Sombras que hablan

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Esta foto de 1980 capta las sombras de los soldados que catean a los pasajeros de un autobús a lo largo de la Carretera Longitudinal del Norte. (Susan Meiselas | Fotos Magnum) En http://marcialteniarazon.org/nuestros-heroes-y-martires/patricia-vaquerano-y-alfredo-vela-no-estan-muertos#sthash.H6iooyoZ.dpuf

Por: Androxxx

Recuerdo con bastante nitidez lo que sucedía en la ciudad capital de Guatemala durante 1981. Acompañaba a mi tío Francisco a un taller de joyería en el que él junto a otros dos artesanos trabajaban elaborando cadenas, esclavas, dijes, grabados, moneditas y todo tipo de joyas y complementos para cadenas y adornos en oro y plata.   Por ser niño y no saber aún cómo hacer los trabajos más difíciles, mi tío me ponía a lijar las joyas que él elaboraba. Una lija corriente como él decía, cuando las cadenas estaban recién hechas, una media cuando ya iba transformándose y la lija fina para el último toque, posteriormente a pulir las joyas con un trapo especial y con una pasta color ladrillo, mexicana, marca Sidol. Quedaban relucientes, como si fueran espejos. Cuando se terminaba todo el trabajo, mi tío junto a los otros dos artesanos recogían todo el polvo que después de lijar, limar y cortar iba quedando en sus gavetas y lo vertían en un recipiente. Posteriormente, iban con el dueño del taller, pesaban las joyas, cotejaban con el peso del material que habían recibido y les pagaban.

Era una rutina bastante monótona. Para el almuerzo, yo salía corriendo a comprar un chao mein a un restaurante chino que quedaba sobre la calzada San Juan, su nombre era “Kam Ma”. El dueño por lo regular estaba sentado fumando en la entrada y cuando yo llegaba entraba a recalentar la comida que envolvía en un plástico, pasaba comprando tortillas a la vuelta del lugar (todavía usaban leña y el ardor en los ojos era increíble, y para las niñas que estaban dentro peor porque pasaban todo el día en el humo), compraba un litro de coca cola en una pequeña tienda donde atendía una señora que usaba una peluca porque había perdido todo el pelo por su edad, llevaba el envase conmigo y por fin regresaba al taller. En cada almuerzo nos comíamos un botecito de chile picamás, la etiqueta de este chile siempre me gustó, tenía a dos charros mexicanos comiendo algo alrededor de una fogata en medio del desierto, me habría gustado acompañarlos con una guitarra para cantar unas canciones.

Mientras comíamos escuchábamos las noticias en la radio Mundial. El noticiero empezaba dando un parte de los combates que estaban teniendo lugar en Quiché. Recuerdo que en 1981, para marzo, la noticia recurrente era:

“Un convoy del ejército fue emboscado por elementos subversivos en la carretera de San Juan Cotzal, dos minas claymore fueron detonadas, varios soldados murieron en el ataque. El jefe del Estado Mayor del Ejército Benedicto Lucas García, dio declaraciones…” Posteriormente las noticias internacionales, que decían: “En Nicaragua, Edén Pastora, Comandante Cero, dijo que…”

“En la Ciudad de Guatemala, dos estudiantes universitarios fueron secuestrados y sus cadáveres encontrados en la Antigua Carretera a Amatitlán…”

Después de terminar de comer continuábamos trabajando mientras escuchábamos la radio novela Chucho el Roto. A las 6 de la tarde íbamos para afuera, a tomar el bus para Villa Nueva, caminábamos hasta el Trébol, ahí estaban las COTRAUVIN.

Todo transcurría con normalidad, hasta que un día llegó una mujer que venía de Cobán. Ella vendía chachales, que eran unos mantos típicos hechos de plata para las bodas o para adorno de las mujeres indígenas Qeqchies. Desde que entró se le veía una expresión de susto, horrorizada. No decía nada ni contaba nada, pero los ojos, cuando nos veía a la cara nos asustaban, y más a mí, que era el más pequeño del grupo. Cuando la vi entrar me metí atrás de mi tío, sentí que me iba a comer.

Se quedó un momento sola en el taller y yo también. De reojo la miraba y de pronto bajó la cabeza y se puso a llorar. ¿Podrán creer lo que vi? Una sombra estaba sobre ella, era como ver la sombra del lomo de un gato cuando está asustado, arqueada y eriza, algo extraño, como ver a un puerco espín negro gigante montado sobre ella.

Cuando llegó mi tío, se recompuso, hablaron de algo más y salió por la puerta más grande del taller. Esa noche recuerdo que soñé cosas bien raras, lluvia, tierra, gente corriendo, huesos humanos, sombras, golpes, uniformes de soldados y después hoyos, la gente en ellos, el agua corriendo por sus cuellos, inmóviles. Cuando volteaba a ver hacia el cielo gris, se veía proyectada en las nubes la gran sombra de un humano, mitad simio mitad persona.

Pasaron los años y esta pesadilla se hizo recurrente. A veces despertaba a media noche con el recuerdo de haber visto la sombra sobre las nubes. Los días domingo, cuando podía dormir más, despertaba con el recuerdo de la sombra de la nube. De todas estas situaciones la que más recuerdo, por lo trágico del evento, y además porque ahí detectaron que me daban ataques epilépticos, fue cuando hace 10 años viaje a Cobán para la carrera de la media maratón. Iba en mi recorrido por un lugar cercano a la base militar y de pronto como destellos que me enceguecían, empezaron las imágenes a surgir en mi mente. Esa vez fue a primera que me he desmayado mientras hago deporte. Caí inconsciente sobre el asfalto, recuerdo que estaba tibio y en una rajadura sobre el material negro surgía una pequeña flor blanca. Después todo se oscureció y cuando regresé habían varias personas alrededor mío tratando de hacerme volver, tenía un pañuelo en la boca con un olor a perfume de mujer, alguien lo puso para que no me hiciera daño en la lengua.   Después asumí que el desmayo fue por la deshidratación, ya que había tomado muy poco líquido durante la última semana. Pero, me extrañó que se me manifestaron las mismas imágenes, los huesos, la gente, la lluvia y en el cielo la gran sombra de este personaje simiesco.

Tuvo que pasar bastante tiempo para que me reencontrara con esta pesadilla. Hace unos días, que estaba trabajando en la SAT, salí a acompañar a un amigo que es abogado y que iba a la Torre de Tribunales. Íbamos entrando cuando se veía un montón de policías, soldados y seguridad. De pronto me vino a lo lejos la sensación del desmayo que me agarró en Cobán. No importa, pensé. Entramos a la torre, nos subimos al elevador. De pronto vi hacia el piso, un señor llevaba un rimero de periódicos y el primero tenía una fotografía con los huesos y cráneos que yo siempre veía en sueños. Me asusté un poco. De pronto, el elevador quedó varado en el piso número 5.

No iba ni arriba ni a abajo. Dentro del elevador iban policías, el de los periódicos y un hombre con una gorra negra, no le puse mucha atención. Volví a ver el periódico, cuando uno de los policías que iba a lado mío se agachó e inexplicablemente se echó agua en el cuello. Sentí un susto profundo, pensé, “¿esto ya me ha pasado, no estaré soñando?”. La sensación del ataque epiléptico se hizo presente en todo mi cuerpo, sentí que me iba, ya venía el ataque, empecé a ver todos los colores muy nítidos, con fuerza. Me agaché, cuando de pronto vi para arriba, y veo la maldita cara de simio que siempre había visto.

Era este hombre el que veía en mis sueños. Me quedé viendo extrañado y los policías también sospecharon de mí. Uno de ellos me apartó con la escopeta que llevaba en la mano y me dijo, “aléjese del reo”. El hombre con cara de simio, me sonrío y me pregunto si yo era de Cobán. Le dije que no, de pronto se desatascó el elevador hasta que llegamos al piso 14, antes de bajarse me dijo, soy Benedicto Lucas ex Jefe del Estado Mayor de la Defensa en 1981, saludos. No recordaba ni en qué nivel debía bajarme, pero continué por inercia detrás de él. Habían varias mujeres de Alta Verapaz en la entrada. De pronto ví de lejos la sombra del puerco espín. Estaba deteniéndose en la pared, 30 años mayor la mujer que llegó al taller.

Pero, cuando vio que apareció este hombre grito con fuerza ¡Genocida, asesino maldito! Y se desplomó, cayó al piso en un llanto silencioso. Me acerqué y le pregunté, cómo no lo había hecho hace años, “¿Está bien, puedo ayudarla?”. Me vió y entre lágrimas me dijo “es el niño del taller, ¿verdad?”. “Sí ¿cómo me recuerda?” “Ese día, que estuve ahí vi que tenías una sombra encima y se movió hacia mí, se quedó encima mío, tu eres sobrino de Francisco, hermano de Bernabé, un hombre que este maldito que acaba de entrar y sus ejércitos mandaron a matar en 1981, te rescatamos y hoy estas acá para redimirte y buscar justicia, la memoria de tu padre hoy tiene que ser redimida”.

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Publicado el 19 enero, 2016 en Guatemala. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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