El “hombre común” toma el poder

renuncia ya

Por Gilberto Morales.

La dificultad de emitir opinión en torno de los acontecimientos recientes desencadenados después de la develación por la CICIG y el MP, de una red de saqueo en las aduanas, está dada tanto por la forma novedosa del movimiento de población, hija del Siglo XXI, como por ser un proceso inacabado, todavía en proceso.

Encontramos en el campo internacional antecedentes que pueden contribuir a su entendimiento. De diciembre de 2010 a febrero de 2011, en tres meses se dieron protestas en más de diez países árabes, en unos con mayor intensidad que en otros, y con consecuencias diferentes.

El inicio de los conflictos fue en Túnez, un vendedor de frutas y verduras se inmoló por la vía del fuego como protesta porque su puesto de ventas fue cerrado por la policía, en diciembre de 2010. En medio de una dictadura de más de dos decenas de años y de terribles condiciones de existencia de la población, agudizadas por la crisis del sistema capitalista de 2008, el acto tan desesperado como conmovedor, marcó el inicio de una serie de protestas reprimidas duramente por el dictador, Ben Alí, quien finalmente fue depuesto. Pero además el hecho trascendió, en Egipto, por ejemplo, un proceso de protestas similar se dio el 25 de enero de 2011 y sin el apoyo del ejército, Hosni Mubarak –otro dictador-, renunció al puesto dos semanas después.

En enero de ese mismo año hubo protestas en Siria, el movimiento fue reprimido y derivó en un enfrentamiento armado que dura hasta la fecha. Los disturbios en Trípoli, Bengasi y otras ciudades, en Libia, terminaron con el asesinato de Muammar Al-Gaddafi.

Lo notable de estas manifestaciones de oposición al poder en el mundo árabe viene dado por su estrecha relación en el tiempo, en tres meses es cuando como bajo el efecto epidémico de un virus infecto contagioso, las masas toman las calles y plazas de las ciudades árabes.

Los efectos secundarios

El remecer del mundo árabe tuvo efectos extracontinentales, siempre en el marco de la crisis general del sistema capitalista, en mayo, es decir menos de cinco meses después del inicio de la crisis árabe, un movimiento en España que se hizo llamar “Indignados”, arrancó con una serie de protestas en la Plaza del Sol, el 15 de ese mes en Madrid. Sus demandas eran económicas por el deterioro de las condiciones de vida, el problema de la vivienda, el desempleo que había puesto a cesar a una cantidad significativa de españoles, en especial a la juventud, quienes por esa circunstancia vivían bajo la tutela forzosa de sus padres. Sus peticiones además de girar en torno a demandas de trabajo, de vivienda, etc., también incluían críticas al sistema político. El desarrollo particular de esta concentración fue que partieron del plantón de la Plaza del Sol a los barrios periféricos para explicar las razones de su protesta a sectores más amplios de población y alcanzaron con esto algún grado de organización. Este tipo de esfuerzos derivó en la creación de un partido político que hoy ha logrado elegir como alcaldesas en Madrid y en Barcelona a dos mujeres, Manuela Carmena y Ada Colau, respectivamente y es considerado la tercera fuerza política en España.

En el caso del conflicto en Grecia, si bien es cierto que este movimiento también es consecuencia directa de la crisis económica mencionada, el actor principal no es la masa amplia convocada sin organización previa, sino existía un grado de organización que hace de la experiencia griega particular entre los otros conflictos. Mientras que en los otros países la convocatoria fue a través de las redes sociales, amplia y sin una dirección visible, en este país, tuvieron un gran papel los sindicatos organizados.

Siempre como consecuencia de la crisis del sistema y del contagio, Occupy Wall Street, es otro fenómeno importante que se fue disolviendo sin efectos mayores con el paso del tiempo. Sus demandas fueron fundamentalmente de carácter económico.

Las características

Las similitudes entre los distintos casos son mayores que las diferencias, especialmente en cuanto a las causas de los conflictos. Parten de una convocatoria horizontal sin liderazgos visibles, hasta cierto punto anónima, que permite al mismo tiempo a través de los medios técnicos a disposición de las personas la reproducción de la convocatoria, siempre horizontal, entre pares. Se da de manera activa el protagonismo del “hombre común” en la calle. Puede llegar a tener un crecimiento exponencial, pero entraña también el riesgo de desintegrarse, como ve Elías Canetti el comportamiento de esta forma de aglomeración humana, “la masa existe mientras crece, su desintegración comienza apenas ha dejado de crecer”.

Tiene un altísimo grado de espontaneidad, porque la convocatoria inicial se da a través de las llamadas redes sociales. Otra característica que alimenta este espontaneísmo es el hecho de no reconocer liderazgos ni individuales ni colectivos. No es un movimiento estrictamente clasista, en el caso Guatemala, en la medida de la presencia de algunos participantes de clase media alta o alta, la predominancia, no obstante es de la clase media. Hay una notable participación de jóvenes con lo que también la situación vivida en nuestro país coincide con otros movimientos sociales similares.

Con la Primavera Árabe y sus efectos sobre la población indignada de España, sobre la de los Estados Unidos de Norteamérica, en buena medida también con lo acontecido en Grecia, queda demostrado el carácter infectocontagioso de estos movimientos que como un virus se extienden sin respetar fronteras. En nuestro caso el efecto alcanzó al vecino Honduras. Hasta aquí lo novedoso porque el contagio ya se ha dado antes, por ejemplo las revoluciones europeas del Siglo XIX, o de las guerras en Indochina, en los años 60, entre otros casos. Comportamiento que es conocido también como efecto “dominó”.

Una característica que aparentemente es propia de las demandas en Guatemala, es su carácter legalista. Aunque algunas voces llamaron a la ruptura del orden constitucional en los primeros momentos, ahora las peticiones se plantean en el marco de los procedimientos legales, lo que refuerza la institucionalidad. Es por esa vía que se han conseguido victorias en contra de la impunidad. Aquí cabe tanto la renuncia de la ex Vicepresidenta, el antejuicio en marcha en el seno del Congreso en contra del Presidente y la renuncia de un número considerable de funcionarios públicos, diputados desaforados o en proceso de, así como el incoamiento de antejuicio a varios alcaldes y jueces. La ciudadanía ha agotado los medios legales con distintas propuestas de reforma a leyes que resultan determinantes para alcanzar una reforma gubernamental que permita otro grado de convivencia política.

Una característica más es su carácter urbano. A pesar de alguna participación de sectores sociales del campo, recordemos a los representantes de los 40 Cantones de Totonicapán, a los pobladores de San Juan Sacatepéquez, afectados por la instalación de una planta de procesamiento de cemento, de la familia Novella, otras manifestaciones como taponamientos de carreteras en algunos departamentos por el CUC, alguna marcha y mitin de CODECA, que por demás, esta última, se vio afuera del cauce general de la protesta, tanto por realizarla como organización social particular no sumada a la masa abierta que se ha reunido en el Parque Central, como por el día escogido para realizarla. En esos términos no se ha alcanzado lo que podríamos llamar, una integración en la acción entre campo y la ciudad.

El carácter de las concentraciones entonces ha sido mayoritariamente urbano. En los países mencionados, las concentraciones se dieron en ciudades, en Túnez, Sidi Bouzid; en Turquía, Estambul; en Egipto, el Cairo, Alejandría y Suez, especialmente. En Libia, Trípoli, Bengasi y otras; en España, Madrid, Barcelona y muchas otras; en los EE. UU, Manhatan, New York; en Honduras, Tegucigalpa y la coincidencia se da a lo largo listado de conflictos. A cada una de esas ciudades, además, les corresponde una plaza-escenario. Tahrir, La Puerta del Sol, Sana’a, el Parque Central, Syntagma, son algunas que resumen esas historias.

El carácter urbano del conflicto no es necesariamente un elemento constitutivo del cuerpo de cosas novedosas que nos trae esta forma de ejercer la ciudadanía propia de este siglo. Su carácter urbano nos remonta, también, al Siglo XIX francés y sus revoluciones urbanas en 1830, 1848, así como con la Comuna de París en 1875. Lo que nos llevaría a pensar si existe un tipo de movimientos de masas específicamente urbanos. Movimientos de masa urbanos cuyas demandas no están, como diría Lefebvre, en “su derecho a la ciudad”, sino con metas políticas claras, es decir más allá de la necesidad de cubrir sus necesidades inmediatas de habitación en la vivienda y en el equipamiento urbano, sino en otras que apuntan a un cambio de las personas que hacen gobierno y la transformación del sistema político además.

Cuál fue el sortilegio que permitió el mayo del 68. Porqué se desata a nivel casi universal una serie de protestas en las principales ciudades del mundo. Porqué en nuestro Marzo y Abril del 62, tampoco se dio participación de los sectores populares del campo –como no sea la presencia del batallón Canales como parte de la represión al movimiento social. La explicación probable estaría en la concentración del poder político y de las instancias de decisión en las ciudades. Es allí, en sus plazas, donde la masa eleva sus demandas.

Los momentos

Se puede observar que el fenómeno se va dando al paso de varios momentos. El primero es la carga negativa del rechazo y condena no expresados públicamente pero que tiene un efecto acumulativo, como una cámara hermética a la que se le inyecta presión al paso del conocimiento de actos de corrupción cotidianos y pertinaces, mientras se da el deterioro de las condiciones sociales en salud, educación, vivienda, seguridad, trabajo, etc.

El siguiente momento y sin él la situación no puede desencadenarse, es un evento capaz de detonar toda aquella carga negativa que no nos permitía más allá de simplemente censurar los abusos, pero sin pasar a la acción pública. En Túnez y los países árabes fue la autoinmolación mencionada y aquí tuvimos “nuestra” Línea.

El tercer momento es consecuencia del evento anterior y se expresa en concentraciones masivas de protesta. El cuarto momento, el efecto de grandes concentraciones de masa, obliga a hacer concesiones al poder, lo que en nuestro caso está dado por la renuncia y cesación de funciones de los altos ejecutivos ahora fuera del gobierno, y el inicio de antejuicios a diputados y jueces.

Y finalmente, el momento incierto sobre el camino de la materialización de las protestas a través de propuestas, como las reformas a varias leyes que están en marcha y su necesario cabildeo por la vía de la presión ciudadana en la calle.

Las consecuencias

En nuestro caso el movimiento poblacional todavía en cauce va produciendo organizaciones que buscan incidir en el proceso dentro del marco de la ley. La Plataforma Nacional para la Reforma de Estado. La Coordinadora Nacional de Estudiantes Universitarios de Guatemala, la de Quetzaltenango. Otra Guatemala ¡Ya!, organizaciones de segundo piso que agrupan una significativa cantidad de organizaciones de base, con propuestas importantes en la coyuntura, de las que esperamos un protagonismo mayor y mejores éxitos en los cortos días venideros.

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Publicado el 3 agosto, 2015 en Guatemala. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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