Archivos diarios: 18 noviembre, 2015

La historia no ha cambiado desde la Colonia.

Por Ana Lucía Ixchíu

 

Para Rigoberto Juárez, Domingo Baltazar, Profe Arturo, Chico Palas, Mynor López, Saúl Méndez, Rogelio Velásquez, Ermitaño López y para las y los presos políticos de todo el país y el mundo, a los que no conozco, quienes están por sus ideas, siendo privados de libertad, les mando luz y les pienso.

Nuestras vidas, queramos o no, son regidas por el tiempo del capital que nos “gobierna” -y digo esto porque aunque tratemos y luchemos por cambiar la realidad, este sistema de una u otra forma nos atrapa. La realidad del sistema de justicia en este país es un pequeño ejemplo de cómo el racismo estructural es la norma cotidiana y el funcionamiento del sistema penitenciario desnuda la realidad que trasciende ideología, condición de clase, religión, grupo étnico y orientación sexual.

Hacinados como animales, en las cárceles que perfeccionan a las y los criminales, en lugar de generar algún tipo de “rehabilitación” por delinquir y sí, este sistema piensa que la gente está enferma mental, sin analizar que lo que está enfermo es el sistema económico que nos rige y que rige nuestras vidas, generando todo tipo de deshumanización en las sociedades, haciendo normal dentro de nuestras vidas, mentes y cuerpos el encierro y la dominación, sintiendo parte de nuestra cotidianidad el encierro que generan las urbanizaciones cerradas, vendiendo una falsa sensación de seguridad, creando así una burbuja dentro de la realidad, esa realidad que no queremos que nos toque.

Caminando por los pasillos del Preventivo de la zona 18, me dirigía al sector 13. Mientras mis piernas temblaban de miedo, me preguntaba qué carajos estoy haciendo acá, y reparé en analizar la realidad sobre la discriminación y el racismo estructural que hay en el país, que tiene de manera histórica y sistemática el despojo como un aparato de funcionamiento para la opresión y la dominación dentro del imaginario de los más sobre los menos.

Mi respuesta sobre la razón del porqué me encontraba en ese lugar, se responde cuando me analizo como una mujer indígena que desde la historia de nuestros pueblos puedo ver y recordar cómo mucho antes de la época de la fundación del estado y de la declaración de la “falsa independencia” que en realidad era promovida por los pueblos indígenas, existieron los primeros presos y presas políticas, hombres y mujeres indígenas que peleaban por su libertad y autodeterminación y por la posibilidad de poder tener sus tierras de nuevo, mismas que les fueron despojadas por la corona española.

Cuando veo lo que nos toca vivir hoy, muy poco ha cambiado, no hemos superado el vivir en un sistema colonial y estado-finca. En este país neocolonial es muy fácil apresar a una o un  indígena por su trabajo e ideas  y esta es la razón por la cual me encuentro acá hoy. Estoy en el preventivo de la zona 18, en el sector 13 específicamente, visitando a unos amigos, maestros de vida, personas que admiro mucho y quienes se encuentran presos por defender sus ideas, su lugar de nacimiento, presos por la solidaridad, por el pensar en colectivo, por resistirse al tiempo del capital que tiene como parte natural de su trabajo la estrategia del despojo.

Después de los meses de movilización ciudadana donde como país demandábamos justicia y cese a la impunidad y la corrupción, veo como una forma más de las miles y diversas que hay de corrupción la del encierro injusto a través de la prisión política. Sigue siendo una tarea pendiente para reivindicar para la sociedad civil. Pese a los numerosos esfuerzos personales individuales y  colectivos que hemos hecho, muy pocos logros ha habido, a pesar de que todas han sido aprensiones ilegales y de dudoso protocolo, sentencias condenatorias de cien años y demás, se ha mantenido de manera permanente desde la colonia la detención ilegal para lideresas y líderes indígenas que valientemente resistiéndose a la dominación, a la tiranía, a la esclavitud, de la teoría de los más sobre los menos, lucharon hasta el final por defender sus ideas y sus territorios.

Rigoberto Juárez y Domingo Baltazar, quienes ya casi llevan ocho meses de prisión injusta y previamente planificada por intereses espurios y poco éticos en el sistema de justicia de este país al servicio de los megaproyectos de energía y minería en territorios colectivos indígenas y mestizos pobres.

Después recuerdo que ésta ha sido la forma en la cual este país gobernado por la derecha y por los militares.

Después sigo caminado y veo cómo los no permitidos de estas sociedades son hacinados como animales en lugares poco salubres e indignos, camino y llego por fin a sentarme a una mesa donde tengo que pagar para sentarme. Rigoberto acompañado de su familia, quienes viven también la prisión política con él, me saludan con una sonrisa; Domingo llega y me cuenta que está enfermo y que necesita medicina…

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¿Privatizar los hospitales? Lo siento gente, llegan tarde: ya están privatizados

Patricia Cortés Bendfeldt

El sábado hablaba con un alumno que considera que la corrupción ha acabado con la prestación de servicios de salud de calidad. Como ya se dio cuenta Mariano Rayo, eso no es cierto.

Veamos: ¿usted cree que las condiciones en las que está actualmente la infraestructura de salud es privatizable?

La privatización se hizo de hecho, y no de derecho. En teoría usted tiene el derecho de poder acceder a servicios de salud de calidad con su única condición de ser ciudadano, pero en el aspecto práctico si usted no tiene con qué pagar por aparte no tiene acceso.

¿Funciona privatizar un servicio privatizado? Obviamente no, la razón por la que actualmente colapsan los hospitales es que se asumió un enfoque de “baja inversión” para propiciar que fuera el propio usuario el que accediera a otros servicios “de paga” sin que fueran controlados por el estado.

Aunque esto es ilegítimo, no es ilegal. Usted enferma, como es alguien que tiene acceso a distintos tipos de servicios, estratificados por capacidad de pago, usted decide. Pongamos un ejemplo: usted necesita la atención de un parto.

Hace una cotización rápida y descubre que hay servicios tipo “APROFAM” en donde el hotel es decente (alimentación y cama) el pago es moderado (en la media) y el médico que usted prefiere (servicio privado) puede atenderla a usted o a su esposa allí. Necesita más o menos de 3 a 10 mil quetzales para un parto, o cesarea.

Pero no le gusta, usted cree que necesita una habitación privada y un médico de prestigio. Consulta las opciones que tiene su seguro privado, le ofrecen un paquete que tiene varias opciones básicas (parto normal, dos días de hospitalización, epidural, etc) pero le dicen que cada cosa “extra” corre por fuera del paquete pre pagado, así que hace su análisis y más o menos toca desembolsar entre 10 a 15 mil quetzales.

De allí para arriba, un parto normal en un hospital del sector superior puede costar de 15 a 25 mil quetzales.

Un momento, el niño necesita ropa, comida, y bueno, averigua en el sanatorio de la esquina, está limpio, más o menos cómodo, es una casa que volvieron sanatorio, se convence de que le conviene, su médico le dice que allí se puede, tiene sus dudas, pero el costo es más decente y “no queda lejos”, entre 1,000 (si, mil) a 5,000 quetzales, dependiendo si quiere anestesista, pediatra o sólo el médico y el “residente” (la mayor parte de las veces no graduado). Lo duda cuando ve que una enfermera sale con un balde de sanguaza y lo tira en la calle. Uf, tampoco ¿verdad?

Usted paga IGSS, por un momento se siente molesto, es que el hotel del IGSS no es tan bonito, las visitas son restringidas, no permiten el acompañamiento del padre, pero tienen uno de los mejores intensivos neonatales del país. Usted asume que “será pobre” y se atiende en el IGSS renegando de no poder darle “algo mejor” a su pareja o a usted.

Bueno, pero tiene una amiga en el Roosevelt, el lugar es decente, apretado, pero no le van a cobrar NADA, ni cuotas ni nada, así que usted va y su amiga “la mete”. La verdad sale feliz, la atención es buena, el hotel espantoso, pero la bebé está sana y le dieron todo el tratamiento gratis. ¡Oigan pero qué chilero sería que todos tuviéramos acceso a esto!!, sale diciendo, pero que fuera más bonito y que no fuera sucio, y que…bueno eso…

Así que de pronto se da cuenta que el servicio es privado porque las opciones “bonitas” tienen que ver con su capacidad de pago y las opciones que no “cuestan mucho” son desagradables (en el sentido estético, no de la calidad de la atención) y se enoja porque en realidad, 30 años de no invertir en los centros los ha dejado en el abandono.

¿Hace cuántos años pintó la casa donde vive? ¿Hace cuántos años le hizo ampliaciones porque aumentó la familia? ¿Está la casa de los abuelos en condiciones óptimas o necesita inversión

La infraestructura actual estaba óptima para la población de 1986… ¿30 años no es nada? Por otro lado, el presupuesto funcionaba para la población de 2004, ¿11 años no es nada? El ministerio no creció, mientras tanto la oferta privada se quintuplico (o más) por lo que para mí, la privatización es un hecho no aceptado, pero sufrido, con el agravante que mucho del servicio público es usado por personas que podrían pagar o que pagan IGSS, pero que no lo hacen o usan los servicios públicos porque les bajan costos. La población rural pobre y excluida, sigue excluida o se muere de parto, usa los servicios de comadronas, que representan un costo menor, en lo económico y en lo cultural, (a propósito no puse esa opción) o se atiende a sí misma los partos.

Y sólo hemos hablado de maternidad… imagine un accidente, una enfermedad catastrófica (para la que no hay tratamiento en lo público, supongo que, de alguna forma, a propósito, porque implica costos mayores).

Y sí, puedo estar completamente equivocada en el análisis, pero un gasto en salud en donde el 60% sale directamente del bolsillo del ciudadano no deja mentir.

¿Privatizamos entonces? no lo creo. Los servicios públicos deberían servir para disminuir los costos a la población que no puede pagar y, de alguna manera, lo que sí urge es una racionalización de costos en lo privado, que garantice calidad y eficiencia a un costo que no sea lesivo, o que los seguros puedan cubrir eficientemente los costos.

¿Por qué yo ya no le apuesto a la gratuidad total de los servicios? Porque cuando ya hay una privatización de hecho el oponerse al lucro de los sectores privados es imposible ¿Mejorar la calidad de lo público hace inviable lo privado? Totalmente, y ése es uno de los obstáculos con los que nos topamos, ¿acaso alguien compra algo que puede obtener gratis?.

En los últimos 30 años, la infraestructura médica privada ha crecido exponencialmente EN LOS LUGARES EN DONDE HAY CAPACIDAD DE PAGO; no ha aumentado en aquellos lugares donde la gente no puede pagar. Obviamente esto sectoriza aún más y divide el servicio entre los que pueden y no pueden pagar.

Cada vez que hay una de estas crisis, la gente es bombardeada con la idea de que “lo privado es mejor”, pero allí está el montón de oferta privada para que vean si es o no mejor.

Mejorar los servicios públicos atenta contra el mercado, es un hecho, privatizarlos no hace más que incrementar la ganancia de aquellos que, de hecho, ya ganan. Si el IGSS o el Roosevelt fueran un buen servicio ¿usted pagaría más por lo mismo? obviamente no. No permitamos que se privatice lo poco que queda sin intervención. Y si quiere usar servicios privados, adelante, hay de dónde escoger.