Armando un cazafantasmas 4.5/5

 

Por: Canguro, Rosenda, Giovanni y Daniela

Pareciera que la experiencia más intensa fue la que vivimos en el Hotel Ritz, y así nos parecía pues fue, entre otras cosas, una movilización bastante grande. Cables, cámaras, preparación de espacios, permisos y un sin fin de detalles que al final dieron fruto. Pero, como dicen que las mejores cosas llegan de repente, por aquí la experiencia que vivimos sin buscar, en un lugar en el que jamás pensamos que pasaría algo paranormal.

Íbamos una noche a Chimaltenango a dejar a Rosenda a su casa. De pronto la pequeña van en que viajábamos empezó a moverse de lado a lado. Julián dijo que una llanta se había pinchado y tendríamos que detenernos a cambiarla.

Nos bajamos del vehículo y con Giovanni ayudamos a Julián. Daniela y Rosenda, estaban atrás tratando de alumbrar con sus teléfonos celulares. El lugar, a pesar de ser Chimaltenango un lugar de paso, en el que siempre hay vehículos circulando, parecía bastante oscuro y solitario.

El viento por momentos soplaba mucho más fuerte, pues escuchábamos los arboles de un bosque atrás nuestro que sonaba como el mar. Sin embargo en medio de estos sonidos se escuchó algo extraño. Rosenda dijo

– Escuchen, suena como si una manada de animales viniera corriendo ¿o solo yo lo estoy oyendo? – A ver- dijo Giovanni – apoyando su oído en el asfalto – Sí muchá, suena así, hasta vibra. Pero ¿no viene ningún carro? o ¿camión?

El sonido iba subiendo de intensidad.

Se escuchaba un montón de animales o seres de cuatro patas corriendo a tropel hacia donde estábamos. Sin embargo, veíamos en la carretera de lado a lado y no se veía venir nada. Lo que sí se observaba era una densa neblina que poco a poco nos iba robando visibilidad, una noche sin luna, con ruidos y además con neblina.

Daniela que es la más sensible para estas cosas, de repente dijo

– Alto, ¿qué pasa? -hizo el ademán de acariciar a un animal de mediana altura, como un caballo- tranquilo…- haciendo chasquidos con la boca- ¿qué pasa? -finalmente hizo el ademán de soltarlo mientras se iba corriendo.

– Metámonos rápido al carro, algo viene, y es en serio – Pero no hemos cambiado la llanta todavía, estamos con el tricket arriba – O nos metemos o nos morimos.

Cuando Daniela dijo eso, supimos que era en serio. Nos encerramos en la van. El sonido empezó a ser ensordecedor. Sentíamos que rebotábamos con el ruido. La crisis empezó para Giovanni, quien gritaba, Rosenda también, yo estaba con la lengua dormida, no podía decir nada, el miedo era tan intenso que me empecé a sentir aletargado. Julian se tapó la cabeza y se puso en posición fetal en el asiento del piloto. El vehículo empezó a tambalearse y el sonido seguía con fuerza.

De pronto vimos en las ventanas hacia afuera y venían corriendo varias personas, descalzas, con sombrero y ropas viejísimas. Rosenda bajó una ventana y les habló en Kaqchikel. Uno de ellos respondió algo

– No sé de dónde salió esta gente pero hablan como abuelitos, así como hablaba mi abuela.

Y seguía corriendo la gente. Tenía todo grabado en mi teléfono pues desde que empezamos lo dejé recogiendo todo el sonido del ambiente.

Cuando todo pasó, salimos temerosamente a terminar de arreglar la llanta. Todo seguía igual, incluso, los “chuchos” de la llanta seguían donde mismo, no se habían movido un milímetro. A pesar del sonido tan intenso que habíamos escuchado. Nos sentíamos desconcertados ¿qué pudo haber pasado?

Tomamos camino de nuevo y finalmente llegamos a la casa de Rosenda, su mamá nos invitó a tomar un té de canela para bajar los nervios. Cuando llegó el papá, le conté lo que había pasado y cómo había pasado.

Nos escuchó con suma atención y de último nos dijo

– Ustedes fueron asustados por el “espíritu del terremoto”, cada cierto tiempo, hay un grupo de personas que tienen la misma visión que tuvieron ustedes

Recordé mi celular y le dije

– aquí esta la prueba, escuchemos…mi batería casi se descarga totalmente, pero no escuchamos ningún ruido intenso, simplemente nuestras voces gritar.

De nuevo el papá de Rosenda nos dijo – “fue el espíritu del terremoto”. Lo que ustedes vieron aquí no fue lo que pasó en 1976, sino lo que pasó en 1917. Ahora, debo decirles que siempre que alguien tiene esa visión es casi seguro que un terremoto de verdad viene. Es un aviso.

Después de las lapidarias palabras del papá de Rosenda, no sabíamos qué hacer. Así que pedimos quedarnos a dormir en la misma casa pues regresar a las 11 de la noche por la carretera no parecía lo más sensato. Dormí profundamente, sin embargo en sueños veía mucha gente corriendo, sufriendo, casas destruidas.

Al siguiente día, a mitad de la mañana decidimos salir de regreso a Guatemala. De pronto la van se empezó a tambalear de nuevo. Nos vimos a los ojos y no sabíamos si detenernos pues habíamos perdido confianza en nuestros sentidos. Finalmente paramos y se seguía moviendo. Finalmente todo se detuvo. Retomamos la carretera a la Ciudad de Guatemala, cuando de pronto en el noticiero de la radio decían

– Un fuerte terremoto acaba de afectar al departamento de San Marcos.

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Publicado el 29 diciembre, 2015 en Guatemala. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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