y para cualquiera, una vez recibido el golpe no había margen para pensar mucho ni para sentir miedo. Había que hacer a un lado cualquier cosa que nos detuviera o que tan solo nos hiciera titubear un segundo. Si algo iban a hacer con ellas, no pudieron porque, sin pensar en nada, nos lanzamos a buscarlas, las sacamos de su casa y las llevamos a un lugar que creímos seguro. Pero en esa telaraña en la que se había convertido nuestro entorno, donde nos acechaban toda clase de peligros, esa certeza duró poco. Pero esta, es otra historia.

Ese día de febrero del 84, un 27, sus padres, que ya habían perdido a otro de sus hijos asesinado por la policía cuando tenía 17 años, sus hermanos y hermana y su esposa -mi hermana- tuvieron el valor de ponerle nombre a su cuerpo sin vida, el que recogieron, velaron y sepultaron como corresponde. Un acto osado en un contexto de feroz y despiadada persecución que no nos daba tregua y en el que muchas familias optaron por no hacerlo con sus asesinados.

“Salimos adelante”, vaga expresión que me sirve para proclamar que pese al dolor y la destrucción de nuestras vidas, sin mirar para atrás, sin recordarlo pero recordándolo, llevándolo oculto en la mirada triste, recogimos nuestros pedazos, sobrevivimos y, de algún modo, heridos, mutilados, sin embargo vivimos y a nuestro modo hemos aprendido a extraer las gotas de felicidad que nos trae cada día. Sin embargo, no cabe duda de cuán distinta hubiera sido nuestra existencia si él no hubiera sido asesinado. Su muerte, un duro, injusto y desmedido castigo por querer un país distinto, no solo se llevó a Héctor. Se llevó el amor y la estabilidad de su familia. Se llevó nuestras fuerzas y determinación para seguir en Guatemala buscando a Marco Antonio, resistiendo. Se llevó nuestra esperanza de sobrevivir a esa avalancha despiadada homologable a un terremoto, a un huracán, a una fuerza de la naturaleza, incontrolable. Era la muerte desatada en las manos de ellos, de los depredadores. Una panel blanca estacionada en la esquina de la casa refugio, por fin nos hizo entender que podrían matarnos, que querían matarnos, y dispusimos ponernos a salvo cruzando las fronteras. Pero salimos incompletos, dejamos una parte del alma en esa latitud de azules y de verdes, dejamos atrás a Héctor, Marco Antonio y a todos nuestros muertos.

¡Qué poco se puede decir de alguien que muere tan joven, como Héctor! No se habla de él, sino del vacío que nos dejó su ausencia; no se recuerdan sus grandes cualidades, sino el dolor que sentimos; no podría describir la relación hermosa y tristemente breve que tuvo con sus hijas, sino su orfandad y las carencias que les dejó su muerte; no puedo contarles de la historia de amor que vivió con  esposa, sino de una viudez dura y amarga que se inició cuando ella no había cumplido aún 26 años. Tampoco será posible decir que se llevó bien con sus hermanos y hermana en sus vidas adultas, que fue un buen tío o que cuidó a sus padres ancianos, solo se podrá hablar de una familia mutilada, que fue expulsada de su tierra y dispersada en varios países por la violencia desatada por la horda de criminales que gobernaban Guatemala.

(Héctor, queridísimo Héctor. Durante 28 años he guardado el llanto que le debo a tu ausencia y me callé tu nombre; mi conciencia se negó a recordarte queriendo evitar un dolor muy profundo, que se juntó con todos los dolores y buscaron salir por otros medios, insomnios interminables, los típicos bajones, el desgano, el sinsentido. Ya no tenía lágrimas, tampoco corazón ni sensibilidad, ni emociones, solo náusea, dolores de cabeza y miedo. Sin lograrlo, quise resignarme a tu muerte como un hecho lejano que le habría ocurrido a un desconocido, quise apartar de mí los sentimientos, pero estos me royeron el alma. Sin pensar más en ella, fingí que la olvidaba. Y hoy descubro que me sigue doliendo intensamente y que te debo estas lágrimas que me queman los ojos.

Tu muerte, tan violenta y tan triste, una derrota. La justicia, una estrella inalcanzable. Huérfanas de tu risa y tu alegría se quedaron tus niñas, con hambre de la ternura de su padre. Ya se hicieron mujeres y en su sangre algo de lo que late es tu ausencia. Tu presencia amorosa y cálida en nuestras vidas fue cambiada por el vacío que anegó la amargura y el reclamo furioso que acompañó tu nombre. Toda tu vida –breves 28 años- fue trocada por un solo día, un único y maldito día, el de tu asesinato impune.

El dolor, la rabia, la impotencia y el miedo ganaron la partida. Y la culpa, que sutil se desliza en aquello que solía pensarse (“¿por qué no te cuidaste?”) ante un cadáver sin respuestas. Ahora que sé muchas cosas que no sabía entonces, sé que los amos de la vida y la muerte estaban a la par nuestra sorbiéndonos la sangre, arrebatándonos el aire, siniestra compañía, sombra de cada día, decidiendo el momento en que debían destruirnos. Tenías que haber tenido un dios muy grande para escapar con vida del dictado implacable de esos seres oscuros, despiadados, que buscan seguir alzándose más allá del bien y el mal prolongando el terror en nuestros cuerpos.

Fue tu muerte la que se quedó con nosotros, no tu vida. Y te pido perdón por no haberlo podido sentir de otra manera. Mi alma estaba exhausta. Mis labios no te nombraron más, mis ojos se cerraron para ya no ver nunca imágenes felices de tu paso fugaz por mi existencia.

¡Qué injusto! Y sin embargo, hasta hoy ha llegado tu paso. Aquí has estado siempre. Hoy quiero recuperar tu humanidad, esa que te arrebataron cuando te detuvieron como si fueras cualquier cosa, sin derecho a ser libre y a pensar diferente, a inventar mundos justos y hermosos con tus sueños, a ser un hombre con derecho a vivir, a hacerse viejo, a ver a sus hijas convertirse en mujeres, a morir en su cama después de haber vivido suficiente. Hoy quiero recordarte vivo y sonriente, con tu familia. Quiero escuchar tu voz ronca hablando con orgullo de “sus mujeres” o contándome el chiste del lagarto en el concurso de las bocas más chicas. Quiero verte de nuevo sentado a la mesa, comiendo despacio, levantándote a preparar una ensalada de apio con tomate porque se te antojó y reírnos contentos –vos golpeando la mesa con la mano abierta- porque has tardado tanto que ya no tenés hambre. Quiero sentir tu abrazo solidario y revertir el tiempo hasta tu último segundo para atajar la muerte y traerte de nuevo con nosotros. Vano e irrealizable anhelo.)

En el nombre de Héctor, Marco Antonio, Julio, y en el de todas las víctimas del terrorismo de Estado, seguiré escribiendo las ocho letras de la palabra justicia y reclamando que se conozca y se reconozca plenamente la verdad histórica de hechos deleznables. La verdad y la justicia nombrarán y castigarán –ojalá- a los culpables de la destrucción de la vida y los sueños de una generación que ejerció su derecho a adoptar un pensamiento, una ideología y un proyecto político distintos, que se atrevió a desafiar al poder omnímodo y omnipotente que continúa asfixiando los esfuerzos por la construcción de un país para todxs.

Fuente de archivo: blog Cartas a Marco Antonio