Archivos diarios: 1 junio, 2014

En la Puya también suenan campanas de unidad

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Texto: Nelton Rivera –Prensa Comunitaria.

Fotografía: Alicia Llamas -La Puya.

1. Junio arranca con fuertes lluvias, los zompopos no tardaran en aparecer, poco lograran hacer aquellos que al llegar a la ciudad se topen con el concreto, otros encontraran la frescura y el olor de la tierra mojada.

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2. Como los zompopos después de las lluvias, después de la agresión salieron cientos de personas y agarraron camino rumbo a San José del Golfo y San Pedro Ayampuc. La convocatoria se lanzó por las redes sociales, muchos jóvenes se auto convocaron para salir desde el mismo sitio en donde un ministro daba las ordenes de desalojar violentamente aquel 23 de mayo pasado. Por cierto fue un desalojo que se justificó antojadiza y arbitrariamente. Nunca hubo una sola orden emitida por un juez.

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3. La caravana de solidaridad con las comunidades mestizas y kaqchikeles de #LaPuya llegaron finalmente bajo un cielo oscuro que avisaba que pronto habrá lluvia. En la Resistencia Pacífica les esperaron con alegría, porque no han parado de recibir visitas, caravanas, o lluvia de cartas, comunicados e imágenes en su apoyo y respaldo, allí no se pierde la alegría ni siquiera cuando reprimen porque la rebelde alegría sale a contener el odio del represor.

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4. Seguramente quienes llegaron por primera vez a #LaPuya saldrán con las ganas de construir mas Puyas en todos lados, esas son las ganas que nos dan cada vez que les visitamos, llevarán su voz a otros lugares y la cadena de contrainformación se expande y se multiplica.

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5. #LaPuya ahora es viral, las mujeres lograron romper el cerco mediático una vez más, miles de personas en la capital se están preocupando por conocer mas sobre la minería y este proyecto “El Tambor” que una empresa de militares y extranjeros del norte quieren instalar. Cada vez más gente sabe que estos proyectos no traen nada bueno.

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6. Pronto vendrán más noticias de otras resistencias de San Juan Sacatepéquez, del territorio Norte de Huehuetenango, del Valle del Polochic, de Cobán, de Ixcán, de Quiché, de Sipakapa, de Chinautla, de Sololá, de Totonicapán, de Barillas, de Izabal, de Santa María Xalapan, de San Rafael Las Flores, Copal “a a”, de todos lados.

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7. Como en La Puya las campanas seguirán sonando, pero no solo cuando hay alarma, sino como aviso de que llegan más gente, de que llegan más esperanzas.

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Nos enseñaron el silencio, pero es hora de gritar

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Por Juan Calles – Prensa Comunitaria

El calor es húmedo y pegajoso, el camino de terracería hace que nos agolpemos en la palangana del pick-up que nos transporta por las cercanías del rio Polochic. Una anciana con cara de molestia se acaricia el brazo derecho que se acaba de golpear por un movimiento brusco; se da cuenta que la observo y baja la mirada entre apenada e incómoda. “Usted se parece a Mamá Maquín” le digo con fingida timidez. Ella levanta la mirada y me hace sentir escalofríos cuando responde: “ese nombre no se menciona desde hace 36 años”, y vuelve a bajar la mirada. Volteo a ver a la gente que se amontona en el pick-up: todos fingen que no escucharon y ven distraídos hacia la nada.

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Mamá Maquín fue una lideresa Q´eqchi´ que encabezó la lucha por la tierra durante los años 70 en Alta Verapaz. Junto a decenas de campesinos y campesinas estaba frente a la municipalidad de Panzós el 29 de mayo de 1978, esperando una respuesta del alcalde de la localidad ante el despojo de tierras que sufrían. El complejo minero EXMIBAL, dedicado a la explotación de níquel, ocupaba tierras comunales y las que los campesinos usaban para sembrar su comida. Además, los megaproyectos de la Franja Transversal del Norte y la hidroeléctrica Chixoy amenazaban con expoliar las pocas parcelas que les quedaban.

Como respuesta a sus exigencias, ese día obtuvieron la represión del ejército de Guatemala, que desde temprano ocupó lugares estratégicos para atacar a la población civil desarmada. Las primeras ráfagas asesinaron a 35 personas. El eco de los disparos aún no se dejaba de escuchar, decenas de personas corrían por salvar su vida, el Ejercito hizo más disparos; hombres, mujeres y niños se abalanzaron a las lanchas que les esperaban sobre el río Polochic, en la carrera por salvar su vida volcaron los aparatos y murieron ahogados.

Entre los primeros asesinados se encontraba Mamá Maquín.

Durante una comparecencia pública en junio de 2011, el ex alcalde de Alta Verapaz, Wálter Overdick García, testificó sobre la participación de finqueros y altos mandos militares en la masacre ocurrida en 1978.  En esa audiencia habló de una reunión entre finqueros en Telemán, pedida por los hermanos Flavio y Héctor Monzón, así como por Amílcar SolísJoaquín González yEnrique Hernández, quienes buscaban la intervención del ejército porque los campesinos exigían tierra. Con la autorización de Guillermo de la Cruz -en ese tiempo Jefe del Estado Mayor Presidencial-, el ejército presente en Panzós secuestró y eliminó a algunos líderes campesinos, finalizando con la masacre el 29 de mayo.

Hasta hoy, ninguna persona ha sido acusada, ni perseguida judicialmente por esta masacre.

Después de cometida la masacre, la tropa que había llegado desde Zacapa tomó control absoluto de la población y en fosas comunes sepultaron uno sobre otro los cadáveres que inicialmente quedaron esparcidos en el centro del pueblo. Para ello se valieron de tractores que ya estaban preparados para ello.

Antes de llegar a Panzós quise hablar de nuevo con la anciana que me había pedido no mencionar el nombre de Mamá Maquín. Ella lo sospechó y me vio fijo a los ojos. Entonces entendí: el silencio nos ha sido impuesto, lo llevamos en el torrente sanguíneo, en los ojos, en las palabras que decimos el silencio nos ha mantenido vivos. Eso me decía ella con los ojos llenos de cansancio y dolor.

Cuando llegamos al pueblo, habían pasado 36 años de la masacre. La señora se bajó del pick-up, caminó lento hacia la plaza, se puso de rodillas y encendió algunas velas, se limpió algunas lágrimas de los ojos. El pueblo entero estaba en silencio, sólo el rumor del calor y del río se escuchaban en el ambiente.

La señora tomó aire y gritó, gritó con todas sus fuerzas, “NI EL OLVIDO, NI EL PERDÓN”.

Su voz retumbó por todo el pueblo. Era el momento de gritar, es el momento de dejar de callar.