Archivos diarios: 12 enero, 2015

El lago que lleva el nombre del árbol de Amate

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Ana Lucía Ramazzini

Recorrer la playa del Lago de Amatitlán es salir al paso de personas e historias. Es detenerse por un momento, concentrarse en el movimiento de pasos lentos y ligeros, perderse entre los sabores y colores del mazapán, la colación, los bocadillos y la pepitoria, escuchar al aceite friendo las mojarras y mezclándose con las carcajadas y la música que celebran los encuentros de amigas y amigos.

La vida en la playa se vive entre ventas, comedores, caballitos, juegos mecánicos y un teleférico por el que pasan los años. La división sexual del trabajo es evidente: las mujeres encargadas de hacer y vender la comida y los hombres en el Lago, manejando las lanchas y alguno que otro pescando. Aunque el caldo hecho con guapotes, mojarras, pepescas, cangrejos, jutes, caracoles sea tradicionalmente elaborado por hombres.

La prisa de la playa envuelve, pero aun así hay tiempo para respirar profundo, cerrar los ojos y sentir la brisa. El Lago llama a acercarse a su orilla. Apostadas en los muelles improvisados están las lanchas y los lanchones multicolor, nombradas una a una con diversos nombres. El que más se repite es Flor de Mayo, en honor a la feria que se celebra en ese mes.

Atreverse a recorrer el Lago es sentirlo vivo, rodeado de cerros y montañas, entre tonalidades violetas, azules, verdes y café. En el Lago el tiempo transcurre más despacio. A pesar de los años y la contaminación, su belleza sigue atrapando. La emoción es grande cuando en el recorrido se logra ver algún Amate, árbol del que se deriva su nombre. Pero adentrarse en sus aguas, especialmente por la desembocadura del río Villalobos, es darse cuenta de la sistemática violación a sus derechos de parte de industrias y beneficios de café que vierten sus desechos en él, así como tomar conciencia de los efectos de las miles de toneladas de basura diarias que son arrastradas por sus afluentes y llegan hasta él. Entre sus aguas se diluyen las promesas de campaña, de gobiernos centrales y locales, por “salvarlo”.

Ir en una de las lanchas o simplemente sentarse en su orilla a verlo, también es recordar desde anécdotas de infancia hasta situaciones trágicas vividas por tantas familias durante el paso del Huracán Mitch, que causó fuertes estragos. Hablar con algunas de las personas ancianas es traer de la memoria las lunadas a la orilla del lago o la tradicional procesión acuática. Es inevitable, además, escucharles narrar historias sobre las fiestas antañonas que se celebraban en los años cuarenta como el Baile de Celeste y Negro, vestigios de una sociedad clasista, que de una u otra forma persiste y que se ve reflejada, junto con el sexismo, en diversas actividades,por ejemplo la elección Señorita Flor de Mayo, donde sólo pueden participar jóvenes del casco urbano, mientras la participación de las jóvenes de las aldeas y caseríos es en el evento Señorita Flor Silvestre.

Amatitlán guarda y refleja en sus aguas historias de resistencias, que aún están pendientes de ser investigadas y estudiadas como aquella que cuentan con orgullo en el pueblo, recordando cuando Amatitlán era departamento, uno de los más prósperos por la cochinilla. En ese tiempo, dicen que Jorge  Ubico era diputado por Amatitlán.  Ante sus acciones, un grupo de amatitlanecas y amatitlanecos se organizaron y redactaron una carta en donde le exigían que realmente representara los intereses de la comunidad en el Congreso.  Él se molestó tanto por la osadía que cuando fue presidente, le quitó el rango a Amatitlán de departamento y lo convirtió en municipio. Historias que van y vienen como el vaivén de sus aguas.

En el Lago convergen un sinnúmero de significados. Para muchas amatitlanecas y amatitlanecos significa vida y trabajo. Significa también identidad: Los sueños por verlo de nuevo cuando se está lejos viven enraizados en muchas personas que han tenido que migrar. Y para quienes han adoptado esta tierra como suya y han venido a vivir en sus alrededores, muchas veces expulsados por los altos costos de vivienda en la ciudad de Guatemala, significa un nuevo hogar, una oportunidad.

Para mí, pensar en Amatitlán es recordar mi niñez al lado de mis primas y primo, teniendo al Lago como testigo de nuestras exploraciones en el río. Es revivir historias contadas, una y mil veces, por mi abuela y abuelo sobre su vida en este pueblo.

Hoy, como la mayoría de los días que bajo por El Filón, la antigua carretera que lleva a Amatitlán, una de las vueltas de este camino hace que me encuentre cara a cara con el Lago. Es uno de los momentos más entrañables. Para quienes tenemos el ombligo y el corazón en Amatitlán, la vida sin el Lago es impensable porque nuestros recuerdos, familias e historias se tejen con él.

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ESPAÑA: CRISIS, DESIGUALDAD Y DERECHO A LA VIDA DIGNA

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Jesus González Pazos – Miembro de Mugarik Gabe

En las últimas semanas el gobierno español ha iniciado una intensa campaña centrada principalmente en tratar de convencer a la población de que la crisis está finalizada y que ahora solo queda la definitiva y paulatina recuperación. Ésta será larga y lenta, pero aseguran que será. Con esa intención los mensajes subrayan machaconamente que “la crisis es historia” y que el 2015 será el primer año de la recuperación esperada. Volveremos por fin a ser quienes fuimos en esa sociedad del consumo compulsivo y del crecimiento sin medida permanente.

Pero habría que recordar que estos discursos e intenciones no hacen sino evidenciar lo poco que ha aprendido la tradicional clase política pues, entre otras cosas, fueron precisamente los parámetros de crecimiento sin límite y la búsqueda obsesiva de beneficios a cualquier precio los que nos enterraron en la sucesión de crisis (económica, social, política, de valores, de cuidados, medioambiental…) que hoy todavía padecemos. Luego, aunque esos deseos fueran ciertos, es necesario subrayar que volver a los mismos parámetros no aseguraría sino una nueva y posiblemente definitiva caída.

Pero, más allá de lo anterior, volvamos a las proclamas sobre esa salida de la crisis que pretenden imponernos y analicemos éstas y algunas otras igual de importantes. Las primeras se construyen sobre datos económicos del tipo de que el desempleo está cambiando su tendencia y ahora se orienta levemente hacia su disminución. Claro, dadas las cotas que se han alcanzado (por encima del 25%), es muy previsible que éstas difícilmente puedan ir más allá y que, por lo tanto, la tendencia cambie. De forma casi imperceptible, pero cierto es que es una fluctuación hacia la baja. Aunque a esto habría que argumentar que, posiblemente, se basa más en un cambio propio de tendencia que por las medidas articuladas por los sucesivos gobiernos para salir de la crisis.

El hecho verdadero es que en los últimos siete años el paro no ha hecho sino subir hasta las cotas antes señaladas y ahora, cuando se nos anuncia el fin de la crisis, no hay datos fiables en este campo que avalen que este cambio se debe a esas brutales medidas de recortes tomadas. Que en los últimos meses las fluctuaciones suelan moverse en unos pocos miles de personas, es difícil cargarlo en la mochila de las medallas que el gobierno pretende cargarse. Pero, bien al contrario, si se podría argumentar que muchas de esas medidas implantadas contra los derechos adquiridos por la clase trabajadora, como la famosa reforma laboral, no hicieron sino incidir en el aumento continuo del paro por el abaratamiento del despido que facilitó, además de un crecimiento (ahora si) de las peores condiciones de trabajo.

Pero además, hay también otros datos, no solo económicos sino también sociales, que siguen creciendo de forma incontrolada y que el mismo gobierno habitualmente pretende esconder como si no fueran relevantes como indicadores de la verdadera situación de absoluto fracaso, en que se encuentra inmerso.

Recordemos por unos momentos los grandes discursos que se hacían hasta hace menos de una década sobre los derechos humanos y, de forma especial, el referente al derecho a la vida como uno de los más importantes. Se podría señalar, una vez más, que en el corpus de los derechos humanos todos son igualmente importantes y todos deben de ser igualmente respetados y ejercidos por ser indivisibles, interdependientes y estar interrelacionados. Y esto precisamente haría denunciable el hecho de que, entre otros muchos, el derecho a una vida digna, era y es sistemáticamente olvidado (excepción hecha de cuando la derecha intenta justificar la vulneración del derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos). Y todo ello, cuando cada vez más personas en situación de empobrecimiento pueden preguntarse para qué vale la vida si ésta no se puede vivir con dignidad.

Y es precisamente la violación continua de este último derecho el que en el actual sistema político-económico neoliberal y patriarcal que se ha implantado aprovechando la excusa de la crisis económica, la que más ha crecido. Todos los datos e indicadores, sean del orden que sean, así lo demuestran mes a mes, dejando en clara evidencia la responsabilidad en ello del gobierno actual, ya que se entiende a éste como el último garante en el respeto y ejercicio de todos los derechos humanos; o, ¿no es esa ya una de sus responsabilidades?.

Como sabemos, el número de personas a las que se viola este derecho básico a una vida digna no hace sino crecer continuamente, parejo con el crecimiento de la desigualdad entre las personas. Ya no únicamente por los millones de personas en paro, sino también por aquellas otras miles que hoy trabajan en absoluta precariedad hasta el punto de que a pesar de no estar en las listas de desempleo, constituyen ya una clara capa social empobrecida.

Este sistema neoliberal, económico y político, nuevamente recupera los primeros tiempos del capitalismo industrial del siglo XIX cuando las masas de trabajadores y trabajadoras eran mayoritariamente sectores sociales empobrecidos debido a su brutal explotación laboral. Hoy, después de décadas de luchas, como demuestran los datos, la historia se repite y resurgen las clases de trabajadoras empobrecidas que se suman a aquellas personas desempleadas en la búsqueda de una vida digna. Y por mucho que te saquen de las estadísticas del desempleo para presentar éxitos gubernamentales hipotéticos y salidas ficticias de la crisis, a cada vez más personas les cuesta, o directamente no pueden, llegar a final de mes con el salario (¿misería?) que perciben por su trabajo.

Según los datos más recientes el 34% de las y los trabajadores del estado español cobran menos de 645 €uros al mes, el equivalente al salario mínimo, y con esa cantidad es imposible la vida digna. Por mucho que el gobierno español pretenda negar el aumento de la desigualdad y el riesgo de que ésta se convierta en estructural al sistema, la verdad es insistente. Los estudios más recientes señalan que hay un 20’7% de personas en el estado español por debajo del umbral de pobreza y que este dato en Europa solamente es superado por países como Rumania y Letonia. La pobreza severa alcanza ya a más de 3 millones de personas y el 20% más rico de la población tiene una renta siete veces superior a la del 20% más pobre.

Estos son datos incontestables por mucho que se quieran maquillar o matizar, por mucho que se pretendan ocultar detrás de la leve disminución del desempleo o del aumento del consumo navideño.

En este contexto, hay que recordar que la desigualdad no es sino la consecuencia de un problema social y, por lo tanto, habrá que convenir que el aumento de la primera es prueba evidente de que el segundo también crece. Y éste, por mucho que el gobierno así pareciera creerlo, no es un fenómeno natural, sino otro de tipo histórico y político, además de económico y, evidentemente, social.

En otros periodos de la historia de la humanidad se ha demostrado persistentemente que cuando el problema social de la desigualdad crece hasta límites en que el sistema dominante no tiene ninguna opción de solución, la situación se deteriora hasta el punto de provocar estallidos y revueltas sociales de profundo calado hasta dar lugar a un cambio radical de ese sistema. Transformaciones que no necesariamente vinieron siempre asociadas a procesos violentos, pero si revolucionarios. Y todo parece indicar que estamos cada día más cerca de otro momento histórico de similares características, por que el aumento de la desigualdad social de forma claramente desbocada y la continua violación del derecho a una vida digna para todas las personas está creando y recreando todas las condiciones para que este otro nuevo momento histórico vuelva a hacerse realidad.

(Nota.- Este texto se ha centrado en el estado y gobierno español, pero aunque con cifras diferentes, habría que señalar que las constantes son iguales en gran medida si hablamos de Euskal Herria, de Grecia, de…., por lo tanto que ningún gobierno se sienta al margen de estas condiciones señaladas para la necesaria transformación social y política posible.)

2015/01/08