Del Zika y otras pandemias del fin del mundo

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“NO es Zika, Dengue o el Chikungunya” Maeztro Urbano – Honduras

Por: Pablo Rangel

El cuadro malthusiano, dibujado a finales del siglo XIX por el demógrafo inglés Thomas Malthus, que muestra los recursos limitados frente a las necesidades humanas infinitas, llamó poderosamente la atención de las élites intelectuales europeas decimonónicas. A manera de película de ficción Malthus profetizaba la futura tragedia al momento en que el planeta no tuviera la capacidad de dar sustento a tantos seres demandantes juntos. Los “euro eruditos” que veían en aquel tiempo igual que ahora, la amenaza del crecimiento demográfico de los países pobres como una suerte de avance zombie sobre las civilizadas sociedades, quedaron impactados.

No obstante se les hacía difícil pensar cómo iba a suceder eso en sus amplias colonias de ultramar. Los más sagaces veían esta posibilidad en América Latina, pues desde hacía unas décadas se había desligado del atrasado y alicaído imperio español, pero en los territorios de África o Asia dominados por Francia e Inglaterra ¿cómo? Este temor, que se podría interpretar como la inconsciente culpa histórica que manejan los europeos, quedó como un remanente en la mente de algunos académicos. Así, para 1968 Hardin señalaba en su aclamada “tragedia de los comunes” que la humanidad, siempre voraz, bestialmente egoísta y además justificando desde una racionalidad individual todas sus acciones, iba a acabar literalmente agotando todo cuanto fuera visible y tangible. Obviamente, por ser pensado desde un centro europeo, los humanos responsables de esta dramática y prevista desgracia serían los más pobres, los que siempre comen ansias, a los que la insatisfacción de sus deseos los persigue por ser naturalmente carentes.

De manera vulgar esta idea que vive en el inconsciente colectivo de las sociedades europeas y en Estados Unidos de Norteamérica ha servido de placebo frente a la contemporánea crisis económica mundial ( y terminal, según Wallerstein, no del capitalismo pero sí del liberalismo). Pensar que los “otros” se van a acabar los recursos y el miedo a esta hipotética situación, ha dado lugar a los guiones de las últimas y más recientes tragicomedias apocalípticas de la industria del entretenimiento norteamericano. No es casual que frente a la crisis, las series televisivas y películas de ficción de más alto raiting son precisamente las que muestran miles de zombies persiguiendo a un grupo de norteamericanos analfabetas funcionales (un policía y un cowboy) Pero sí hubo un momento en que estas ideas llevaron a los centros de poder a cometer atrocidades, las cuales después en términos del poder blando, quedaron reservadas para el manejo psicológico de la información.

En los frenéticos años 30s del siglo XX, mientras en Estados Unidos y Europa veían cómo el capitalismo en una de sus tantas caídas espectaculares, se derrumbaba, en palabras de Fidel Castro “como castillo de baraja”, resurgen las ideas de Malthus y en una cruzada de religiosos anglicanos, y organizaciones como la Liga del Control de la Natalidad, fundada en 1916 se plantea el control poblacional a través de los medios anticonceptivos. La dinámica de limitar el crecimiento poblacional se torna una herramienta de guerra para frenar el crecimiento de los países comunistas por parte de los capitalistas. Así, para 1970 se crea un grupo de académicos, políticos, religiosos y simpatizantes, que tenían como objeto retomar las ideas de Malthus y frenar el crecimiento desbordado de la natalidad amenazante al status quo. Se crea entonces el Club de Roma.

Los académicos venidos a hierofantes profetizaron que de no hacer nada lo único que veían era un canibalesco cuadro, en el que las masas hambrientas se comerían a los mejor nutridos, y al verse al espejo seguramente sabían porqué tenían que temer. Se preguntaron ¿Cómo solucionar esa falaz, irreal pero posible amenaza? Con cifras “científicamente” sustentadas, dijeron que 100 años después de 1970 si la humanidad no se regulaba en sus hábitos reproductivos vendría el fin del mundo. Con cifras inventadas pero alarmantes se lanzó una versión maximalista de todo lo malo, feo y chueco que nos tocaría vivir al momento en que la gente no parara de tener sexo y además de concebir mas gente. La solución, por exagerada y cruel que parezca fue, promover gigantescas campañas de esterilización en los países más pobres. Médicos y políticos se lanzaron con el apoyo de los Estados y universidades del primer mundo a ligar las trompas de falopio a todas las mujeres pobres que pudieran. Si el trabajo no era efectivo, se promovieron vasectomías rápidas y sin dolor.

Y si ni así, se potenció el temor a las enfermedades venéreas que indiscriminadamente incluía en su reparto, desde las ladillas, sífilis, gonorrea, flor de Vietnam, legionela, hasta el mismo Sida. Pero la situación cambió con el final de la guerra fría. Para 1990, el planteamiento autoritario de imponer el control de la natalidad se convirtió en una forma de violación de los Derechos Humanos, así que los grupos de poder no podían continuar con el mismo talante con el que venían actuando a lo largo de su existencia. Surgen las ideas del Poder Blando (Joseph Nye uno de los asesores del Pentágono en la era Clinton retoma las ideas de Mitrany, un inmigrante rumano de la década de 1930 en Estados Unidos).

En resumen la manipulación de la información y la creación de amenazas imaginadas se convierten en la clave para imponer las ideas, que por cierto no se han reciclado ni un ápice, Malthus sigue vivo y vigente. El aumento de humanos en el mundo desde siempre ha sido una amenaza para quienes se han apropiado de la riqueza de los demás, es decir, para quienes han usurpado la propiedad de los medios de producción del prójimo, como prueba se puede ver la actualización de las ideologías de fines del siglo XIX, empezando con el neoliberalismo, que acude a sus clásicos para explicar como caricatura el proceso de la generación de la riqueza. Se crea entonces la idea de la pandemia, y ésta es espoleada por la perspectiva hollywodense de que siempre en África, lugar que en la mente de los norteamericanos y europeos es altamente conflictivo, pobre y peligroso, existe una zona cero de todo lo destructivo y que amenaza de forma indiscriminada a la tranquila y buena humanidad.

Esta visión fue incluso aceptada por los latinoamericanos, que al recibir los insumos de la cultura norteamericana, deciden aceptar que de África es de donde vienen las cosas malas. Sin embargo, en los últimos años ha habido un cambio que ya no es tan favorable para Latinoamérica, ahora la zona cero parece haberse corrido desde África, en la misma linea ecuatorial un océano de por medio. Resulta que es en América Latina donde hay que ir a buscar al primer enfermo, y hoy, todavía pretenden encontrar por dónde es que se ha regado el temible Zika. Después de estos enredos e historias de miedo y acción. ¡Otra pandemia! ni siquiera construida en laboratorio sino que en los estudios de las grandes corporaciones de los medios de comunicación. CNN se empeña en decir que “se prevé que el Zika será el mayor desastre de salud en la historia humana, desde que se tiene registro”.

Si se razona esta frase que se ha convertido en máxima de los periódicos y canales de televisión nacional e internacional, podemos pensar que el Zika es la peor plaga desde que se encontró el mismísimo código de Hamurabi hace miles de años. Y para hacerlo más dramático y comprensible para las cristianas sociedades de Centroamérica, el Zika superaría las plagas bíblicas que el altísimo protector de los judíos le echó sin que le temblara la mano al faraón egipcio, es decir, ni las langostas, ni la muerte del unigénito del faraón, ni eso supera al Zika.

Pero el problema no es que el Zika mate o deje lesionadas a las personas como el deleznable chikunguya, el Zika da microcefalia. Lacónicamente los expertos han sentenciado que no tienen que haber más embarazos hasta que no se erradique la enfermedad, y para terminar de oscurecer el cuadro, científicos norteamericanos han encontrado que el virus se transmite a través de las relaciones sexuales y parece que hasta en la saliva de los infectados. Dramático ¿no?, aunque parece que hay otra enfermedad más grave que todas las pandemias juntas, el síndrome de Malthus, y de esta, no nos va a hablar nadie porque aún no encuentran el punto cero, parece que fue en Inglaterra en el siglo XIX, pero aún está por comprobarse.

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Publicado el 8 febrero, 2016 en Guatemala. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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