Archivos Mensuales: febrero 2015

Acerca de la nueva publicación: Ixcán. El campesino indígena se levanta, 1966-1982 (II)

ixan territorio en disputa

Colonizadores indígenas desmontan la selva del Ixcán, década 1970[1]

SEGUNDA ENTREGA

 

Acerca de la nueva publicación:

Ixcán. El campesino indígena se levanta, 1966-1982

Por Sergio Palencia, Grupo impulsor de Escritos Ricardo Falla

El martes 24 de marzo de este año se presentará el tercer volumen de la colección “Al atardecer de la vida”, Escritos de Ricardo Falla. Titulado Ixcán: el campesino indígena se levanta, 1966-1982, este volumen es el primero de una trilogía enfocada en la lucha, masacres y resistencia en Ixcán, Quiché, como de otros departamentos de Guatemala. Escrito entre 1984 y 1985, el libro trae consigo una singular novedad histórica: la autoconsciencia de lucha del pueblo guatemalteco. La portada del libro muestra a indígenas todosanteros y guerrilleros, compartiendo tortillas, en un momento donde la lucha contra el régimen finquero-militar los reunía. A continuación la segunda entrega de reflexiones en torno a temas desarrollados en El campesino se levanta, de Ricardo Falla.

Ixcán: territorio en disputa

La producción de la tierra es el eje central de toda sociedad agrícola. Cuando, en 1954, la contrarrevolución derrocó al Arbencismo, la finca se rearfirmó como núcleo de la dominación social en Guatemala. Deteniendo las avanzadas de campesinos reclamando tierras, fuese en Alta Verapaz, Chimaltenango o en la Costa Sur, el régimen contrarrevolucionario sostuvo su continuidad económica a través del mantenimiento de la gran propiedad agrícola sobre las comunidades campesinas.

Desde finales de la década de 1950 e inicios de 1960 un enorme movimiento, en su mayoría compuesto por jóvenes, empezó a emigrar del Altiplano a las tierras del norte. Fuesen q’eqchíes al nor-occidente, los ixiles al norte o mames, q’anjobales, chujes al nor-oriente, las comunidades campesinas emigraron en búsqueda de tierra. No obstante, también los dirigentes de la contrarrevolución empezaron a fijar un plan de apropiación territorial, el luego conocido como Franja Transversal del Norte (FTN). En su libro El Estado absolutista, Perry Anderson[2] explica cómo una economía basada en la explotación terrateniente, enfocada en el acrecentamiento de la renta, solo puede expandirse a través de la continua conquista de nuevas tierras. Podríamos interpretar que la forma de un régimen finquero es, de por sí, militar y violenta. El ejército no es meramente una institución en el basamento del Estado, sino su necesidad orgánica en tanto reproductora del sometimiento social a la producción de la renta terrateniente. La finca se mueve, pues, también a través del ejército.

Si bien en la historiografía guatemalteca se ha enfatizado cómo los guerrilleros del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) fueron al encuentro de los parcelarios, poco o casi nada se ha dicho de cómo se fueron conociendo los parcelarios con las fuerzas expropiadoras del régimen contrainsurgente. El libro El campesino se levanta, 1966-1982, así como muestra el encuentro entre campesinos y guerrilleros, también nos presenta los puntos iniciales de la tensa relación con el régimen militar y las personificaciones del capital: cooperativistas indígenas y militares, cuerpo de ingenieros castrenses o compañías petroleras. De manera que el libro va capturando los distintos momentos históricos del conflicto, no solo allí donde ya hay pelotones militares enfrentando guerrilleros o resistencia civil, sino desde el origen mismo de la construcción del conflicto. Acerquémonos al testimonio de un jacalteco, habitante de Mayalán, en ese momento de 43 años. Él describe el momento justo en el cual una petrolera pretende explorar las parcelas que, años antes, el mismo gobierno había otorgado:

«En septiembre penetró la primera brecha de Cuarto Pueblo para el sur, por el éste de La Resurrección, Xalbal, Mayalán y Cerro Cuache. Esto unificó a la gente. En cualquier problema de tierra, corrían los auxiliares que eran como correo de aviso de los centros. Y la gente se junta inmediatamente. Ese tiempo llegó información que habían pasado la brecha y buscaba para Mayalán. Se decidió que estuvieran alertas y no permitieran que los petroleros entren en nuestra tierra: “Van a machetear”. Río Pescado, Babilonia, Nueva Linda, San José La Selva (centros de Mayalán) pararon a los brecheros. Esa brecha tiene a cada dos kilómetros una pista para el helicóptero y caminaban y se iban. Se levantaron con machete y pararon. Pararon los brecheros: “Nosotros tenemos jefe. Vamos a consultar”. Y al día siguiente llegó el helicóptero con el Ejército. Dijeron que consultaran con la directiva. Al otro día ya pasaban los ejércitos a la cooperativa. Y que tal día llegará el jefe de la compañía. Pidió autorización para brecha: “Brechita que vamos hacer. Si se encuentra algún pozo tenemos convenio con la cooperativa y el dueño de la parcela. Pero tenemos que ver. Sacaron su mapa autorizados por INTA”.» (Falla, 2015: 163)

Nótese que la petrolera encuentra resistencia en la misma gente con machetes. Esto desde ya nos da pistas para reinterpretar la guerra, no solo contra una guerrilla en tanto movimiento armado, sino como movimiento estatal-capitalista contra las comunidades. En el testimonio del indígena jacalteco destaca cómo la petrolera tiene a su disposición logística del Ejército, en concreto con el helicóptero que los transporta al día siguiente. Al mismo tiempo, el Ejército patrulla la cooperativa y llega a controlar en el marco de una posible negociación con la compañía petrolera.

Este es uno de los encuentros donde el capital – en su momento de inversión petrolera – llega como vanguardia del ejército. Los parcelarios ya no solo deben enfrentar las dificultades jurídicas en la propiedad cooperativista o, luego del asesinato del sacerdote Woods, soportar el control del comercio a través de la aviación del ejército nacional. Aquí, de hecho, ya están viendo venir la expansión del proyecto petrolero apoyado y promovido por la élite oligarca-militar. El libro de Falla, desde la metodología antropológica, describe y narra en detalle esta serie de conflictos que, como un todo, van acumulándose hasta las campañas de tierra arrasada de 1982. El Ixcán es descrito y analizado como una etnografía regional que, no obstante, da visos de carácter general de la Guatemala de ese entonces.

Hasta el momento contábamos con algunas etnografías de la década de 1960 o 1970, las cuales vaticinaban la magnitud del conflicto. Podemos mencionar, entre otras, el trabajo en San Ildefonso Ixtahuacán por Appelbaum (1968) o de Aguacatán, por Brintnall (1978). En el primero se narraba la falta de tierras y la dura opción de trabajo en las fincas, lo cual anunciaba ya el enorme movimiento migratorio de Huehuetenango al Ixcán. En el segundo, una década más tarde, el movimiento cooperativista y su alianza electoral con Democracia Cristiana, duramente golpeado por el fraude y la represión.

El libro de Falla, datando de 1985, guardó un necesario horizonte que fue silenciado en muchos trabajos etnográficos de la década de 1980. La riqueza es que, desde la centralidad de Ixcán, engloba los distintos movimientos en los que participaron muchos indígenas (cooperativas-comerciales, sindicatos-reivindicativos) antes del desatamiento frontal de la guerra. Lo que en Appelbaum y Brintall son momentos centrales, en El campesino indígena se levanta se engloba como una suerte de épica popular. En las selvas del Ixcán surgiría una colectividad rebelde que, desde el dolor de las masacres de 1982, pudo resistir por catorce años al violento Estado guatemalteco.

Sobre la presentación del libro

            El lanzamiento de este volumen 3 de la Colección “Al atardecer de la vida…”, Escritos de Ricardo Falla s.j., se realizará el martes 24 de marzo de este año (2015), en MUSAC (9a avenida 9-79, zona 1), a las 5 de la tarde.

[1] Imagen tomada del libro: Wheaton, Philip y Frank, Luisa. (1984). Indian Guatemala. Path to liberation. Estados Unidos: Epica Task Force, pp. 112.

[2] Anderson, Perry. (1974 / 2011). El Estado absolutista. Siglo veintiuno editores. Página 26

23 de febrero: MOVILIZACION INDIGENA Y CAMPESINA A NIVEL NACIONAL

Este lunes 23 de febrero, organizaciones indígenas y campesinas afiliadas a la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas  salieron esta mañana de madrugada a las carreteras y calles del país en una manifestación pacífica para dar a conocer nuevamente el descontento del pueblo guatemalteco, especialmente en el campo.

En conferencia de prensa realizada en la Casa Roja,en la ciudad capital, se informó que las organizaciones tomaron esta decisión por la poca voluntad política del Gobierno y Congreso de la República de no resolver los problemas estructurales del pais y las demandas campesinas. También demandan cese de criminalización y encarcelamiento de personas por defender sus derechos. Por ello se reunirán con diputados y presidente para que den respuestas claras de como resolver está problemática; informó Nelton Rivera, de Prensa Comunitaria

 

Comunicadores comunitarios informan que la  movilización es por la preocupación de comunidades y pueblos que continua padeciendo hambruna, desnutrición crónica, la “escasez de alimentos provocada por los fenómenos naturales.

También están denunciando los daños económicos que sufren las familias por el alto costo de la canasta básica, el cobro excesivo de la energía eléctrica, el desempleo, la contaminación ambiental producida por la industria y el saqueo de la madre naturaleza.

Representantes de organizaciones campesinas expresaron su preocupación por la persecución judicial, amenazas contra la vida y la creciente criminalización de luchadores populares que defienden los derechos humanos, sindicales, vida y territorio en todo el país.

Ven el deterioro de la democracia, la sistemática violación de la Constitución Política de la República, el incumplimiento de los Acuerdos de Paz y los Convenios Internacionales en materia de Derechos Humanos, derechos colectivos y derechos de los pueblos indígenas en Guatemala.

 

En Cuatro Caminos, San Cristobal Totonicapan, se exige la nacionalización de la energía eléctrica, fuera ENERGUATE. Son las consignas de campesin@s que mantienen manifestaciones en dicho punto:

“Las organizaciones y comunidades miembros de la instancia CNOC hemos sido discriminados, excluidos de todo tipo de beneficio que tiene que dar el estado a los pueblos originarios, se nos excluyo por el simple hecho de que nosotros luchamos por la defensa del territorio, servicios públicos y el medio ambiente, y para que el estado cumpla con su obligación de ser el rector y protector del respeto a los derechos humanos.”

En Machaquila, las comunidades se movilizan para ser escuchadas

Miles de personas en buena parte del país se movilizan de forma pacífica, dejaron su día de trabajo para tomar las calles y carreteras como la única forma de presionar al Gobierno para que éste atienda y de solución a sus demandas.

La población al norte del país en el municipio de Poptun Peten es uno de los 20 lugares en el país que éste 23 de febrero están sumándose a la movilización nacional.

El Rancho, El Progreso hubo una toma pacífica en el Km. 83 de la carretera al Atlántico. Comunidades y pueblos se movilizan para exigir la Nacionalización de la energía eléctrica,  la derogación del salario diferenciado en municipios de oriente.

Exigen el acceso a la tierra, la aprobación de la ley de desarrollo rural, éstas demandas históricas que se expresan en ésta movilización nacional.

 

 

 

Chisec Alta Verapaz: Campesinos están presentes en la carretera de Chisec, la movilización pacífica se suma a los 20 lugares que las organizaciones campesinas e indígenas organizadas en CNOC lanzaron como parte de las acciones comunitarias para éste 23 de febrero 2015.

Fotografía de Noticiero Chisec.

 

Guatemala: Movilizaciones pacíficas en territorio nacional

Éste 23 de febrero las diferentes organizaciones campesinas organizadas dentro de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas CNOC convocaron a comunidades, pueblos y organizaciones de base a sumarse a la movilización en todo el territorio nacional.

En respuesta a este llamado, miles de personas de diferentes pueblos, comunidades y expresiones organizadas están movilizadas en buena parte del país, esto con el único objetivo de sentar al poder ejecutivo, legislativo y judicial para que resuelvan la problemática agraria, la creciente problemática provocada por las empresas nacionales y transnacionales vinculadas a los mega proyectos, producción energética, agrocombustibles, monocultivos, minería entre otros.

Las principales demandas son la nacionalización de la energía eléctrica, la resolución de la problemática agraria, el cese de la criminalización y persecución de hombres y mujeres que defienden la vida y el territorio.

A las 10 de la mañana varios comunicadores comunitarios confirmaron que las comunidades y pueblos movilizados de manera pacifica son:

1. Km. 180 en el municipio de Tactic alta Verapaz.
2. Km. 132 en las Verapaces, en la Cumbre de Santa Elena.
3. Km. 112 en la carretera de Cocales en la Costa Sur.
4. KM. 157 en Nahualá, Sololá en el occidente del país.
5. Km. 54 en Sanarate El Progreso.
6. KM. 243 en Morales Izabal.
7. KM. 65 El Boqueron
8. KM.178 El Zarco
9. KM. 188 en Cuatro Caminos en el Occidente del País.
10. Cruce a Playa Grande Ixcan en Raxruha.
11. El Rancho en El Progreso.
12. Las Vegas en la cabecera de Huehuetenango.
13. Santa Lucia Cotzumalguapa.
14. En la Ruidosa en Izabal.
15. En Rubelsalto en la carretera que lleva a Sayaxche en El Peten.
16. El Cruce de Teleman en el Valle del Polochic.
17. En Cocales Escuintla.

Sanarate El Progreso: se suma a movilización nacional

Campesinos y comunidades se suman al llamado de las organizaciones campesinas de éste lunes 23 de febrero para movilizarse a nivel nacional por la defensa de los derechos laborales en el campo y la ciudad.

También para presionar al Gobierno para resolver problemas serios en todo el país con la energía eléctrica, problemática que se agudiza por la violencia con la que empresas nacionales o transnacionales vinculadas a la actividad de la producción energética están utilizando para imponer los megaproyectos (ENERGUATE, TRECSA, Hidroeléctricas y Represas)

Sanarate se suma a los 20 lugares en dónde hay movilización pacífica, en el Congreso de la República los representantes de las organizaciones campesinas y populares condenaron la irresponsabilidad de la Junta Directiva del Congreso por no presentarse a reunión en la que entregaría un nuevo memorial con las demandas de ésta jornada.

Rafael Chanchabaj de CODECA manifestó “responsabilizamos a cada diputado del Congreso de la República por desatender el sentir de las comunidades y de la población…”

Con información y fotografías de Norma Sancir -Prensa Comunitaria- Guatemala 23 de febrero 2015.

‪#‎Ahorita‬ la Nación ‪#‎Qeqchi‬ y ‪#‎Poqomchi‬ de Purulha B.V. se suma a la manifestación nacional de comunidades Indígenas y Campesinas, Organizadas en -UVOC- -CNOC CODECA-
‪#‎desarrollo‬ rural
‪#‎ReformaAgraria‬
‪#‎DefensadelTerritorio‬

#‎Ahorita‬ Movilización Nacional Indígena y Campesina San Julián A.V.

Desatención del Estado sigue generando movilizaciones sociales en Guatemala.

“No es justo como están las cosas en Guatemala, los pueblos debemos despertar, el saqueo y el despojo más la explotación nos tienen en pobreza. Y el gobierno, los diputados y los jueces bien gracias” dice dirigente en los bloqueos.

Según indicaron los líderes, esperan con esta acción llamar la atención a las autoridades y población en general sobre la desigualdad imperante producto del saqueo y privatización del país.
Informacion: la masa
@UVOCGUATE @PrensaComunitaria

 

Movilización Nacional Indígena y Campesina en Cahaboncito

La manifestación se concentró en el puente Cahaboncito, Panzós, Alta Verapaz “La población exige al gobierno de Guatemala, que se cumplan los 212 millones para el Fondo de Tierra, para comprar mas tierra para los campesinos que dependen de la agricultura, tales como la ley de Desarrollo Rural, Nacionalización de la Energía Eléctrica“

‪#‎Ahorita‬ ‪#‎PrensaComunitaria‬

Fotografía e información: Adán C. Cuz

Autoriades Ancestrales Ixiles: EXIGIMOS AL ESTADO Y A LAS EMPRESAS RESPETAR NUESTRA VIDA, MEDIOS DE VIDA Y LA VIDA DE LAS FUTURAS GENERACIONES

 

Los Q’esal Tenam Consejos de Principales y B’oq’ol Q’esal Tenam Alcaldías Indígenas de Chajul, Cotzal y Nebaj, al iniciar el AÑO MAYA 3 EE, el tercer año del 14 BAKTUN, ante nuestras Comunidades, Pueblos, y la opinión pública nacional e internacional, MANIFESTAMOS:

  1. Damos gracias a nuestros creadores y formadores mayas que nos dejaron identidad, valores, y una forma de ver, pensar y vivir en armonía con la madre tierra.  Damos nuestro homenaje a las mujeres y hombres  que durante 500 años alimentaron la resistencia maya, defendieron las montañas, bosques, ríos y demás bienes naturales, a nuestras hermanas y hermanos cuya vida cortó el genocidio que cometió el Estado contra los pueblos indígenas durante el conflicto armado interno, a las y los caídos en la quema de la Embajada de España el 31 de enero de 1980.  Todas y todos han abonado el camino del nuevo amanecer que soñaron nuestras abuelas y abuelos mayas.
  1. Después de la firma de los Acuerdos de Paz en 1996 los pueblos indígenas iniciamos la reconstrucción de la cultura del respeto y la armonía que rompió la tierra arrasada, las masacres y el genocidio cometidos por el Estado contra los Pueblos Indígenas de Guatemala.  En las distintas regiones de Guatemala día a día se recupera la sabiduría y prácticas ancestrales mayas de cuidar la madre tierra y arrancarle nuestros alimentos sanos, la espiritualidad y organización de las comunidades y pueblos indígenas. Apoyamos y nos unimos a las luchas del Pueblo Xinka, los Pueblos Maya Chorti, Q’eqchi’ de Izabal, Alta Verapaz, Petén, Mam de San Marcos, Huehuetenango, Quetzaltenango, K’iche’ de Nahualá, 48 Cantones, Q’anjob’al de Barillas, Santa Eulalia, Kakchikel, Achi’ y demás comunidades indígenas mayas que han levantado la lucha en defensa de sus derechos.
  1. Por su parte, los organismos del Estado de Guatemala abandonaron los Acuerdos de Paz, en lugar de buscar solución a los grandes problemas que originaron la guerra revolucionaria, abrieron sus puertas al abuso de poder, la corrupción y la impunidad.  Las sentencias del sistema de justicia son sistemáticamente cuestionadas.  La Corte de Constitucionalidad ordena la repetición del juicio y la sentencia contra Ríos Montt por genocidio en el Pueblo Ixil.  El Tribunal Supremo Electoral impone la repetición de las elecciones municipales en Nebaj en el año 2013.  El Congreso de la República aprueba la ley Monsanto y un presupuesto que solo favorece a los empresarios.
  1. En la Región Ixil, las empresas y los gobiernos de turno en nombre del desarrollo están destruyendo el medio ambiente, las montañas, los bosques y causan creciente conflicto social en nuestras comunidades, desprestigian a nuestras autoridades ancestrales y utilizando la situación de extrema pobreza tratan de ganar a los jóvenes con empleos temporales.
  1. La empresa Terra de Honduras construyó Hidroxacbal s.a. que produce 94 MW/hora, está imponiendo la construcción de la Hidroxacbal Delta violando el derecho de propiedad privada, familiar y comunitaria de las Comunidades.  La empresa ENEL de Italia impuso la hidroeléctrica Palo Viejo que produce 84 MW/hora se comprometió legalmente a respetar los derechos indígenas que establece el Convenio 169 de la OIT y posteriormente se dedicó a desprestigiar a las autoridades indígenas, y abandonó el dialogo iniciado con las autoridades maya ixiles.  Las empresas Hidroxil y Las Brisas, y las empresas transportadores de energía de alto voltaje TRECSA y TERSA, ambas con nombres distintos pero con capital de ENEL de Italia, y el Ministerio de Energía y Minas han violado los derechos comunitarios del Pueblo Ixil.
  1. Frente estas violaciones de los derechos del Pueblo Ixil, las Autoridades Maya Ixiles han presentado 5 acciones de amparo ante la Corte Suprema de Justicia y Corte de Constitucionalidad desde el año 2011.  Hasta el día de hoy, no hemos recibido respuesta alguna.  Sin embargo, las empresas dicen saber que serán beneficiadas por las Cortes y por ello siguen violentando la vida y violando los derechos de las comunidades maya ixiles.
  1. Al iniciar el NUEVO AÑO MAYA 3 EE, frente la sistemática agresión de las empresas transnacionales y los gobiernos de turno, nosotros Q’ESAL TENAM, B’OQ’OL Q’ESAL TENAM, autoridades ancestrales, obedeciendo las palabras de nuestras ancianas y ancianos, nos comprometemos a cuidar y defender el territorio, los ejidos municipales, las tierras comunales, bosques y ríos y demás bienes naturales, y todo el patrimonio material y cultural de nuestra Región Ixil y de nuestro país como hicieron nuestros ancestros mayas, y así enseñaremos a nuestras y nuestros jóvenes, es la orden de nuestros Q’ESAL I Q’ESAL TENAM primeros y legítimos propietarios del territorio maya ixil.  Reafirmamos nuestra firme decisión de seguir recuperando la vida de respeto y el cuidado de las montañas, bosques, ríos y demás bienes naturales, la herencia que dejaron nuestras abuelas y abuelos para nuestras nietas y nietos y las futuras generaciones.
  1. Seguiremos ejerciendo nuestro derecho a decidir sobre nuestra vida, desarrollo, organización social y política, desarrollo y el cuidado y la defensa de nuestras montañas, bosques y demás bienes naturales tal como lo establecen los Acuerdos de Paz, el Acuerdo sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas, la Constitución Política de Guatemala, el Convenio 169 de la OIT, la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas, y otros convenios ratificados por el Estado de Guatemala.  Toda decisión, acción, política, o programa del Estado debe ser en consulta previa, libre, informada a las Comunidades y Autoridades Indígenas. Los organismos del Estado deben respetar las decisiones de las Comunidades y Pueblos Indígenas.
  1. En ocasión de la realización de las elecciones generales este año, pedimos a los partidos políticos que en lugar de la conflictividad y división social que provocan, el engaño, las mentiras y las limosnas que tradicionalmente practican, respeten las Comunidades y Autoridades Ancestrales y sus decisiones, y comprometerse con sus demandas comunitarias.
  1. Al iniciar el NUEVO AÑO MAYA 3 EE, saludamos a las personas, instituciones, particularmente la representación de la Fiscal General Jefa del Ministerio Público Señora Thelma Aldana, los medios de comunicación, la prensa comunitaria y local, y las autoridades ancestrales Q’eqchi, K’iche’, Kakchikel, Chorti y de otras comunidades indígenas quienes han venido a compartir nuestros sueños de buen vivir.  Saludamos a las y los jóvenes estudiantes de la Universidad Ixil que ayudan a construir el TIICHAJIL TENAM o buen vivir en base al estudio y práctica del pensamiento maya Ixil, a las familias campesinas que con su trabajo digno arrancan de la madre tierra nuestra comida, a las madres y mujeres que a diario enseñan los valores mayas a nuestras hijas e hijos.  Damos nuestro agradecimiento al Alcalde Pedro Raymundo Cobo y al Concejo Municipal de Nebaj que otorgaron sede para el despacho de los B’OQ’OL Q’ESAL TENAM NAAB’A’ Alcaldía Indígena de Nebaj en el edificio de la Municipalidad de Nebaj.

 

Por el derecho de los Pueblos a decidir su desarrollo y la gestión común de sus bienes naturales. 

No más agresión de las empresas multinacionales e instituciones del Estado de Guatemala.

Naab’a’, 3 Ee, Año 3 EE, 1 Katun, 14 Baktun.

Nebaj, 21 de febrero del 2015.

IQ’ON I VI’

B’OQ’OL Q’ESAL TENAM TX’AUL, K’USAL, NAAB’A’

Consejo de Autoridades Mayas del Ixil.

A 52 años de las FAR: “Somos los jóvenes rebeldes. Guatemala Insurgente”

32-copy

Portada de Sucesos en 1966.

Con el motivo de los cincuenta y dos años de la fundación de las Fuerzas Armadas Rebeldes -FAR-, Prensa Comunitaria presenta un comentario del investigador Fabián Campos Hernández, actualmente profesor de historia centroamericana en el Posgrado de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México, al libro de Pablo Monsanto, publicado en 2013: Somos los jóvenes rebeldes. Guatemala insurgente,[1] y que desde la perspectiva del autor tiene importantes aportes a la historiografía de la guerra civil en el país.

 

Un testimonio de primera línea

El primer aporte es por ser precisamente escrito por Pablo Monsanto. Los militantes de las FAR, a diferencia de los militantes de las otras organizaciones que conformaron la Unidad Revolucionaria Naional Guatemalteca –URNG-, se han caracterizado, por ser los menos proclives a plasmar sus memorias sobre los treinta y tres años de lucha armada en Guatemala. Es, por lo tanto, uno de los pocos testimonios que se tienen de dicha organización. A esto se añade que el autor es, junto con Ricardo Rosales dirigente del Partido Guatemalteco del Trabajo –PGT-, de los que tuvieron el grado de Comandante en Jefe de sus respectivas organizaciones que actualmente está vivo. Es un libro que da cuenta de la versión de quien estuvo en el más alto nivel de decisión en la conducción de la lucha revolucionaria en ese país y de su propia organización.

            Este aporte se puede cuestionar desde aquellas posiciones que ven en los testimonios de las dirigencias una posición también jerárquica y postulan la historia desde las bases. Sin soslayar dichas posturas, existe un elemento fundamental para recuperar dichos testimonios: las Organizaciones Político Militares eran estructuras jerárquicas, por lo que muchos de sus elementos constitutivos –la estrategia, por ejemplo- eran definidos precisamente en ese nivel. A esto se le suma una de sus características: la compartimentación. Cada nivel de responsabilidad podía conocer cierta parte y desconocer muchos otros aspectos de la vida interna de la organización y de la forma en cómo se iban leyendo las coyunturas y por lo tanto de la forma específica en que afrontaban y definían la estrategia y la táctica de la lucha armada. En suma, leer un testimonio de uno de los máximos dirigentes de la lucha armada, implica la posibilidad de conocer esos aspectos y poder regresar a las bases y sus historias superando lo anecdótico.

            En lo narrado por Pablo Monsanto se deja ver claramente este problema. Las narraciones son del joven Manzana, un militante de base que asume la lucha armada sin conocer la totalidad de la vida de la organización, pero en el que Pablo Monsanto se permite, con toda la experiencia que ha acumulado, hacer valoraciones estratégicas, tácticas e históricas sobre su experiencia juvenil. De ahí, por ejemplo, que afirme con toda claridad el número reducido de combates directos con el ejército en ese periodo y la valoración que hace de ello desde su conocimiento posterior. El libro suma, a la profusa anécdota un balance estratégico que no puede dejar de ser tomado en cuenta por aquellos que tienen en la historia del movimiento armado guatemalteco, su centro de interés personal y/o académico.

La lucha armada en la Sierra. Un mito fundacional

A esa primera característica se suma el tema del libro: la lucha armada en la Sierra de las Minas durante los años sesenta. La historiografía sobre la lucha armada en Guatemala, y también en el resto de América Latina, sufre de una fuerte contradicción. Al fragor de las expectativas inflamadas por el triunfo en Cuba se postuló que el locus revolucionario era exclusivamente la montaña, la sierra, en otras palabras el campo latinoamericano y, por ende, el guatemalteco. Esta idea-eje ha sido retomada por lo hasta hoy escrito: los revolucionarios y el lugar central de la lucha armada eran los que estaban en la Sierra de las Minas. Como contraparte de esta ideológica y mitificada afirmación, la lucha en la ciudad, los combatientes urbanos, no eran completamente revolucionarios, o en las palabras del mejor expositor de esta dicotomía, Regis Debray:

El terrible abandono en que han tenido que vivir numerosos focos durante meses, a veces años, no se explica tanto por el sabotaje larvado, el desinterés o la traición de sus aparatos de superficie (se refiere a los aparatos urbanos) como por una diferencia irreductible de condiciones de vida, luego de pensamiento y comportamiento, entre unos y otros. El mejor de los camaradas, en la capital o en el extranjero, aun destacado en misiones importantes, dedicado a su trabajo, cae bajo el golpe de esa diferencia, que vale por una “traición objetiva”. Muchos de ellos lo saben. Cuando una guerrilla habla con sus responsables urbanos o en el extranjero, trata con “su” burguesía. Aun si tiene necesidad de una burguesía —como de un pulmón artificial para los momentos de asfixia—, no puede perder de vista esa diferencia de intereses y de medio: los dos no respiran el mismo aire. Fidel Castro ha tenido la experiencia de ello y no ha vacilado, aun a riesgo de quedar solo en momentos muy difíciles, en condenar y repudiar a “su” burguesía, inclinada a hacer alianzas sin principios.[2]

Ante esa idea-eje uno esperaría que fuera precisamente la lucha armada en la sierra la que ocupara el mayor número de páginas, de la que más detalles se conocieran y la que más análisis académicos, pero también políticos y militares, concitara. Pero no es así. La lucha armada es tratada con mayor generalidad, convirtiéndose entonces en un mito fundacional no sólo para los revolucionarios sino también para los historiadores.

En ese mito no se profundiza, en buena parte por el mismo desconocimiento que se tiene. A resolver ese problema abona Somos los jóvenes rebeldes. Al narrar casi día a día la vida del Frente Guerrillero Edgar Ibarra, no sólo recupera la cotidianeidad de la lucha armada y le regresa la humanidad a los actores de ese proceso sino que nos brinda por primera vez la oportunidad de incluirla con buenas bases en los análisis históricos. Y es de suponer que, que a menos que otros actores de esos años como Cesar Montes o Pizarrón -quienes ya han escrito sobre su experiencia durante esos años en la guerrilla rural- vuelvan a escribir, ampliando e incluso discutiendo con lo que se plasma en este libro, lo escrito por Pablo Monsanto, se consolidará en la posteridad como la versión más completa de lo ocurrido en esos años en el oriente guatemalteco.

Si bien dijimos que es un aporte al conocimiento de la lucha armada en el oriente guatemalteco, que pone en evidencia al mito de la historiografía, cae, por razones comprensibles -una de ellas, que el autor no tuvo una experiencia importante en la lucha urbana-, en el mito y lo reconstruye. La ciudad no tiene un espacio importante en el libro, postulando lo expresado por Debray: los revolucionarios, los rebeldes fueron los que estuvieron en la sierra, en la ciudad se encontraban los polítiqueros que por omisión o intencionalmente comprometieron e hicieron fracasar la primera década revolucionaria en Guatemala.

Esto pone en evidencia una necesidad de la historiografía y una impronta para los investigadores: la construcción de una visión global del proceso revolucionario guatemalteco de los años sesenta; donde además de la GEI se encontraban otros cuatro frentes de guerra de las FAR; que además abarque a la guerrilla rural y urbana de Yon Sosa; que señale que en esos años la guerrilla urbana era mucho más activa que la rural y que el movimiento social y político se definía en la capital del país. Es decir, Somos los jóvenes rebeldes puede, si así lo deciden los investigadores, convertirse en un revulsivo que provoque una revisión profunda de los métodos de investigación y sus postulados.

¿La lucha armada de los años sesenta buscaba la democracia?

Otro aporte desmitificador del libro a la historiografía es volver suceso y centro de su atención a los años sesenta, los cuales, junto con la Primavera democrática (1944-1954) y el posterior periodo contrarrevolucionario, se convirtieron en el origen mítico de la lucha revolucionaria posterior a los años setenta. Tanto lo escrito a partir de los años ochenta, los testimonios de la posguerra, así como los escritos académicos suelen recaer en el tópico de que los orígenes de la lucha revolucionaria y de la guerra civil en Guatemala estuvieron primero en el cierre de las posibilidades de conseguir cambios estructurales por la vía pacífica, la expansión territorial y en la población de la lucha armada se dio a partir de una relectura crítica de la experiencia de los años sesenta. De tal manera que se establece una línea de continuidad entre la Primavera democrática, la contrarrevolución, los inicios de la lucha armada y las organizaciones que conformaron la URNG y que mantuvieron una guerra en contra del ejército gubernamental a partir de 1981 y hasta 1996.

La lectura atenta de Somos los jóvenes rebeldes nos permite cuestionar la primera parte de esa genealogía. Los combatientes de los años sesenta no buscaban la democracia. Ellos abjuraron de las reformas dentro del marco legal burgués; no sólo se rebelaron por las armas sino que se plantearon la destrucción total del sistema político y económico, la transformación de las relaciones sociales y la construcción de un nuevo estado de las cosas. En otras palabras las motivaciones para asumir la lucha armada en los años sesenta en Guatemala, y en el resto de América Latina, no sólo no tenían como su referente a las reformas políticas de los años cuarenta, sino que, ideológicamente eran su negación total.

Esto resulta fundamental cuando se busca hacer la historia. Los resultados de la guerra y que las organizaciones político militares y sus militantes hayan aceptado su incorporación al sistema liberal legal que tiene en la democracia su basamento, ha hecho que se conforme una fuerte corriente que para buscar dar una salida al problema de cómo reconciliar al movimiento político que buscaba destruir el sistema liberal con los resultados del proceso y, más aún, a esos mismo actores que hoy día forman parte del sistema liberal de partidos y buscan asegurarse un lugar en lo espacio público, lo resuelvan señalando en el origen de la lucha armada una búsqueda de espacios democráticos que se cerraron, ante lo cual no quedo otra opción que tomar las armas.

Afirmar que los militantes de los años sesenta no eran democráticos no implica de ninguna forma darle la razón a la derecha, sino la posibilidad de entender las definiciones y decisiones que se tomaron en ese momento histórico. Entender dicha postura, por ejemplo, permite leer con toda su riqueza las posiciones que Manzana tenía sobre la actuación del PGT –y con el tanto el resto de los militantes en la Sierra de las Minas y en los otros frentes guerrilleros-: el Partido no era revolucionario pues no tenía un planteamiento claramente en ese sentido y, por lo tanto, era un obstáculo para ella. Se abre así una nueva ventana al proceso mismo. Sí ellos cuestionaron al Partido por su definición de que la lucha era democrático burguesa, adquiere sentido que la forma correcta para ellos fuera, en ese momento, la revolucionaria socialista. Cuestionando así la continuidad fácil entre la primavera democrática y la lucha armada, volviendo este tema un debate necesario en la historiografía. La opción, desde 1996, por la vía pacífica y electoral que se cubre de democrática y su credibilidad, es tarea de los actores y responde a los cambios que sufrió el mundo y Guatemala en esos treinta y tres años y los que se acumulan desde entonces.

Otras desmitificaciones

Junto con lo anterior convoca a cuestionar muchos de los mitos sobre la guerra civil en Guatemala durante los años ochenta y noventa. No fue durante los setenta que los revolucionarios guatemaltecos volcaron su mirada sobre el componente indígena como parte de las fuerzas insurgentes; tampoco fue en los ochenta que el gobierno y el ejército guatemalteco decidieron exterminar a la población civil para contener el desafío revolucionario, decisión que la justicia guatemalteca ya condenó como genocida. El genocidio, su instrumentalización de tierra arrasada y la incorporación indígena a las filas revolucionarias se dieron desde los años sesenta. Esto debe conducir a una revisión exhaustiva de como se ha construido la historiografía guatemalteca al respecto.   Hay más en común entre los sesenta y los años de guerra que le siguieron, que todos ellos con la Primavera Democrática.

Somoslosjovenesrebeldes

Un testimonio de dos voces

Hablando propiamente de cómo fue escrito, hay que señalar sus diferencias con la ola testimonial posterior a la firma de la paz. No es un testimonio escrito por un autor omnipresente, sino que la información que vierte en el libro es, cuando el protagonista es el propio autor, llena de sus recuerdos y posiciones personales, pero cuando las acciones ocurren en la Sierra de las Minas y los actores son otros o cuando son acontecimientos que suceden en otros espacios como la ciudad o Cuba, lo que nos presenta el libro, son la forma en que fueron percibidos por el autor y sus compañeros. Esto es muy interesante por dos cosas, primero porque es un testimonio más abarcativo pues tiende puentes a lo que ocurría en otros frentes de guerra y otros espacios fundamentales de la lucha armada, llegando a rayar en una Historia del FGEI, con la riqueza de lo subjetivo y con apuntes de análisis histórico de lo que tales hechos representaron en su momento. La segunda, porque le permite al autor jugar con dos posiciones del narrador muy bien entrelazadas. Una, la del joven Manzana, sobrenombre de Ismael Soto antes de que ser Pablo Monsanto, que va aprendiendo día a día las reglas de la lucha armada, que va descubriendo las luchas internas del movimiento revolucionario, acercándonos a como ese joven percibió y actuó de acuerdo con su propia experiencia acumulada hasta ese momento. Pero después se deja oír la voz del Comandante Pablo Monsanto, con la experiencia de 33 años de lucha armada y más de cincuenta de actividad política, que es crítico de sus compañeros, de las posiciones políticas, de la estrategia y táctica militar pero también de sí mismo.

El mayor aporte: la disputa contra la derecha por el pasado

Todo lo anterior invita a la lectura en su vertiente propositiva. Pero en ello no reside lo más importante de sus aportes. Es en lo que no dice, lo que no aborda, es en sus ausencias que Somos los jóvenes rebeldes adquiere toda su importancia para los interesados en el tema. Un único ejemplo de las muchas provocaciones que contiene. El libro de Pablo Monsanto no es un libro de sucesos del pasado, en su acepción de que no interpele al presente, al contrario lo hace y de manera muy fuerte. Entender, darse una respuesta sobre esos hechos es primordial para las fuerzas progresistas que actualmente actúan en Guatemala para poderse reconstruir en ese pasado, plantearse claramente en el presente e imaginar un futuro para una realidad a la que le hace falta una izquierda propositiva, fuerte, capaz de introducir cambios profundos en una realidad que parece que no ha cambiado mucho en cincuenta años y que, más bien, en algunos aspectos se ha recrudecido con el proyecto neoliberal.

Las luchas contra la minería, contra las hidroeléctricas, por la defensa de los recursos naturales y contra los transgénicos son hechas hoy por hombres y mujeres, varios de ellos ex militantes de las organizaciones político militares, pero también y sobre todo, por miles y miles de gentes para los que los años de guerra, y en especial lo ocurrido en los años sesenta, es sólo una referencia en los relatos de los mayores o de libros. A ellos interpela Somos los jóvenes rebeldes. El libro sin duda podrá contribuir a esa necesidad de los pueblos guatemaltecos, ayudándolos, a partir de una mirada crítica del pasado, a construir horizontes utópicos hacia donde transitar.

A los otros que interpela, es al poder político y económico que no ha abandonado ni sus posiciones de poder ni de dominio ni sus formas de ejercerlas y en especial a académicos y escritores de derecha que mantienen una ofensiva por la hegemonía sobre el pasado, que demonizan a la izquierda para justificar un modelo político, económico y social excluyente, represor y contrario a los derechos y justas aspiraciones de las y los guatemaltecos. Negar, rebatir, cuestionar, las formas en como militares en situación de retiro y académicos de los tanques de pensamiento de la derecha guatemalteca están construyendo la historia posterior a 1963 es una de las batallas que da Somos los jóvenes rebeldes.

En esta disputa por la memoria la historia es central en una Guatemala que requiere urgentemente un cambio profundo en el proyecto de país.

[1] Este comentario al libro fue publicado en una primera versión reducida en Latinoamérica. Revista de estudios latinoamericanos del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la UNAM en su número 59 correspondiente al segundo semestre de 2014.

[2]Debray, Regis, ¿Revolución en la revolución?, La Habana, Casa de las Américas, 1997, pág. 58.

Las autoridades ancestrales de Sololá preocupadas por el deterioro del Sistema Nacional de Salud

Fotografía: Luis Sicajan.

Fotografía: Luis Sicajan.

Por: Nelton Rivera

En el país son muchas las voces que demandan una serie de mejoras en el Sistema Nacional de Salud, éstas demandas son históricas. Una de ellas es el abastecimiento de medicamentos, a quienes les toca esperar por medicina tienen que escuchar con mucha frustración de voz del bodeguero o del médico de turno “no hay” esto se está volviendo cada día más común en los hospitales y los centros de salud. La infraestructura existente está colapsando y los gobiernos nada han invertido para mejorarla.

Desde la salud comunitaria las comadronas juegan el papel fundamental de garantizar la vida en las comunidades, lo mismo hacen los promotores de salud comunitarios, durante décadas a pesar de su trabajo desde el sistema de salud se les sigue invisibilizando.

Otras de las voces demandan mejoras salariales o por lo menos el cumplimiento de los pagos adeudados por el Estado, los sindicatos de salud que además se encuentran divididos y aún sobreviven los embates de la privatización.

Demandas desde las autoridades ancestrales de Sololá

 

Es este contexto y las demandas históricas, la corrupción gubernamental y el abandono del Estado es que las autoridades ancestrales indígenas de la antigua Santa Catarina Ixtahuacán, Santa Lucía Utatlán y Panajachel se organizaron.

Desde el Consejo de Autoridades Ancestrales de Sololá llegaron al Congreso de la República el martes 10 de febrero para demandar de las autoridades del Ministerio de Salud den una respuesta de inmediato por la desatención en los hospitales que existe en el departamento.

“El consejo de Autoridades Ancestrales de Sololá; nos sentimos profundamente PREOCUPADOS ante la actual situación en el sistema de salud que es un total DESASTRE, pues nunca habíamos vivido una realidad en donde 1:) las pésimas condiciones físicas en la infraestructura, paredes rajadas, condiciones anti-higiénicas, carencias y falta de presupuesto básicos, para ALIMENTOS de los pacientes y del personal del HOSPITAL, MEDICINAS, E INSUMOS tan solo para atender a los internos y no digamos para los externos, equipos inservibles. Falta de pago de salarios, a enfermeras, médicos, personal operativo.”[1]

Luis Sicajan es autoridad indígena de Sololá y manifestó que “las autoridades del ministerio de Salud fueron citadas al Congreso de la República, el diputado Roberto Kestler les envió un escrito citándolos e informándoles que debían reunirse el martes con las autoridades ancestrales de Sololá en el Salón de la Casa Larrazabal, además fue citado el Gobernador departamental de Sololá Luis Florencio García Chutá, el ministro de Salud Luis Enrique Monterroso y el gobernador no asistieron.”[2]

Las autoridades ancestrales nuevamente citaran al ministro y al gobernador departamental, esperan que ambos asistan y respondan por al abandono, deterioro y desabastecimiento de medicamentos en el hospital nacional en Sololá.

La situación todavía sigue igual.

[1] Comunicado de las Autoridades Ancestrales del departamento de Sololá. Guatemala 10 de febrero 2015.

[2] Entrevista con Luis Sicajan. Guatemala 13 de febrero 2015.

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