Archivos diarios: 16 noviembre, 2013

Edgar Pérez: “Hay que usar el sistema legal para acabar con la criminalización”

por Santiago Bastos,  Prensa Comunitaria

Con motivo del Encuentro Justicia en Transición, organizado por CALDH los días 14 y 15 de noviembre,  entrevistamos al Lic. Edgar Pérez, abogado defensor de las víctimas en el juicio por genocidio seguido contra el general Efraìn Rìos Montt y el general José Mauricio Rodríguez Sánchez.

En esta ocasión nos habla de la criminalización de las luchas de las comunidades en la defensa de su territorio en un lugar como Guatemala, donde la represión es histórica; pero cómo hay que aprovechar los resquicios de la ley para romper esa situación.

edgar perez

 Guatemala, colonia feudal

Seguimos siendo una aldea, una colonia  feudal  que nos dan un medio chancecito de alzar la voz, y el reflejo es el juicio por genocidio . Nos dejaron hasta que ya se lesionaron los intereses de la familia feudal y entonces “aquí ya no!, relinchen, pataleen, griten protesten, pero ya no!”.

Seguimos siendo una colonia feudal, modernizada si querés. Por eso los sistemas educativos siguen siendo tan malos, la preparación técnica sigue siendo tan mala . Eso proyecta que no tenemos esa capacidad de protestar . Y cuando empieza a surgir alguien que empieza a decir “ahhh,  mire susted… yo no me opongo al desarrollo, pero yo quiero parte del desarrollo“ , eso rebasa el límite.

La criminalización y la represión histórica

La reacción de defensa de las comunidades está tomando un pequeño resurgimiento en el país. No es que todavía tengamos  el liderazgo que se tuvo en los años 70 y 80, no. Es gente que impide que las maquinas lleguen a cualquier lugar que se va a extraer el recurso, se opone a que las fuentes acuíferas  sean utilizadas de forma inadecuada porque no solamente se usan para la generación de la energía, muchas veces en estos proyectos lo caudales se cortan y afectan a la agricultura de sobrevivencia que ancestralmente se ha mantenido. Está empezando a surgir ese liderazgo, y ya, con la modernización que hay de la represión, se les criminaliza.

“En la globalización el mundo entero me está viendo y yo no puedo ser abiertamente represivo ante el mundo”. Entonces en los tiempos de la globalización que vivimos la represión no puede ser tan abierta . Entonces, la “criminalización”, que es el término que se ha utilizado, viene a ser el término moderno para hablar de la represión estatal que finalmente defiende los intereses del grupo feudal, el grupo dominante del país .

Ese “comunista” de los años 70 y 80, pasa a ser el “terrorista”, pero no el terrorista que pone bombas, sino el terrorista que desestabiliza, y por eso se le criminaliza. Como desestabiliza, como se opone al “desarrollo humano”, se le relegado a una situación de criminalidad para aquellos que se oponen a las políticas de desarrollo económico globales. Dentro de ese marco, desafortunadamente se utiliza  nuestro sistema jurídico.

Los métodos arcaicos de represión siguen siendo los mismos, sólo que se maquillan, pero cuando  aquí hablamos de criminalización es eso, todas esas experiencias represivas que ya se usaban de antes del conflicto, se ponen otra vez en práctica. Desde antes del conflicto, si había un pueblo que se estaba rebelando, llegaba el ejercito. Por ejemplo, en 1973, cuando la represión aun no estaba tan dura,  la gente de Sansirisay estaba reclamando la tierra que los finqueros de al lado se estaban apoderando, y ¿qué pasó,  a quien mandaron? : al ejército.

Hay lugares que llaman “lugares de conflictividad social” porque hay un grupo de campesinos que están defendiendo la tierra, el territorio, con todo su derecho. Somos parte del convenio 169 de la OIT. Se dice que son conflictivos porque están generando choques con las fuerzas de seguridad. Pero es que antes del choque no había fuerzas de seguridad ahí ¿Quién mandó a las fuerzas de seguridad?

La comunidad internacional tiene su doble moral, porque en este mundo globalizado todo el mundo dice que defiende los derechos humanos, todos hablan de inversión con proyección humana, pero a la hora de la inversión, los intereses económicos de las transnacionales mueven el aparato estatal y qué importa que estén matando a gente  y que estén dejando a la gente sin fuentes de alimentación, sin fuentes de trabajo.

Fortalecer el estado de derecho

Entonces, como dicen las doctrinas de derecho,  la norma se  crea de conformidad con el grupo dominante. Punto. Nuestro sistema está hecho para favorecer al grupo dominante. Claro, el grupo dominante nos dan chances, y entonces esos chances hay que aprovecharlos.

Nos dan  reveses, nos dan patadas y nos ahogamos. No importa, hay que volver, hay que seguir. Hay que usar el sistema legal para acabar con la criminalización. Claro, es sacrificado, porque los métodos represivos siguen siendo los mismos.

Yo no puedo decir que vivo en un país libre, es una libertad a medias, una libertad controlada, restringida. La libertad nos la tenemos que ir ganado. Esa libertad controlada, restringida no es que nos la quieran dar, es que la gente se la ha ido ganando con muertos con héroes, con mártires , con muchas luchas, con muchos esfuerzos. Seguimos en el mismo modelo, las pequeñas luchas que se van ganando son a base de sacrificios personales de mucha gente, de vidas.

Yo siento que cada vez que no vamos fortaleciendo el estado de derecho, vamos cediendo a estas modernas prácticas de represión.

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Palabras para la presentación del libro “Somos los jóvenes rebeldes. Guatemala Insurgente.” De Pablo Monsanto.

Durante la prensentación del libro

Raúl Figuero Sarti, Patricio Rivas, Pablo Monsanto y Ricardo Saenz de Tejada durante la prensentación del libro

Ricardo Sáenz de Tejada*

Buenas noches.

Quiero en primer lugar agradecer a Pablo Monsanto la invitación para participar en la presentación de su libro “Somos los jóvenes rebeldes.  Guatemala Insurgente” y ratificar como se lo dije cuando me lo propuso que para mi es un honor tanto por la importancia que la obra tiene para la comprensión de la historia reciente de Guatemala como  por la posibilidad de compartir la mesa; Patricio Rivas, chileno y autor entre otros de un libro memorable Chile, un largo septiembre; Raul Figueroa, amigo y editor y por supuesto Pablo Monsanto.

Monsanto es, como la mayoría de los que nos acompañan esta noche sabe, uno de los líderes políticos de la izquierda revolucionaria con una trayectoria de participación y acción que abarca cinco décadas.  Medio siglo comprometido y dedicado a un proyecto político dirigido a terminar con las insoportables desigualdades que afectan a nuestra sociedad.  Este período histórico es sin duda uno de los más complejos y dramáticos en la historia de Guatemala, en el que la voluntad de un porcentaje importante de la población por liberarse de la opresión y construir una sociedad más justa se enfrentó a la respuesta brutal del ejército, a la oposición de las clases dominantes y al mismo gobierno estadounidense.  La lucha guerrillera fue parte central de este proceso y Pablo Monsanto uno de sus protagonistas que, de militante de la Juventud Patriótica del Trabajo, la juventud comunista, pasó a convertirse en combatiente guerrillero y desde esa posición pasó en el terreno, por todos los grados militares de la insurgencia hasta ascender a comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Rebeldes y en la década de 1980 a integrar la comandancia general de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca URNG.

Se trata como dije antes de una prolongada trayectoria política en uno de los períodos más complejos de la historia de nuestro país, una trayectoria que – como la de los grandes líderes políticos – está definida por aciertos y errores, por momentos luminosos y por períodos oscuros, por victorias y también de derrotas.  Desde esa óptica, no puede negarse que la figura de Pablo Monsanto es polémica.  Como se refirió a él Luis Cardoza y Aragón en su libro Miguel Angel Asturias casi novela, “el legendario Pablo Monsanto” no ha pasado desapercibido y ha sido sujeto de críticas desde la derecha y también desde la izquierda.

En el  campo de la derecha se construyó su imagen como el representante de la línea dura de la  insurgencia guatemalteca y durante las negociaciones de paz se le presentó como el militarista, intransigente y  radical.  Desde la izquierda, Pablo ha recibido críticas y cuestionamientos en distintos momentos y por distintos motivos, sin embargo, en todos los casos tiende a reconocerse su compromiso con la revolución guatemalteca.

No es este el momento para discutir la imagen que se ha construido de Monsanto, y creo que el libro que se presenta esta noche ayudará a esclarecer esto, pero, pienso que buena parte de esa crítica – alguna justa y mucha derivada de la contienda política con la derecha y dentro de la izquierda – refleja algunas de las características de Pablo, la coherencia de su compromiso político y la firmeza para enfrentar lo que el llama la lucha política e ideológica.

Sobre el primer aspecto, desde principios de la década de 1960 Pablo tomó una opción política radical, que en esos años y en las siguientes décadas significó también el riesgo de su vida, y que ha mantenido hasta la fecha.  Muchos de los líderes insurgentes que terminaron la guerra optaron, por razones legítimas, por retirarse a la vida privada, otros optaron por servir a las clases dominantes, algunos incluso, se han prestado a negar los actos de genocidio realizados por el Estado en contra del Pueblo Maya.  Pablo por el contrario, se ha mantenido en la posición política escogida, la izquierda revolucionaria y adscrito al proyecto socialista.  No es extraño que en uno de los primeros números de la revista contrapoder Pablo haya sido presentado como el “último comandante”.   Podemos tener diferencias de criterio y críticas a su acción en el campo político partidario, pero no puede negarse la continuidad y consistencia de su participación política.

El segundo aspecto tiene que ver con la firmeza y la fuerza para enfrentar la lucha política.  En esto, la experiencia de la Sierra de las Minas es determinante, pues se trata de un dirigente militar y político forjado en el fragor del combate con el ejército de Guatemala que estuvo apoyado por los servicios de inteligencia y el ejército de los Estados Unidos.  Y en este enfrentamiento militar, cualquier vacilación podía ser mortal.

Esta experiencia militar muy temprana de Pablo estuvo también vinculada  a las diferencias en el interior de las mismas fuerzas revolucionarias y, como se muestra en el libro, las decisiones políticas tuvieron consecuencias en el campo militar. Y los conflictos entre el PGT, las FAR y el MR13 tuvieron impacto en el desenlace de este período.  La forma de encarar la lucha política fue también forjada en este período en el que los errores y las indecisiones ponían en riesgo la vida de los insurgentes.

La trayectoria de Monsanto como señalé, abarca cinco décadas, y el libro “somos los jóvenes rebeldes” trata el período inicial en la trayectoria y la vida política de Pablo  que coincide con el inicio de la lucha armada en Guatemala.  Como ya lo ha anunciado, tiene planificado escribir dos libros más.

Este primer libro se desarrolla entre 1960 y 1968 y los hechos abalizados tuvieron consecuencias en el devenir de la historia política del país y definieron la conducta de los actores en contienda: el ejército, las clases dominantes, el gobierno de los Estados Unidos, las clases populares y los grupos guerrilleros.  Lo ocurrido en la sierra de las minas fue un antecedente de lo que ocurriría en Guatemala en la década de los ochenta y también fue una escuela de contrainsurgencia que se aplicaría en otros países de América Latina y en el sureste asiático.

¿Qué es lo que aporta el libro de Monsanto para entender este período?

A diferencia de la década de 1980, donde existe una cantidad importante de material bibliográfico de diverso tipo sobre la guerra en Guatemala, sobre la década de 1960 es relativamente poco lo que se ha publicado.

Durante mucho tiempo, la versión prevaleciente sobre este período, ya que era prácticamente el único documento de circulación amplia, fue el artículo escrito por Ricardo Ramírez y Regis Debray titulado “las pruebas de fuego” que fue incluido en el segundo tomo de La crítica de las armas de Debray, publicado en 1975 por la editorial siglo XXI de México.  Antes de este, la editorial Tricontinental publicó la biografía de Turcios Lima elaborada por Ramírez con el seudónimo de Orlando Fernández.   Este tuvo menos divulgación.

Obviamente, la distribución latinoamericana y el prestigio entre la izquierda mundial que en ese entonces tenía Debray convirtió a “las pruebas de fuego” en un libro de referencia.  Este no fue en sentido estricto un texto académico ni testimonial, era un documento de carácter político que, a partir de una interpretación de la experiencia guerrillera de los años sesenta, buscaba justificar la ruptura de un contingente de insurgentes con el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT) y las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) para de esa forma legitimar nacional e internacionalmente el surgimiento de la Nueva Organización Revolucionaria de Combate NORC.  (Esta afirmación no es portadora de ningún juicio, como historiadores, al realizar el ejercicio de interrogar las fuentes se busca entender el sentido y el objetivo con el que fue elaborado determinado documento).

El apartado a Guatemala de la crítica de las armas está directamente relacionado con la experiencia insurgente en la sierra de las minas, sin embargo, algunas afirmaciones e interpretaciones no coinciden con los hechos relatados en el libro.  Me parece que el libro de Pablo no sólo complementa y obviamente cuestiona algunas de las afirmaciones de las pruebas de fuego, sino que sobre todo, desmitifica algunos asuntos de este período, como el papel del  Frente Edgar Ibarra – Pablo permanece en este hasta el final – y establece en su justa dimensión el papel de los jefes guerrilleros, incluyendo el del comandante de las FAR Luis Augusto Turcios Lima.  Asimismo, da cuenta de la distancia entre quienes desde fuera del país pretendían conducir la guerra, y la realidad que se vivía en las zonas de combate.  Ilustrativo de esta situación me parece el relato sobre el posicionamiento del PGT y de las FAR con relación a la candidatura de Méndez Montenegro y las contradicciones que generó y las consecuencias que tuvo el apoyo a esta candidatura.

En los setenta, en el ámbito de la clandestinidad y por lo tanto con relativa poca circulación se publicaron varios análisis de la experiencia de los sesentas.  Desde el PGT, una parte de los Apuntes para la Historia del Partido de Huberto Alvarado y, desde las FAR, entre otros los Fundamentos Teóricos de las FAR.

No fue sino hasta después de la firma de la paz cuando se publicaron varios testimonios sobre la insurgencia de los años sesenta.  Dentro de estos se destaca “La guerrilla fue mi camino” de César Montes publicado en 1997; “Los años de la resistencia: episodios sobre las guerrillas urbanas de los años 60” de Miguel Angel Sandoval de 1998; “Ese obstinado sobrevivir” de Aura Marina Arriola  y “La guerra de los 26 años vista con ojos de mujer de izquierda” de Chiqui Ramírez publicado en 2001.  Los tres textos mencionados fueron elaborados por personas que militaron en las FAR durante este período.  Mientras los tres últimos hacen énfasis en la experiencia urbana, el primero, de César Montes presenta un panorama de la trayectoria de su autor que va desde su participación en las FAR hasta su participación en las tropas especiales sandinistas pasando por su papel en la fundación del Ejército Guerrillero de los pobres y su incorporación a la lucha del pueblo salvadoreño.

A diferencia de otros “textos canónicos” de la historia reciente en los que la figura de César Montes es subestimada o simplemente borrada, en el libro de Pablo, César es un protagonista de primera línea.  Y su papel como dirigente es objeto de reconocimiento y crítica.

Para terminar este recorrido historiográfico, el año pasado en el segundo tomo de la Historia Reciente de FLACSO Guatemala se publicó el artículo titulado “El primer ciclo de la insurgencia revolucionaria en Guatemala (1954-1972)” de Carlos Figueroa Ibarrra, Guillermo Paz Cárcamo y Arturo Taracena Arriola.  Este capítulo en  buena medida se alimentó de dos textos importantes que permanecen inéditos: “Orígenes y primera etapa del conflicto armado interno en Guatemala 1954-1971” de Taracena elaborado para la Comisión para el Esclarecimiento Histórico en 1998, y la tesis de doctorado de Figueroa Ibarra “Violencia y revolución en Guatemala, 1954-1972”.  Estos textos como el capítulo mencionado  se fundamentan en documentos internos del Partido, las FAR y el MR 13, en entrevistas con varios de los protagonistas de estos hechos y en una amplia bibliografía.

En “Somos los jóvenes rebeldes.  Guatemala insurgente”, encontramos mucho más que  el relato testimonial de un joven comunista que fue de los primeros guerrilleros en entrar a la Sierra de las Minas y participó personalmente en la implantación, el desarrollo, el crecimiento y la derrota de dicho frente.  Se trata de un relato analítico que no se basa solamente en la memoria de su autor, sino que recurrió a hemerografía, a entrevistas – tanto con insurgentes como con sobrevivientes de las bases de apoyo en Zacapa – y que con esto logró construir una historia detallada, honesta y crítica de esta primera experiencia guerrillera.

A diferencia de otros libros o testimonios de jefes guerrilleros en los que tienden a resaltarse las virtudes y los triunfos, en el libro de Pablo encontramos la vida cotidiana de estos insurgentes sesentistas, que pasaban meses caminando por la sierra acondicionando depósitos de armas y alimentos, que soportaban las inclemencias del clima, que, como todos los seres humanos tenía virtudes y defectos y que, en su momento, tuvieron que enfrentar, con pocos recursos una ofensiva militar que llevo al cerco y a casi el exterminio de este grupo de combatientes.

En el texto de Pablo, existe una casi obsesión por recuperar los nombres y las historias de esas decenas de insurgentes que sacrificaron sus vidas en la Sierra de las Minas. Me parece que a través de esto Monsanto busca y logra que esos nombres y esas vidas no se olviden y ocupen su lugar en la historia.

En este libro, Monsanto no se presenta como el héroe o como el protagonista principal, en muchos pasajes está ausente y se hace referencia a Pablo o Manzana, el guerrillero casi adolescente que comete errores, que soporta prolongadas sanciones, que sobrevive combates y que se equivoca y reconoce los errores de los jefes insurgentes.  Un guerrillero que también sufre por la muerte de sus compañeros y que ve crecer y ser destruidas las bases sociales de la guerrilla.

El libro que esta noche comentamos contribuye a desmitificar a la guerrilla de los sesentas, reconociendo y explicando los errores, los fracasos y las derrotas del período. Y, como su nombre lo indica, nos dibuja el cuadro de una generación de jóvenes rebeldes, decididos a hacer en Guatemala una revolución, a enfrentar a un ejército poderoso y brutal y a batirse con el imperialismo.  Muchos de sus jefes y combatientes  no pasaban de los 25 años pero estaban decididos, como lo señala el lema de las FAR, a Vencer o a Morir, por Guatemala, la Revolución y el Socialismo.

Y, en medio de las adversidades, de un cerco militar, de represalias brutales contra la población civil, de traiciones y cambios de bando, de torturas, asesinatos y secuestros, la decisión de estos insurgentes de no capitular y de resurgir una y otra vez de las cenizas para continuar la lucha por transformar este país.  El libro de Pablo Monsanto es eso y mucho más y por eso, vale la pena leerlo, debatirlo, cuestionarlo y utilizarlo para entender la historia reciente de nuestro país.

Muchas gracias

Ricardo Saenz Tejada (Guatemala) Doctor en Ciencia Política y Antropólogo Social. Trabajó como profesor e investigador en las universidades de San Carlos y Rafael Landivar y en FLACSO.

 Foto: Internet / Pablo Soto Orantes.