Archivos diarios: 16 febrero, 2015

UNAMONOS PARA VENCER LA CORRUPCION

Fuente: geeksv.org

Fuente: geeksv.org

Miguel Ángel Sandoval

Durante los últimos años uno de los motivos principales de mis reflexiones ha estado alrededor de propuestas que pudieran ser de utilidad para el conjunto de sectores del país.  No de uno solo sino de todos. Parecería que es algo ambicioso por el grado de fraccionamiento político que a veces observamos, pero no lo es. Creo que es posible pensar en propuestas que sirvan a todos los sectores que componemos la sociedad guatemalteca.

Se trata de encontrar un factor o varios,  que puedan ser un puente entre diversas capas sociales de nuestro castigado país. En esta perspectiva, la lucha contra la corrupción,  es un tema que podría ser parte de la agenda de cualquier formación política, o de cualquier sector u organización social, pero sobre todo, el estandarte de las izquierdas. A pesar de que en los últimos tiempos asistimos a críticas a veces extendidas sobre el comportamiento corrupto de algunos personajes vinculados a las estructuras de la izquierda institucional. Ello no elimina el hecho que la lucha en contra de la corrupción tenga en las fuerzas de izquierda su bastión central.

Adicionalmente, no existe sector, institución o persona que se dé el lujo de defender la corrupción como algo que merece la pena practicar. Asimismo es claro que muchas personas, instituciones o sectores pueden decir que se comprometen en la lucha contra la corrupción como un elemental saludo a la bandera. Pero el planteo que se hace tiene otros alcances.

Me refiero a la lucha en contra de la corrupción endémica que asola Guatemala y que atraviesa el país de forma transversal.  La corrupción  tiene en los contratos sobrevalorados de los negocios públicos, un motivo claro de condena. Pero también es condenable la mordida extendida,  por cualquier servicio, incluso los religiosos.

Hay muchas aristas que se pueden atacar de frente, sin concesiones. Una, la más visible se centra en la infamia con la que se comportan y actúan funcionarios del gobierno central. Otra, las expresiones vulgares en el legislativo, que tiene en el transfuguismo de diputados que saltan de partido en partido la expresión más grosera. Igualmente grave son las muestras de que la justicia es un verdadero reducto de la corrupción, con los jueces venales.

Pero esto se limita a los principales poderes del estado. La corrupción no termina con ellos.   Es necesario pensar en instituciones descentralizadas,  municipalidades que dan de oficio porcentajes en la construcción de cualquier obra pública a empresas que lo piden abierta o sutilmente,  y últimamente sabemos que en las universidades, los colegios profesionales o iglesias de cualquier denominación, se asiste a formas novedosas de corrupción.

Ni hablar de los sectores empresariales de las más diversas ramas, que se disputan el botín del presupuesto nacional por diversas vías o que venden al país al mejor postor a cambio de sobornos y mordidas millonarias. El país está enfermo. No es un solo sector, no es un solo aspecto.  Pero podemos sobreponernos porque veo la suficiente fuerza ciudadana en la gente.

Esta epidemia nacional pasa de múltiples formas por los medios de comunicación, que desinforman de acuerdo al mejor postor; por los sindicatos que negocian bajo cuerda, igual organizaciones campesinas o  indígenas que hacen lo propio;   las oeneges no se quedan cortas, también en el deporte donde sabemos de arreglo de partidos y competencias, o se utilizan los contratos de jugadores como una forma abierta de lavado de dinero; en fin, todo el país.

Pero a pesar de todo, hay reservas  éticas y ciudadanas, para ponerle un hasta aquí o un basta ya a la corrupción generalizada y endémica. No se vale ser indiferentes o fingir que todo camina bien o que todo se resolvería con leyes que no se respetan. Es una apuesta por la salvación nacional.

Por ello el planteamiento que hago de manera meditada y desde una visión de izquierda sectores,  a una cruzada nacional en contra de la corrupción. Se pueden encontrar y consensuar, las formas de articular un esfuerzo nacional, como el que propongo. Es algo más que hablar o mencionar diversos aspectos del tema de la transparencia, y es también, mucho más que la aprobación de unas cuantas leyes.

Es una tarea titánica pero sin ella no hay proyecto nacional de orden económico, social, ambiental, político o cultural que tenga futuro, pues hoy sabemos que las muchas formas de corrupción actúan en contra de planes de gobiernos, de programas de campaña, de cualquier política pública. Por ello y muchas razones más,  el combate contra la corrupción en todos los niveles y con todas las formas posibles, es hoy día, de urgencia nacional.

 NOTA: Este artículo lo publique hace casi un año. De entonces a la fecha todo se ha complicado y los niveles de corrupción aparecen con mucho más dramatismo. Opte por publicarlo de nueva cuenta son un par de agregados. El principal tiene que ver con el señalamiento directo a las formas de corrupción, presentes en algunas expresiones de izquierda de las más diversas formas.

 

Guatemala febrero de 2015.

Acerca de la nueva publicación: Ixcán. El campesino indígena se levanta, 1966-1982

Portada2

PRIMERA ENTREGA

De la Colección “Al atardecer de la vida…”

Escritos de Ricardo Falla s.j.

Por Sergio Palencia

Grupo impulsor de Escritos Ricardo Falla

El martes 24 de marzo de este año (2015) se presentará el tercer volumen de la colección “Al atardecer de la vida…”, Escritos de Ricardo Falla s.j. Los dos anteriores volúmenes trataban sobre sus escritos sobre la Guatemala post firma de la paz (1996-2012) y sobre Honduras (1993-2001). De manera que, como el lector y la lectora pueden apreciar, la Colección va publicándose desde los últimos hasta los primeros trabajos de Ricardo Falla.

El tercer volumen está titulado Ixcán: el campesino indígena se levanta, 1966-1982. Los volúmenes 3, 4 y 5 abren una trilogía de libros y conjunto de ensayos enfocados en la Guerra en Guatemala. Son tres libros enteros sobre la lucha, masacres y resistencia de quienes, posteriormente, llegarían a ser las Comunidades de Población en Resistencia (CPR), en Ixcán, Quiché, así como de otras comunidades del Altiplano indígena.

El volumen 3 fue escrito entre 1984 y 1985 pero, hasta el día de hoy, verá la luz pública. Este volumen trae consigo una singular novedad histórica: aquí las comunidades campesinas, mestizas pero principalmente indígenas, son vistas desde su propia decisión de lucha y confluencia con el movimiento revolucionario, específicamente con el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP). El libro trata lo que posteriormente el terror estatal y el miedo heredado acallaron durante tantos años: la autoconsciencia revolucionaria del pueblo guatemalteco. Esto es sumamente importante a la hora de repensar nuestra historia y posibilita salir de posiciones que solo llevan a un encierro conceptual.

A lo largo de seis breves artículos – incluyendo este – se expondrán algunos de los aportes que, considero en lo personal, brinda el volumen en cuestión. El libro guarda en sí el carácter selvático del cual nació a finales de 1983, lo cual permite a quienes lo leen encontrar sus propios senderos e internarse por donde mejor les parezca. Aquí, como verán quienes sigan estas entregas, me enfoco en seis particularidades del libro que, según lo que he estudiado de la lucha en Guatemala, son centrales en el camino de volvernos conscientes de nuestra experiencia como pueblo histórico. A cada escrito le he adjuntado la portada del libro, así como una fotografía que se relaciona con la temática expuesta.

La guerra en su conjunto: contexto de la obra

 

A mediados de 1981 la guerra de guerrillas entraba, según algunos de sus dirigentes[1], en una etapa de generalización y disputa de territorio. Las acciones militares y de propaganda armada del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) abarcaban departamentos como Chimaltenango, Quiché, Huehuetenango, así como parte de Sololá y Alta Verapaz. El horizonte concreto que había marcado la revolución sandinista en Nicaragua impulsaba, desde inicios de 1980, un intento de concentración de fuerzas militares guerrilleras y un llamado general a la revolución mediante distintas propagandas armadas, fuese en el centro-norte de Huehuetenango o la Zona Reina en Quiché. En abril de 1981 el EGP atacó el destacamento del ejército en Cuarto Pueblo, Ixcán. En un momento esclarecedor del libro, Falla cita lo conversado con uno de los entrevistados que participó, en aquellos años, en la Compañía 19 de enero:

«El plan era atacar un cuartel. La bajada de la Compañía era para golpear un cuartel y sacar al Ejército. Como el Ejército está disperso, anda en patrullaje… El Ejército olía que la Compañía había bajado. Todos los de Ho Chi Minh bajaron, bajaron todos, como 130. Es para tomar cuartel y armar la gente y dejar organizada una Compañía (en Ixcán) y volver a la montaña (ixil). Pero vieron los compañeros que el Ejército no se mantenía en los cuarteles. Entonces hay que meter al Ejército y para eso hostigarlos. Y se desplegó la Compañía. Se dividió en los dos distritos (oriente y occidente del Xalbal) y se generalizaron (los hostigamientos).» (Falla, 2015: 397)

Ante la llegada de un helicóptero artillado, no se logró recuperar el armamento previsto del ejército. Empero, este ataque dejó ver el aumento de concentración de fuerzas del EGP, así como los límites de la lucha guerrillera. Como vemos, a pesar de que la Compañía contaba con alrededor de 100 a 120 combatientes armados, no había podido desafiar el poderío de apoyo aéreo castrense. El potencial de combate se acrecentaba y esto preocupaba al ejército de Guatemala. Si el ejército mantenía la estrategia de puestos de control fijo y de patrullajes locales, la misma táctica guerrillera de emboscadas podría aumentar la concentración de fuerzas y, con la creciente simpatía local hacia sus acciones, desembocar en un control territorial que presagiara la toma del poder. Por eso cuando las acciones guerrilleras comenzaron a generalizarse en municipios tan cercanos a la capital, como Comalapa o San Martín Jilotepeque, en Chimaltenango, se hizo inminente una transformación de la estrategia castrense. El momento de la crisis donde se juega el todo o la nada se había acercado.

El primer golpe de magnitud estratégica que asestó el ejército a las guerrillas fue en la ciudad. En operaciones de seguimiento y control de movimientos, la inteligencia estatal había detectado las principales casas de seguridad del EGP y ORPA (Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas). El despliegue militar y policiaco fue enorme y, en el transcurso de un mes, gran parte de la infraestructura de la guerrilla urbana quedó duramente diezmada. De la misma magnitud fue el despliegue informativo de la victoria estatal sobre los grupos subversivos. No sólo habían destruido centros de producción de armamento sino, sobre todo, habían desarticulado las redes de información entre la ciudad y el campo. Se había recuperado armamento que tenía como fin apoyar una posible insurrección urbana. El endeble canal de comunicaciones entre el campo y la ciudad, sitiado por el Estado constantemente, había sido roto e infiltrado. La guerra se decidiría en los territorios semi insurrectos del campo con canales de comunicación bajo enormes dificultades.

El segundo golpe de magnitud fue, en realidad, una estrategia ofensiva dividida por zonas. El despliegue estatal contrainsurgente concentró fuerzas militares para, literalmente, ir barriendo la población considerada en insurrección o apoyando la guerrilla. La Compañía 19 de enero no habría existido sin un canal de apoyo de comida, recursos, información y abastecimiento en general. Primero, entre octubre y diciembre de 1981, el Estado recuperó el control de la carretera Interamericana, en el territorio del Frente guerrillero en formación, Augusto César Sandino, del EGP, entre Chimaltenango y el sur de Quiché. Luego hicieron ataques paralelos a partir de diciembre 1981 y febrero 1982 en el área ixil y la Zona Reina, donde operaba el Frente más antiguo, el Ho Chi Min. Posteriormente, entre febrero y agosto de 1982, el ejército arrasó aldeas y cooperativas enteras en Ixcán, norte de Quiché, así como en Nentón, Ixtatán y Barillas, en el norte de Huehuetenango[2].

Cuando Benedicto Lucas brindaba por el aplastamiento sistemático del EGP en diciembre 1981, en realidad estaba dándole un nombre guerrillero a todo un movimiento comunitario de insubordinación. La contrainsurgencia del Estado guatemalteco y de sus élites financieras, empresariales y finqueras había logrado, al precio del mayor exterminio de la América contemporánea, acabar con la revolución. Fuese con las masacres de pretensión total (Cuarto Pueblo o San Francisco Nentón), con la destrucción parcial de los grupos “contaminados” de la comunidad o con la destrucción de casas y de siembras, el Estado guatemalteco había provocado la huida de miles de personas a las montañas, a la ciudad de Guatemala o al sur de México. Llegaban sin sombrero, sin alimento, sin una segunda muda, cargando bebes y ancianos, mujeres a punto de dar a luz y tantos más aún conmocionados, todavía aterrorizados por la experiencia súbita y concentrada de represión.

 

[1] Payeras, Mario. (1991).

[2] Aquí referimos brevemente a departamentos donde operaba el EGP. Sigue siendo necesario un estudio de contraste y similaridades de la contrainsurgencia bajo territorios de ORPA y FAR para el mismo periodo histórico. En muchas ocasiones se traslapaban los territorios de EGP-ORPA, como en el sur de Quetzaltenango o el nor-oriente de Chimaltenango.

Contraportada1

Sobre la presentación del libro

El lanzamiento de este volumen 3 de la Colección “Al atardecer de la vida…”, Escritos de Ricardo Falla s.j., se realizará el martes 24 de marzo de este año (2015), en MUSAC (9a avenida 9-79, zona 1), a las 5 de la tarde.