Áreas verdes, la amistad perdida

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Por: Arq. José Manuel Chacón

 “Hoy es vital para el hombre reencontrar la doble amistad perdida del azul del cielo y el verde árbol”. Le Corbusier

Para el contenido del presente artículo, utilizaremos la definición de áreas verdes realizada por la Comisión Nacional del Medio Ambiente –CONAMA- de Chile, en el 2002, es probable que la misma ya haya sido ampliada, pero para los efectos del presente texto se considera adecuada:  “espacios urbanos o de la periferia a éstos, predominantemente ocupados con árboles, arbustos o plantas, que pueden tener diferentes usos, ya sea para cumplir funciones de esparcimiento, recreación, actividades ecológicas, ornamentación, protección, recuperación y rehabilitación del entorno o similares.”

La necesidad de que los centros urbanos contengan áreas verdes, nace o se fortalece a mediados del siglo pasado en América Latina y en algunas ciudades europeas, como respuesta al crecimiento desbordado de la población y por lo tanto desordenado por la poca planificación.   Nuestro país no está alejado de este contexto, a diferencia que al mismo se suman otros factores desafortunados que no han permitido la creación y fomento de estos espacios tan importantes, como son los siguientes:

  1. Crecimiento demográfico de forma acelerada, con una tasa de 2.4% anual (que prevé que para el año 2050, el país tendrá 27 millones de habitantes).
  2. La falta de proyectos de desarrollo en el interior del país, que promueva fuentes de trabajo digno y justo, lo cual ha provocado la migración interna, del campo a las ciudades.
  3. El pasado conflicto armado como otro factor de migración interna.
  4. La especulación del valor del suelo, que incide en priorizar espacio para venta de vivienda. Al respecto, si esa especulación no hubiera influido en el ordenamiento urbano, en el presente toda el área que comprende Kaminaljuyú (lo que comprende la zona de asentamiento prehispánico) sería un parque o área verde del cual nos sentiríamos orgullosos y satisfechos, pero lastimosamente desapareció.
  5. La falta de políticas del Estado para la creación de áreas verdes dentro de centros urbanos.
  6. La impunidad, en el sentido del incumplimiento a la débil normativa para desarrollo de proyectos urbanísticos, en relación del porcentaje de área verde que deben de contener.
  7. Poco interés en algunas corporaciones municipales…

Derivado de esto, las áreas verdes en nuestra metrópoli son escasas y las pocas que existen, sin definirse como tal, están amenazadas.

De esa cuenta podemos estar siendo testigos, como ejemplo,  lo inhumano del diseño  de los nuevos proyectos urbanos y  centros comerciales, donde no existe el mínimo porcentaje de área verde, proyectos urbanísticos deshumanizados que al referirse al área verde señalan para su conveniencia el espacio para parqueos, que no son más que tortas de cemento… los ejemplos abundan, y las ciudades de nuestro país poco a poco son más grises, más de concreto… que reduce no sólo la capa permeable de los suelos, sino la calidad de vida de los urbanitas (personas que viven en las ciudades).

Argumentar sobre la necesidad de tener áreas verdes, en tiempos de la incertidumbre que genera el cambio climático tal vez no sea necesaria, pero a pesar de esto señalaremos su importancia, con la seguridad de quedarnos cortos.   Entre sus beneficios están los siguientes:

  1. Proveen de muchos servicios ambientales como el control de la temperatura que genera el desarrollo urbano (extensión constructiva de viviendas)
  2. Contribuye a la captura del bióxido de carbono (uno de los gases principales del llamado efecto invernadero).
  3. Mejora la calidad del aire.
  4. Son el hábitat de muchas especies silvestres y el cobijo de la flora no maderable (orquídeas por ejemplo).
  5. Favorecen las actividades recreativas y físicas (como una necesidad biológica y psíquica del urbanita). Existen estudios de población que tiene acceso a áreas verdes de ser emocionalmente más armónicas o felices.
  6. Se pueden llegar a constituir en “defensas verdes” ante eventos naturales como tormentas tropicales.
  7. Otros más.

Para tener una referencia sobre las normativas que debieran de cumplirse, tanto para proyectos de vivienda como para lotes con el mismo fin, se revisaron reglamentos de construcción de algunas municipalidades, la mayoría indican que el porcentaje de área verde se encuentra entre el 10% y 12%.

En el caso de viviendas dentro del área protegida de La Reserva Forestal Cordillera Alux, con la categoría de Protectora de Manantiales, su plan maestro aprobado en el año 2010, especifica que los lotes deben tener un área mínima de 1000 m2, donde el 40% debe ser área verde.

Tristemente estas normas no siempre se cumplen.

Dada la importancia de las áreas verdes, para la calidad de vida de la población urbana, la Organización Mundial para la Salud –OMS- recomienda un estándar de 9 m2 por habitante como mínimo.  Como la población del área metropolitana de Guatemala supera los cinco millones de habitantes, cumpliendo con este estándar haría falta un parque de 50 millones de metros cuadrados o sea de 5 mil hectáreas.  El Central Park de Manhattan en Nueva York tiene 341 hectáreas.  Pero aspirar a tener una extensión tan hermosa como esa es imposible, bastaría con que cada nuevo centro urbano, colonia, o lotificadora incluyera como mínimo lo que establecen las normas.

Una ciudad, donde se incluyen asentamientos de todos los estratos sociales, sin áreas verdes no tiene calidad para ser habitable.  Y si las áreas verdes son necesarias para la vida, son también un derecho humano impostergable.

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Publicado el 16 junio, 2016 en Casos Comunitarios, Guatemala, Vida Cotidiana y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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