Archivos diarios: 26 mayo, 2016

El río majestuoso y las manos de dos mujeres de Yal Motx o Barillas

 Fotografía: José López

Fotografía: José López

Por: Tilk Laz

Ante las constantes amenazas de imponer el supuesto progreso que ofrecen las hidroeléctricas en lugares como el norte de Huehuetenango, hay muchas razones por las que los pueblos rechazan tal progreso, una de ellas es que del agua de los ríos que están desviando muchas comunidades dependen, ya sea para lavar o darle de beber al ganado o también de consumo humano.

Por eso las estrategias de parte del gobierno de Guatemala junto con las empresas nacionales y transnacionales no son relevantes a la realidad de los habitantes de estos lugares. Porque ¿cómo van a hablar de progreso cuando proponen que las practicas milenarias tienen que desaparecer? Para la población eso no es aceptable, que en solo días pretenden borrar las costumbres, las prácticas y el uso de los verdaderos dueños del río.

El pueblo jamás aceptará la falsa oferta de progreso. Progreso para nosotros es tener acceso al río como ha sido siempre, tener calidad de oxígeno, y agua para tomar y que sea libre de tóxicos. Progreso no es tener una carretera de nueve metros, progreso no es dividir a las comunidades, para nosotros progreso es dormir sin la pena que mañana policías y soldados vendrán a imponer el falso progreso.

Estamos concientes de que es necesario simplificar el trabajo de las mujeres y de los pueblos, las mismas comunidades por años han trabajado para entubar su propia agua, de manera que no sea tanto el trabajo de ir a lavar, o de ir por agua para beber. Esos son los retos de las autoridades comunales, mientras que el Estado no cumpla con garantizar los servicios. Pero de esto a llevarse el agua de los ríos para las empresas hay una distancia enorme.

Para nosotros el río es vida y lo cuidaremos con nuestras vidas si es necesario.

 

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Indígenas, justicia y derechos

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Por: Miguel Ángel Sandoval

“el derecho indígena se confunde con temores viejos, que tienen un claro origen racista”.

El debate sobre las reformas constitucionales al sector justicia, promete ser animado y por las muestras que hay, con poca información y más con los miedos atávicos de parte de los sectores de siempre de la sociedad guatemalteca. Digo esto porque en el proyecto de reformas al sector justicia hay un tema que causa frío cuando se menciona: el reconocimiento del derecho indígena. Solo ver la reacción desencajada del sector de empresarios del comercio para entender el nivel que el debate puede tener si antes no se introducen elementos de cordura en el mismo.

Se sabe, se dice y repite que Guatemala es un país multicultural, multiétnico y plurilingüe. Como si esa declaración resolviera todos los temas que encierra. El punto es que la repetición no resuelve de hecho casi nada. A modo de ejemplo, el hecho de ser plurilingüe no nos ha llevado a la educación bilingüe e intercultural en el sistema educativo nacional. Medio se hace o como se dice, se hace como que se hace, nada más. Pero se conoce de gente indígena que es juzgada por delitos menores, en otro idioma, el español, que no es el propio.

Y hay un tema que parece no se ha entendido: un grupo étnico, con cultura y territorialidad, cosmovisión e idioma, tiene una visión particular de cómo se ejerce la justicia en su territorio, con sus ciudadanos.  Es el derecho elemental a tener su propio derecho. No es nada extraordinario pero en el caso de Guatemala esto se confunde siempre con temores viejos, que tienen un claro origen racista. En otros países esto se conoce como pluralismo jurídico y se practica sin temores, como en Bolivia, Colombia, México, Canadá, Ecuador o Perú.

En este tema el temor que se manipula en Guatemala, es que al reconocer la existencia del pluralismo jurídico, el país se puede dividir a partir de la existencia de pueblos indígenas con jurisdicción.  Hay que dejar de lado esta visión superficial y cargada de ignorancia. Esta idea es falsa de cabo a rabo. Salvo que se piense que ahora las relaciones laborales en las fincas  van a ser vistas y analizadas por un sistema jurídico que no tiene jueces venales y abogados tramposos, sino un sistema de valores que piensa como punto de partida en la gente y sus derechos.

Un punto de importancia capital es que Guatemala es parte signataria de instrumentos de legislación internacional que reconocen el pluralismo jurídico y lo aceptan como algo normal, alejado de las visiones racistas que han dominado la materia. En especial, el Convenio 169 y   la Declaración de Naciones Unidas sobre los pueblos indígenas en sus artículos 5 y 34. Es momento de honrar estos compromisos y no vivir como paria internacional.