#YoNoSoyIndiferente

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Por: Pablo Rangel

Hace una semana fueron los atentados contra la revista Charlie Hebdo. Guatemala está entre los países en los que el “hashtag” #YosoyCharlie tuvo mejor acogida y desde donde la ola de solidaridad en pro de la libertad de expresión en Francia tuvo mayor empuje. Como experimento con algunos amigos tratamos de levantar hashtags por cada una de las personas que había muerto violentamente en la ciudad de Guatemala. Nuestra gran sorpresa ha sido que nuestros mensajes no han recibido ni una sola muestra de solidaridad. Más bien revisando en las redes sociales, las muertes de pilotos de transporte urbano reciben la atención de gente que trata de burlarse de la situación escribiendo sinsentidos o apuntalan la idea de un cambio de gobierno pues las muertes prueban la ineficiencia del actual. Es más dramático aún cuando hay historias como “pasajero abate a tiros a un supuesto delincuente”. Los comentarios en estas noticias son de absoluta crueldad, primero querer ascender a héroe al ciudadano que ejecuto al “ladrón” como ejemplo digno de imitar y por otro lado, en contra de los Derechos Humanos pues muchos dicen que por ellos no hay permiso para asesinar a todos los delincuentes.

La explicación de esta gran oleada de violencia en nuestro país es multicausal, existen varios textos que hacen entrecruces de variables y con indicadores medibles han concluido en una serie de circunstancias que dan vida a la violencia. No obstante, muy pocas personas han explicado por qué el tema de la muerte de tantas personas al día no genera indignación y por qué, por digno que nos parezca, la muerte del personal de Charlie Hebdo ha levantado tanta solidaridad si es un hecho remoto y que en última instancia no trae consecuencias directas para nuestro país.

En este punto hay que señalar que el fenómeno no es exclusivo del país, también México, Colombia, El Salvador, Honduras, Venezuela y otros países del Continente están sufriendo de una violencia desbordada que en números globales se acerca a los puestos de Irak y Afganistán. Y de igual forma, están sufriendo de esta indiferencia al señalar, en su mayoría, que quienes mueren son delincuentes comunes o gente que no merece la pena. No es casual que en el mapa de los hashtags precisamente estos países son los que han mostrado mayor solidaridad para Charlie Hebdo, y por otro lado son países donde el morir violentamente es sinónimo de ser pobre.

Partiendo de esta afirmación podemos pensar que una de las explicaciones a este ninguneo y estigmatización de quienes mueren por la violencia común es el de la desigualdad.

El común entendido es que la desigualdad es provocada por el bajo ingreso que algunos reciben frente a los altos ingresos de otros. Pero el fenómeno es más complejo y abarca casi todas las areas de la exisencia humana. Pierre Bordieu observa que existen varios capitales con los cuales la persona hace frente a su vida y entra a competir a la sociedad. Hay capital monetario, intelectual, cultural, espiritual y otra serie de capitales que, dependiendo de su valoración, hacen que las personas se acerquen más o menos al sentimiento de realización personal. En este sentido, la desigualdad en América Latina se da por la diferencia abismal entre quienes poseen los capitales valiosos para ser ciudadanos, y los otros, que poseen capitales que no los acercan a la idea construida de ciudadanía.

¿Era entonces el personal de Carlie Hebdo más igual que los guatemaltecos que se enteraron, preocuparon y opinaron en las redes sociales con el hashtag?

En este caso la idea de la muerte de alguien en otro país a manos de un comando de supuestos terroristas islámicos, hizo que muchas personas se identificaran por un lado por cuestiones religiosas y odios atávicos contral el diferente y por el otro, porque fue una tendencia que solo quienes tienen cierto capital monetario, intelectual y social pueden comprender y además, reproducir.

En descargo de quienes se solidarizaron con Charlie Hebdo, pero que no les importa la muerte de un o una paisana violentamente, (1) hay que decir que la desigualdad tiene raíces profundas e invisibles. Como era de esperarse llegan hasta la historia colonial e independiente del Continente. No es secreto que a lo largo de los últimos 500 años se ha ido generando la idea de ciudadanía exclusiva que posteriormente se cristaliza en las Constituciones de los países y además, es resguardada por los aparatos coercivos del Estado. El hecho de tener un Estado que para unos se manifiesta en todo su esplendor y para otros es un ente de coerción, agudiza la violencia. Por obvio que parezca, en nuestras democracias, la igualdad de derechos pasa no solo por haber nacido en el mismo país, sino por poseer cierto nivel económico, intelectual, étnico y social, que para las grandes mayorías por razones injustas es inalcanzable. Boaventura De Souza Santos señala que en las sociedades latinoamericanas que no logran trascenderse ha surgido un fenómeno que es el fascismo societal, el mismo que nos hace pensar que la muerte es el precio con el que deben pagar los “pobres” que viven en zonas marginales y por lo tanto, violentas.

Muchas personas opinan que con la solidaridad y muestras de indignación no se va a lograr mucho, sin embargo, tomando como referencia a la sociedad francesa, fue visible cómo el asesinato de los periodistas de Charlie Hebdo levantó manifestaciones multitudinarias que movieron al gobierno francés a actuar de forma rápida y eficiente. ¿Cuándo lograremos una manifestación multitudinaria y solidaria por el asesinato de tantas y tantos guatemaltecos al día?

#YoSoy6milMuertosEnGuatemala

1) En este caso no hablo de las personas que se solidarizaron con Chalie Hebdo pero que además sí se solidarizan con la situación de la violencia en Guatemala. Aclaro para evitar malas interpretaciones

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Publicado el 17 enero, 2015 en Guatemala. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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