Archivos diarios: 28 mayo, 2015

DE ACUERDO, ENTRÉMOSLE

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Miguel Ángel Sandoval

He visto en columnas de opinión y en programas de radio,  referencias, aun  parciales, de una especie de propuesta que consiste en plantear sea un gobierno de transición o uno provisional, como la mejor manera de salir de la crisis en la cual nos metió la corrupción y quiénes la hicieron posible, lo cual es ahora parte de la anécdota, pues es como dice un programa de TV, Caso Cerrado. Por supuesto que falta la parte operativa de la justicia que esperamos sea pronta y cumplida. La renuncia de algunos funcionarios es cosa de tiempo, nada más. Por ello la idea de un gobierno de transición o provisional viene a cuento.

 En esto que señalo, provisional o de transición hay un mundo de diferencia. Provisional, para decirlo de forma simple,  sería algo para mientras ocurren las elecciones y el relevo como algo que tiene sus tiempos particulares con sustos y sobresaltos, pero en general todo previsible. En este escenario, en septiembre hay elecciones y que gane el mejor o el que hizo mejor campaña, o quien interpreta mejor el momento político del país y esas cosas que se dicen cuando se presentan encuestas de opinión, etc.

En cambio un gobierno de transición nos coloca ante el escenario que los factores de poder tradicionales no quieren o no les gusta o lo consideran un riesgo. Se trata en este caso de un gobierno con las características que sean (de una o varias personas) pero que aborde los cambios indispensables que el país demanda en las calles de manera evidente en estos luminosos días, pero que espera desde hace muchos años y sobre todo, desde la firma de la paz que terminó con el conflicto armado en un ya lejano 29 de diciembre.

A vuelo del pájaro, las tres o cuatro reformas indispensables en este momento. Faltan muchas  por supuesto. La primera de todas es la reforma de la ley electoral y de partidos políticos que es vista como el sostén de un sistema de partidos que se relevan unos a otros sin que los personajes cambien. En una especie de cambio de camisetas para jugar el mismo partido con los mismos intereses. Hay realmente pocos cambios en ello. Sobre esto hay varios ejemplos. Y en ello el transfuguismo es el rey.

A continuación, algo vinculado a la reforma de la ley electoral, como es una ley de Servicio Civil, que impida que cada cuatro años se reparta el pastel de los empleos vinculados al estado, sea en ministerios, oficinas descentralizadas, municipalidades, entre otras. Por ello no se puede iniciar la refundación indispensable del estado sin estas dos reformas  viendo las cosas de manera seria y objetiva. Luego la ley de compras y contrataciones, contraloría, ley de régimen interior del congreso.

Lo otro de los cambios indispensables, sin entrar en terrenos de las reformas constitucionales o de una ANC, es la depuración del sistema de justicia en todos sus componentes. Sea en la parte de la persecución penal o en la impartición de justicia. Es claro que mi apuesta es por un gobierno de transición que de paso a las reformas indispensables.

Si de momento no planteo la reforma constitucional o una ANC es por una razón política bien clara: no tenemos una correlación de fuerzas que impida retrocesos de fondo en la constitución política del país, de la misma manera que no hay ninguna garantía en la conformación de una ANC de signo progresista. El corazón podría indicar que la reforma constitucional es apetecible, pero en este caso plantearía de manera abierta lo siguiente: ¿con cuales contenidos?  Lo mismo ocurre con la idea de una ANC. ¿Quiénes la integrarían? ¿Qué sectores? ¿Con que agenda? Obviamente, si con argumentos estructurados se demuestra la pertinencia o bien de una ANC o de la reforma constituciones, bienvenida.

Señalo esto pues mientras no se demuestre lo contrario, los milagros no existen. Y, parafraseando a Tito Monterroso, “Cuando despertamos, el dinosaurio apenas estaba herido”

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Guatemala: ¿Quiénes y por qué le temen a un proceso de Asamblea Constituyente Popular?

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Ollantay Itzamná

En el 2012, cuando el Gobierno de Otto Pérez Molina, dócil a los intereses de los agentes neoliberales, quiso impulsar reformas a la Constitución Política del Estado. Pero, muchos columnistas, académicos, profesionales y trabajadores de ONGs progresistas se opusieron a dichas reformas, sin mayor propuesta. Sólo apareció, en ese entonces, en el escenario coyuntural capitalino, una organización indígena campesina movilizada que entre sus banderas de lucha planteaba: “No a la reforma constitucional. Sí a una Asamblea Constituyente Popular”. Pero, pasó casi desapercibida.

En ese contexto consultamos, sobre la viabilidad de un proceso constituyente,  a algunos dirigentes nacionales de la izquierda política, y la respuesta fue: “Imposible. No tenemos ninguna correlación de fuerza a nuestro favor. Si se instala una Asamblea Constituyente, nos quitan incluso lo poco que tenemos en la Constitución”.

En estas últimas semanas, ante las veladas crisis política y económica que evidencian el colapso institucional y jurídico del Estado, sectores indígenas y campesinos, frente a la ausencia de propuestas de indignados citadinos movilizados, plantean la “refundación de un Estado plural mediante un proceso constituyente popular”. Pero, de igual forma, “analistas” y columnistas de derecha e izquierda aducen su inviabilidad. Los primeros, arguyendo un posible caos social. Los segundos, “por que no existe correlación de fuerzas favorables para una Constitución progresista, ni propuestas de contenidos”.

Si entendemos el proceso de la Asamblea Constituyente Popular como un camino o espacio de encuentro ampliado para la concertación de acuerdos mínimos de convivencia pacífica y para proyectarse como país, ¿por qué asumirla como una amenaza y no como una oportunidad democrática?

Uno de los grandes legados del sistema neoliberal vigente, aparte del empobrecimiento material, es el empobrecimiento mental/cultural. El afianzamiento de: “Nosotros no podemos. Ellos sí pueden”. La instauración fáctica del pensamiento unidimensional (del cual habló H. Marcuse) borró no sólo las fronteras teóricas y prácticas de los actores de derecha y de izquierda (los neoliberalizó), sino que anuló la capacidad de pensar fuera de los marcos culturales establecidos por el sistema. Eso hace que el mapa descriptivo que construyen las y los analistas (para explicar la realidad) no corresponda con las realidades inéditas de la Guatemala profunda.

El otro factor determinante para asumir la actitud paranoica de “vencidos para siempre” es el racismo establecido en el psique de las y los analistas (porque fueron formados y configurados por una sistema educativo racista). “Si, nosotros, que somos ciudadanos plenos no podemos. Peor no podrían indígenas y campesinos del área rural por más que estén organizados”, pareciera ser el pensamiento de los auto declarados derrotados antes de emprender la contienda constituyente.

Además, podría estar detrás de esta “rendición anticipada” el síndrome de la capitalidad que permea a las clases media y popular del país: “Si nosotros capitalinos no sabemos, ni estamos a la altura de repensar el país, mucho menos sabrían hacerlo “los ignorantes” del interior del país”.

Sea cual fuere la causa de esta neofobia (miedo a lo nuevo), lo cierto es que las resistencias comunitarias frente al despojo del sistema neoliberal, desde sus territorios, en consonancia con organizaciones como CODECA y CNOC, plantean la construcción de un nuevo Estado, mediante un proceso constituyente popular y plurinacional.

En el imaginario de estas organizaciones, la Asamblea Constituyente, no es asumida como la reunión de “notables” o “expertos honorables de traje y corbata” para escribir y aprobar una nueva Constitución Política, sino como un largo camino de inclusión que requiere del involucramiento organizado o no de todos los pueblos y sectores con visión de país.

Algunos núcleos regionales de CODECA ya se encuentran en la etapa preconstituyente, informándose y socializando información sobre el proceso constituyente. Porque el proceso constituyente es eso: un camino con diferentes etapas y con la mayor participación posible.

Si todos los y las indignadas del país comienzan a articularse en asambleas/ organizaciones locales, nacionales y regionales para construir propuesta para el método del proceso constituyente y contenidos de la nueva Constitución, entonces, sí es posible repensar el país, con nuevas leyes, nuevas instituciones y nuevos proyectos de vida. Sí es posible la fecundación de un sujeto sociopolítico constituyente.

Guatemala no está condenada a vivir sometido al miedo de sus derrotas/fracasos. Lo que no se pudo ni con las primaveras fugaces, ni con la guerra de guerrillas, ni con los Acuerdos de Paz, se puede con un camino constituyente democrático e intercultural. Para ello, debemos creer en nosotros mismos. Creer en la fuerza organizativa del pueblo. Estar dispuesto a renunciar a los privilegios. Y pensar más allá de lo que nos acostumbró la hegemonía cultural neoliberal.

La lucha ya no es por nosotros/as, sino por quienes vienen después de nosotros. Estos tiempos exigen zafarnos de los corsés teóricos prefabricados, abandonar los manuales aprehendidos. El sentido del momento histórico nos exige hacer de esta crisis estatal una verdadera pedagogía creativa fecunda para la emancipación.

Periodismo ciudadano: Entrevistas desde la Plaza Central #16M

Conozca de la propia voz de quienes se hacen presentes para manifestar en la Plaza Central, qué esperan y qué les mueve para llegar hasta ahí.

“Por simple curiosidad se nos ocurrió realizar unas entrevistas a personas que participaron en la manifestación del sábado 16 de Mayo de 2015 en la Plaza de la Constitución de la Ciudad de Guatemala, así que improvisamos y por esa razón quizás las preguntas planteadas no fueron las más indicadas, pero representan el sentir del pueblo.”

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