Archivos diarios: 4 marzo, 2016

Desde México por Berta: ¿De verdad creés que podés callarme matándome?

¿De verdad creés que podés callarme matándome? Ahora que abrazo la tierra soy la semilla que rompe concreto.
¿De verdad creés que podés callar mis palabras? Ahora que viajo en el viento esparzo mi lucha en los cuatro vientos.
¿De verdad creés que podés ahogar mi voz en tu represa? Pero nada podrá retener en mi gente la lucha por la vida.

Colectivo Residentes Guatemaltecos en México

 

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México: concentración frente a la embajada de Honduras en memoria de Berta Cáceres

Plantón frente a la embajada de Honduras en Ciudad de México en memoria de Berta Cáceres y exigiendo justicia por su asesinato.

Fotografías: PabloSigüenza

 

Detienen a una autoridad ancestral q´eqchi´

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Por: Alfredo Rax Coc

Hoy a eso de las once de la mañana el señor Crisanto Asig Pop Autoridad Ancestral q´eqchi´fue detenido junto a junto a Ramiro Asig Choc en la aldea Chisubin del Municipio de Lanquín, Alta Verapaz.

Don Crisanto recibió una llamada telefónica de un supuesto periodista de Prensa Libre para realizarle una entrevista, cuando se dirigía hacia el lugar acordado a la altura del km 4 fueron interceptado por personas particulares fuertemente armadas que se conducían en un vehículo Hilux gris de modelo reciente. Después le trasladaron a una autopatrulla de la Policía Nacional Civil amenazado a punto de pistola por las personas particulares.

Las Autoridades Indígenas y habitantes de las comunidades se oponen que el Comité de Áreas Protegidas – CONAP sigan administrando el lugar turístico Semuc Champey por distintas anomalías que señalan como corrupción y descuido del sagrado lugar, por prohibir la entrada las personas que ahí viven, por incumplimiento de compromisos que se habían hecho con esta entidad y decidieron volver a gestionarlo en la comunidad.

Lamentablemente el INGUAT y otras entidades del Estado han tergiversado la postura comunitaria y estigmatizado a las autoridades y comunitarios incluso pidiendo a los turistas que no visiten el lugar llamándole área roja.

Las Autoridades y visitantes desmienten que haya peligro para visitantes, incluso su postura es que el ya que el lugar es más seguro, limpio siendo administrado por las propias comunidades, en donde generan su propio trabajo beneficiándose hombres, mujeres y ancianos.

Este es un hecho que violenta y criminaliza a las autoridades y defensores de la naturaleza y el patrimonio comunitario, defensores legítimos del territorio de los pueblos indígenas en este caso Q’eqchi’.

El día en que nos quebraron el alma. Crónica de las horas posteriores al asesinato de Berta Cáceres

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Texto y Fotografías: Ariel Sosa, corresponsal de Prensa Comunitaria en Honduras.

Hay palabras que uno espera nunca tener que escribir. Hay noticias que uno espera nunca tener que leer. Hay días que uno quisiera que fueran pesadillas de las que en cualquier momento se despertará. Hoy sin embargo, nos tocó despertar con un desgarrador golpe dirigido a quebrarnos el espíritu: Berta Cáceres, coordinadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e indígenas de Honduras (COPINH), fue asesinada en el lapso entre las 11:00 pm y 1:00 am de esta madrugada. El gobierno se lavaba las manos aduciendo que la casa en la que Berta vivía en la Esperanza no estaba registrada. Adiós medidas cautelares dictadas por la CIDH.

Mientras conducía hacia la morgue judicial de Tegucigalpa trataba de asimilar la idea, era como si la realidad se hubiera quebrado y todo lo que puedo recolectar del día fueron algunos fragmentos, piezas de un rompecabezas que carece de sentido.

A las afueras de la morgue Gracia María Flores, prima de Berta, daba declaraciones a una multitud de periodistas: “Su lucha no es fácil. Había ya amenazas. Ella no tenía miedo, ella era una guerrera que tenía una armadura que la revestía de fuerza. Berta era una mujer humilde, sencilla. Vivió y murió por su ideal. Era una gran madre y una gran hija y nos sentimos orgullosos del legado que deja. El recuerdo que yo llevo de ella es que vive en nuestras vidas, en el clamor de un pueblo marginado.”

Poco a poco el lugar se fue poblando de decenas de compañeras y compañeros de organizaciones feministas, populares, campesinas, indígenas. Se construyó un altar de flores y candelas, y muchas compañeras llevaban mascaras con el rostro de Berta. Porque ella era la mujer que nos representaba a todas y a todos.

Berta Cáceres fue una luchadora incansable, defensora de la tierra y de la vida, la fuerza inquebrantable de los pueblos indígenas marginados de nuestro país. Ella y sus compañeros y compañeras eran la única línea de defensa que tenía el espíritu de esta tierra. Y uno pensaría que el reconocimiento internacional, los premios, las advertencias de instituciones internacionales de derechos humanos podrían proteger mínimamente a alguien. Pero en un país como Honduras nadie es intocable y hoy quisieron dejarlo claro. Este país tiene dueños, dueños como DESA-Agua Zarca y sus lacayos como Juan Orlando Hernández, ese triste remedo de dictador que tenemos por presidente.

“Es indignante sentir este asesinato. Ella era alguien que estando envestida con reconocimiento internacional y medidas cautelares, alguien que caminaba con la comunidad indígena. Esperamos que el Estado reaccione, ella es símbolo de la lucha de los pueblos indígenas, una de las mejores hondureñas. El movimiento ambientalista sentirá el golpe, es un golpe que nos hace temblar porque sigue la impunidad. Queremos una sociedad distinta para las futuras generaciones” dijo René Flores, padre franciscano de la organización de franciscanos por justicia y paz.

“Este gobierno debe hacerse un replanteamiento a fondo donde el punto central sea la democracia, la participación, la defensa de la soberanía, la defensa de los recursos naturales, la participación y no la represión y el crimen. Este es un crimen político, un asesinato de una compañera que todos saben a quienes representaba” declaró Rafael Alegría, dirigente de Vía Campesina. “Era una compañera hermana nuestra, fue una gran defensora del agua, de la madre tierra, de los bosques que se pronuncio permanente en contra de la entrega de la soberanía nacional”.

Las consignas llenaban el ambiente entre los abrazos y el llanto de quienes sentimos a Berta como un símbolo pero más que eso como nuestra compañera y nuestra hermana. En la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) grupos de estudiantes comenzaban una toma en reclamo de justicia para la compañera. La indignación desbordaba. “Las organizaciones estudiantiles de ciudad universitaria repudian el acto criminal que han cometido las transnacionales en nuestro país quitándole la vida a una persona beligerante que defendió el derecho a la tierra y la naturaleza” declaró uno de los estudiantes que se encontraban frente a la Universidad. La manifestación se encontró frente a numerosos contingentes policiales y militares. El enfrentamiento fue inevitable, la represión no respeta el dolor ni el duelo.

Líderes y miembros de diversas organizaciones se congregaban en la sede del partido LIBRE para esperar el cuerpo sin vida de la compañera Cáceres, que luego sería transportado a la sede del Sindicato de Trabajadores de Bebidas y Similares STIBYS. La noche comenzaba a caer sobre Tegucigalpa y todo se convertía en una nebulosa de dolor y tristeza. En el salón resonaba la voz de la compañera, y con esas palabras quiero cerrar este día, para recobrar alguna fuerza si se puede, porque en este momento no me queda más que un corazón roto por el dolor.

 “En nuestras cosmovisiones somos seres surgidos de la tierra, el agua y el maíz. De los ríos somos custodios ancestrales, el pueblo Lenca resguardados además por los espíritus de las niñas que nos enseñan que dar la vida de múltiples formas por la defensa de los ríos es dar la vida para el bien de la humanidad y de este planeta” – Discurso de Berta Cáceres en Premios Goldman 2015.

Tegucigalpa, 3 de marzo de 2016

BERTA CÁCERES, LIDERESA INDÍGENA: ME LO DIJO EL RÍO.

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Jesus González Pazos

Mugarik Gabe

 

El 3 de marzo de este 2016, en las tierras vascas nos disponíamos a recordar, por que a veces decimos a celebrar y no puede ser así, no hay nada que celebrar, los 40 años de lo que desde los primeros días de todos esos años, se conoció como la masacre obrera de Gasteiz. En esa fecha, en esta ciudad a las puertas de la primavera, los poderes económicos y políticos dominantes de la llamada transición española decidieron dar un escarmiento a la lucha organizada de trabajadores y trabajadoras que se extendía en una huelga general ese día, y en multitud de protestas en los precedentes. Se demandaban mejores condiciones laborales, de vida, mayor justicia y verdadera democracia.

A veces, qué poco cambian los tiempos y los modos de las injusticias, aunque transcurran 40 años o nos movamos 10.000 kilómetros en el planeta.

Por que precisamente, este mismo 3 de marzo de 2016, mientras en Gasteiz se rememoraban los asesinatos de cinco trabajadores a manos de la represión policial, se recibía la noticia desde Honduras, desde la otra parte del mundo, del asesinato de la líder indígena Berta Cáceres, coordinadora de una de las organizaciones popular e indígena más importante de ese país. Una mujer que llevaba en la lucha más de 20 años, firme en la defensa de los derechos de su pueblo y del campesinado, rebelde ante las transnacionales y la oligarquía hondureña y en la defensa del medioambiente ante el brutal ataque y explotación que estas tierras sufren, especialmente desde que se dio el último golpe de estado en el año 2009.

Precisamente, desde ese año se ha producido en Honduras una explosión de megaproyectos hidroeléctricos, mineros o agroindustriales; siempre en detrimento de las comunidades indígenas o campesinas, a las que se expulsa de sus territorios o se les destroza y contamina, siempre de la mano del capital transnacional.

La misma BBC, al dar la noticia del asesinato, calificaba a Berta como la mujer “que le torció la mano al Banco Mundial y a China”. Y esto tiene que ver con esa lucha en defensa del territorio del pueblo lenca. En el 2006 se dio la concesión a una empresa hondureña para la construcción de una represa hidroeléctrica en estas tierras indígenas. A dicha concesión se uniría inmediatamente capital chino, alemán y del Banco Mundial. Pero, la determinación de la lucha ha sido de tal calibre que las transnacionales tuvieron que retirarse, incluso reconociendo que esta retirada era motivada por la persistente oposición comunitaria y las dudas sobre las continuas violaciones de los derechos humanos de la población que se cometían desde las instancias gubernamentales y/o paragubernamentales hondureñas. Y una vez más, aunque estos proyectos se suelen “vender” como piezas claves para el desarrollo, hay que recordar que cuando en estos países, por ejemplo, se construyen represas no es para llevar electricidad a las comunidades, no es para mejorar las condiciones de vida de la población, es para surtir de energía a los megaproyectos mineros o agroindustriales. Es decir, se retroalimentan entre transnacionales a través de agresivos proyectos de explotación que aumentan sus cuentas de beneficios mientras destruyen las tierras y territorios de sus legítimos poseedores, a quienes al final se dejará únicamente destrucción y más cercenadas aún las posibilidades para una vida digna.

Pero, si bien mencionábamos antes que la noticia ha sido recogida por la BBC, desgraciadamente habrá que reconocer inmediatamente que este asesinato no es noticia de los grandes medios de comunicación. Por que en los últimos años ya no es noticia el asesinato de defensores y defensoras de los derechos humanos ya sean éstos individuales o colectivos. La clase mediática (aquellos que definen las líneas editoriales), la política y la económica dejaron aparcado hace tiempo el discurso de los derechos humanos. Sirvió durante un tiempo, sobre todo durante la llamada “guerra fría” para atacar al adversario; sirve hoy todavía, aunque muy de cuando en cuando para “ilustrar” regímenes que se etiquetan rápidamente como populistas y totalitarios, pero ya no es una preocupación que implique determinación política cuando no hay interés geoestratégicos o económicos detrás. Lo apreciamos con claridad en estos últimos meses con la llamada crisis de refugiados en esta Europa que un día se consideró cuna y defensora de esos derechos. Pero, sobre todo, se ve con absoluta nitidez esta dejación cuando la violación de los derechos humanos individuales y colectivos está en directa relación con los intereses y beneficios que se facilitan a empresas extractivas, especialmente transnacionales europeas, canadienses o estadounidenses en terceros países, ya sea en América Latina o en África. Normalmente, se puede afirmar que según crecen éstos últimos, también crecen las violaciones a los derechos.

Explica esto en gran medida, que el asesinato o la represión sistemática sobre los pueblos indígenas, principales opositores a estos ataques, no sean noticia reseñable; no provocan una oleada de indignación en los medios de comunicación masivos, no producen declaraciones ni medidas políticas por aquellos líderes que se dicen defensores de los derechos humanos.

Hace poco más de dos años, con motivo de la situación que atraviesa el pueblo mapuche en Chile y Argentina, que ve como diariamente son despojados de sus territorios a cargo de industrias madereras e hidroeléctricas, escribía un texto con el título “los siguen matando”, en que se decía que “…los siguen maltratando, robando sus tierras y los siguen asesinando. Estos pueblos siguen poniendo, hoy como ayer, los muertos sobre la mesa en ese permanente conflicto abierto hace más de 500 años contra ellos. Desde el extremo sur hasta el norte del continente, siguen siendo diana de las balas, siguen siendo el centro escogido de la represión más brutal…”. En estos dos años, por tomar un pequeño e inmediato espacio temporal, las denuncias en este mismo sentido se han seguido acumulando. E incluso, en pleno proceso de paz como el colombiano, los pueblos indígenas hoy, siguen poniendo muertos. Este mismo día 3 de marzo amanecía con la denuncia del asesinato del gobernador (autoridad tradicional) Alexander Oime Alarcón del cabildo indígena de Río Blanco (Cauca), baleado en plena calle. Y se cierra el día con la noticia de Berta.

Y todos ellos y ellas hoy siguen siendo asesinados por su lucha en defensa de la tierra y el territorio, por la firmeza y claridad de que su identidad es importante, y que como hombres y mujeres libres tienen derechos que deben no solo ser respetados, sino también ejercidos. Pero, en el continente latinoamericano, como en África, y de forma especial en aquellos países con gobiernos neoliberales, los procesos de privatización de todo (el agua, la tierra, la vida…) siguen avanzando. Cuando las comunidades lencas, en su lucha contra el proyecto hidroeléctrico se fueron a la capital, a Tegucigalpa, se enteraron que el gobierno había entregado la práctica totalidad de los ríos de sus territorios, los derechos para explotarlos, a empresas privadas por más de 30 años.  Y en este sentido los ejemplos se multiplican en todos los países, en todos los territorios indígenas. En Guatemala, otro ejemplo paradigmático de entrega del país a las transnacionales y de represión ante la protesta de las comunidades, continuamente se denuncia en los últimos tiempos el encarcelamiento de autoridades tradicionales con cargos ideados expresamente para apartarlos de sus pueblos y castigarlos por dirigir, bajo mandatos comunitarios, la protesta contra las transnacionales y por la defensa de los territorios y de la vida. La otra opción es el asesinato, que también aumenta proporcionalmente a la protesta en los últimos años.

Pero, como dijo Berta Cáceres, en una de sus últimas entrevistas, “cuando iniciamos la lucha contra Agua Zarca (el proyecto hidroeléctrico en territorio lenca) yo sabía lo duro que iba a ser, pero sabía que íbamos a triunfar, me lo dijo el río”.