Archivos diarios: 25 mayo, 2015

Rigoberta Menchú demanda renuncia inmediata de Pérez Molina

 

 

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“La renuncia inmediata del General Otto Pérez Molina de la presidencia de la República, como máximo responsable de las redes de corrupción que saquean los recursos del Estado. El General Pérez Molina carece de toda legitimidad y es un derecho ciudadano revocar su mandato.”

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Este momento: apuntes desde las calles

Por: Gustavo Maldonado*

CÓMO SE PRODUJO EL ESTALLIDO: Breve caracterización de los hechos

Miles de guatemaltecos empezaron a manifestarse en las redes sociales tras el destape por el Ministerio Público (MP) y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), del millonario desfalco realizado por una estructura criminal enquistada por años en la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT). La convocatoria realizada en la red social Facebook, bajo el nombre “RenunciaYA”, que fijaba la cita para manifestarnos el sábado 25 de abril, fue tomando fuerza. Otra de las convocatorias llamaba a la realización de plantones diarios, que iniciaron frente a la casa presidencial el lunes 20 y se extendieron a lo largo de la semana previa a la primera gran concentración. Nos lanzamos a las calles. Así se preparaba el ambiente para aquel sábado.

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Llegada la fecha atendimos al llamado y vimos con una mezcla de alegría, nerviosismo y asombro, confluir desde todos los puntos a diferentes grupos, familias y personas individuales. Más de 25 mil personas en una plaza casi llena. Y las manifestaciones han continuado. Surgen preguntas. La resistencia y la protesta constituyen en la historia de Guatemala, un ejercicio permanente de diversas organizaciones, en su mayoría indígenas y campesinas que llevan décadas luchando por la defensa del territorio. Asimismo, han acontecido en el transcurso de las décadas, manifestaciones de similar magnitud, como la famosa Marcha de los mineros de Ixtahuacán o el entierro de Manuel Colom Argueta. Entonces, ¿qué tiene de nuevo este fenómeno? ¿A qué se debe tanto júbilo y tanta expectativa?

Primero, la composición del grupo que se concentró en la plaza ese día. Esta manifestación superó cualquier expectativa, en cuanto a expresiones espontaneas de protesta de las capas medias urbanas, en la ciudad de Guatemala, tomando en cuenta la prolongada ausencia de movimientos netamente urbanos y espontáneos durante las últimas décadas. Otro hecho digno de tomarse en cuenta es que se trata de una convocatoria realizada por medios electrónicos, que logró una asistencia plural, sin distinción ideológica o política. El grito que nos unía era un NO rotundo a la corrupción, que se dejaba escuchar desde lo más profundo de nuestro hartazgo.

Además de la ausencia de banderas partidistas, algo importante es, que a pesar de haber ocurrido al principio sin más norte que la indignación por los actos de los corruptos, los reclamos se han ido profundizando. Estas primeras expresiones se llevaron a cabo en orden, de manera pacífica y horizontal, sin protagonistas o figuras encumbradas, rompiendo al menos en la dimensión simbólica con la lógica vertical de las estructuras y los mecanismos reproductores del poder. Empoderamiento de la población. Pura expresión ciudadana de repudio a la corrupción y al estado de cosas dentro de la sociedad. Pero, ¿qué fue lo que convocó a esa diversidad de personas de la ciudad a manifestarse aquel día?

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Por lo pronto, como detonador evidente podemos nombrar la indignación ante los actos corruptos. Esta indignación parte en algunos casos, de un sentimiento moralista propio de algunos sectores de las capas medias y acomodadas urbanas, y en otros casos de reivindicaciones históricas relacionadas con la idea de justicia dentro de la sociedad, que encuentran en este momento la posibilidad y el común denominador del repudio a la corrupción, para expresarse y confluir sin importar la bandera, a manifestar esa indignación. En todo caso acumulación histórica de factores. No hay cuerpo social que aguante tanto, habíamos hace mucho rebasado el límite de lo tolerable y aun así, permanecimos mucho tiempo inertes.

Antes de la confluencia diversa y espontanea del sábado 25, los sectores urbanos hemos permanecido aletargados durante algún tiempo. Las últimas protestas urbanas que vale la pena mencionar se pueden situar en 1994, 2000 y 2005. Pero ninguna de estas manifestaciones logró concentrar en un solo lugar a una concurrencia tan diversa o a una cantidad similar de personas. Hartazgo de vivir reprimidos, violentados y saqueados en las diversas dimensiones de la vida. La energía de ese hartazgo ha estado ahí, acumulándose y esperando la chispa que prendiera el polvorín. Y esa chispa llegó, con este caso de corrupción que apenas es lo visible de las estructuras criminales dentro del Estado y de la putrefacción social en todas las dimensiones. Por eso debemos tener claro que, si bien existen diversas propuestas y reclamos dentro de esta lucha, lo estratégico es dirigirnos bajo un común denominador, que pareciera ser la lucha contra la corrupción y la depuración de las estructuras que la reproducen y le dan cabida.

Ahora bien, cualquier intento de sistematizar un momento, de tomarle el pulso a un proceso en desarrollo, requiere la atención y la curiosidad de quien mira anonadado algo que fluye y se desborda ante sus ojos. Vamos pues a la historia, esgrimamos nuestros cuestionamientos hacia ella, intentando encontrar puntos de referencia para explicarnos los fenómenos del momento actual. Empecemos por los personajes de la trama.

CÓMO LLEGAMOS A ESTE PUNTO: de cómo se gestan las mentalidades que nos han mantenido atomizados

Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti son un claro ejemplo del éxito de la estrategia contrainsurgente en su dimensión ideológica, iniciada por los sectores conservadores de poder en 1954 e intensificada a lo largo de las décadas del conflicto armado. En primer lugar, ella, el ejemplo de una persona de ese segmento de la clase media aspiracional, arribista, superficial, ignorante, prepotente y despolitizada. Con antecedentes nada gratos en el ejercicio del poder desde años de juventud, bajo el gobierno de Jorge Serrano Elías. Junto a ella, tenemos a uno de los soldados que ejecutaron el genocidio, que no era un general ni un coronel en aquel momento, sino un mando medio que dirigía las fuerzas de tarea. Es decir, uno de los hombres que realizaron directamente las masacres. La despolitización de la mentalidad superficial y la militarización de la sociedad, juntos en una pareja de funcionarios.

Esta pareja de gobernantes representa el producto humano ejemplar y culminante de un proceso histórico de condicionamiento ideológico que se inicia con el derrocamiento de Jacobo Arbenz en 1954. Entre los acontecimientos relevantes de este proceso podemos mencionar, la militarización de los institutos públicos tras la culminación de las jornadas de lucha de marzo y abril del 62, el inicio del conflicto armado y el consiguiente despliegue de la estrategia contrainsurgente, que se intensificaría en las décadas ulteriores. La militarización de la seguridad, la creación de aparatos paramilitares de extrema derecha, el adoctrinamiento y la construcción de un cerco informativo que se gestó para mantener desinformada y ajena al conflicto armado que se desarrollaba en el país, a mucha de la población urbana durante muchos años.

Este cerco informativo evitaba que la información llegara, a la vez que intentaba adoctrinar especialmente a las capas medias urbanas, desde los medios de comunicación nacional y otros medios de reproducción ideológica. Luego, la llegada de las antenas parabólicas y la televisión por cable, que cayeron sobre las condiciones generadas de antemano por los medios locales, desplegando la novedosa y colorida publicidad norteamericana. Esta embestida definitiva viene a poner la tapa al pomo del adormecimiento de las fuerzas de esas mismas capas medias, cuya participación y liderazgo habían sido clave para el triunfo de la revolución democrática de 1944. Algunos de estos sectores ya habían visualizado y asimilado las llamativas imágenes de aquel primer mundo consumista en los filmes de Hollywood y por medio de furtivos viajes a Miami, muy de moda en aquel entonces para algunos privilegiados.

Ahora ese mundo se presentaba ante sus ojos en la tv por cable y se materializaba en su espacio vital con la explosión de las primeras versiones subdesarrolladas de centros comerciales, la expansión del uso de los electrodomésticos y el inicio de la llegada de las PC´s a algunos hogares urbanos Transcurría la agitada década de los años ochenta. Las pistas de patinaje, los restaurantes de comida rápida y los videojuegos, fueron copando el imaginario de un fuerte sector, propiciando un culto a lo superficial, emulador de la cultura consumista norteamericana, pero mucho más terrible pues emulaba aquella, en un país con condiciones enormes de desigualdad y pobreza. Este nuevo mundo de prácticas y tecnologías propias de la idea del confort norteamericano, construyó una realidad diferente dentro de la cual se fue forjando en estos sectores urbanos una mentalidad de indiferencia, que les hacía sentirse lejanos de esa realidad que si bien no les era ajena, se percibía en menor escala dentro de esa burbuja.

Tras esto y firmados los acuerdos de paz, una de cuyas desgracias fue romper los vínculos entre los movimientos y fuerzas democráticas que actuaban antes de aquel momento como una unidad articulada, aterriza el proyecto neoliberal que se venía expandiendo desde décadas atrás, como parte del avance totalitario del sistema de mercado a nivel mundial. A partir de este momento, los recursos naturales, los bienes y fondos públicos, que se supone pertenecen a toda la ciudadanía, han ido pasando de manera más acelerada a las manos de la oligarquía nacional y los monopolios transnacionales. Muchos de quienes integraban las filas del ejército, la Policía Nacional y la Policía Militar Ambulante, pasaron a conformar bandas de crimen organizado alrededor de actividades ilícitas como el secuestro y el robo de vehículos, el contrabando y la evasión fiscal.

Saltando un poco en el tiempo, pasamos por una seguidilla de gobiernos corruptos e ineptos, que se convirtieron en los nuevos operadores de las mafias para infiltrarse y actuar de manera impune dentro de ese nuevo pacto de las élites poderosas que se planteaba a partir de la transición a una democracia meramente formal y corrupta desde su concepción, consagrada legalmente en la constitución de 1985. La putrefacción del sistema y el estallido social eran solo cuestión de tiempo. Y vaya que nos tomó un buen tiempo. Sin embargo, todo esto desemboca en la elección de Pérez Molina y Baldetti, que como ya se dijo, encarnan a la perfección dos de las dimensiones fundamentales de la mentalidad que este proceso económico e ideológico de seis décadas construyó en un sector grande de las capas medias urbanas: la militarización y el consumismo aspiracional.

Tomando en cuenta esto, podemos afirmar que la crisis que ahora vivimos no es solamente institucional, pues es el resultado de un proceso de degradación de la sociedad en todas sus dimensiones. Esta es la crisis de un sistema económico, político y social corrupto, que ha llegado al punto de su propia extinción. Para que esta realidad se transforme de manera cualitativa, no bastan reformas superficiales, hay que entrar a fondo. Este sistema ha colapsado.

PARECIERA QUE EL MAL VA GESTANDO EN SU SENO EL REMEDIO:

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A pesar de todo lo dicho con anterioridad, pareciera que el mismo mal viene generando en su seno el propio remedio o al menos cierto alivio, cierta oxigenación que se manifiesta en estas expresiones espontaneas de protesta. Y es que la historia de esta sociedad ha sido convulsa, podríamos decir extrema, de grandes desigualdades. Más que una sociedad, nuestras formas de interrelación, nos han hecho ver como un grupo de entes disociados, apáticos, atomizados. Pasa el tiempo y seguimos naciendo, viviendo y muriendo en este lugar, en este territorio, bajo este esquema. Cada generación hereda peores condiciones de vida, un sistema político más desgastado, mayor corrupción, diversos tipos de violencia. Los papeles varían poco de generación en generación y casi siempre dentro de un mismo orden. Los ricos siguen siendo pocos y ricos; sus fortunas crecen a un ritmo equivalente al que crece la pobreza y nacen más niños pobres. Pasan los años, las décadas, pero la riqueza y el poder en este país siguen sin democratizarse. Continúan concentrado en pocas manos. De ahí la verticalidad de su composición y de las relaciones sociales en que esto se reproduce. Pero llega un punto dentro de este proceso, en que es tal la putrefacción del sistema que hace reaccionar, incluso a ese mismo sector urbano, una parte del cual, aportó con su voto a poner en el poder a estos delincuentes.

La breve y caótica línea de tiempo de la parte anterior puede servir para ilustrarnos acerca de la estrategia contrainsurgente que ha condicionado la atomización y la enajenación de estos sectores, convirtiéndolos de a poco en un nicho consumista del sistema de mercado. Es decir que esta situación que pareciera no poder ser peor, no es producto de la casualidad: es el resultado de un proceso histórico. ¿Cuántas veces nos hemos dicho que esto no puede estar peor? Muchas de esas veces, más que una afirmación sobre el presente, ha resultado ser una premonición temerosa del futuro. Las cosas han seguido yendo para peor. Grandes desigualdades económicas y sociales, mayor desempleo, mayor pobreza, mayor delincuencia y violencia, persistente racismo y discriminación. Todo esto, equivalente al nivel de miedo, la atomización, la apatía y la indiferencia de los sectores urbanos. Hasta la llegada de esta fórmula siniestra al poder.

Pareciera que ese proceso manipulado de desmovilización contrainsurgente, hubiera venido generando en sus contradicciones internas, a estos dos personajes. Y dado que responden a la perfección al tipo de humano que interesa y ha servido de manera obediente al sistema, los hubiera puesto a cargo del poder político, como premio lógico a esa carrera de servilismo y defensa de los intereses de las élites. Ya allí los personajes se obnubilan con los brillos del poder, desde esa mentalidad individualista y ambiciosa que el mismo proceso histórico y el sistema han generado en ellos. Se rebelan, rompen relaciones con sus amos y emprenden, no solo el saqueo sistemático y descarado, también abren frentes en todos los lugares y dimensiones, enfrentándose con todos los sectores posibles de la sociedad.

En contraposición al sentido de comunidad, el lenguaje por medio del cual se comunican con el resto del conglomerado social es la violencia, ese lenguaje que nos ha sido impuesto como única forma de ser, a partir de la ideología del poder que es la del saqueo y el control. La llegada al poder de esos dos personajes y el saqueo que han llevado a cabo, han conseguido el milagro de unir a los sectores urbanos. Nos ha provocado un asco terrible, nos hemos indignado tanto que decidimos salir del silencio. Sin embargo, no podemos olvidar que esto también es el resultado de una acumulación de frustraciones a lo largo de los años. A esto se suma que en el mismo proceso, la apertura moderada pero persistente en cuanto al acceso a la información y la comunicación inmediata que brinda el internet, han sido una herramienta importante para este estallido, logrando diversificar los puntos de vista, construyendo tímidamente visiones más críticas y diversas.

ESE OBSCURO OBJETO DE NUESTRO DESPRECIO

Ella y Él: apuntes para un guión cinematográfico

Tomemos en cuenta que en 1993, Roxana Baldetti ostentaba el cargo de sub secretaria de comunicación social de la presidencia, para el gobierno de Jorge Serrano Elías. Corrían tiempos agitados, pues el mandatario se proponía suprimir los demás poderes del Estado y reinar en solitario durante un tiempo indefinido. El autogolpe tuvo lugar ese año, pero Serrano Elías nunca pensó en las consecuencias. Su mentalidad había quedado anclada en los años de las dictaduras militares, cuando todo presidente era un dictador y cualquier capricho repentino podía resolverse por medio de la imposición. Nadie sospechaba que aquella sobrina ambiciosa habría de convertirse años después en vicepresidenta del país. Tampoco podía predecirse que el mismo oficial que, según la leyenda pidió la renuncia de aquel presidente corrupto, sería en un futuro, el administrador de la finca.

La sobrina del golpista

Desarrollemos la caracterización de Baldetti partiendo de la idea de despolitización. Entendemos como despolitizado o despolitizada a todo aquel humano que mira en la política un medio para conseguir objetivos puramente individuales. No le preocupan los asuntos del colectivo, de la “polis”. No concibe el ejercicio político como un ejercicio de transformación de las condiciones sociales hacia una vida colectiva más digna y disfrutable. Una persona despolitizada ha perdido el sentido de comunidad y se encuentra encapsulada en la esfera de los intereses particulares, se relaciona con el entorno desde formas cerradas y mira a los otros humanos como medios para conseguir sus propios fines. Por tanto, ante el choque con el mundo reacciona con violencia, desde esa corrupción moral que ha generado en ella el sistema. Actúa desde la ambición y la desconfianza.

Incrustada en la política desde su juventud. Plenamente permeada por esa mentalidad de los políticos que aspiran a la opulencia. La política propia de los países saqueados, con altos índices de analfabetismo. Prepotente desde aquellos años mozos, en que siendo funcionaria pública, pretendió la censura de la prensa. Roxana Baldetti es un producto acabado, en ella se concretan todos los valores de superficialidad y ambición de las mentalidades condicionadas por el proceso ideológico de contrainsurgencia.

El comandante Tito

Caractericemos ahora a Otto Pérez Molina. Aunque a partir de su personaje, podemos hacer alguna generalización, este no es un soldado común. No solo es uno de los mandos medios fundamentales dentro de la ejecución del genocidio en los años ochenta, es también un soldado que reproduce los designios de esa militarización de la sociedad con los actos de su carrera militar y la imposición de estrategias de represión colectiva. Posteriormente, como político, habiendo cambiado la apariencia y el discurso al mismo tiempo que lo hacía y se lo exigía el cambio de discurso del poder económico, participa como negociador de la paz durante el gobierno de Álvaro Arzú, representando el contrapeso militar en el proceso de paz y propiciando desde allí, las condiciones del aterrizaje del proyecto neoliberal que durante ese periodo se materializaría y en la privatización de los bienes y servicios del Estado. Tras la firma de la paz ha continuado defendiendo el saqueo que forma parte de aquel proyecto, reprimiendo a las comunidades que defienden el territorio, primero como comisionado de seguridad del gobierno de Oscar Berger por escaso tiempo y luego, desde que tomó posesión de la presidencia. Es pues, lo que podríamos llamar, un elemento orgánico del proyecto neoliberal de saqueo, en sus diferentes vertientes.

UN ESTADO DE SITIO DE LA MENTE

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Fotografía: Simone Dalmasso. Plaza Pública*

Volvamos al momento actual. Hemos asimilado durante décadas el adoctrinamiento ideológico que acompañó y afirmó la victoria de los intereses conservadores representados en el ejército nacional durante la guerra contrainsurgente. La situación a que hemos arribado, es la de una sociedad atomizada. Por más de seis décadas nos han alimentado de terror y de placebos consumistas que han ido forjando una visión individualista del mundo en nosotros. Militarización, violencia psicológica, física, asesinatos selectivos, masacres, asesinatos indiscriminados. Centros comerciales, consumo y ansiedad, agresiones mediáticas, publicitarias, violencia como forma de vida. Los placebos son igual de violentos que el terror, por el engaño que constituyen, por el vacío que generan en el humano. La estrategia del miedo y el adormecimiento surtió sus efectos. Esos mecanismos malévolos utilizados por el poder para someternos dentro de un sistema cada día más corrupto e injusto, nos han logrado mantener desarticulados como colectividad. Las diversas dimensiones de la vida han sido invadidas, desde lo social, hasta lo cotidiano. Conviene entonces empezar la reflexión desde nuestro actuar como sujetos en esta sociedad, para intentar encontrar algunas claves de las cuales sea posible iniciar la transformación. Debemos empezar con la autocrítica de nuestro ejercicio cotidiano de vida, en tanto espacio primario de resistencia a la imposición del sistema. Nuestro espacio vital ha sido violentado y debemos rescatarnos.

El éxito del proceso de atomización ha llegado hasta el máximo punto tolerable. Nos ha llevado a cerrar incluso las calles donde vivimos, por las cuales solíamos transitar sin obstáculos. Muchas viviendas rodeadas con alambre de púas, guardan ahora esa tétrica y sospechosa apariencia de los cuarteles militares. Hemos llegado a convertirnos cada cual en una parcela, nos han condicionado al encierro. Entes encerrados en nuestro propio monólogo, nos desarticularon, desgarraron el tejido social. Borraron del mapa a un número enorme de personas y con ello imposibilitaron la transmisión de conocimiento entre generaciones. El condicionamiento ha logrado llevar a cada habitante de este lugar a construir un estado de sitio alrededor de sus ideas, de su capacidad de pensar críticamente, de la capacidad de soñar e imaginar un mundo, un país distinto. Un estado de sitio de la mente, que nos ha mantenido silenciados, encerrados, ensimismados. ¿En qué rincón del tiempo, de la historia, dejamos olvidada nuestra capacidad de dialogar, de animarnos a transformar estas formas de vida?

Y A PESAR DE TODO, NOS MOVEMOS

Tomando en cuenta el proceso histórico a que hemos sido sometidos y la violencia que se nos ha impuesto como forma de vida, sorprende ver la unidad dentro de la diversidad. Sorprende que de repente, los que éramos otros hace poco, seamos ahora los mismos y juguemos aparentemente del mismo lado. Sorprende la manera pacífica de juntarnos, relacionarnos y protestar como colectivo social. Seguro es que, concluida cada jornada de protesta, volvemos a esos espacios en que habita nuestro individualismo, pero seguro es también, que no volveremos a ser los que éramos. Nuestra visión no es ya la misma después de estas emociones compartidas. Y eso significa que se está operando un cambio cualitativo, una transformación, mínima si se quiere, pero transformación al fin.

Pareciera que de pronto nos hubieran reseteado, que se hubiera actualizado el antivirus de nuestra conciencia colectiva. Podría pensarse que hemos dado un paso definitivo, un paso como cualquier otro paso, pero uno con el cual llegamos al umbral. Y ahora podemos ver otras cosas, ver de otra manera. Sin siquiera apercibirnos, nuestra conciencia ha adquirido un grado de politización, lo cual quiere decir que hemos visto hacia afuera de nuestra burbuja individualista y nos preocupan ahora los asuntos de la colectividad. De ahora en adelante, más humanos, de los que compartimos este espacio común, vamos a estar observando los actos de quienes ejercen cargos dentro de las estructuras de poder formal. Estamos accediendo a un momento diferente de conciencia, nos estamos trascendiendo.

Estas son las primeras expresiones espontaneas de la transformación que se está operando. Sin embargo, no sería pertinente afirmar que ese cambio ha sido algo tan profundo. Nuestras formas de ver el mundo y actuar dentro de él, se encuentran aún bajo la influencia del poder. Cabe aclarar que el cambio al que aspiramos no se limita a un cambio de actitud como al que han llamado en los últimos años campañas al estilo Guateámala o Guatemorfosis, que abogan por asumir una actitud “positiva” para vencer la adversidad de manera individual. El impulso de este momento invita a reflexionar sobre esta realidad, asumiendo la lamentable situación del país como el producto de un proceso histórico de saqueo y condicionamiento ideológico. Plantearnos la posibilidad de una transformación de esas condiciones.

De manera paralela a la transformación de las dimensiones cotidianas de la vida y en íntima vinculación con ella, podemos empujar la transformación de las estructuras económicas, políticas y jurídicas que resultan urgentes. Las condiciones de nuestra vida no van a cambiar de manera profunda, mientras no se transformen las condiciones de desigualdad económica y acceso a la toma de decisiones en los asuntos de interés colectivo. Y esos cambios necesarios pasan por la democratización del acceso a la participación y la modificación de la carga impositiva, que debe ser actualizada para que responda a la realidad social, a modo que quienes más ganancias obtienen de la producción, aporten más. Que bajo la estricta vigilancia social, los fondos obtenidos sean dirigidos a la inversión social. Fortalecimiento y mejora de los servicios públicos, para ir redistribuyendo de una nueva manera la riqueza de este país, que sin duda y tras revelarse las alarmantes cantidades robadas, podemos afirmar que alcanza para que todos tengamos una vida digna. Es inaudito que en un país rico exista tanta pobreza.

Y no podemos hacernos de la vista gorda o pasarnos de inocentes pensando que los sueños se construyen soplando. En este juego existen grandes intereses. Los sectores poderosos, nacionales y extranjeros, no van a permitir que esto se les vaya de las manos tan facilmente. Quieren mantener su dominio histórico en el caso de unos o sus nuevos feudos de corrupción en otros casos. Han realizado ya varios movimientos que definen su estrategia durante esta crisis, aprovechando la fuerza de su influencia. Es claro que la salida de Baldetti tuvo mucho que ver con la presión ejercida por el poder económico y la embajada de Estados Unidos. La elección de Alejandro Maldonado Aguirre como Vicepresidente y la salida inesperada del ministro de gobernación y otros, tienen que ver con un nuevo reacomodo de fuerzas que representan los intereses de estos actores poderosos.

Sin embargo, es también evidente que nada de esto estuviera sucediendo si no hubiéramos ejercido presión por medio de la protesta. Si damos la lucha tenemos posibilidades, si no luchamos estamos muertos en vida. Hemos demostrado una fuerza inusitada que ni siquiera imaginábamos que teníamos, y eso es algo que no podemos desaprovechar. La unidad, frágil si se quiere, de muchos sectores urbanos, ha cambiado algo: de aquí en adelante cualquiera que quiera abusar del poder, especialmente con actos de corrupción, se la va tener que pensar. Ya no estamos dispuestos a soportar más descaro. La cosa ya no es tan fácil, como lo era antes de este momento.

¡VAMOS, YA DORMIREMOS CUANDO ESTEMOS MUERTOS: ahora toca articularnos!

Toda tentativa de transformación hacia condiciones mejores, pasa por nuestra capacidad de articularnos efectivamente para llevar adelante tareas que requieren el concurso colectivo, el aporte de nuestras diversidades. En los procesos de acción colectiva y articulación, cada quien aporta desde su perspectiva. Se van generando nuevos acuerdos y por tanto nuevos saberes sociales, nuevas formas de percibir y ejercernos en el mundo. A la par de la transformación en las dimensiones cotidianas, íntimamente ligado a ellas y rompiendo con esa disociación aparente que impone la visión del poder, entre el ejercicio cotidiano y el ejercicio político, podemos establecer mecanismos de presión permanente sobre las estructuras formales del poder. De esa manera es posible generar las transformaciones políticas y jurídicas que propicien y regulen una distribución diferente de la riqueza.

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Fotografía: Alba Hernández

Vigilancia de los actos públicos, presión. Politizar nuestras visiones, lo cual significa mantenernos al tanto de los asuntos colectivos y actuar articulados para propiciar un reacomodo de fuerzas sociales que vaya volviendo más accesible, más horizontal, la capacidad de decidir sobre los asuntos del colectivo social y las relaciones económicas y sociales. Y esto equivale a reformas legales, que son por el momento las que se vislumbran accesibles. Tomemos en cuenta que el poder se mantiene organizado. Aparte de la articulación, que debería fortalecernos, debemos de estar conscientes de que los sectores poderosos siempre actúan a la sombra y sobre todo, que tienen poder sobre las estructuras corrompidas del Estado y sus fuerzas de represión.

Articularnos, en el campo y la ciudad, todos los sectores democráticos que sea posible. Ir con todo, caminando juntos, sondeando y comprendiendo, tanto nuestras capacidades como las propias limitaciones de cada momento. No podemos perder de vista que un proceso de transformación podrá gestarse solamente en la medida en que seamos capaces de mantener la fuerza de la protesta. Estos brotes de protesta necesitan ampliarse, llegar, tanto a los sectores populares y marginados de la urbe, como de la provincia. Buscar una articulación sólida y en de doble vía con el movimiento campesino e indígena, que ha resistido a lo largo de la historia y a lo largo de esa misma historia ha sido reprimido y excluido por el poder. Esta es una tarea fundamental para que las protestas no queden en meras expresiones coyunturales, tras las cuales vayamos de vuelta a ese sueño, en el que los sectores urbanos permanecimos por décadas. Estas nuevas expresiones tienen mucho que aprender de los movimientos permanentes de resistencia por el territorio en cuanto a generar las capacidades organizativas para dar continuidad a las luchas. Y para eso tenemos que sentarnos a hablar.

¿Qué demandas pueden hacer duradera la unidad? ¿Cómo profundizarlas para generar transformaciones profundas?

Para muchos de nosotros, lo deseable sería que todo esto desapareciera. Que todos los funcionarios corruptos, los partidos políticos y las mafias, se fueran. Podernos abrir a un nuevo sentido de comunidad. Demoler el sistema y dar paso a formas de organización horizontales, incluyentes, alejadas de las formas actuales; formas más solidarias, partiendo de acuerdos mínimos de cooperación y respeto mutuo. Estructuras dinámicas que permitan ir redistribuyendo los recursos y la riqueza en general. Instituir círculos ciudadanos de diálogo y la asamblea como órgano horizontal para la toma de decisiones, en la cuadra, en el barrio, en los caseríos y aldeas, asambleas de zona, de familia, de amigos, en centros de trabajo, en escuelas e institutos, en las universidades y en todo lugar que sea posible. Sin embargo sabemos que la cosa no es fácil, Lo que vivimos es apenas un primer momento. Debemos tener los pies en la tierra, estar claros en que las estructuras del poder han echado raíces profundas. Hay que ir explorando la naturaleza de las posibilidades, para irlas empujando en conjunto.

La consigna en torno a la cual ha girado la protesta ha sido fundamentalmente la lucha contra la corrupción y la impunidad. Y como peticiones concretas la renuncia de Baldetti y Pérez, una de las cuales ya se verificó. Sin embargo, es claro que la sola renuncia de estos personajes no representa cambio alguno, pues como ya señalamos el problema no radica tanto, en cuales sean los personajes que ejercen el poder formal –aunque influye de manera determinante en ciertas decisiones-. El problema va más allá, se encuentra en las raíces de un sistema que ha sido diseñado en todas sus dimensiones, para ejercerse desde arriba, de manera vertical, desde el poder económico. Si el que más tiene más puede, la dimensión política del sistema resulta tierra de nadie, para ser tomada por cualquier tipo de mafias.

Se hace necesaria la profundización y ampliación del alcance de los reclamos ciudadanos. La corrupción se encuentra enquistada en todas las estructuras del poder. Si queremos combatirla y erradicarla, habremos de ir caminando, dando los pasos más urgentes. Por el momento sabemos que es a partir de la estructura política que la corrupción opera y se expande. Por tanto, la reforma del sistema político de partidos resulta prioritaria. Ampliar las posibilidades de participación, trazando un nuevo sistema, ¿más horizontal y accesible. En la medida en que sea más accesible, será fiscalizable. El problema actual radica, entre otras cosas, en la existencia de la posibilidad del financiamiento privado y la dificultad de conformación de organizaciones políticas por parte de los sectores medios y populares, por la falta de capitales para su conformación. Todo esto se encuentra regulado en la Ley electoral y de partidos políticos (LEPP), así ha sido legislado.

Dicho lo anterior, resulta evidente que este sistema formal fu calcado a los intereses del poder económico. Es por eso que el cambio hacia una nueva LEPP es clave en este momento. Es el primer paso para democratizar el acceso al poder y cortar de raíz la posibilidad de que el poder económico y las mafias se infiltren por medio del financiamiento de campañas cuyas facturas cobrarán después, siendo privilegiados con negocios, etc. No podemos olvidar que en el saqueo cuentan igual los funcionarios y los empresarios, como contraparte en el negocio de la evasión fiscal y otros. Grandes fortunas se han acumulado históricamente en este país, en base al aprovechamiento privado de los fonos y bienes públicos.

Si queremos refundar este sistema sobre nuevas bases, la posibilidad de participación de los más diversos sectores es fundamental. Hay que propiciar legalmente que, llegada la hora de elegir una asamblea nacional constituyente –que debería realizarse en el mediano plazo-, las reglas del juego sean nuevas y la representación en la asamblea sea más diversa. Que el cuerpo constitucional que emerja de ese proceso sea, ya no un pacto de élites, sino un acuerdo amplio, que incluya todas las visiones posibles. Normas mínimas de convivencia, que impriman dinamismo a las relaciones sociales y se enfoquen en generar mejores condiciones en todas las dimensiones de la vida. Luego podremos ir dando otros pasos, más profundos, no debemos comer ansias.

Pero más allá de estas consideraciones, habría que dar un giro como sociedad, para migrar de la visión actual, corrompida, que mira en la política un mecanismo para cooptar las estructuras formales del poder y ejercerlo, no solo en beneficio individual o grupal, si no violentando de manera vulgar lo que se supone propio de toda la comunidad. Dirigirnos hacia prácticas que se enfoquen en los asuntos de la colectividad, en generar condiciones de dignidad para la vida. Debemos plantear una nueva configuración de país. El ejercicio político de presión social hacia las estructuras de poder formal, debe redundar en una cada vez mayor horizontalidad de las relaciones sociales, ir desmantelando el poder de las mafias y restituyendo el valor de lo común, de lo público, en un sentido más cercano al de comunidad. No se trata siquiera de contraponer nuestras prácticas a las del poder mismo, sino de ejercernos de otras maneras, nuevas, más horizontales y solidarias.

SE VALE SOÑAR: Una consigna

Nos toca recuperar el espacio público, perdido en las paranoias de esta historia, abrir nuevamente nuestras calles, sin temor. Demostrar que no tememos, porqué podemos responder desde la organización solidaria y cooperativa. Manifestarse es también eso, tomar el espacio público, reclamar su soberanía. No se trata siquiera de contraponer nuestras prácticas a las del poder mismo, sino de ejercernos de otras maneras, nuevas, más horizontales, más dinámicas, más creativas y solidarias. Habrá que ir recuperando el sentido de comunidad. No podemos seguir viviendo divididos, cada quien se ha convertido en una pequeña cápsula dentro de la cual se pone a salvo de la violencia que nos rodea. Es prioritario reconectar el tejido social. No podemos aceptar que nos sigan imponiendo la violencia como algo normal, como forma de vida; la desconfianza y el miedo como sentimientos permanentes que perpetúan esa imposición. Debemos empezar a hacer el recuento, saldar cuentas con la historia. Reivindicarnos mutuamente, los sectores y ciudadanos democráticos, es decir todas aquellas personas que no estamos involucrados con el crimen, repudiamos la violencia y el sistema de desigualdad.

Sería importante, bello, que este espacio compartido pudiera propiciar cada vez mejores condiciones, para que la vida deje de ser una carga económica, un bulto de deudas acumuladas sobre nuestras espaldas. Es deseable un lugar cómodo para la diversidad de visiones y formas: una sociedad abierta al debate, al encuentro de los otros. Al diálogo, a la propuesta, partiendo del hecho de que a pesar de cualquier otra situación, convivimos en un mismo espacio y es impostergable que ese espacio permita una mejor vida.

Nos han condicionado a pensar en otras cosas, nos han distraído, se han burlado de nuestros sueños y lo hemos permitido. Nos han hecho creer que la transformación del sistema y de las formas de vida, son imposibles. Nos han hecho creer que esta manera miserable de vivir y de ejercernos como entes despolitizados es la única posible dentro de este espacio que nos es común. Vamos, a romper con esas prácticas impuestas de violencia cotidiana, que descienden desde el poder violento y corrupto hasta infiltrarse en la vida misma. Romper con ello y trascender, conectando a partir de nuestro ejercicio diario de vida, con la continuidad de las nuevas prácticas políticas que vemos germinar dentro y fuera de nosotros desde esa misma vida que deberían transformar e ir liberando. Romper con los viejos esquemas, abrirnos al diálogo, transformar este lugar que compartimos en un lugar más amable, que propicie las condiciones de dignidad y goce. Nos urge un territorio liberado para disfrutar de esta experiencia y no vivir sujetos a los designios del sistema. Vamos, a emancipar las calles. Vamos, a tirarle a la utopía, dirigirnos al lugar de nuestros deseos. Vamos a poner este país al día, se vale soñar!

* Gustavo Maldonado (1974) Deviene por los campos minados del pensamiento y las ideas, utilizando como medios de expresión el texto escrito y la imagen audiovisual. Guionista y co-creador en Amorfo-te busqué (2006), cortometraje basado en textos poéticos. Guionista y director, en Colgar los tenis (2010) y Juegos de equilibrio (2011), que interpretan la realidad marginal de la ciudad de Guatemala. Ha publicado ensayo y poesía en medios digitales e impresos.

Video: “Somos los de abajo y vamos por los de arriba“

#RenunciaYa Quetzaltenango 16M

Una mirada de la movilización de Quetzaltenango durante la jornada histórica del #RenunciaYa del 16 de mayo.

fotografías de Alba Hernández.

 

Somos los de abajo y venimos por los de arriba

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Fotografía: Gerardo Monterroso

Por: Carlos Fernández

Guatemala está en la peor de las crisis… pero para los corruptos que han vivido a expensas del Estado.   Sin duda, los golpes acertados por la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala –CICIG- han literalmente, quebrado al Estado exponiendo las miserias de la clase política y empresarial generada por el sistema, la cual se había acostumbrado a un pueblo aletargado y apaciguado a punta de fusiles y desapariciones forzadas, que era incapaz de reaccionar ante sus desmanes.

El pueblo de Guatemala, esos dejados, aguantadores, abnegados, sufridos y llevados por la indiferencia han finalmente salido del sopor que los envolvía y contrario a todo lo que se pudiera pensar, han gestado el movimiento social más grande e icónico del lo siglo XXI en la región latinoamericana, haciendo gala de ciudadanía y sobre todo, con posicionamientos políticos claramente definidos.

Ya hubo un momento de quiebre de la institucionalidad en el año 1993, cuando Jorge Serrano Elías, se dio el infame autogolpe que originó la componenda entre el sector empresarial y la clase política para contener la crisis, mediatizarla y mantener el estatus quo, mediante la alianza narcopolíticomilitar; esa que tiene capturado al Estado guatemalteco, la misma que masacró y rompió al país en miles de pedazos para hartarse a expensas de los dineros del pueblo en la época del Conflicto Armado Interno y que heredaron el sistema neocolonial corrupto y expoliador.

Una ralea de malnacidos que tras apellidos rimbombantes y discursos oxidados, sumieron al país en la letrina de la que ahora, un pueblo entero y con dignidad exige salir. Esto no es el año 1993, ni el pueblo es el mismo. No se tolerará una salida a medias tintas.

El momento histórico en el que estamos demanda, no solo mantener la indignación, sino forzar al sistema a que cambie y esto nos obliga a pensar por fuera de la caja de la institucionalidad armada por los de siempre, para que nada cambie más que en apariencias.   Es por ello que detener el proceso electoral, rompe la institucionalidad prefabricada para consolidar la impunidad y por lo mismo, todos los candidatos y representantes de partidos políticos, funcionarios e “intelectuales” de derecha que resguardan intereses de una clase dominante, levantan sus voces acusando a quienes exigimos un alto a un proceso espurio, llamándonos incluso sediciosos.

Detener el proceso electoral y construir una nueva Ley Electoral y de Partidos Políticos –LEPP- es fundamental. Ir a las elecciones con las prebendas y consignas actuales es llegar al mismo punto muerto en el que nos encontramos. Todos los partidos políticos son producto de la misma letrina y la única forma de salir de ellos es construir una nueva LEPP, pero en un proceso incluyente y vigilado desde la sociedad civil.

Una vez esto ocurra, se puede llamar a elecciones y apostar por la reconstrucción paulatina del Estado. A los actuales diputados, es claro que esto no les interesa y es por ello que hay candidatos/as llamando a establecer un pacto político (a espaldas del pueblo por supuesto) y realizar “reformas” para que nada cambie. Algunos incluso, se han dado a la tarea de convocar a los líderes de las movilizaciones, los cuales son inexistentes en tanto las miles de almas que han llegado a la Plaza Central, lo hacen a titulo personal, con voz propia y una lista de exigencias claras y contundentes.

Es por ello que hay que dejar claro que nadie representa a los millones de guatemaltecos que exigimos cambios. No tenemos voces autorizadas y no las vamos a tener. Punto. Los reclamos han sido claros y deben ser atendidos de manera precisa. No hay margen a ambigüedades si es que el próximo gobierno quiere terminar su período.

Deben entender que las renuncias de Otto Pérez Molina y Alejandro Maldonado Aguirre no son negociables, en tanto ambos representan los intereses espurios de la clase económica que ha sumido al país en el caos. Hasta que no sean atendidos todas las demandas ciudadanas, las protestas pacíficas no van a cesar.

Si llenar la plaza les parece poco, el #RenunciaYaFase3 va a convocar a paro nacional masivo y para ello no es necesario el CACIF por si estaban con el pendiente. Hay miles de pequeñas y medianas empresas que no son parte de esos mil empresarios que se beneficiaron de la línea, así como cientos de comunidades y organizaciones dispuestas a sumarse.

Guatemala está harta, de ustedes, de la cultura del terror que los mantiene en el poder y de su pobreza de alma, que se resume en las palabras de Juan de Dios Rodríguez, quien con desdén defiende un negocio corrupto en el IGSS porque total “los enfermos renales siempre se mueren”. Así de viles son todos ustedes.

Es por ello que las palabras contenidas en carteles hechos a mano y las consignas expresadas en la Plaza Central deben retumbar en todos los rincones del país. Porque aunque la clase política y económica no lo quieran, se les acabó la parranda. El pueblo ya despertó. A no ser que nos masacren a todos en la Plaza Central como es su costumbre, esto no lo para nadie, porque “somos los de abajo y venimos por los de arriba” y ojalá lo tengan claro.