Archivos diarios: 29 diciembre, 2014

Acuerdos de Paz: 18 años después y la ilusión de la paz que nunca fue

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Por: Quimy De León

Desde los años sesenta con la implementación más sistemática de la política contrainsurgente se intentó aniquilar la resistencia armada y pacífica, la insurgencia, las movilizaciones y los levantamientos populares. Todo ello en el marco de la guerra fría que en Guatemala supuso un pretexto para controlar a la población mediante la violencia extrema, perpetrada principalmente por el Estado para implementar proyectos económicos a gran escala.

Guatemala fue mal dirigida por regímenes militares que salvaguardaban intereses oligárquicos y propios durante décadas, ésto fue en aumento hasta llegar al genocidio.

Las guerrillas que tienen su surgimiento desde inicios de los años sesenta, se mantienen activas hasta el año de 1996 cuando se firman Los Acuerdos de Paz. Éste proceso inicia a partir de una reunión ocurrida entre el gobierno de Guatemala y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca – URNG en el año de 1987 y culmina con un acto público de firma del acuerdo final el 29 de diciembre del año de 1996.

Se creyó que éstos acuerdos serían las bases principales que posibilitarían cambios sustanciales como el fortalecimiento del Estado de Derecho, la profundización de la democracia participativa y que se reduciría el papel del ejército y por lo tanto seríamos una sociedad cada vez menos militarizada. No hay que hacer demasiado para darnos cuenta que hemos tenido un retroceso terrible y la “paz” fue una ilusión que nunca se cumplió.

 

 

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LA PAZ NO SIGNIFICA IMPUNIDAD

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Por: Miguel Ángel Sandoval

 

Cualquier persona medianamente informada debe saber que en una guerra, más allá de los combates armados, y otro tipo de acciones de contenido militar,  hay crímenes, abusos o excesos que son condenados por cualquier legislación sobre el tema. Por esa razón, existen por ejemplo, los Convenios de Ginebra que establecen con meridiana claridad que existen responsabilidades que deben ser juzgadas. Pues en la guerra no todo se vale. Por ello Hannah Arenth al analizar la barbarie de la segunda guerra mundial decía: “Comprender todo no significa perdonar todo”

Hay crímenes particularmente graves que se ubican como delitos contra deberes de la humanidad y genocidio que no prescriben, ni aquí ni en China. Es por esa razón que la ley de Reconciliación Nacional aprobada por el congreso de la república para facilitar el cese definitivo del fuego en la guerra de los 36 años, estableció con meridiana claridad que todos los actos de guerra eran inimputables, menos el genocidio y otros crímenes contra la humanidad.

En el caso guatemalteco hay dos aproximaciones a estos temas que merecen ser discutidas. Uno que habla del genocidio cometido por el ejército de Guatemala, bajo las ordenes de Ríos Montt, a los cuales se les pretendió echar un manto de olvido mediante una amnistía decretada por un gobierno militar producto de un golpe de Estado que como bien se comprenderá, es -absolutamente ilegal, ilegitima y sobre todo, merecedora de la más amplia condena.

Este es un tema en el cual varios analistas cierran los ojos y pretenden que la amnistía de los militares es legal, y sobre todo, aplicable a la situación actual. Es como si la legislación de los golpistas se pretendiera impulsar en la actualidad. ¿En esa línea de argumentación de nuestros analistas, son legítimos los tribunales de fuero especial? ¿Son legales las agarradas al cuartel? ¿Es legal la tortura, los cateos por zonas enteras?  Pues debemos convenir que si la amnistía es legal, lo son igualmente los puntos que señalo.

Es algo que debería saber gente como Acisclo Valladares o Antonio Arenales,  que de un día a otro, pretenden validar la amnistía de los militares, que ante el horror de sus ejecutorias, se recetaron una auto-amnistía, que por supuesto no tiene sentido, vigencia o pertinencia. Solo si se le explica desde la perspectiva de la impunidad y se explica como un intento para que el sentenciado por genocidio, el general golpista Ríos Montt, pueda ser absuelto de los crímenes contra la humanidad por el cometidos.

Re-generación de la paz

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Eramos jóvenes y estábamos enamorados.
Enamorados de la vida,
locos por la paz
teníamos sed de justicia
hambre de conocimiento
la fuerza de una ola
la magnitud de un temblor
eramos jóvenes y vivíamos enamorados
no importaba amanecer en la calle
bailando y gritando
amando y riendo.

Ya no somos jóvenes y algunos
estamos decepcionados
la vida se escurre de nuestros cuerpos
la paz no llega
la violencia nos cubre.

La justicia se prostituye
el conocimiento se vende
pero hay un par de jóvenes enamorados
que aún tienen la fuerza de una ola
y la magnitud de un temblor.

Tocará pasar la estafeta y esperar
que ellos no se decepcionen.

(Patricia Cortez Bendfeldt. Guatemala 29 de diciembre de 2014)

Los fondos de la “cooperación” y la crisis de solidaridad, una reflexión necesaria

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Alfonso Porres – Luciérnaga

Hace algunos días platicábamos sobre la crisis de los fondos de cooperación que en décadas anteriores permitió el desarrollo de varias iniciativas, en el campos social, cultural, económico y de derechos humanos. Con estos fondos se ayudó a la sobrevivencia de un número importante de sectores sociales comprometidos, tanto en su cotidianidad y sobrevivencia.

Con la actual la falta de fondos, una serie de iniciativas, proyectos y organizaciones dejaron de funcionar de la noche a la mañana. Todo ello debido a que hicieron de los fondos de la cooperación el eje de su sobrevivencia.

Quienes han logrado sobrevivir, han entrado en un sin número de competencias por el acceso a financiamientos. Cuando había fondos la falta de coordinaciones entre instituciones se daba por protagonismos y celos de proyecto, ahora en buena medida son en función de la pura y llana sobrevivencia. Esto ha generado todo tipo de actitudes, desde la ejecución excelente de los proyectos, hasta la descalificación de la “supuesta competencias”, así como sobornos de todo tipo, económicos y políticos con funcionarios que toman decisiones en relación a este aspecto.

Lo que antes era un cabildeo se ha convertido en proceso de negociación, en algunos casos bastante cuestionables, ya que se asumen agendas que no necesariamente eran las originales, sino se asumen temas para las que hay fondos. En algunos casos la cooperación ha priorizado financiar instituciones más estables como las iglesias, municipalidades, universidades privadas e incluso el Estado con toda su cuestionable corrupción.

Sin embargo, el problema no es ocasionado en su totalidad por los fondos de la cooperación y la crisis del sistema, hay gran responsabilidad de quienes no supimos desarrollar una estrategia económica alternativa e innovadora, que hiciera sostenible los proyectos y que supliera no solo los fondos de la cooperación si no además su agenda política, algunas abiertamente relacionados a lo que llaman apoyo a la responsabilidad social empresarial.

Nunca se pensó en la posibilidad coordinada de producir bienes y servicios que hicieran rentable los procesos desde las organizaciones, las pocas propuestas que surgieron fueron desde iniciativas puntuales, reproduciendo los criterios del sistema, que es entrar en competencia con las empresas existentes. O bien son pequeñas islas sin incidencia social necesaria.

La mayoría de las organizaciones no contemplamos la posibilidad de encontrar procesos económicos paralelos o alternativos, que cubrieran todos los ámbitos del trabajo social y político, aún cuando quizá se tuvo la posibilidad de hacerlo. Ya que hay trabajo que puede ser sostenible desde las comunidades, pero se descuidó enormemente la posibilidad de un mercado paralelo con criterios de una economía ética, que permitiera no solo la posibilidad de la sostenibilidad si no el crecimiento de nuevos paradigmas de intercambio y consumo. Formas de relacionamiento basadas en la equidad, el respeto al medio ambiente y el consumo responsable. Aunque hay iniciativas invaluables.

Las crisis en ese sentido podrían ser positivas, pues nos obligan a repensar los procesos y a establecer nuevos acuerdos. Es necesario retomar la solidaridad que ha movido gran cantidad de nuestra relaciones y acciones. Deberíamos de pensarnos desde otra lógica y ver cuanto podríamos aportar desde nuestros respectivos nichos y pensar nuevas formas de economía ética y de relacionamiento.